Número 22. Enero de 2008

Teatros Universitarios en Asturias

Boni Ortiz

En su etapa inicial, el Teatro Español Universitario (TEU) del distrito de la Universidad de Oviedo había desarrollado una actividad casi exclusiva de lecturas teatrales divulgadoras de autores como Buero, Casona, Chéjov y vinculado a las corrientes más oficialistas del Sindicato Español Universitario (SEU), cuya jefatura estaba en manos del que llegaría a ser ministro de trabajo en uno de los últimos gobiernos de la dictadura franquista: Fernando Suárez. De aquella, la mano derecha de Fernando Suárez era José Luis Merino que también pasó por el TEU, hasta heredar de su mentor (ambos en una carrera ascendente dentro del aparato del régimen de Franco), la jefatura del SEU. Momentos oficiales y personas de paso con proyectos para sí mismos, entre los que se encontraban Luis Suárez, María Antonia Modoro..., que protagonizara la Medea de Jean Anouilh, en una de sus últimas colaboraciones con el TEU en 1958.

Será precisamente en esta obra en la que vemos por primera vez a Carlos Álvarez-Nóvoa y Juanjo Otegui dirigidos por Arsenio Inclán que desde el curso 1956-57, aportaba un nuevo rumbo: utilizar las estructuras del SEU y del propio TEU, para "hacer cosas". Con este espíritu primordial y bienintencionado, inician su andadura en el TEU de distrito —además de los dos mentados y hoy en día afamados actores—: Berta Barros, Marisa Bárcena, Mary Carmen Manzanal, Elías Domínguez, Chus Quirós, Pedro Civera, Bienvenido Álvarez, Enrique Ximénez de Sandoval, Linos Fidalgo y otros, dinamizando también, actividades culturales a través del Club Universitario.

Tras Medea, vendría El juez de los divorcios (1958) y La gata sobre el tejado de cinc ardiente (1959), dirigidas por Arsenio Inclán y, al año siguiente El águila de dos cabezas de Jean Cocteau y El día siguiente de Rebello, primeras direcciones de Carlos Álvarez-Nóvoa.

No podemos ignorar que en Gijón, La Máscara (Compañía de Cámara y Ensayo del Ateneo Jovellanos) llevaba ya dos años de funcionamiento y que tenía en su haber montajes como: Panorama desde el puente, Ana Kleiber, El Gran Teatro del Mundo, La marquesa Rosalinda, o Esperando a Godot. Algunos de aquellos participantes en el TEU de Oviedo, todavía hoy recuerdan el impacto que esta función les produjo, recogido por la prensa ovetense en buena medida:

"(...) ayer un espectáculo sorprendente: el estreno de "Esperando a Godot", la revolucionaria obra de Samuel Beckett, por el grupo de teatro La Máscara del Ateneo de Gijón. Lo primero que hay que destacar, al margen de la calidad de la obra, es el sensacional nivel artístico al que han llegado este conjunto de actores gijoneses (...) considerar a La Máscara como uno de los grupos de vanguardia más maduros, valga la paradoja, de cuantos en España se esfuerzan por llevar (...) al público, el teatro universal de nuestra hora (...) Oviedo fue ayer escenario de un verdadero acontecimiento artístico. Y nunca más lejos la frase de su valor tópico" (La Nueva España, 21 de diciembre de 1958).

El TEU iniciaba la década de los 60 participando con Escuadra hacia la muerte, en el Concurso Nacional de Teatro Universitario, cuya fase previa de la zona noroeste se celebraba en Santiago de Compostela. La dirección de la obra de Alfonso Sastre corrió a cargo de José Ramón Menéndez que era uno de los soldados, junto a Álvarez-Nóvoa, Ximénez de Sandoval, Bienvenido, Miguel Castrillo y Eloy Astrana que encarnaba al cabo Goban, seguidas por El zoo de cristal de T. Williams y con Esquina peligrosa de J.B. Priestley dirigida por Chus Quirós. Pero detengámonos en los detalles de lo que sería la siguiente dirección escénica del gran artista y polifacético Chus Quirós, fallecido el pasado año. Me refiero al que sería el mayor escándalo de la época: Un sabor a miel, de Selagh Delaney.

