Número 26. Mayo de 2009

La cabeza de Valle


Juanjo Díez y Ana Eva Guerra en La cabeza del dragón.

Francisco Díaz-Faes

la cabeza del dragón

de Valle-Inclán

El Callejón del Gato Producciones

Dirección: Ana Eva Guerra

Actores: Ana Morán, Javier Expósito, Juanjo Díez, Ana Eva Guerra y Moisés González

Vestuario: Pilar González y Ana Eva Guerra

Iluminación y sonido: Alberto Ortiz

Escenografía y utilería: Marino Villa, Santos y Silvino y El Callejón del Gato

Nuevo Teatro de La Felguera, 4 de abril de 2009

Con una sutileza a prueba de toda duda, Valle-Inclán regala un teatro que ha llenado de detalles el bautismo teatral, al menos para mí, de un gran grupo de nuevo cuño: El Callejón del Gato. La transformación de los actores, o su transformismo, la virtuosidad de las interpretaciones, incluso con la “adquisición” de un actor novato excelente, Juanjo Díez. Complementos, pormenores, pinceladas, referencias, particularidades, que han llenado este bello teatro, bien vacío de espectadores, muy aficionados al fútbol y a otros espectáculos sin cabeza, pero con más patadas. La verdad es que cuesta creer que esta pieza original para teatro de niños se dedicara a ellos y sus padres en el Teatro que fundó a tal fin el gran Jacinto Benavente. Desde luego es de una complejidad que queda lejos de las ñoñerías del teatro compartimentado para sexos y edades, cuando no para cultos o ideologías, que disfruta actualmente la santa infancia. De las pocas veces que he visto esta pieza me encuentro con la más atinada, disparatada y entretenida de las funciones.

Las reseñas al propio mundo de Don Ramón invaden la escena, con toques maravillosos del music-hall y del Art Nouveau, el modernismo o el Art Déco que pululó por distintos países de Europa y América casi al mismo tiempo. Una cuidadosa puesta en escena en ese fascinante jardín teatral tan bien iluminado y revestido en ropajes, brocados, guateados y objetos manejados con precisión relojera. La banda musical, los homenajes al viejo arte del cine mudo que fascinó al autor están por esta escena. Los actores son los más extraordinarios que puede ver uno en un mismo elenco: tanto el debutante como esa pareja de actrices portentosas, Ana Morán o Ana Eva o el mismísimo Moisés González que han coincidido y criado, podíamos decir, en Teatro del Norte. Otro tanto podemos decir de Javier Expósito. Singularmente sentimos la huella del propio Etelvino Vázquez del que se han separado no hace tanto. Pero no estamos en un homenaje a este director sino en una visible influencia, en toda la bondad de este término, en las enseñanzas mutuas, tras tantos años de convivencia.

Ahí está Ubú rey en algún sentido, Ionesco condensado, o nuestro teatro paródico y de astracán, asomando el hocico en destilería. Dice la estudiosa Sumner M. Greenfield que el pastiche es una forma de tratamiento en el teatro de Valle y desde luego su fuerza como espectáculo visual. En esta piecita y en la dirección que ha llevado el grupo, ese motivo plástico forma uno más de los elementos estructurales, estilísticos y temáticos representados. Entre las 23 obras del autor, La cabeza del dragón se sitúa en la segunda etapa, de transición hacia la plena madurez artística que culminará en los esperpentos. Sátira, parodia, humor, pantomima en esta obra de cuento de hadas con aristócratas, princesas y príncipes y dragones humeantes. Que sirve hacia una crítica adversa y seria a ciertas instituciones dominantes en la España de su tiempo, provinciana y antiliberal (quién lo diría, la España actual es aldeana —global—, mucho más provinciana —en el ombliguismo nacionalista, y paleta— y no menos antiliberal e intransigente).

Ese reino de Micomicón, ese mundo de Espandian, de Verdemar y de (toma) Geroma, que por supuesto aromatiza la verdadera prosa poética y dramática, única, de Don Ramón, de gran variedad y riqueza. Las alusiones al cosmos del modernismo artístico de Gustav Klimt, incluso a los simbólicos pintores prerrafaelitas asoman aquí. Urde este grupo un trabajo colmado de datos insinuantes, desde la voz que suena en Ana Morán en su escondite con la sintonía de la canción Cuba Love Call a los elementos de utilería. Y el público así se lo pasa, agradeciendo este inmenso atrevimiento, esfuerzo brillante y evocador. Medida, ritmo, tempo, interpretación se unen para la fascinación teatral. Y todo en un nuevo grupo. Nuevo grupo del viejo teatro.

 

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