Luciano
Hevia Noriega
El dramaturgo norteamericano
Tennessee Williams (1911-1983), nacido Thomas Lanier
Williams III, es una de las figuras más destacadas del
teatro del siglo XX, adornando su extensa trayectoria
literaria con dos premios Pulitzer y cuatro de la Crítica de
Nueva York, y formando parte de ese repoker de ases del
denominado Gótico Sureño que conformarían Carson
McCullers, William Faulkner, Truman Capote, Lillian Hellman
y el protagonista de estas líneas.
Intentar hablar del vínculo de TW
con el Séptimo Arte supondría un esfuerzo de magnitud tan
titánica debido a su fecunda y activa presencia, que nos
conformaremos con presentar una visión panorámica acerca de
esta relación.
El primer gran éxito de TW, El
zoo de cristal, data de 1945, aunque su debut escénico
es muy anterior, concretamente de 1935, y la primera obra
que tuvo cierta resonancia en los mentideros teatrales es de
1940, Battle of angels, luego reelaborada como
Orfeo desciende en 1957 (La caída de Orfeo, según la
traducción española de 1962).
El zoo de cristal
estuvo casi dos años en cartel, representándose en 561
ocasiones y recibiendo una gran acogida tanto de crítica
como de público. Entre los muchos premios obtenidos destaca
el de la Crítica de Nueva York.
La mayor parte de los especialistas
coinciden en destacar que se trata de la obra de TW donde es
más fácil rastrear rasgos autobiográficos, no resultando
difícil reconocer en los personajes un retrato bastante fiel
de su familia y del Viejo Sur decadente en el que se crió el
autor. Su alter ego sería el narrador Tom, mientras
que la protagonista de la obra, Amanda, con su carácter
dominante, amanerado y puritano reflejaría la actitud de su
madre, Edwina, y la hipersensible Laura se inspiraría en su
hermana Rose, ya por entonces aquejada de su enfermedad
mental e incapacitada por la lobotomía realizada en 1943. TW,
en cambio, niega que los paralelismos sean tan evidentes y
afirma que la única conexión entre Laura y Rose es la
"diferencia". La figura del padre, casi siempre ausente en
la vida real, también aparece en la obra.
Pese a lo desalentador de su
argumento, quizá se trate de la obra de TW menos violenta y,
aunque el retrato diste de ser amable, sí se aprecia el
profundo afecto que el autor siente por su familia.
Los primeros devaneos de TW con la
industria cinematográfica se producen un poco antes del
éxito de El zoo de cristal, cuando en 1943 trabaja
durante una breve temporada como guionista para la MGM,
trabajo muy bien remunerado como reconoce el propio autor en
sus Memorias, pero que apenas realizó dada su escasa
predisposición a cumplir con la labor encomendada, con la
grata sorpresa de ver cómo sus honorarios semanales eran
religiosamente abonados a pesar de su reiterado absentismo.
Cronológicamente también fue El
zoo de cristal la primera de sus obras que gozó de
adaptación al cine, concretamente en 1950, cuando Irving
Rapper trasladó la historia a la gran pantalla, contando con
un reparto encabezado por Gertrude Lawrence, Jane Wyman,
Kirk Douglas y Arthur Kennedy. La película, que ni siquiera
se llegó a estrenar en España, tuvo una fría acogida pese a
lo espectacular de su reparto, pasando sin pena ni gloria,
pese a que por entonces TW ya era un reputado dramaturgo.
Rapper alteró bastante el sentido de la obra, algo que se
convertiría en una constante en la relación del teatro de TW
con el cine.
Una versión mucho más fiel respecto
al original fue la realizada muchos años después, en 1987,
por Paul Newman, presentada en el Festival de Cannes con
buena acogida entre la crítica, pese a quedar fuera del
palmarés y a su modesta carrera comercial. El reparto lo
componían Joanne Woodward (esposa de Newman), Karen Allen,
John Malkovich y James Naughton.
Además también existen dos versiones
televisivas: La de Michael Elliott en 1966 y la de Anthony
Harvey en 1973, con la gran Katherine Hepburn como
protagonista, acompañada de Michael Moriarty y Joanna Miles,
ambos galardonados con sendos Emmy.
