Número 26. Mayo de 2009

El alma de Electra

Borja Roces


Ana Morán en AlmaElectra, producción de Factoría Norte.

Supongo que por una especie de pudor o modestia mal entendida, me cuesta hablar de lo que hago, pero quiero aprovechar esta ventana que, con mucha generosidad, me brinda el equipo de La Ratonera, para al menos, agradecer su trabajo y confianza a todo el equipo que me ha rodeado en el proceso de creación de AlmaElectra.

Cuando hace ya más de un año, surgió la posibilidad de montar un espectáculo sobre el mito de Electra, estaba absolutamente convencido de que el destino jugaría a la contra y que probablemente en algún momento del camino el montaje se caería; últimamente tengo una cierta tendencia al tremendismo. Afortunadamente me equivoqué. Pensaba que AlmaElectra no llegaría a materializarse por muchos motivos. Yo no soy un director muy experimentado, y por tanto me aterraba pensar si sería capaz de hacer que un barco tan grande como éste no naufragara. Y lo más fácil hubiera sido que, como un Titanic a la deriva, la nave de Electra se hubiera estrellado no con uno, sino con, al menos, cinco o seis icebergs. Por suerte para todos no ha sido así. Las dificultades, como decía, eran varias: conseguir hacer una dramaturgia acorde con lo que yo quería contar, puliendo el texto original de Eurípides y añadiendo otros que me propuse, de manera un tanto inconsciente, escribir yo mismo; inventar un coro distinto al esperable en una tragedia sirviéndome para ello de mi experiencia en el mundo del bufón de la mano del que ha sido uno de mis maestros, Philippe Gaulier. También, crear un espacio escénico lo más sugerente posible, integrar una coreografía en el momento clave del reencuentro de los dos hermanos, un espacio sonoro que nos hiciera soñar con la podredumbre o una iluminación que nos ayudara a transitar por ese mundo en el que Electra y familia se encuentran. Nada que cualquiera que haya dirigido no conoce; son, simplemente, las cosas que cualquier director debe resolver.

Contra todo pronóstico, estas “dificultades”, se fueron solventando de manera eficaz y tuve la inmensa suerte de contar con Bandua Creative Concept para realizar un gran trabajo de escenografía y vestuario. Ellas, Cristina Lopera y Lorena Clarós, supieron entender mis ideas, y mis horrorosos dibujos y hacer que aquello se materializara de manera excepcional. Todo el vestuario y la escenografía nacieron de las ideas sobre las que yo quería que girara el espectáculo; las heridas no curadas y la podredumbre, la utilización de elementos de la cultura popular asturiana como elementos de juego del coro de bufonas, la re-interpretación de un mundo cercano a lo rural y sobre todo la posibilidad de que el espacio escénico fuera una especie de puzzle extraño, de piezas en constante movimiento, de un rompecabezas que nunca termina por completarse. El trabajo, como compositor de Mariano Lozano-P, supuso un punto de inflexión en el proceso de ensayos, ya que de manera muy rápida supo captar lo que yo quería, pero también lo que el espectáculo necesitaba.

Regalándonos un trabajo conciso y precioso en todos los aspectos, creando sobre todo ese Leitmotiv de moscas en constante movimiento que tan bien le va al coro de bufonas. Manuel Badás, como coreógrafo, creó con los actores justo lo que yo quería, brindándonos uno de los momentos más mágicos del espectáculo, mas no sólo hizo bailar a Electra y Orestes, sino que realizó un gran trabajo en cuanto a todo el movimiento escénico, amén de aportar muchas ideas que vinieron a completar el espectáculo. Y Rafa Mojas, supo ver, como buen profesional que es, más allá de lo que apenas podía vislumbrar en el local donde ensayamos (de muy reducidas dimensiones) y sorprenderme con una iluminación perfecta para lo que estábamos contando: un amanecer teñido de sangre. Y digo todo esto, porque es de justicia agradecerles a todos ellos, ya no sólo su buen hacer, sino también su paciencia conmigo y su capacidad de entender, lo que a veces eran simples bocetos de ideas. Así que gracias.

En el otro lado del proceso están los actores y las actrices. Somos (y digo somos, porque yo también soy actor), unos seres complicados los que nos ponemos encima de un escenario. Generosos cuando nos da la gana y terriblemente egoístas si no nos seduce lo que se nos propone. He tenido la suerte de contar con un equipo de actores y de actrices, generosos casi siempre y egoístas casi nunca. Y eso es, también, muy de agradecer. Se sometieron con espartana disciplina a unos ensayos, que no voy a mentir, fueron en algunos momentos duros. No tanto por el trabajo en sí, sino por mi terrible tendencia a explicar demasiado las cosas, consciente como soy de que eso genera ansiedad y a veces, incluso, hastío en quien te escucha y después debe hacer. Duros también por mil motivos más, por ensayar en un espacio poco adecuado a un montaje, por vernos obligados a dividir (todos los que en esta bendita región tenemos a bien hacer teatro profesional) nuestro esfuerzo, nuestro cerebro y hasta nuestras vísceras, amén de —lo más preciado— nuestro tiempo, en mil y un ensayos de todo tipo y condición. Pero, ésa es nuestra realidad, de momento.

Digo que fueron duros en algunos momentos, pero también muy intensos. Los actores y las actrices, de AlmaElectra provienen de muy diferentes maneras de “hacer teatro”, y era uno de mis objetivos hacer que todos estuvieran en una misma línea de estilo. No sé si lo he conseguido plenamente, pero de lo que sí estoy seguro es de que supieron entender lo que les pedía. Así que gracias también a Ana Morán (mi querida Electra), Juan Blanco, Paula Alonso, Pepe Mieres y mis bufonas Sonia Vázquez, Cris Puertas y Chili Montes.

