Número 22. Enero de 2008

TEU en los primeros años sesenta

Julio Rodríguez Blanco

Mi primera estancia en la Universidad de Oviedo se remonta a 1961. En esa época, casi un adolescente, me interesaba ya el teatro como espectador y lector. Los antecedentes habría que buscarlos en la afición a la literatura fomentada por las profesoras del instituto.

Era también un apasionado de la radio, medio que todavía sigo con interés En esa época vivía en Oviedo y escuchaba los programas dramáticos que se emitían en la radio ("Teatro del aire"), interpretados por voces radiofónicas muy populares, grabados en Radio Madrid, la emisora central de la mítica Cadena SER.

A finales de los cincuenta se había creado en la emisora Radio Oviedo un cuadro de actores local en el que me integré, para interpretar papeles de muchacho o de niño. Trabajábamos con una orientación de radio-escuela. Participaban en la enseñanza de los jóvenes novatos voces también jóvenes pero muy profesionales del medio, algunos de ellos estudiantes universitarios como Manolo Aguadé y Emilio López Tamargo, voces femeninas extraordinarias como las hermanas Álvarez del Valle, Menchu y Marisol, y algunas voces que todavía siguen representando teatro en los escenarios como José Luis de San Martín.

De alguna manera este grupo estaba vinculado a la Universidad por ser estudiantes. Y también podía ser una cantera para el futuro del TEU.

A principios de los sesenta, ya dentro del ámbito universitario, se hacían lecturas dramatizadas en el salón de la Caja de Ahorros de Asturias. Recuerdo, por ejemplo, autores importantes como Chéjov (Tío Vania) donde intervenían actores que pertenecían al TEU del distrito. Uno de los habituales era Pedro Civera, que figuraba como actor invitado en alguno de los grupos que organizaban estas lecturas, que solían ser de Facultades y Escuelas concretas. No había tan buenos actores como para prescindir de quienes apuntaban a una clara profesionalidad, como el citado joven de Mieres.

Un estudiante de Derecho, hoy conocido profesional del teatro y el cine, a partir de la película Solas, aunque con mucho recorrido anterior en el campo teatral es Carlos Álvarez-Nóvoa, que entonces conocíamos simplemente por Carlos Álvarez. Este joven de los sesenta, con una formación cultural importante, participó en el TEU de los primeros sesenta, quizá uno de los momentos álgidos del teatro universitario. También era locutor de la radio. El repertorio que buscaban estos jóvenes era muy novedoso. Recuerdo que habían preparado una función de la obra de Selagh Delaney Un sabor a miel. Esta autora británica había estrenado esta pieza cuando sólo tenía dieciocho años. Participaba en el papel protagonista una actriz y también pintora y estudiante de Bellas Artes, además de locutora, Linos Fidalgo. No recuerdo con exactitud si la dirección correspondía a Carlos Álvarez o quizá estuviera también en el reparto de intérpretes. El caso es que la censura prohibió la función porque el contenido de la misma les parecía escabroso.

En el terreno profesional Un sabor a miel se estrenó en Madrid en 1970, con dos interpretaciones soberbias de Ana Belén y Eusebio Poncela, concretamente en el Teatro Infanta Isabel.

Otra obra del TEU de estos años, que vi representada en el Teatro Principado fue Historias para ser contadas, del autor y director argentino Osvaldo Dragún, que contaba entre sus intérpretes con Ramón Sánchez-Ocaña, entonces estudiante de Filosofía y Letras y posteriormente un profesional del periodismo, en Asturias y sobre todo en Madrid, en TVE.

Los componentes de estos grupos recalaron en la segunda mitad de la década en los grupos de instituciones culturales como los Ateneos de Oviedo y Gijón. Aparecen otros nombres, como Javier Villanueva vinculado también al TEU y más adelante serán la cantera de los "grupos independientes" de los años 70.

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