En 1951, con TW ya cómodamente
instalado en la atalaya del éxito, su amigo Elia Kazan
llevaría a la gran pantalla la que ya es por méritos propios
una de las cimas señeras de la Historia del Cine: Un
tranvía llamado deseo. Esta obra goza del honor de ser
la primera en la dramaturgia estadounidense en lograr los
tres premios más importantes: el Pulitzer, el de la Crítica
de Nueva York y el Donaldson, manteniéndose en cartel,
además, durante más de dos años y 855 representaciones.
El propio Kazan se había encargado
de la dirección teatral en 1947 en el Barrymore Theatre, por
expreso deseo de TW, quien había quedado gratamente
sorprendido con su montaje de Todos eran mis hijos,
de Arthur Miller. A partir de entonces la amistad entre
Kazan y TW sólo se vería truncada por la muerte de este
último en 1983.
Kazan se rodeó del mismo elenco con
el que había contado sobre las tablas, con una excepción: La
sustitución de Jessica Tandy (con quien Brando no había
congeniado) por Vivien Leigh, que conocía perfectamente el
papel de Blanche DuBois por haberlo interpretado en la
escena londinense bajo las órdenes de su marido Laurence
Olivier. Esta actuación consagraría a Leigh como la dama
sureña por excelencia, aunque temáticamente estuviera tan
alejada de la Scarlett de años atrás.
El resto del reparto estaba
compuesto por el mencionado Marlon Brando (el mejor actor de
todos los tiempos, según TW) como Stanley Kowalsky, Kim
Hunter como Stella y Karl Malden como Mitch.
La película tuvo un éxito
espectacular, pese a que la censura se había cebado con
algunos aspectos del libreto, rebajando aquello que podía
resultar más escandaloso como las evidentes alusiones a la
ajetreada vida sexual de Blanche o a la homosexualidad de su
marido, quien en el film se suicida por una debilidad.
Un tranvía llamado deseo
recibió 9 nominaciones a los Oscar (de los que ganó 4), el
Premio de la Crítica de Nueva York, el Premio Especial del
Jurado en el Festival de Venecia (Copa Volpi incluida para
Vivien Leigh) y una extensa nómina más. Paradójicamente el
único actor del reparto no galardonado con el Oscar fue
Brando, quien cedió ante el Bogart de La reina de África.
Tampoco Kazan tuvo la fortuna de su lado, que le sonrió a
George Stevens por Un lugar en el sol. E incluso el
propio TW fue nominado como guionista, aunque también fue
derrotado.
La historia, que en su momento había
generado un gran escándalo en la puritana sociedad de la
época por lo desbordado de sus pasiones y la presencia
constante de la locura, aún conservaba su fuerza pese a la
acción de la censura, y a ello hubo que añadir que la
química entre las estrellas Brando y Leigh fue muy buena.
Además, el papel de Blanche le venía a Leigh como anillo al
dedo, llegando incluso Laurence Olivier a señalar años
después los paralelismos entre el personaje y su esposa, ya
por entonces amenazada por la enfermedad.
Toda esta concatenación de factores
ha contribuido a convertir Un tranvía llamado deseo
en el clásico indiscutible que ya es, quedando para la
iconografía del cine esa camiseta sudada que con tanta
prestancia lucía Brando.
La obra de Kazan es tan redonda que
nadie se ha atrevido a volver a adaptarla para el cine,
aunque sí se ha hecho para televisión, destacando las
versiones de John Erman en 1984 (con Globo de Oro para
Ann-Margret por su papel de Blanche) y la de Glenn Jordan en
1995 con Jessica Lange como Blanche (también Globo de Oro
como Mejor Actriz de TV), Alec Baldwin como Kowalsky, Diane
Lane como Stella y John Goodman como Mitch.
El siguiente hito cinematográfico de
TW no fue sobre una adaptación suya, sino una colaboración
como guionista para Visconti en Senso en 1954. En sus
Memorias el propio TW reconoce que su intervención
fue escasa, limitándose a la elaboración de unos diálogos,
junto con su amigo, el también escritor Paul Bowles.
La relación de TW con Italia fue muy
intensa, viviendo allí durante largas temporadas. En su
primera visita en 1948 conoció a Visconti, quien había
dirigido en el país transalpino las adaptaciones de El
zoo de cristal y de Un tranvía llamado deseo.
Senso, como es habitual en las
películas de Visconti, alcanza un alto grado de esteticismo
y cuenta la historia de amor de una aristócrata veneciana y
de un militar austriaco en pleno proceso de la independencia
italiana. Alida Valli y Farley Granger (actor denostado por
TW) fueron los protagonistas del film, aunque sus papeles
estaban pensados originalmente para Ingrid Bergman y Marlon
Brando.
