Desde 1961 a 1963, Teatro Español
Universitario (TEU), Oviedo, Cursos comunes de Filosofía y Letras,
años felices… muy felices.
Siempre he dicho que Oviedo es la ciudad de
mis amores, no correspondidos, sólo de ida. Cuando llegué desde
Mieres para empezar 1º de carrera, ya conocía Madrid, Barcelona y
París, es decir: había salido de Mieres y tenía una visión más
amplia de lo habitual en aquellos años. ¿Qué me fascinó de Oviedo?
Sin duda, la vida universitaria, el ambiente culto, la inquietud
intelectual, la curiosidad por aprender y la protesta vital ante
aquel mundo estrecho y pacato que vendía la España oficial.
En Mieres había trabajado en funciones
variadas y en 1960 Chus Quirós dirigió un texto de otro mierense,
Paulino Posada, se titulaba
Diálogo en las nubes y yo era uno de
los protagonistas, la función se estrenó en el Capitol de Mieres y
se representó también en Oviedo y Pola de Lena. Esto, facilitó mi
entrada en el TEU. Nada más llegar topé con gente maravillosa a la
que sigo queriendo: Linos Fidalgo, Carlos Álvarez, Juanjo Otegui (a
punto de irse a Madrid), Carmen Manzanal, Luis Fernando Amor,
Mariano Antolín, Pepe Avello, Pepe Aspiroz, Gonzalo Pizarro y otros
amigos como Armando Pedrosa, Fernando Corujedo o Luis Noriega. En el
grupo había pintores, gente que cosía y gente que tocaba la
guitarra. Todos hacíamos de todo, sin sentimientos de género. En
esto, como en casi todo, éramos muy avanzados. Trabajábamos con tal
escasez de medios, que para una escena de
El Tintero
"evadimos" un banco del parque de San Francisco y lo llevamos hasta
el escenario de El Principado. Naturalmente, lo devolvimos después
de la función. La música se grababa en Radio Asturias, donde
trabajaba Linos Fidalgo, que me presentó a gente tan estupenda como
Emilio Tamargo o Menchu del Valle, una de las criaturas más
singulares, inteligentes y positivas que he conocido. Las funciones
con el TEU del distrito, que englobaba a todas las facultades, se
estrenaban en Perlora, en un salón de actos de la Residencia, donde
daban cursillos sindicales de "no sé qué". Después se debutaba en
Oviedo, en El Principado, y si había suerte íbamos al Ateneo de
Gijón y al Pombo de Mieres.
En el TEU de la facultad, se estrenaba donde
se podía: el salón de actos de la Caja de Ahorros (recuerdo que una
vez nos cargamos la pata de un piano de cola por intentar moverlo),
en los colegios mayores y ¡juraría! que hasta en el paraninfo.
En esos años intervine en
Los inocentes de la Moncloa
de José María Rodríguez Méndez,
El Tintero
de Carlos Muñiz, Historias
para ser contadas de Oswaldo Dragún,
El acuerdo
y La Condena de Lúculo
de Bertolt Brecht, El
cartero del Rey de Rabindranath
Tagore, La lección
de Ionesco, es decir, casi todo lo que publicaba "Primer Acto",
báculo de la progresía por aquellos años.
Lo hermoso es que en aquel Oviedo, la
Universidad contaba, se notaba, se hablaba de lo que hacíamos para
bien y para mal (recuerdo un diario local que nos llamaba "los del
pañuelín" por el fular y "los de la angustia vital" por nuestra
afición al negro). En aquel Oviedo la opinión de intelectuales de la
talla de Emilio Alarcos o Gustavo Bueno, pesaba.
Entre todos dábamos forma a una revista
radiofónica que se emitía los domingos por la noche, titulada
"Fenestra Universitaria". En la primavera del ‘63, unos "chicos", o
no tanto, de Falange al grito de "Somos los del ‘36 y los del ‘63"
entraron en la emisora, se llevaron las cintas y se cargaron el
programa. Naturalmente, no pasó nada.
Meses después fui a Huelva con la Segunda
Campaña Nacional de Alfabetización que organizaba el SUT (Servicio
Universitario de Trabajo). En septiembre me vine a Madrid para
estudiar 3º de carrera.
Han pasado tantos años… y aún recuerdo
nítidamente caras, situaciones, lugares, olores y sabores de aquel
Oviedo. Adoro esa ciudad y llevo esos recuerdos en lo más profundo
del alma para siempre.
Con amor, Pedro Civera.