La obra, con la que el TEU de Oviedo se presentaba al certamen de Teatro Universitario de ese año y que organizaba el distrito de Oviedo, venía precedida por su prohibición en Madrid, un par de meses antes, bajo la dirección de Miguel Narros con Ana Belén y Eusebio Poncela, además de Lali Soldevilla, Nicolás Dueñas y Agustín Ndjambo. Había sido consecuencia de la crítica titulada, "Un sabor a podrido" y escrita por el "factótum teatral" del franquismo: Alfredo Marqueríe. Aquí el catolicismo social, representado por las Congregaciones Marianas y concretamente por su jefe, Ignacio Portilla, se movilizó saliendo a la prensa con un artículo titulado: "Teatro sí, inmoralidad no", quejándose del nefando propósito de su representación, y de paso del ciclo de lecturas teatrales organizado por el "teuin" (apodo que recibía el TEU de la facultad de Derecho que dirigía el hermano de Carlos Álvarez-Nóvoa: Bienvenido Álvarez) que habían tenido como protagonista las Piezas Negras de Jean Anouilh, pateadas precisamente por algunos seguidores de Portilla que en su artículo las llamaba "piezas inmorales". Ignacio Portilla finalizaba su "Teatro sí, inmoralidad no", de esta manera tan edificante:

"(...) Hace falta por parte de los dirigentes del TEU más responsabilidad; si quieren europeizarse, que lo hagan, pero si de Europa solo sacan obras como éstas, más vale quedarse en casa." (La Nueva España, martes 23 de febrero de 1961).

Carlos Álvarez-Nóvoa daría amplia respuesta tres días después, fijando con moderación y prudencia las posiciones progresistas del TEU. Ello no le impidió al Gobernador Civil de la Provincia de Oviedo que, para justificar la defensa del orden, prohibiese Un sabor a miel: un melodrama costumbrista, en la que se da cuenta del ambiente popular en el que viven los personajes: una prostituta alcohólica con una hija de soltera, amiga de un gay y con un novio negro. Chus Quirós y sus colegas del TEU, decidieron exhibirla "clandestinamente", fuera del Filarmónica, donde tenía que representarse. Optaron por ir a los Dominicos que, a pesar de las entusiastas gestiones de los padres Inciarte y Arcos, y dadas las presiones, no les fue permitido. Con los bártulos cargados en un carretón, acabaron en los locales del Club Universitario del SEU, a la sazón dirigido por el propio Carlos Álvarez-Nóvoa. En el segundo piso de aquel inmueble de Uría, montaron el tinglado y allí acudió el público universitario, amigos de otras localidades y el mismísimo jurado del certamen. A "puerta cerrada", y con los sobresaltos de algún que otro timbrazo inesperado, se llevó a cabo la función el 18 de marzo de 1961.

¡Vaya papeleta para el jurado, por muy progre que fuese!, que lo era. La entrega de premios se realizó en una comida en los bajos del Filarmónica, en la que estaba una amplia representación de las fuerzas vivas. Comer, comieron, pero tuvieron que escuchar, además de los premios, el relato detallado de los hechos por parte de aquel Gustavo Bueno de antaño, que era miembro del jurado: Un sabor a miel no existía, oficialmente no había sido y, sin embargo, se le conceden tres de los grandes premios del certamen: Mejor Grupo, Mejor Interpretación Femenina a Linos Fidalgo y Mejor Dirección a Jesús Sánchez Quirós.

