Número 25. Enero de 2009

Locura y deseo en el viejo sur
Tennessee Williams en el cine

Luciano Hevia Noriega

El dramaturgo norteamericano Tennessee Williams (1911-1983), nacido Thomas Lanier Williams III, es una de las figuras más destacadas del teatro del siglo XX, adornando su extensa trayectoria literaria con dos premios Pulitzer y cuatro de la Crítica de Nueva York, y formando parte de ese repoker de ases del denominado Gótico Sureño que conformarían Carson McCullers, William Faulkner, Truman Capote, Lillian Hellman y el protagonista de estas líneas.

Intentar hablar del vínculo de TW con el Séptimo Arte supondría un esfuerzo de magnitud tan titánica debido a su fecunda y activa presencia, que nos conformaremos con presentar una visión panorámica acerca de esta relación.

El primer gran éxito de TW, El zoo de cristal, data de 1945, aunque su debut escénico es muy anterior, concretamente de 1935, y la primera obra que tuvo cierta resonancia en los mentideros teatrales es de 1940, Battle of angels, luego reelaborada como Orfeo desciende en 1957 (La caída de Orfeo, según la traducción española de 1962).

El zoo de cristal estuvo casi dos años en cartel, representándose en 561 ocasiones y recibiendo una gran acogida tanto de crítica como de público. Entre los muchos premios obtenidos destaca el de la Crítica de Nueva York.

La mayor parte de los especialistas coinciden en destacar que se trata de la obra de TW donde es más fácil rastrear rasgos autobiográficos, no resultando difícil reconocer en los personajes un retrato bastante fiel de su familia y del Viejo Sur decadente en el que se crió el autor. Su alter ego sería el narrador Tom, mientras que la protagonista de la obra, Amanda, con su carácter dominante, amanerado y puritano reflejaría la actitud de su madre, Edwina, y la hipersensible Laura se inspiraría en su hermana Rose, ya por entonces aquejada de su enfermedad mental e incapacitada por la lobotomía realizada en 1943. TW, en cambio, niega que los paralelismos sean tan evidentes y afirma que la única conexión entre Laura y Rose es la "diferencia". La figura del padre, casi siempre ausente en la vida real, también aparece en la obra.

Pese a lo desalentador de su argumento, quizá se trate de la obra de TW menos violenta y, aunque el retrato diste de ser amable, sí se aprecia el profundo afecto que el autor siente por su familia.

Los primeros devaneos de TW con la industria cinematográfica se producen un poco antes del éxito de El zoo de cristal, cuando en 1943 trabaja durante una breve temporada como guionista para la MGM, trabajo muy bien remunerado como reconoce el propio autor en sus Memorias, pero que apenas realizó dada su escasa predisposición a cumplir con la labor encomendada, con la grata sorpresa de ver cómo sus honorarios semanales eran religiosamente abonados a pesar de su reiterado absentismo.

Cronológicamente también fue El zoo de cristal la primera de sus obras que gozó de adaptación al cine, concretamente en 1950, cuando Irving Rapper trasladó la historia a la gran pantalla, contando con un reparto encabezado por Gertrude Lawrence, Jane Wyman, Kirk Douglas y Arthur Kennedy. La película, que ni siquiera se llegó a estrenar en España, tuvo una fría acogida pese a lo espectacular de su reparto, pasando sin pena ni gloria, pese a que por entonces TW ya era un reputado dramaturgo. Rapper alteró bastante el sentido de la obra, algo que se convertiría en una constante en la relación del teatro de TW con el cine.

Una versión mucho más fiel respecto al original fue la realizada muchos años después, en 1987, por Paul Newman, presentada en el Festival de Cannes con buena acogida entre la crítica, pese a quedar fuera del palmarés y a su modesta carrera comercial. El reparto lo componían Joanne Woodward (esposa de Newman), Karen Allen, John Malkovich y James Naughton.

Además también existen dos versiones televisivas: La de Michael Elliott en 1966 y la de Anthony Harvey en 1973, con la gran Katherine Hepburn como protagonista, acompañada de Michael Moriarty y Joanna Miles, ambos galardonados con sendos Emmy.

