
Ana Morán en
AlmaElectra, producción de Factoría Norte.
Supongo que por una especie de pudor o modestia mal
entendida, me cuesta hablar de lo que hago, pero quiero
aprovechar esta ventana que, con mucha generosidad, me
brinda el equipo de La Ratonera, para al menos, agradecer su
trabajo y confianza a todo el equipo que me ha rodeado en el
proceso de creación de AlmaElectra.
Cuando
hace ya más de un año, surgió la posibilidad de montar un
espectáculo sobre el mito de Electra, estaba absolutamente
convencido de que el destino jugaría a la contra y que
probablemente en algún momento del camino el montaje se
caería; últimamente tengo una cierta tendencia al
tremendismo. Afortunadamente me equivoqué. Pensaba que
AlmaElectra no llegaría a materializarse por muchos
motivos. Yo no soy un director muy experimentado, y por
tanto me aterraba pensar si sería capaz de hacer que un
barco tan grande como éste no naufragara. Y lo más fácil
hubiera sido que, como un Titanic a la deriva, la nave de
Electra se hubiera estrellado no con uno, sino con, al
menos, cinco o seis icebergs. Por suerte para todos no ha
sido así. Las dificultades, como decía, eran varias:
conseguir hacer una dramaturgia acorde con lo que yo quería
contar, puliendo el texto original de Eurípides y añadiendo
otros que me propuse, de manera un tanto inconsciente,
escribir yo mismo; inventar un coro distinto al esperable en
una tragedia sirviéndome para ello de mi experiencia en el
mundo del bufón de la mano del que ha sido uno de mis
maestros, Philippe Gaulier. También, crear un espacio
escénico lo más sugerente posible, integrar una coreografía
en el momento clave del reencuentro de los dos hermanos, un
espacio sonoro que nos hiciera soñar con la podredumbre o
una iluminación que nos ayudara a transitar por ese mundo en
el que Electra y familia se encuentran. Nada que cualquiera
que haya dirigido no conoce; son, simplemente, las cosas que
cualquier director debe resolver.
Contra
todo pronóstico, estas “dificultades”, se fueron solventando
de manera eficaz y tuve la inmensa suerte de contar con
Bandua Creative Concept para realizar un gran trabajo de
escenografía y vestuario. Ellas, Cristina Lopera y Lorena
Clarós, supieron entender mis ideas, y mis horrorosos
dibujos y hacer que aquello se materializara de manera
excepcional. Todo el vestuario y la escenografía nacieron de
las ideas sobre las que yo quería que girara el espectáculo;
las heridas no curadas y la podredumbre, la utilización de
elementos de la cultura popular asturiana como elementos de
juego del coro de bufonas, la re-interpretación de un mundo
cercano a lo rural y sobre todo la posibilidad de que el
espacio escénico fuera una especie de puzzle extraño, de
piezas en constante movimiento, de un rompecabezas que nunca
termina por completarse. El trabajo, como compositor de
Mariano Lozano-P, supuso un punto de inflexión en el proceso
de ensayos, ya que de manera muy rápida supo captar lo que
yo quería, pero también lo que el espectáculo necesitaba.
Regalándonos un trabajo conciso y precioso en todos los
aspectos, creando sobre todo ese Leitmotiv de moscas
en constante movimiento que tan bien le va al coro de
bufonas. Manuel Badás, como coreógrafo, creó con los actores
justo lo que yo quería, brindándonos uno de los momentos más
mágicos del espectáculo, mas no sólo hizo bailar a Electra y
Orestes, sino que realizó un gran trabajo en cuanto a todo
el movimiento escénico, amén de aportar muchas ideas que
vinieron a completar el espectáculo. Y Rafa Mojas, supo ver,
como buen profesional que es, más allá de lo que apenas
podía vislumbrar en el local donde ensayamos (de muy
reducidas dimensiones) y sorprenderme con una iluminación
perfecta para lo que estábamos contando: un amanecer teñido
de sangre. Y digo todo esto, porque es de justicia
agradecerles a todos ellos, ya no sólo su buen hacer, sino
también su paciencia conmigo y su capacidad de entender, lo
que a veces eran simples bocetos de ideas. Así que gracias.
En el
otro lado del proceso están los actores y las actrices.
Somos (y digo somos, porque yo también soy actor), unos
seres complicados los que nos ponemos encima de un
escenario. Generosos cuando nos da la gana y terriblemente
egoístas si no nos seduce lo que se nos propone. He tenido
la suerte de contar con un equipo de actores y de actrices,
generosos casi siempre y egoístas casi nunca. Y eso es,
también, muy de agradecer. Se sometieron con espartana
disciplina a unos ensayos, que no voy a mentir, fueron en
algunos momentos duros. No tanto por el trabajo en sí, sino
por mi terrible tendencia a explicar demasiado las cosas,
consciente como soy de que eso genera ansiedad y a veces,
incluso, hastío en quien te escucha y después debe hacer.
Duros también por mil motivos más, por ensayar en un espacio
poco adecuado a un montaje, por vernos obligados a dividir
(todos los que en esta bendita región tenemos a bien hacer
teatro profesional) nuestro esfuerzo, nuestro cerebro y
hasta nuestras vísceras, amén de —lo más preciado— nuestro
tiempo, en mil y un ensayos de todo tipo y condición. Pero,
ésa es nuestra realidad, de momento.
Digo
que fueron duros en algunos momentos, pero también muy
intensos. Los actores y las actrices, de AlmaElectra
provienen de muy diferentes maneras de “hacer teatro”, y era
uno de mis objetivos hacer que todos estuvieran en una misma
línea de estilo. No sé si lo he conseguido plenamente, pero
de lo que sí estoy seguro es de que supieron entender lo que
les pedía. Así que gracias también a Ana Morán (mi querida
Electra), Juan Blanco, Paula Alonso, Pepe Mieres y mis
bufonas Sonia Vázquez, Cris Puertas y Chili Montes.