En 1955 llega a la gran pantalla la
tercera adaptación de una obra de TW, en este caso La
rosa tatuada, bajo dirección de Daniel Mann. La obra de
teatro, dirigida por el propio Mann, no había alcanzado el
rotundo éxito que se esperaba (al menos no en su estreno de
1951, aunque sí en el reestreno de 1966), pese a lo elogiado
de las interpretaciones de Maureen Stapleton y Eli Wallach.
En cambio, la versión cinematográfica sí gozaría de gran
acogida entre público y crítica.
Se trata de la única obra de TW con
final feliz, lo que puede deberse al buen momento personal
que el dramaturgo atravesaba cuando fue escrita, habiendo
iniciado ya su relación de 16 años con Frank Merlo, a quien
la obra está dedicada.
Los papeles protagonistas recayeron
en Anna Magnani (la actriz preferida de TW) y en Burt
Lancaster, bastante alejado fisonómicamente de la
descripción que de su personaje de Álvaro hace el
dramaturgo: bajo, con cara de payaso, enormes orejas y
torpe.
En la ambientación confluyen el
profundo sur tan habitual en TW (en este caso Louisiana) con
la procedencia siciliana de los personajes, que moldea sus
comportamientos y costumbres.
La película ganó 3 Oscar: Actriz,
Dirección Artística y Fotografía en B/N, y estuvo nominada a
otros 5. Además, Magnani también se llevó el Globo de Oro.
En 1956 TW realizó para su amigo
Kazan el guión de Baby Doll, una nueva historia
ambientada en el Sur, que narra la relación entre un hombre
maduro y una joven a la que ha de respetar sexualmente hasta
su mayoría de edad. La película estuvo rodeada de gran
polémica debido a su carga sexual no demasiado soterrada,
con ecos de la Lolita de Nabokov, lo que hizo que
sobre ella cayera el anatema de la Legión Católica de
Decencia.
Ello no fue óbice para que el film
se convirtiera en un rotundo éxito, pese a no encontrarse
entre lo más granado de su prestigioso director. Recibió 4
nominaciones a los Oscar, entre ellas sus dos actrices:
Carroll Baker y Mildred Dunnock, y el propio TW como
guionista. El resto del reparto estaba compuesto por Karl
Malden y Eli Wallach, habituales de Kazan, quien sí fue
galardonado con el Globo de Oro al Mejor Director.
El guión de TW estaba inspirado en
una pieza corta propia, pero el autor en sus Memorias
no se muestra muy conforme con el trabajo de Kazan, ya que,
según su parecer, le resta comicidad y libertinaje al texto
original.
En 1958 se estrenó en los cines
La gata sobre el tejado de zinc, una obra de 1955, que
se había hecho acreedora a todos los galardones importantes:
Pulitzer, Crítica de Nueva York y Donaldson, repitiendo así
el logro alcanzado por Un tranvía llamado deseo.
El montaje teatral había sido
dirigido por Kazan en 1955 con gran aceptación popular y
crítica, contando con un elenco en el que destacaban Ben
Gazzara como Brick, Barbara Bel Geddes como Maggie, Burl
Ives como Big Daddy y Mildred Dunnock como Big Mama.
La traslación a la gran pantalla fue
realizada por Richard Brooks, quien mantuvo al espléndido
Burl Ives en su papel, rodeándose para el resto de
personajes de actores con mayor tirón comercial. Así Paul
Newman dio vida a Brick, Elizabeth Taylor a Maggie y la
inolvidable ama de llaves de Rebeca, Judith Anderson,
a Big Mama.
En esta obra afloran nuevamente
alguna de las constantes del teatro de TW, como la
homosexualidad latente (mucho más explícita en el texto que
en el film), el deseo, la frustración, la complejidad de las
relaciones sociales y familiares o la asfixiante moral
imperante en el Old South, algunas de ellas muy
lastradas por la acción de la censura. De hecho, el final
feliz traiciona el espíritu de la obra, en cuyo original
Maggie se queda embarazada en contra de la voluntad de su
marido.
La gata sobre el tejado de zinc
era la obra preferida de TW de entre todas las suyas, y la
película fue un rotundo éxito que contribuyó a acrecentar la
fama de la que el dramaturgo ya gozaba. Recibió 6
nominaciones a los Oscar, entre ellas la de Newman, Taylor y
una doble para Brooks, como director y como guionista.
