la cabeza del dragón
de
Valle-Inclán
El
Callejón del Gato Producciones
Dirección: Ana Eva Guerra
Actores: Ana Morán, Javier Expósito, Juanjo Díez, Ana Eva
Guerra y Moisés González
Vestuario: Pilar González y Ana Eva Guerra
Iluminación y sonido: Alberto Ortiz
Escenografía y utilería: Marino Villa, Santos y Silvino y El
Callejón del Gato
Nuevo Teatro de La Felguera, 4 de abril de 2009
Con
una sutileza a prueba de toda duda, Valle-Inclán regala un
teatro que ha llenado de detalles el bautismo teatral, al
menos para mí, de un gran grupo de nuevo cuño: El Callejón
del Gato. La transformación de los actores, o su
transformismo, la virtuosidad de las interpretaciones,
incluso con la “adquisición” de un actor novato excelente,
Juanjo Díez. Complementos, pormenores, pinceladas,
referencias, particularidades, que han llenado este bello
teatro, bien vacío de espectadores, muy aficionados al
fútbol y a otros espectáculos sin cabeza, pero con más
patadas. La verdad es que cuesta creer que esta pieza
original para teatro de niños se dedicara a ellos y sus
padres en el Teatro que fundó a tal fin el gran Jacinto
Benavente. Desde luego es de una complejidad que queda lejos
de las ñoñerías del teatro compartimentado para sexos y
edades, cuando no para cultos o ideologías, que disfruta
actualmente la santa infancia. De las pocas veces que he
visto esta pieza me encuentro con la más atinada,
disparatada y entretenida de las funciones.
Las
reseñas al propio mundo de Don Ramón invaden la escena, con
toques maravillosos del music-hall y del Art Nouveau, el
modernismo o el Art Déco que pululó por distintos países de
Europa y América casi al mismo tiempo. Una cuidadosa puesta
en escena en ese fascinante jardín teatral tan bien
iluminado y revestido en ropajes, brocados, guateados y
objetos manejados con precisión relojera. La banda musical,
los homenajes al viejo arte del cine mudo que fascinó al
autor están por esta escena. Los actores son los más
extraordinarios que puede ver uno en un mismo elenco: tanto
el debutante como esa pareja de actrices portentosas, Ana
Morán o Ana Eva o el mismísimo Moisés González que han
coincidido y criado, podíamos decir, en Teatro del Norte.
Otro tanto podemos decir de Javier Expósito. Singularmente
sentimos la huella del propio Etelvino Vázquez del que se
han separado no hace tanto. Pero no estamos en un homenaje a
este director sino en una visible influencia, en toda la
bondad de este término, en las enseñanzas mutuas, tras
tantos años de convivencia.
Ahí está Ubú rey en algún sentido, Ionesco condensado, o
nuestro teatro paródico y de astracán, asomando el hocico en
destilería. Dice la estudiosa Sumner M. Greenfield que el
pastiche es una forma de tratamiento en el teatro de
Valle y desde luego su fuerza como espectáculo visual. En
esta piecita y en la dirección que ha llevado el grupo, ese
motivo plástico forma uno más de los elementos
estructurales, estilísticos y temáticos representados. Entre
las 23 obras del autor, La cabeza del dragón se sitúa
en la segunda etapa, de transición hacia la plena madurez
artística que culminará en los esperpentos. Sátira, parodia,
humor, pantomima en esta obra de cuento de hadas con
aristócratas, princesas y príncipes y dragones humeantes.
Que sirve hacia una crítica adversa y seria a ciertas
instituciones dominantes en la España de su tiempo,
provinciana y antiliberal (quién lo diría, la España actual
es aldeana —global—, mucho más provinciana —en el
ombliguismo nacionalista, y paleta— y no menos antiliberal e
intransigente).
Ese
reino de Micomicón, ese mundo de Espandian, de Verdemar y de
(toma) Geroma, que por supuesto aromatiza la verdadera prosa
poética y dramática, única, de Don Ramón, de gran variedad y
riqueza. Las alusiones al cosmos del modernismo artístico de
Gustav Klimt, incluso a los simbólicos pintores
prerrafaelitas asoman aquí. Urde este grupo un trabajo
colmado de datos insinuantes, desde la voz que suena en Ana
Morán en su escondite con la sintonía de la canción Cuba
Love Call a los elementos de utilería. Y el público así
se lo pasa, agradeciendo este inmenso atrevimiento, esfuerzo
brillante y evocador. Medida, ritmo, tempo, interpretación
se unen para la fascinación teatral. Y todo en un nuevo
grupo. Nuevo grupo del viejo teatro.