En 1951, con TW ya cómodamente instalado en la atalaya del éxito, su amigo Elia Kazan llevaría a la gran pantalla la que ya es por méritos propios una de las cimas señeras de la Historia del Cine: Un tranvía llamado deseo. Esta obra goza del honor de ser la primera en la dramaturgia estadounidense en lograr los tres premios más importantes: el Pulitzer, el de la Crítica de Nueva York y el Donaldson, manteniéndose en cartel, además, durante más de dos años y 855 representaciones.

El propio Kazan se había encargado de la dirección teatral en 1947 en el Barrymore Theatre, por expreso deseo de TW, quien había quedado gratamente sorprendido con su montaje de Todos eran mis hijos, de Arthur Miller. A partir de entonces la amistad entre Kazan y TW sólo se vería truncada por la muerte de este último en 1983.

Kazan se rodeó del mismo elenco con el que había contado sobre las tablas, con una excepción: La sustitución de Jessica Tandy (con quien Brando no había congeniado) por Vivien Leigh, que conocía perfectamente el papel de Blanche DuBois por haberlo interpretado en la escena londinense bajo las órdenes de su marido Laurence Olivier. Esta actuación consagraría a Leigh como la dama sureña por excelencia, aunque temáticamente estuviera tan alejada de la Scarlett de años atrás.

El resto del reparto estaba compuesto por el mencionado Marlon Brando (el mejor actor de todos los tiempos, según TW) como Stanley Kowalsky, Kim Hunter como Stella y Karl Malden como Mitch.

La película tuvo un éxito espectacular, pese a que la censura se había cebado con algunos aspectos del libreto, rebajando aquello que podía resultar más escandaloso como las evidentes alusiones a la ajetreada vida sexual de Blanche o a la homosexualidad de su marido, quien en el film se suicida por una debilidad.

Un tranvía llamado deseo recibió 9 nominaciones a los Oscar (de los que ganó 4), el Premio de la Crítica de Nueva York, el Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia (Copa Volpi incluida para Vivien Leigh) y una extensa nómina más. Paradójicamente el único actor del reparto no galardonado con el Oscar fue Brando, quien cedió ante el Bogart de La reina de África. Tampoco Kazan tuvo la fortuna de su lado, que le sonrió a George Stevens por Un lugar en el sol. E incluso el propio TW fue nominado como guionista, aunque también fue derrotado.

La historia, que en su momento había generado un gran escándalo en la puritana sociedad de la época por lo desbordado de sus pasiones y la presencia constante de la locura, aún conservaba su fuerza pese a la acción de la censura, y a ello hubo que añadir que la química entre las estrellas Brando y Leigh fue muy buena. Además, el papel de Blanche le venía a Leigh como anillo al dedo, llegando incluso Laurence Olivier a señalar años después los paralelismos entre el personaje y su esposa, ya por entonces amenazada por la enfermedad.

Toda esta concatenación de factores ha contribuido a convertir Un tranvía llamado deseo en el clásico indiscutible que ya es, quedando para la iconografía del cine esa camiseta sudada que con tanta prestancia lucía Brando.

La obra de Kazan es tan redonda que nadie se ha atrevido a volver a adaptarla para el cine, aunque sí se ha hecho para televisión, destacando las versiones de John Erman en 1984 (con Globo de Oro para Ann-Margret por su papel de Blanche) y la de Glenn Jordan en 1995 con Jessica Lange como Blanche (también Globo de Oro como Mejor Actriz de TV), Alec Baldwin como Kowalsky, Diane Lane como Stella y John Goodman como Mitch.

El siguiente hito cinematográfico de TW no fue sobre una adaptación suya, sino una colaboración como guionista para Visconti en Senso en 1954. En sus Memorias el propio TW reconoce que su intervención fue escasa, limitándose a la elaboración de unos diálogos, junto con su amigo, el también escritor Paul Bowles.

La relación de TW con Italia fue muy intensa, viviendo allí durante largas temporadas. En su primera visita en 1948 conoció a Visconti, quien había dirigido en el país transalpino las adaptaciones de El zoo de cristal y de Un tranvía llamado deseo.

Senso, como es habitual en las películas de Visconti, alcanza un alto grado de esteticismo y cuenta la historia de amor de una aristócrata veneciana y de un militar austriaco en pleno proceso de la independencia italiana. Alida Valli y Farley Granger (actor denostado por TW) fueron los protagonistas del film, aunque sus papeles estaban pensados originalmente para Ingrid Bergman y Marlon Brando.