Richard Brooks repetiría años después con TW en Dulce
pájaro de juventud y más tarde dirigiría otra de las
obras cumbre del llamado Gótico Sureño en el que
siempre se adscribe a TW, en este caso la versión de A
sangre fría de Truman Capote.
Existen dos versiones televisivas
que por su trascendencia merecen ser reseñadas: La de 1976
con dirección de Robert Moore y con Robert Wagner, Natalie
Wood, Laurence Olivier y Maureen Stapleton en el reparto; y
la de 1985 de Jack Hoffsiss, con Tommy Lee Jones, Jessica
Lange y Kim Stanley, ganadora de un Emmy como Big Mama.
En 1959, en esos dorados años 50
donde la obra de TW alcanzó el cenit de su fama, el turno le
tocaría a De repente, el último verano, una pieza
corta estrenada el año anterior. La traducción del título al
español invita un poco al desconcierto, ya que en el
original se refiere al verano pasado de los personajes y es
la frase con la que la protagonista explica lo sucedido:
"De repente, el verano pasado…".
El director encargado de la
adaptación fue todo un peso pesado de Hollywood, nada menos
que Joseph Leo Manckiewicz, quien
contó para el guión con Gore Vidal y se rodeó de un reparto
estelar con Elizabeth Taylor,
Katherine Hepburn y un enfermo Montgomery Clift, al que su
padecimiento dota de una peculiar expresión. Sin acreditar
también aparecían en la película el compañero de TW, Frank
Merlo, y el propio guionista Vidal.
Se trata de una de las obras de TW
más crudas y quizá la que mayor violencia concentra. Una vez
más las autorreferencias son constantes: homosexualidad,
lobotomía, ambientación en el Viejo Sur… A todo esto hay que
añadirle la presencia del canibalismo como evidente metáfora
y también una especie de complejo de Edipo al revés (madre
totalmente subyugada por su hijo).
TW tenía en gran estima su pieza
literaria, pero no así la adaptación, a la que calificó sin
ambages de "mala película" en sus Memorias. Esto no
impidió que el público y la crítica le dieran una buena
acogida, pese a lo escabroso de su argumento (o precisamente
por ello), siendo nominada a 3 Oscar (sus dos actrices
principales y la Dirección Artística), alzándose además Liz
Taylor con el Globo de Oro a la Mejor Interpretación
Femenina.
En ese mismo 1959 Sidney Lumet llevó
a las pantallas Piel de serpiente, un film basado en
la obra de TW Orfeo desciende, que a su vez era una
reelaboración de una de sus primeras obras, Battle of
angels.
Se trata de una ambiciosa historia
sobre un músico vagabundo y su relación con dos mujeres en
una cerrada y asfixiante sociedad sureña que toma como
víctimas a la gente más indefensa y vulnerable, representada
sobre las tablas sin gran éxito por Clift Robertson y
Maureen Stapleton, bajo dirección de Harold Clurman. Por el
contrario, en la URSS la obra se programó durante más de 7
años.
El elenco cinematográfico lo
compusieron Marlon Brando, Joanne Woodward, Anna Magnani y
la propia Maureen Stapleton. El joven director Lumet (por
entonces 35 años) no era novel en lo que a adaptaciones
teatrales se refiere, ya que había debutado en el cine con
la muy elogiada Doce hombres sin piedad, de Reginald
Rose.
La película triunfó en el Festival
de San Sebastián, donde fue galardonada con la Concha de
Plata y el premio a la Mejor Actriz para Joanne Woodward.
En 1961 sería una novela de TW y no
una obra teatral la que se haría acreedora a la consiguiente
adaptación. El título de La primavera romana de la señora
Stone hace alusión a una divertida anécdota vivida por
TW durante una de sus estancias en Roma, cuando concedió una
entrevista en su apartamento y la periodista pudo ver cómo
el joven amante italiano del prestigioso autor desayunaba
copiosamente en la mesa de al lado en la misma habitación.
Con gran tino periodístico la reportera tituló su trabajo
para la prensa La primavera romana de TW.
La novela fue escrita de manera casi
simultánea a La rosa tatuada y se puede considerar
como el reverso de ésta, desapareciendo totalmente el tono
amable. Si en La rosa tatuada era una comunidad
italiana viviendo en USA, aquí es una norteamericana
viviendo en Roma, como acertadamente señala la profesora
Ascensión Gómez en su estudio sobre TW titulado "Mito y
realidad en la obra dramática de TW", encargándose de
diseccionar las similitudes y diferencias entre ambos
textos.