Por
último quisiera agradecer también a Carmen Gallo el haberme
dado absoluta libertad para hacer este espectáculo y el
haber confiado en mí de modo incondicional.
Todos
ellos son la auténtica Alma de Electra.
Gijón, 6 de abril de 2009
Querido Borja:
Hace tiempo que deseaba escribirte, y un día por otro,
ya ves, así como quien no quiere la cosa, ya han pasado
15 meses, aún me parece ayer cuando Electra
apenas era un débil trazo, una idea embarullada, un
montón de propuestas cada cual hija de su padre.
¡Uf, lo que nos costó ordenar aquel galimatías! Menos
mal que teníamos como mediadores a Sófocles, Eurípides,
al bufón y a otros tantos, gracias a ellos, la obra fue
tomando forma. ¡Menos mal!
No
sé si te acordarás de las travesuras de las bufonas y,
por qué no decirlo, los celos de Orestes y Electra que
no comprendían el por qué de estas criaturas deformes
que no paraban de dar la lata con sus predicciones y sus
cánticos. Mas la cosa no terminó ahí, qué mal lo pasamos
cuando los módulos móviles tomaron vida propia y
comenzaron a generar unos trazos sobre el suelo
insinuando las coreografías del movimiento de los
personajes. ¿Quién les había concedido tal licencia? ¿Y
los mayos? Ellos no sabían cómo actuar pues alguien les
había destinado una labor para la que no habían sido
educados. En aquel momento no te lo quise contar, pero a
punto estuvieron de tirarlo todo por la borda e irse con
la competencia. ¡Menudo carácter tienen! Ahora
entenderás por qué nos saboteaban los ensayos: que si se
le rompía un hilo al traje, que si se abría la base, que
si se desajustaba una empalizada, que si se enmarañaba
la lana, que si llamaban a la música. Y cuando se
encontraron con las bufonas, entonces descubrieron la
razón de su existencia y juntos se volvieron rebeldes
pero mágicos. Ahora nos parecen tonterías y su recuerdo
nos hace reír. Pero, cuánta paciencia tuviste que tener
para no mandarles a freír espárragos alguna que otra
vez. Menos mal que tuvieron a bien avenirse a razones, y
al final resultaron ser unos magníficos elementos y
excelentes compañeros, a pesar de que cuando las cosas
iban mal, recuerdas, ponían las piezas del revés. La
cosa era simpática salvo cuando eran muy pesados, hacían
mucho ruido, no era el eco que buscábamos, no aplastaban
las manzanas como debían, y el equipo de producción
tenía que pasar horas deshaciendo los entuertos.
Reconozco que ellos y sus manipuladoras nos dieron
muchas claves, sobre todo cuando vimos que teníamos que
tener un compositor a nuestro lado que pusiera en orden
toda aquella magia sonora.
Tanto disparate aparente no era más que el reflejo de
una sólida realidad, yo que había dado alas al compañero
que me había propuesto una tragedia para que creara lo
que le pareciera oportuno y con quien creyera más
conveniente —como siempre— te tuve que dejar la
responsabilidad de capitanear aquel barco prácticamente
solo (por motivos que no vienen ahora al caso) y cuando
me incorporé me encontré con que estabas moldeando un
proceso muy interesante y, en aquellos momentos, me
sentí participe de un gran proyecto, y sin pensarlo dos
veces me subí, a toda velocidad, al tren de
AlmaElectra que arrancaba con paso firme con la
seguridad de encontrar muy pronto su “Norte”.
La
imaginación, los sueños, las ganas de experimentar, de
exprimir la creación al máximo, dio alas a una actividad
desbordante, sin fronteras, sin censuras… por eso
tuvimos el atrevimiento de reinventar el texto, jugar
con formas y colores; fuimos capaces de intentar
fusionar la tragedia con el arte del bufón. Estábamos
tan emocionados con el trabajo de los actores y
actrices, de las escenógrafas y figurinistas que
decidimos tirar la casa por la ventana y llamar a
cuantos necesitáramos para culminar el trabajo. Así
llegaron el iluminador, el compositor, nuestro
coreógrafo, el peluquero favorito de la reina, y un
sinfín de muy buenos amigos que nos ayudaron a completar
este magnífico equipo de más de veinte. ¡Cuántas
fantásticas locuras salieron de nuestra fantasía y nos
ayudaron a potenciar el proceso de creación!
Ya
hace meses que el tiempo comenzó a pasar sutilmente, y
por mas que él intente crear un abismo entre nuestras
ilusiones, desde aquel primer momento hemos seguido
ideando, construyendo el proyecto, luchando contra
viento y marea y en este presente preñado de ilusiones
que jamás tuvo ni tendrá pasado, seguiremos trabajando
frente a quienes no sepan valorar lo que hemos hecho o
no nos quieran ayudar a seguir creciendo en él.
Nosotros, Borja, seguiremos apostando por nuestro
camino: El Teatro, y por nuestro presente AlmaElectra.
Tengo tantas cosas que contarte que temo que tal vez las
palabras no sean más que una amalgama de equívocos, y,
por ello, no me despido, compañero, sólo te doy las
gracias, a ti y a ese entrañable equipo que fuiste capaz
de completar y con quien me gusta sentirme partícipe de
esta aventura. Larga vida a AlmaElectra.
Carmen Gallo
Carmen
Gallo es la fundadora de Factoría Norte, empresa que
desde 1998 ha centrado su actividad en el teatro para
niños, aunque también ha producido montajes para
adultos, como es el caso de esta AlmaElectra.