En 1955 llega a la gran pantalla la tercera adaptación de una obra de TW, en este caso La rosa tatuada, bajo dirección de Daniel Mann. La obra de teatro, dirigida por el propio Mann, no había alcanzado el rotundo éxito que se esperaba (al menos no en su estreno de 1951, aunque sí en el reestreno de 1966), pese a lo elogiado de las interpretaciones de Maureen Stapleton y Eli Wallach. En cambio, la versión cinematográfica sí gozaría de gran acogida entre público y crítica.

Se trata de la única obra de TW con final feliz, lo que puede deberse al buen momento personal que el dramaturgo atravesaba cuando fue escrita, habiendo iniciado ya su relación de 16 años con Frank Merlo, a quien la obra está dedicada.

Los papeles protagonistas recayeron en Anna Magnani (la actriz preferida de TW) y en Burt Lancaster, bastante alejado fisonómicamente de la descripción que de su personaje de Álvaro hace el dramaturgo: bajo, con cara de payaso, enormes orejas y torpe.

En la ambientación confluyen el profundo sur tan habitual en TW (en este caso Louisiana) con la procedencia siciliana de los personajes, que moldea sus comportamientos y costumbres.

La película ganó 3 Oscar: Actriz, Dirección Artística y Fotografía en B/N, y estuvo nominada a otros 5. Además, Magnani también se llevó el Globo de Oro.

En 1956 TW realizó para su amigo Kazan el guión de Baby Doll, una nueva historia ambientada en el Sur, que narra la relación entre un hombre maduro y una joven a la que ha de respetar sexualmente hasta su mayoría de edad. La película estuvo rodeada de gran polémica debido a su carga sexual no demasiado soterrada, con ecos de la Lolita de Nabokov, lo que hizo que sobre ella cayera el anatema de la Legión Católica de Decencia.

Ello no fue óbice para que el film se convirtiera en un rotundo éxito, pese a no encontrarse entre lo más granado de su prestigioso director. Recibió 4 nominaciones a los Oscar, entre ellas sus dos actrices: Carroll Baker y Mildred Dunnock, y el propio TW como guionista. El resto del reparto estaba compuesto por Karl Malden y Eli Wallach, habituales de Kazan, quien sí fue galardonado con el Globo de Oro al Mejor Director.

El guión de TW estaba inspirado en una pieza corta propia, pero el autor en sus Memorias no se muestra muy conforme con el trabajo de Kazan, ya que, según su parecer, le resta comicidad y libertinaje al texto original.

En 1958 se estrenó en los cines La gata sobre el tejado de zinc, una obra de 1955, que se había hecho acreedora a todos los galardones importantes: Pulitzer, Crítica de Nueva York y Donaldson, repitiendo así el logro alcanzado por Un tranvía llamado deseo.

El montaje teatral había sido dirigido por Kazan en 1955 con gran aceptación popular y crítica, contando con un elenco en el que destacaban Ben Gazzara como Brick, Barbara Bel Geddes como Maggie, Burl Ives como Big Daddy y Mildred Dunnock como Big Mama.

La traslación a la gran pantalla fue realizada por Richard Brooks, quien mantuvo al espléndido Burl Ives en su papel, rodeándose para el resto de personajes de actores con mayor tirón comercial. Así Paul Newman dio vida a Brick, Elizabeth Taylor a Maggie y la inolvidable ama de llaves de Rebeca, Judith Anderson, a Big Mama.

En esta obra afloran nuevamente alguna de las constantes del teatro de TW, como la homosexualidad latente (mucho más explícita en el texto que en el film), el deseo, la frustración, la complejidad de las relaciones sociales y familiares o la asfixiante moral imperante en el Old South, algunas de ellas muy lastradas por la acción de la censura. De hecho, el final feliz traiciona el espíritu de la obra, en cuyo original Maggie se queda embarazada en contra de la voluntad de su marido.