La dirección de la película recayó
sobre un buen amigo de TW, el panameño José Quintero,
reputado director teatral, quien hizo aquí su única
incursión en el cine. El reparto estuvo compuesto por Vivien
Leigh en el papel de una millonaria vieja gloria de la
escena que busca consuelo en jóvenes gigolós (el
paralelismo con la vida del autor parece evidente), Warren
Beatty como joven galán, Lotte Lenya (nominada al Oscar como
Mejor Secundaria) y Jill Saint John.
En 2003 se estrenó una versión
televisiva de esta novela, dirigida por Robert Allan
Ackerman, con Helen Mirren y Olivier Martinez en los papeles
principales, y Anne Bancroft, Rodrigo Santoro y Brian
Dennehy en los secundarios, logrando 5 nominaciones a los
Emmy y 2 a los Globos de Oro.
Ese mismo año de 1961 Peter
Glenville dirigió Verano y humo, adaptación de una
obra de 1948, donde se cuenta la historia de Alma (uno de
los personajes femeninos de los que TW se sentía más
orgulloso), enamorada de un hombre que no le corresponde, y
de su vida soñada.
Nuevamente el fantasma de la locura
asoma en la dramaturgia de TW, encontrando aquí a la
intérprete perfecta en Geraldine Page, quien por su
magistral interpretación fue nominada al Oscar, aunque
derrotada por la Sofía Loren de Dos mujeres. Se tuvo
que conformar con el Globo de Oro.
El resto del reparto estaba
compuesto por Laurence Harvey (en un papel originalmente
pensado para Monty Clift), Rita Moreno y Una Merkel
(también nominada al Oscar).
1962 fue el año de una de las
adaptaciones de TW más celebradas, Dulce pájaro de
juventud, donde repetía en la dirección Richard Brooks
tras el notable éxito de La gata sobre el tejado de zinc.
Brooks se rodeó de un prestigioso equipo, en algunos casos
habituales de obras de TW, como Paul Newman, Mildred Dunnock
o Geraldine Page, a los que acompañaban Shirley Knight, Ed
Begley (oscarizado por su papel del Boss Finley) y
Rip Torn. Como curiosidad cabe señalar que el papel del
protagonista Chance Wayne fue rechazado por Elvis Presley,
quien se negó a interpretar a un personaje sórdido y
chulesco.
Dulce pájaro de juventud
cuenta la historia de un joven actor de escasa gloria que
regresa a su ciudad natal como gigoló de una
decadente estrella, e intenta recuperar a su antigua novia,
hija del cacique local. Como es costumbre en TW la rancia
sociedad sureña ocupa un papel preponderante en la obra, en
este caso como marco de la pérdida de la inocencia, ese
"dulce pájaro de juventud", sacrificado en una tragedia de
gran violencia, donde aflora el tenebroso reverso del
american dream en forma de corrupción, soledad y falsas
apariencias.
Además del estupendo Begley en un
papel que recuerda al de Burl Ives en La gata sobre el
tejado de zinc, las actrices Shirley Knight y Geraldine
Page también estuvieron nominadas al Oscar, aunque cedieron
respectivamente ante Patty Duke y Anne Bancroft, ambas por
El milagro de Anna Sullivan. La magnífica
interpretación de Page no se fue de vacío, siendo premiada
con un Globo de Oro como Mejor Actriz dramática.
En el estreno teatral de 1959,
dirigido por Kazan, Newman y Page también habían ocupado los
roles principales, entonces con el soberbio Sidney Blackmer
(el Roman Castevet de La semilla del diablo) como
"Boss" Finley.
Como no podía ser de otra forma,
tratándose de una obra tan cruda, la censura hizo acto de
aparición y convirtió la castración original de Chance en
una simple (y menos problemática) desfiguración.
En 1989, Nicholas Roeg dirigió una
adaptación televisiva con Liz Taylor, Mark Harmon y Valerie
Perrine, haciendo un guiño a la película de Brooks al
otorgarle a Rip Torn, que hacía de hijo del cacique en la
obra primigenia, el personaje de Finley.