En aquel encuentro de TEUs del distrito universitario de Oviedo, además de las lecturas de Anouilh: Viajero sin equipaje, Romeo y Jeannette, El armiño, Eurídice, La salvaje, Jezabel y Antígona del "teuin", se vieron El mal corre de Jacques Audiverti, por el TEU de Gijón dirigido por Jesús G. Medina; En la ardiente oscuridad de Buero Vallejo, por el TEU del Colegio Mayor San Gregorio dirigido por Manuel Aramendi; Cuarto de estar de Graham Green, por el TEU del Colegio Mayor Santa Catalina; Juan de la luna de Marcel Achard, por el TEU de Ciencias bajo la dirección de Peña Álvarez; Prohibido suicidarse en primavera de A. Casona, por el TEU del Colegio Mayor Valdés Sala, dirigido por Armando Nieto y Luz de gas de P. Hamilton, del TEU de Comercio con la dirección de Fernando Pérez Agustí.

En la primavera de aquel 1961, mientras el TEU dirigido por Carlos Álvarez-Nóvoa, estrenaba Los inocentes de la Moncloa, a 28 kilómetros tirando para la mar, se producía —con Las sillas de Ionesco, dirigida por Laureano Mántaras— la presentación escénica de GESTO Teatro de Cámara de Gijón, una de las primeras asociaciones teatrales independientes del Estado, que significaba la culminación de un proceso de maduración y compromiso de aquellos jóvenes que habían formado La Máscara unos años antes. Su montaje de La camisa de Lauro Olmo, estrenada el 4 de septiembre de 1963, en el Teatro Arango de Gijón en el marco del I Festival de Teatro Contemporáneo, supondría la cima de toda la producción teatral del periodo "camarista" que nos ocupa. Su historia fue breve: cuatro años de acoso y derribo por parte de las autoridades del momento que lograron cerrarla a finales de 1964. En Gijón, también se formaron TEUs en la academia de la Congregación Los Luises, en la Escuela de Comercio dirigido por Laureano Mántaras, en el propio SEU gijonés dirigido por Gonzalo Junquera y Andrés Mori y en la Escuela de Peritos con Juan Otero a la cabeza.

En 1962 el TEU de Oviedo montaría El tintero de Carlos Muñiz y por primera vez en Asturias, Historias para ser contadas de Oswaldo Dragún, dirigido por José Avello Flórez y Mario Antolín Rato. También el afamado actor mierense Pedro Civera cuenta con el magnífico honor de haber dirigido al TEU de Letras, la primera obra de Bertolt Brecht en Asturias: La condena de Lucullus, para después desde el TEU de distrito, montar La lección, Final de partida, Acto sin palabras.

Ya a finales de la década de los años cincuenta, en la Universidad española, se estaba generando un debate político en torno a las fórmulas de organización y representación estudiantil. El movimiento universitario había empezado a plantearse la necesidad de desarrollar estructuras democráticas propias, frente al SEU, organización sindical impuesta por la dictadura. Como no podía ser de otra forma, el debate tocó a una de sus estructuras culturales más activas y de mayor proyección: el TEU. En noviembre de 1963 la Escuela de Comercio de Gijón, se desvincula del SEU, iniciando un camino que habría de extenderse a todo el distrito universitario de Oviedo y que culminó en las grandes movilizaciones en el comienzo del año 1965.

El fuerte debate político supuso el abandono de las estructuras del SEU, como el Club Universitario, o el TEU, de personas que habían tenido en ellas un protagonismo fundamental en la etapa anterior de "utilización" de ese marco legal, como Linos Fidalgo, Carlos Álvarez-Nóvoa y que encontraron en el recién constituido Ateneo de Oviedo, un lugar propicio donde reagruparse y seguir desarrollando su labor teatral.

A finales de 1963 se constituye el Teatro Estudio del Ateneo de Oviedo, bajo la dirección de José Avello Flórez y el 8 de febrero de 1964, estrenan en sesión de tarde y noche un programa compuesto por dos piezas cortas: La ira de Philippe Hotz de Max Frisch y El soplón de Brecht. Días antes se había presentado para los socios del Ateneo, La empresa de Vega de Friedrich Dürrenmatt.