La gata sobre el tejado de zinc era la obra preferida de TW de entre todas las suyas, y la película fue un rotundo éxito que contribuyó a acrecentar la fama de la que el dramaturgo ya gozaba. Recibió 6 nominaciones a los Oscar, entre ellas la de Newman, Taylor y una doble para Brooks, como director y como guionista. Richard Brooks repetiría años después con TW en Dulce pájaro de juventud y más tarde dirigiría otra de las obras cumbre del llamado Gótico Sureño en el que siempre se adscribe a TW, en este caso la versión de A sangre fría de Truman Capote.

Existen dos versiones televisivas que por su trascendencia merecen ser reseñadas: La de 1976 con dirección de Robert Moore y con Robert Wagner, Natalie Wood, Laurence Olivier y Maureen Stapleton en el reparto; y la de 1985 de Jack Hoffsiss, con Tommy Lee Jones, Jessica Lange y Kim Stanley, ganadora de un Emmy como Big Mama.

En 1959, en esos dorados años 50 donde la obra de TW alcanzó el cenit de su fama, el turno le tocaría a De repente, el último verano, una pieza corta estrenada el año anterior. La traducción del título al español invita un poco al desconcierto, ya que en el original se refiere al verano pasado de los personajes y es la frase con la que la protagonista explica lo sucedido: "De repente, el verano pasado…".

El director encargado de la adaptación fue todo un peso pesado de Hollywood, nada menos que Joseph Leo Manckiewicz, quien contó para el guión con Gore Vidal y se rodeó de un reparto estelar con Elizabeth Taylor, Katherine Hepburn y un enfermo Montgomery Clift, al que su padecimiento dota de una peculiar expresión. Sin acreditar también aparecían en la película el compañero de TW, Frank Merlo, y el propio guionista Vidal.

Se trata de una de las obras de TW más crudas y quizá la que mayor violencia concentra. Una vez más las autorreferencias son constantes: homosexualidad, lobotomía, ambientación en el Viejo Sur… A todo esto hay que añadirle la presencia del canibalismo como evidente metáfora y también una especie de complejo de Edipo al revés (madre totalmente subyugada por su hijo).

TW tenía en gran estima su pieza literaria, pero no así la adaptación, a la que calificó sin ambages de "mala película" en sus Memorias. Esto no impidió que el público y la crítica le dieran una buena acogida, pese a lo escabroso de su argumento (o precisamente por ello), siendo nominada a 3 Oscar (sus dos actrices principales y la Dirección Artística), alzándose además Liz Taylor con el Globo de Oro a la Mejor Interpretación Femenina.

En ese mismo 1959 Sidney Lumet llevó a las pantallas Piel de serpiente, un film basado en la obra de TW Orfeo desciende, que a su vez era una reelaboración de una de sus primeras obras, Battle of angels.

Se trata de una ambiciosa historia sobre un músico vagabundo y su relación con dos mujeres en una cerrada y asfixiante sociedad sureña que toma como víctimas a la gente más indefensa y vulnerable, representada sobre las tablas sin gran éxito por Clift Robertson y Maureen Stapleton, bajo dirección de Harold Clurman. Por el contrario, en la URSS la obra se programó durante más de 7 años.

El elenco cinematográfico lo compusieron Marlon Brando, Joanne Woodward, Anna Magnani y la propia Maureen Stapleton. El joven director Lumet (por entonces 35 años) no era novel en lo que a adaptaciones teatrales se refiere, ya que había debutado en el cine con la muy elogiada Doce hombres sin piedad, de Reginald Rose.

La película triunfó en el Festival de San Sebastián, donde fue galardonada con la Concha de Plata y el premio a la Mejor Actriz para Joanne Woodward.

En 1961 sería una novela de TW y no una obra teatral la que se haría acreedora a la consiguiente adaptación. El título de La primavera romana de la señora Stone hace alusión a una divertida anécdota vivida por TW durante una de sus estancias en Roma, cuando concedió una entrevista en su apartamento y la periodista pudo ver cómo el joven amante italiano del prestigioso autor desayunaba copiosamente en la mesa de al lado en la misma habitación. Con gran tino periodístico la reportera tituló su trabajo para la prensa La primavera romana de TW.