Ese mismo año de 1962 se estrenó la
ópera prima de George Roy Hill, un director que, al
igual que Lumet, procedía de la época dorada de la
televisión. La obra en cuestión fue Reajuste matrimonial,
una comedia (curioso, tratándose de TW) que el propio Roy
Hill había llevado a las tablas del Helen Hayes Theatre dos
años antes con discreto éxito.
Se trata de la historia de un
veterano de la guerra de Corea que se casa con su enfermera
y de los problemas matrimoniales que debe afrontar, con Tony
Franciosa y una joven Jane Fonda (25 años entonces) en los
papeles principales. La película logró una nominación al
Oscar como Mejor Dirección Artística y Jane Fonda también
fue nominada, pero al Globo de Oro.
En 1964 otra de las obras mayores de
TW fue llevada al cine, en un ambicioso proyecto diseñado
por John Huston, quien se rodeó de un equipo de campanillas.
La noche de la iguana contó en su reparto con Richard
Burton (proverbiales tuvieron que ser sus borracheras con
Huston), Ava Gardner (sometida a riguroso marcaje por Liz
Taylor, entonces pareja de Burton), Deborah Kerr (casada con
Peter Viertel, guionista de La reina de África y
colaborador habitual de Huston) y Sue Lyon (la Lolita de
Kubrick unos años antes).
Con semejante elenco todo invitaba a
pensar que el rodaje sería un infierno, pero nada más lejos
de la realidad si hacemos caso de las Memorias de
Huston, que lo califica como uno de los más plácidos que le
tocó vivir.
La película cuenta la historia de un
antiguo pastor protestante reconvertido en guía turístico
debido a un escándalo de índole sexual y su tormentosa
relación con varias mujeres, entre ellas una adolescente (la
ya mencionada Sue Lyon).
Concurrían aquí dos universos
aparentemente antagónicos, el del viril Huston con el de un
homosexual declarado como TW, pero la relación entre ambos
fue correcta, aunque TW no aprobó los cambios a los que se
sometió el final de su obra.
Por lo demás, las constantes
temáticas de TW permanecen inalterables: lesbianismo,
ninfomanía, prostitución masculina, alcoholismo y toda una
larga retahíla de adicciones, tentaciones y placeres.
La obra teatral, de 1961, había
obtenido un gran éxito, contando con Bette Davis en el
reparto y siendo galardonada con el Premio de la Crítica de
Nueva York.
Para los anales de la historia del
cine queda el tórrido baño nocturno de Ava Gardner, exudando
sensualidad por los cuatro costados, con dos jóvenes
mexicanos portando sendas maracas. Además Puerto Vallarta,
entonces un pueblecito marinero de 2000 habitantes, se puso
de moda y el rodaje se convirtió en todo un acontecimiento
social, paparazzi incluidos.
Para el papel de Richard Burton
fueron sondeados previamente Marlon Brando, William Holden y
Richard Harris.
El film ganó el Oscar al Mejor
Vestuario en B/N y obtuvo otras tres nominaciones, que se
convirtieron en cinco en el caso de los Globos de Oro. Ava
Gardner, por su parte, se llevó el premio a la Mejor
Interpretación Femenina en el Festival de San Sebastián.
En 1966 Sidney Pollack adaptó la
pieza corta de TW Propiedad condenada, una historia
ambientada en un pueblo sureño durante la Gran Depresión,
adonde llega un funcionario del ferrocarril con la misión de
despedir a los empleados locales. Allí iniciará una relación
con una lugareña, lo que desatará el escándalo y exacerbará
el deseo de venganza. El guión es de Francis Ford Coppola y
los protagonistas son Robert Redford, una bellísima Natalie
Wood (nominada al Globo de Oro) y Charles Bronson.
Esta película inaugura una etapa
menor en lo referente a las adaptaciones de TW, que ya no
logrará escribir grandes obras y verá, por tanto, cómo el
cine recurre a textos suyos menos enjundiosos.
Así, en 1968 le toca el turno a
La mujer maldita, dirigida por Joseph Losey, con guión
del propio TW y basada en su obra The
milk train doesn´t stop here anymore, estrenada
con escaso éxito en 1963 y que supuso el inicio de su ocaso.
En ella se cuenta la historia de una
rica escritora que vive en una isla (el rodaje se realizó en
Cerdeña) y recibe la visita de un poeta apodado el ángel
de la muerte, con la consiguiente carga metafórica que
esto conlleva.