Por último quisiera agradecer también a Carmen Gallo el haberme dado absoluta libertad para hacer este espectáculo y el haber confiado en mí de modo incondicional.

Todos ellos son la auténtica Alma de Electra.

 

Gijón, 6 de abril de 2009

Querido Borja:

Hace tiempo que deseaba escribirte, y un día por otro, ya ves, así como quien no quiere la cosa, ya han pasado 15 meses, aún me parece ayer cuando Electra apenas era un débil trazo, una idea embarullada, un montón de propuestas cada cual hija de su padre.

¡Uf, lo que nos costó ordenar aquel galimatías! Menos mal que teníamos como mediadores a Sófocles, Eurípides, al bufón y a otros tantos, gracias a ellos, la obra fue tomando forma. ¡Menos mal!

No sé si te acordarás de las travesuras de las bufonas y, por qué no decirlo, los celos de Orestes y Electra que no comprendían el por qué de estas criaturas deformes que no paraban de dar la lata con sus predicciones y sus cánticos. Mas la cosa no terminó ahí, qué mal lo pasamos cuando los módulos móviles tomaron vida propia y comenzaron a generar unos trazos sobre el suelo insinuando las coreografías del movimiento de los personajes. ¿Quién les había concedido tal licencia? ¿Y los mayos? Ellos no sabían cómo actuar pues alguien les había destinado una labor para la que no habían sido educados. En aquel momento no te lo quise contar, pero a punto estuvieron de tirarlo todo por la borda e irse con la competencia. ¡Menudo carácter tienen! Ahora entenderás por qué nos saboteaban los ensayos: que si se le rompía un hilo al traje, que si se abría la base, que si se desajustaba una empalizada, que si se enmarañaba la lana, que si llamaban a la música. Y cuando se encontraron con las bufonas, entonces descubrieron la razón de su existencia y juntos se volvieron rebeldes pero mágicos. Ahora nos parecen tonterías y su recuerdo nos hace reír. Pero, cuánta paciencia tuviste que tener para no mandarles a freír espárragos alguna que otra vez. Menos mal que tuvieron a bien avenirse a razones, y al final resultaron ser unos magníficos elementos y excelentes compañeros, a pesar de que cuando las cosas iban mal, recuerdas, ponían las piezas del revés. La cosa era simpática salvo cuando eran muy pesados, hacían mucho ruido, no era el eco que buscábamos, no aplastaban las manzanas como debían, y el equipo de producción tenía que pasar horas deshaciendo los entuertos. Reconozco que ellos y sus manipuladoras nos dieron muchas claves, sobre todo cuando vimos que teníamos que tener un compositor a nuestro lado que pusiera en orden toda aquella magia sonora.

Tanto disparate aparente no era más que el reflejo de una sólida realidad, yo que había dado alas al compañero que me había propuesto una tragedia para que creara lo que le pareciera oportuno y con quien creyera más conveniente —como siempre— te tuve que dejar la responsabilidad de capitanear aquel barco prácticamente solo (por motivos que no vienen ahora al caso) y cuando me incorporé me encontré con que estabas moldeando un proceso muy interesante y, en aquellos momentos, me sentí participe de un gran proyecto, y sin pensarlo dos veces me subí, a toda velocidad, al tren de AlmaElectra que arrancaba con paso firme con la seguridad de encontrar muy pronto su “Norte”.

La imaginación, los sueños, las ganas de experimentar, de exprimir la creación al máximo, dio alas a una actividad desbordante, sin fronteras, sin censuras… por eso tuvimos el atrevimiento de reinventar el texto, jugar con formas y colores; fuimos capaces de intentar fusionar la tragedia con el arte del bufón. Estábamos tan emocionados con el trabajo de los actores y actrices, de las escenógrafas y figurinistas que decidimos tirar la casa por la ventana y llamar a cuantos necesitáramos para culminar el trabajo. Así llegaron el iluminador, el compositor, nuestro coreógrafo, el peluquero favorito de la reina, y un sinfín de muy buenos amigos que nos ayudaron a completar este magnífico equipo de más de veinte. ¡Cuántas fantásticas locuras salieron de nuestra fantasía y nos ayudaron a potenciar el proceso de creación!

Ya hace meses que el tiempo comenzó a pasar sutilmente, y por mas que él intente crear un abismo entre nuestras ilusiones, desde aquel primer momento hemos seguido ideando, construyendo el proyecto, luchando contra viento y marea y en este presente preñado de ilusiones que jamás tuvo ni tendrá pasado, seguiremos trabajando frente a quienes no sepan valorar lo que hemos hecho o no nos quieran ayudar a seguir creciendo en él. Nosotros, Borja, seguiremos apostando por nuestro camino: El Teatro, y por nuestro presente AlmaElectra.

Tengo tantas cosas que contarte que temo que tal vez las palabras no sean más que una amalgama de equívocos, y, por ello, no me despido, compañero, sólo te doy las gracias, a ti y a ese entrañable equipo que fuiste capaz de completar y con quien me gusta sentirme partícipe de esta aventura. Larga vida a AlmaElectra.

Carmen Gallo

Carmen Gallo es la fundadora de Factoría Norte, empresa que desde 1998 ha centrado su actividad en el teatro para niños, aunque también ha producido montajes para adultos, como es el caso de esta AlmaElectra.

 

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