El Teatro Estudio, no sólo se nutría de actores y actrices de la Universidad, también proyectaba hacia ella su trabajo, al igual que el Aula Poética del Ateneo de Oviedo organizando recitales de poemas propios de sus componentes: Andrés de la Fuente, José Avello, J. Antonio Olivar, Luis F. Amor, C. Álvarez-Nóvoa, Linos Fidalgo o Carlos Rodríguez, responsable del Aula. El recital homenaje a Antonio Machado, que organizaron en el Aula Clarín de la Universidad a principio de 1966, reunió a más de quinientos universitarios.

A finales de ese año, Carlos Álvarez-Nóvoa marcha para Madrid en donde entraría a formar parte de uno de los grupos fundamentales en el panorama teatral español del momento: Los Goliardos. Durante ese periodo como director del Teatro Estudio, había estrenado en España: Muertos sin sepultura, de Jean Paul Sartre, así como El caballo del caballero de Muñiz y Los dos verdugos de Arrabal. Lo sustituye Javier Villanueva que había participado en los montajes anteriores, tras una primera experiencia en el TEU de Magisterio en donde había estrenado una obra suya: Adela.

Durante el año 1967, Javier Villanueva se hizo cargo del Teatro Estudio del Ateneo de Oviedo, estrenando Cristos para una cruz y La muerte del discípulo, de las que era autor y La noticia de Lauro Olmo y Miserere para medio fraile de C. Muñiz. Por el Ateneo rondaba y participa Ramón Sánchez Ocaña, bastante antes de sus éxitos televisivos, del que Javier dirigió un par de cosas: El hombrero y Los muertos. Empezaban a ensayarse la Teresa de Clarín, puesta a su disposición por el Sr. Cachero, cuando Javier Villanueva deja el Teatro Estudio y el Ateneo de Oviedo por las fuertes desavenencias con su presidente, el constructor Canteli, dadas sus preferencias por el señor de la margarina Flora, que durante algún tiempo se hizo cargo del grupo de teatro, además de continuar dirigiendo el TEU de Las Catalinas.

Javier, que volvió al TEU brevemente (lo suficiente como para impartir una conferencia en el Ateneo Jovellanos, organizada por La Máscara, bajo el título de "La trilogía del nuevo teatro"), siguió los pasos de sus predecesores, camino de Madrid y el Teatro Estudio del Ateneo fue languideciendo, después de que Julio Rodríguez Blanco, montase Sueño para la hora de acostarse de O’Casey, Ligazón de Valle Inclán, A puerta cerrada de Sartre y El malentendido de Camus, programa de teatro francés que tuvo problemas legales y en el que encontramos por vez primera a Etelvino Vázquez, como regidor de la función. De estas últimas experiencias de Javier Villanueva, Rodríguez Blanco y el joven Etelvino, nacería Caterva.

Los TEUs propiamente dichos, como parte de la estructura universitaria, en su brazo estudiantil del SEU, dejarían de existir. A partir de ese momento y hasta ahora mismo, en la Universidad se formaron grupos de teatro a iniciativa de alumnos o/y profesores, algunas con un significado especial en aquel final de los años sesenta, que modificaban sus esencias de "cámara y ensayo", por unas nuevas fórmulas que iban configurando lo que habría de llamarse el Teatro Independiente, recogidas por Los Goliardos en el número 104 de enero de 1969, de la imprescindible "Primer Acto", bajo el título de: "Veintisiete notas anárquicas a la caza de un concepto", presentes en diferente medida en las tres experiencias que recojo a continuación y para finalizar, por estar vinculadas a la Universidad de Oviedo.

