Número 22. Enero de 2008

Hesperya Teatro-GTUO
El teatro universitario de hoy

Héctor Gómez Navarro

Hesperya nació en mayo de 2006 como la revista de alumnos de Filología de la Universidad de Oviedo. En la actualidad, es un colectivo cultural y teatral.

Tras un año de experiencia en el mundo cultural asturiano, los integrantes de este colectivo decidieron, por una parte, lanzarse al nivel nacional y por otra, la que nos ocupa, crear la compañía Hesperya Teatro.

La aparición de este nuevo grupo y su naturaleza universitaria parte de una serie de convencimientos y preocupaciones colectivas. El teatro universitario había experimentado un serio declive desde dos años atrás, hasta la práctica desaparición del Grupo de Teatro de la Universidad de Oviedo. Quedaba, eso sí, un reducto cuyos postulados estéticos y de trabajo eran y son radicalmente distintos a los de HT, por lo que se decidió la integración en el GTUO como un proyecto nuevo, independiente de lo anterior. Teníamos una clara voluntad que mantenemos: recuperar para el teatro universitario la combinación de calidad y frescura que llevó a los estudiantes a ser los primeros en representar a Ibsen allá por 1892, así como a romper la censura de la época sobre Alfonso Sastre con el estreno de La mordaza en 1964. Referentes un tanto lejanos en lo temporal, pero próximos en los conceptos. Hoy como entonces es necesaria para el mundo del teatro la existencia de grupos que puedan escapar a la censura, impuesta en nuestros días por la dictadura del mercado y por la vacuidad artística instalada en el establishment cultural. La apuesta por los autores jóvenes, y por la calidad frente a la comercialidad más grosera, son líneas generales de Hesperya que definen desde el principio su proyecto teatral.

En cuanto a las ideas estéticas que dirigen la actividad diaria, Hesperya Teatro se identifica con la sencillez y la eficacia, tanto escenográficas como interpretativas. Una puesta en escena descuidada o exagerada distraería la atención del juego actoral. Recordamos, sin embargo, que una buena escenografía es la que lleva en sí una carga semiótica, y es desde esos postulados de sobriedad como entendemos que mejor se puede transmitir al espectador un significado a veces intangible, relacionado con una atmósfera que crean los espacios, objetos y luces, y que no pueden transmitir ni el texto, ni las voces, ni los actores. La escenografía es para Hesperya la construcción de un ambiente tal que la actuación de los personajes se vea reforzada a través del espacio escénico que mejor facilite la comprensión del texto, dentro de los matices que la compañía quiera transmitir.

La línea a seguir en el trabajo de los actores es similar. La interpretación ha de acompañar al texto. Partiendo de este supuesto básico, creemos que ha de evitarse siempre el engolamiento y la exageración tanto en la dicción como en el movimiento. Una interpretación equivocada suele cubrir los valores del texto, cosa poco deseable para cualquier persona que respete el teatro. Es frecuente en nuestra región ver cómo una persona se sube a un escenario y su interpretación se ve reducida a una serie de aspavientos desaforados y movimientos llenos de afectación: esto es lo que se entiende, en ámbitos demasiado extensos, como "ser actor". El resultado suele ser que el espectador se instala en la comodidad de la convención: lo que ocurre en la escena es falso, nada le va a aportar, no le hará cuestionarse nada. Hesperya tiene su filosofía en el origen del teatro: un actor no ha de representar un personaje; ha de hacerlo presente, vivo y cercano para que su historia, su carácter, afecten al espectador y le hagan salir de la sala transformado en cierta manera, por haber integrado en su vida las vidas que ha visto en la escena. Vida y ficción son para Hesperya corazón y sangre. Tienen sentido únicamente si están unidas.

Es ésta la primera premisa de Hesperya Teatro, romper con las ideas contaminadas de teatro-falsedad y teatro-gravedad. Subirse a un escenario, como ya señalamos, no implica necesariamente el engolamiento, ni escribir un texto teatral precisa tomar un tono grave y pretendidamente trascendente. En este sentido, HT hace una apuesta doble: por una parte, un teatro de humor que no desprecie al público ofreciéndole vulgaridades y tópicos, sino que apele a la inteligencia del espectador; por otra, un teatro serio que no se calce los coturnos, sino que presente acciones y conflictos desde la cercanía interpretativa, aunque el asunto representado tenga enjundia y peso artístico. En efecto, para representar a Ulises no es necesario hablar como Homero, ni tomar pose de trágico en las verdes llanuras de Tesalia. Todo lo humano es comprensible si se saben transmitir unidos idea y sentimiento. Y aquí, suele funcionar la tensión de contrarios.

Explicamos: una situación escénica cargada de dramatismo puede venirse abajo si los personajes gritan y lloran con voces de plañidera. En cambio, una interpretación sobria y contenida es capaz de impresionar y dar sensación de realidad. Del mismo modo, un texto humorístico dicho con actitud histriónica pierde su efecto, y en cambio alcanza su objetivo si se interpreta con seriedad irónica. Es éste, para HT, el modo de integrar e implicar al espectador en el teatro: representando de modo que ningún gozne rechine, antes al contrario presentando una unión armónica de texto, escenografía e interpretación.

Hesperya Teatro, en resumen, es una opción teatral basada en la sencillez y la adecuación artística como maneras de transmitir contenidos y unir, dentro y fuera de los escenarios, ficción y vida.

Por el momento, y como presentación, es todo. Para más información pueden visitarnos en hesperyateatro.wordpress.com. Les esperamos en las salas.

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