La novela fue escrita de manera casi simultánea a La rosa tatuada y se puede considerar como el reverso de ésta, desapareciendo totalmente el tono amable. Si en La rosa tatuada era una comunidad italiana viviendo en USA, aquí es una norteamericana viviendo en Roma, como acertadamente señala la profesora Ascensión Gómez en su estudio sobre TW titulado "Mito y realidad en la obra dramática de TW", encargándose de diseccionar las similitudes y diferencias entre ambos textos.

La dirección de la película recayó sobre un buen amigo de TW, el panameño José Quintero, reputado director teatral, quien hizo aquí su única incursión en el cine. El reparto estuvo compuesto por Vivien Leigh en el papel de una millonaria vieja gloria de la escena que busca consuelo en jóvenes gigolós (el paralelismo con la vida del autor parece evidente), Warren Beatty como joven galán, Lotte Lenya (nominada al Oscar como Mejor Secundaria) y Jill Saint John.

En 2003 se estrenó una versión televisiva de esta novela, dirigida por Robert Allan Ackerman, con Helen Mirren y Olivier Martinez en los papeles principales, y Anne Bancroft, Rodrigo Santoro y Brian Dennehy en los secundarios, logrando 5 nominaciones a los Emmy y 2 a los Globos de Oro.

Ese mismo año de 1961 Peter Glenville dirigió Verano y humo, adaptación de una obra de 1948, donde se cuenta la historia de Alma (uno de los personajes femeninos de los que TW se sentía más orgulloso), enamorada de un hombre que no le corresponde, y de su vida soñada.

Nuevamente el fantasma de la locura asoma en la dramaturgia de TW, encontrando aquí a la intérprete perfecta en Geraldine Page, quien por su magistral interpretación fue nominada al Oscar, aunque derrotada por la Sofía Loren de Dos mujeres. Se tuvo que conformar con el Globo de Oro.

El resto del reparto estaba compuesto por Laurence Harvey (en un papel originalmente pensado para Monty Clift), Rita Moreno y Una Merkel (también nominada al Oscar).

1962 fue el año de una de las adaptaciones de TW más celebradas, Dulce pájaro de juventud, donde repetía en la dirección Richard Brooks tras el notable éxito de La gata sobre el tejado de zinc. Brooks se rodeó de un prestigioso equipo, en algunos casos habituales de obras de TW, como Paul Newman, Mildred Dunnock o Geraldine Page, a los que acompañaban Shirley Knight, Ed Begley (oscarizado por su papel del Boss Finley) y Rip Torn. Como curiosidad cabe señalar que el papel del protagonista Chance Wayne fue rechazado por Elvis Presley, quien se negó a interpretar a un personaje sórdido y chulesco.

Dulce pájaro de juventud cuenta la historia de un joven actor de escasa gloria que regresa a su ciudad natal como gigoló de una decadente estrella, e intenta recuperar a su antigua novia, hija del cacique local. Como es costumbre en TW la rancia sociedad sureña ocupa un papel preponderante en la obra, en este caso como marco de la pérdida de la inocencia, ese "dulce pájaro de juventud", sacrificado en una tragedia de gran violencia, donde aflora el tenebroso reverso del american dream en forma de corrupción, soledad y falsas apariencias.

Además del estupendo Begley en un papel que recuerda al de Burl Ives en La gata sobre el tejado de zinc, las actrices Shirley Knight y Geraldine Page también estuvieron nominadas al Oscar, aunque cedieron respectivamente ante Patty Duke y Anne Bancroft, ambas por El milagro de Anna Sullivan. La magnífica interpretación de Page no se fue de vacío, siendo premiada con un Globo de Oro como Mejor Actriz dramática.

En el estreno teatral de 1959, dirigido por Kazan, Newman y Page también habían ocupado los roles principales, entonces con el soberbio Sidney Blackmer (el Roman Castevet de La semilla del diablo) como "Boss" Finley.

Como no podía ser de otra forma, tratándose de una obra tan cruda, la censura hizo acto de aparición y convirtió la castración original de Chance en una simple (y menos problemática) desfiguración.

En 1989, Nicholas Roeg dirigió una adaptación televisiva con Liz Taylor, Mark Harmon y Valerie Perrine, haciendo un guiño a la película de Brooks al otorgarle a Rip Torn, que hacía de hijo del cacique en la obra primigenia, el personaje de Finley.