La primera se refiere al llamado Grupo de Teatro Documento (GTD), dirigido por Miguel Signes Mengual y auspiciado por Juan Cueto Alas desde la Alianza Francesa. El curso 1967-68 fue especialmente agitado por las luchas para imponer las Juntas de Delegados como forma de representación estudiantil que decanos y rectores se negaban a reconocer, junto a las movilizaciones contra la guerra del Vietnam, unidas al encierro que en febrero del 68, protagonizaron los participantes del Cursillo de Iniciación Cinematográfica —organizado por un Departamento de Actividades Culturales muy activo y politizado—, impartido por Basilio Martín Patino, en solidaridad con la lucha que se estaba desarrollando en la Escuela de Cine de Madrid.

En la mejor de las tradiciones del teatro de agitación, un día antes de la convocatoria de manifestación convocada en la calle Uría por Los Comités Pro-Vietnam contra "el asesinato en masa de la población del Vietnam", el GTD ofreció, en el Aula Magna de la Universidad su Obra nº 1. Se trataba de un espectáculo de creación colectiva sobre la guerra, cuyo texto recogía noticias de prensa que los componentes del grupo habían seleccionado previamente, trabajadas a conciencia y sometidas a discusión con el público asistente a una función convocada clandestinamente. El pintor Jaime Herrero, colaboró en la construcción de los sencillos elementos de la obra: carteles, gafas, caretas de cartón... El propio Signes Mengual, recordaba en el nº 12, de 1982, de los Cuadernos del Norte, a algunos de los participantes en aquella singular experiencia: "Tere Fernández Corte, Pilar González, Miguel del Hoyo, Eduardo Méndez, María Ozores, Lidia Ruiz Díaz, Álvaro Ruiz de la Peña, Julio Sánchez, Ana e Isabel Tejerina, José Uría y algunos más (...)".

El GTD intentó una Obra nº 2, en la que se planteaba la problemática del profesorado auxiliar y adjunto, que no se llegó a representar por los riesgos del estado de excepción y la fuerte implicación de sus componentes en el movimiento estudiantil.

Alguno de los componentes del GTD tomaron parte en el Teatro Estudio que en octubre de ese 1968 echó a andar en la Alianza Francesa, Carlos Álvarez-Nóvoa de vuelta de Madrid. Allí montaron: El león listo de Mrozeck y La mujer judía de Brecht (6/1/1969) y meses después, en pleno estado de excepción, justo el día anterior al estreno de La noche de los asesinos de Triana, Carlos Álvarez-Nóvoa era detenido y tras cuatro meses de secuestro legal en la Cárcel de Oviedo, fue deportado a Mallorca.

La tercera y última experiencia a la que me referiré, fue el montaje de la obra Rosencrantz & Guildenstern han muerto, de Tom Stoppard, por parte del Grupo de Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo. Era el curso 1970-71 y la fórmula de los grupos de teatro universitarios, ya nada tenía que ver con los TEUs de los cincuenta y sesenta. La función que tuve la oportunidad de ver, viene a ser el Hamlet, desde el punto de vista de los dos enterradores. Estaba dirigida por Eladio de Pablo, que insistía en el tratamiento moderno que el autor proponía: cámara negra, una pequeña plataforma redonda en la que se desarrollaba prácticamente toda la acción, apoyada por los movimientos de mimo de los actores, a veces distanciadas por un marco de cuadro, si coincidían con la tragedia shakesperiana. De ella, Juan Cueto Alas, desde las páginas de Asturias Semanal, en un amplio y sesudo artículo sobre el "protagonismo de la secundariedad" y otras "lecturas de Rosencrantz y Guildenstern", diría: "(...) El Grupo de Teatro de la Facultad de Filosofía, no sé si consciente o inconscientemente, ha sabido entender a las mil maravillas estas contradicciones. Su montaje y representación ha sido, a mi entender, la mejor lectura de la importante y dificultosa obra de un checo "metido" a analítico".

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