Los papeles principales recayeron en
Richard Burton y Liz Taylor,
considerados por TW como demasiado viejo y demasiado joven
respectivamente. TW prefería a Sean Connery para el rol
masculino, pero éste lo rechazó.
El personaje de El Brujo de Capri,
interpretado por el célebre dramaturgo Noel Coward, era en
la obra original un personaje femenino al que había dado
vida Mildred Dunnock.
La película no triunfó, pese a que
se pensaba que el binomio Elizabeth Taylor/TW era garantía
de éxito comercial, como habían demostrado La gata sobre
el tejado de zinc y De repente, el último verano.
Como anécdota cabe señalar que se trata de la primera
película británica de marcado carácter comercial en la que
se dice la palabra mierda (shit en el
original).
En 1970 Sidney Lumet, como antes
había hecho Richard Brooks, repetía
con un original de TW, en éste caso con
Last of the mobile hot-shots, basada en la obra
Seven descents of Myrtle, que
había sido estrenada en Broadway por José Quintero en 1968,
manteniéndose en cartelera únicamente durante 29
representaciones.
Bastantes críticos han querido ver
en esta obra una simple parodia de Un tranvía llamado
deseo, al tratar el conflicto entre dos hermanos y
Myrtle, la esposa de uno de ellos, que busca refugio en su
cuñado, mucho más fuerte, mientras un diluvio lo arrasa todo
(de nuevo la poderosa elocuencia simbólica de la metáfora).
Los papeles principales fueron
interpretados por James Coburn (curiosamente el de hermano
débil), Robert Hooks y Lynn Redgrave. La película, cuyo
guión era de Gore Vidal, pasó sin pena ni gloria.
Actualmente está en pre-producción
una nueva adaptación de TW a cargo de Jodie Markell, cuyo
título es The loss of a teardrop Diamond,
ambientada en los años 20 en Memphis, y que contará en el
reparto con Bryce Dallas Howard, Ellen Burstyn y Ann-Margret.
Hasta aquí este breve recorrido por
la obra de TW y las múltiples vicisitudes por las que sus
adaptaciones cinematográficas pasaron. Pese a que la
dramaturgia de TW, plagada de personajes débiles y
frustrados, de problemas mentales, sociales y sexuales, con
un simbolismo de raíces míticas y un enfoque rayano en el
expresionismo, no parece muy apta para ser trasladada al
cine, y mucho menos al de las grandes estrellas de Hollywood
y su sistema de estudios (que tan frecuentemente "se la
cogía con papel de fumar" en previsión de posibles problemas
con los códigos de censura), ello no ha sido obstáculo para
que nos haya legado un puñado de obras maestras y un buen
número de películas estimables.
En la balanza de lo negativo hay que
señalar que la vigencia de sus temáticas se nos antoja harto
discutible, aunque siempre matizándolo con la fuerte carga
simbólica y metafórica que impregna sus obras y que nos
deben apartar de una lectura literal. El gusto por lo
grotesco, escabroso, esperpéntico y folletinesco, los
entornos familiares y sociales asfixiantes, el obsesivo
clima de puritanismo, las atmósferas cargadas y enfermizas,
las pasiones desbordadas cargadas de frustración o los
escenarios sureños decadentes son presencias constantes en
su teatro que no siempre han resistido bien el paso del
tiempo, aunque, a poco que rasquemos averiguaremos que más
allá de lo meramente explícito está el objetivo mayúsculo de
"capturar la naturaleza efímera de la existencia".
En su época TW realizó un teatro de
denuncia desabridamente crítico con la realidad del momento,
pero la visión cinematográfica que de ello nos ha llegado
está convenientemente edulcorada para hacerla accesible a
todos los públicos en forma de melodramas que apelen a
nuestros instintos más primarios, sin invitarnos a una
reflexión más pausada acerca de lo que en verdad se pretende
contar, que no es otra cosa que la necesidad de transgredir
las normas sociales imperantes.
Importante es el legado de TW y
pretender analizarlo trascendería con mucho mi capacidad de
mero aficionado y lector, pero en lo que aquí nos atañe sí
cabe señalar un aspecto en el que Maurice Yacowar incide
especialmente en su libro TW en el cine: el de
presentarnos al dramaturgo como uno de los principales
artífices de la ola de mayor permisividad que recorrió el
cine norteamericano a partir de los años 60. Solamente por
eso, caso de ser cierta la afirmación, ya sería de justicia
dedicarle este pequeño espacio.