Ese mismo año de 1962 se estrenó la ópera prima de George Roy Hill, un director que, al igual que Lumet, procedía de la época dorada de la televisión. La obra en cuestión fue Reajuste matrimonial, una comedia (curioso, tratándose de TW) que el propio Roy Hill había llevado a las tablas del Helen Hayes Theatre dos años antes con discreto éxito.

Se trata de la historia de un veterano de la guerra de Corea que se casa con su enfermera y de los problemas matrimoniales que debe afrontar, con Tony Franciosa y una joven Jane Fonda (25 años entonces) en los papeles principales. La película logró una nominación al Oscar como Mejor Dirección Artística y Jane Fonda también fue nominada, pero al Globo de Oro.

En 1964 otra de las obras mayores de TW fue llevada al cine, en un ambicioso proyecto diseñado por John Huston, quien se rodeó de un equipo de campanillas. La noche de la iguana contó en su reparto con Richard Burton (proverbiales tuvieron que ser sus borracheras con Huston), Ava Gardner (sometida a riguroso marcaje por Liz Taylor, entonces pareja de Burton), Deborah Kerr (casada con Peter Viertel, guionista de La reina de África y colaborador habitual de Huston) y Sue Lyon (la Lolita de Kubrick unos años antes).

Con semejante elenco todo invitaba a pensar que el rodaje sería un infierno, pero nada más lejos de la realidad si hacemos caso de las Memorias de Huston, que lo califica como uno de los más plácidos que le tocó vivir.

La película cuenta la historia de un antiguo pastor protestante reconvertido en guía turístico debido a un escándalo de índole sexual y su tormentosa relación con varias mujeres, entre ellas una adolescente (la ya mencionada Sue Lyon).

Concurrían aquí dos universos aparentemente antagónicos, el del viril Huston con el de un homosexual declarado como TW, pero la relación entre ambos fue correcta, aunque TW no aprobó los cambios a los que se sometió el final de su obra.

Por lo demás, las constantes temáticas de TW permanecen inalterables: lesbianismo, ninfomanía, prostitución masculina, alcoholismo y toda una larga retahíla de adicciones, tentaciones y placeres.

La obra teatral, de 1961, había obtenido un gran éxito, contando con Bette Davis en el reparto y siendo galardonada con el Premio de la Crítica de Nueva York.

Para los anales de la historia del cine queda el tórrido baño nocturno de Ava Gardner, exudando sensualidad por los cuatro costados, con dos jóvenes mexicanos portando sendas maracas. Además Puerto Vallarta, entonces un pueblecito marinero de 2000 habitantes, se puso de moda y el rodaje se convirtió en todo un acontecimiento social, paparazzi incluidos.

Para el papel de Richard Burton fueron sondeados previamente Marlon Brando, William Holden y Richard Harris.

El film ganó el Oscar al Mejor Vestuario en B/N y obtuvo otras tres nominaciones, que se convirtieron en cinco en el caso de los Globos de Oro. Ava Gardner, por su parte, se llevó el premio a la Mejor Interpretación Femenina en el Festival de San Sebastián.

En 1966 Sidney Pollack adaptó la pieza corta de TW Propiedad condenada, una historia ambientada en un pueblo sureño durante la Gran Depresión, adonde llega un funcionario del ferrocarril con la misión de despedir a los empleados locales. Allí iniciará una relación con una lugareña, lo que desatará el escándalo y exacerbará el deseo de venganza. El guión es de Francis Ford Coppola y los protagonistas son Robert Redford, una bellísima Natalie Wood (nominada al Globo de Oro) y Charles Bronson.

Esta película inaugura una etapa menor en lo referente a las adaptaciones de TW, que ya no logrará escribir grandes obras y verá, por tanto, cómo el cine recurre a textos suyos menos enjundiosos.

Así, en 1968 le toca el turno a La mujer maldita, dirigida por Joseph Losey, con guión del propio TW y basada en su obra The milk train doesn´t stop here anymore, estrenada con escaso éxito en 1963 y que supuso el inicio de su ocaso.

En ella se cuenta la historia de una rica escritora que vive en una isla (el rodaje se realizó en Cerdeña) y recibe la visita de un poeta apodado el ángel de la muerte, con la consiguiente carga metafórica que esto conlleva.

Los papeles principales recayeron en Richard Burton y Liz Taylor, considerados por TW como demasiado viejo y demasiado joven respectivamente. TW prefería a Sean Connery para el rol masculino, pero éste lo rechazó.

El personaje de El Brujo de Capri, interpretado por el célebre dramaturgo Noel Coward, era en la obra original un personaje femenino al que había dado vida Mildred Dunnock.

La película no triunfó, pese a que se pensaba que el binomio Elizabeth Taylor/TW era garantía de éxito comercial, como habían demostrado La gata sobre el tejado de zinc y De repente, el último verano. Como anécdota cabe señalar que se trata de la primera película británica de marcado carácter comercial en la que se dice la palabra mierda (shit en el original).

En 1970 Sidney Lumet, como antes había hecho Richard Brooks, repetía con un original de TW, en éste caso con Last of the mobile hot-shots, basada en la obra Seven descents of Myrtle, que había sido estrenada en Broadway por José Quintero en 1968, manteniéndose en cartelera únicamente durante 29 representaciones.

Bastantes críticos han querido ver en esta obra una simple parodia de Un tranvía llamado deseo, al tratar el conflicto entre dos hermanos y Myrtle, la esposa de uno de ellos, que busca refugio en su cuñado, mucho más fuerte, mientras un diluvio lo arrasa todo (de nuevo la poderosa elocuencia simbólica de la metáfora).

Los papeles principales fueron interpretados por James Coburn (curiosamente el de hermano débil), Robert Hooks y Lynn Redgrave. La película, cuyo guión era de Gore Vidal, pasó sin pena ni gloria.

Actualmente está en pre-producción una nueva adaptación de TW a cargo de Jodie Markell, cuyo título es The loss of a teardrop Diamond, ambientada en los años 20 en Memphis, y que contará en el reparto con Bryce Dallas Howard, Ellen Burstyn y Ann-Margret.

Hasta aquí este breve recorrido por la obra de TW y las múltiples vicisitudes por las que sus adaptaciones cinematográficas pasaron. Pese a que la dramaturgia de TW, plagada de personajes débiles y frustrados, de problemas mentales, sociales y sexuales, con un simbolismo de raíces míticas y un enfoque rayano en el expresionismo, no parece muy apta para ser trasladada al cine, y mucho menos al de las grandes estrellas de Hollywood y su sistema de estudios (que tan frecuentemente "se la cogía con papel de fumar" en previsión de posibles problemas con los códigos de censura), ello no ha sido obstáculo para que nos haya legado un puñado de obras maestras y un buen número de películas estimables.

En la balanza de lo negativo hay que señalar que la vigencia de sus temáticas se nos antoja harto discutible, aunque siempre matizándolo con la fuerte carga simbólica y metafórica que impregna sus obras y que nos deben apartar de una lectura literal. El gusto por lo grotesco, escabroso, esperpéntico y folletinesco, los entornos familiares y sociales asfixiantes, el obsesivo clima de puritanismo, las atmósferas cargadas y enfermizas, las pasiones desbordadas cargadas de frustración o los escenarios sureños decadentes son presencias constantes en su teatro que no siempre han resistido bien el paso del tiempo, aunque, a poco que rasquemos averiguaremos que más allá de lo meramente explícito está el objetivo mayúsculo de "capturar la naturaleza efímera de la existencia".

En su época TW realizó un teatro de denuncia desabridamente crítico con la realidad del momento, pero la visión cinematográfica que de ello nos ha llegado está convenientemente edulcorada para hacerla accesible a todos los públicos en forma de melodramas que apelen a nuestros instintos más primarios, sin invitarnos a una reflexión más pausada acerca de lo que en verdad se pretende contar, que no es otra cosa que la necesidad de transgredir las normas sociales imperantes.

Importante es el legado de TW y pretender analizarlo trascendería con mucho mi capacidad de mero aficionado y lector, pero en lo que aquí nos atañe sí cabe señalar un aspecto en el que Maurice Yacowar incide especialmente en su libro TW en el cine: el de presentarnos al dramaturgo como uno de los principales artífices de la ola de mayor permisividad que recorrió el cine norteamericano a partir de los años 60. Solamente por eso, caso de ser cierta la afirmación, ya sería de justicia dedicarle este pequeño espacio.

 

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