Boni Ortiz
En su etapa inicial, el Teatro Español
Universitario (TEU) del distrito de la Universidad de Oviedo había
desarrollado una actividad casi exclusiva de lecturas teatrales
divulgadoras de autores como Buero, Casona, Chéjov y vinculado a las
corrientes más oficialistas del Sindicato Español Universitario (SEU),
cuya jefatura estaba en manos del que llegaría a ser ministro de
trabajo en uno de los últimos gobiernos de la dictadura franquista:
Fernando Suárez. De aquella, la mano derecha de Fernando Suárez era
José Luis Merino que también pasó por el TEU, hasta heredar de su
mentor (ambos en una carrera ascendente dentro del aparato del
régimen de Franco), la jefatura del SEU. Momentos oficiales y
personas de paso con proyectos para sí mismos, entre los que se
encontraban Luis Suárez, María Antonia Modoro..., que protagonizara
la Medea de Jean Anouilh, en una de sus últimas
colaboraciones con el TEU en 1958.
Será precisamente en esta obra en la que vemos por primera vez a
Carlos Álvarez-Nóvoa y Juanjo Otegui dirigidos por Arsenio Inclán
que desde el curso 1956-57, aportaba un nuevo rumbo: utilizar las
estructuras del SEU y del propio TEU, para "hacer cosas". Con este
espíritu primordial y bienintencionado, inician su andadura en el
TEU de distrito —además de los dos mentados y hoy en día afamados
actores—: Berta Barros, Marisa Bárcena, Mary Carmen Manzanal, Elías
Domínguez, Chus Quirós, Pedro Civera, Bienvenido Álvarez, Enrique
Ximénez de Sandoval, Linos Fidalgo y otros, dinamizando también,
actividades culturales a través del Club Universitario.
Tras Medea, vendría El juez de los divorcios (1958)
y La gata sobre el tejado de cinc ardiente (1959), dirigidas
por Arsenio Inclán y, al año siguiente El águila de dos cabezas
de Jean Cocteau y El día siguiente de Rebello, primeras
direcciones de Carlos Álvarez-Nóvoa.
No podemos ignorar que en Gijón, La Máscara (Compañía de Cámara y
Ensayo del Ateneo Jovellanos) llevaba ya dos años de funcionamiento
y que tenía en su haber montajes como: Panorama desde el puente,
Ana Kleiber, El Gran Teatro del Mundo, La marquesa Rosalinda, o
Esperando a Godot. Algunos de aquellos participantes en el
TEU de Oviedo, todavía hoy recuerdan el impacto que esta función les
produjo, recogido por la prensa ovetense en buena medida:
"(...) ayer un espectáculo sorprendente: el estreno de "Esperando
a Godot", la revolucionaria obra de Samuel Beckett, por el grupo de
teatro La Máscara del Ateneo de Gijón. Lo primero que hay que
destacar, al margen de la calidad de la obra, es el sensacional
nivel artístico al que han llegado este conjunto de actores
gijoneses (...) considerar a La Máscara como uno de los grupos de
vanguardia más maduros, valga la paradoja, de cuantos en España se
esfuerzan por llevar (...) al público, el teatro universal de
nuestra hora (...) Oviedo fue ayer escenario de un verdadero
acontecimiento artístico. Y nunca más lejos la frase de su valor
tópico" (La Nueva España, 21 de diciembre de 1958).
El TEU iniciaba la década de los 60 participando con Escuadra
hacia la muerte, en el Concurso Nacional de Teatro
Universitario, cuya fase previa de la zona noroeste se celebraba en
Santiago de Compostela. La dirección de la obra de Alfonso Sastre
corrió a cargo de José Ramón Menéndez que era uno de los soldados,
junto a Álvarez-Nóvoa, Ximénez de Sandoval, Bienvenido, Miguel
Castrillo y Eloy Astrana que encarnaba al cabo Goban, seguidas por
El zoo de cristal de T. Williams y con Esquina peligrosa
de J.B. Priestley dirigida por Chus Quirós. Pero detengámonos en
los detalles de lo que sería la siguiente dirección escénica del
gran artista y polifacético Chus Quirós, fallecido el pasado año. Me
refiero al que sería el mayor escándalo de la época: Un sabor a
miel, de Selagh Delaney.
La obra, con la que el TEU de Oviedo se presentaba al certamen de
Teatro Universitario de ese año y que organizaba el distrito de
Oviedo, venía precedida por su prohibición en Madrid, un par de
meses antes, bajo la dirección de Miguel Narros con Ana Belén y
Eusebio Poncela, además de Lali Soldevilla, Nicolás Dueñas y Agustín
Ndjambo. Había sido consecuencia de la crítica titulada, "Un sabor a
podrido" y escrita por el "factótum teatral" del franquismo: Alfredo
Marqueríe. Aquí el catolicismo social, representado por las
Congregaciones Marianas y concretamente por su jefe, Ignacio
Portilla, se movilizó saliendo a la prensa con un artículo titulado:
"Teatro sí, inmoralidad no", quejándose del nefando propósito de su
representación, y de paso del ciclo de lecturas teatrales organizado
por el "teuin" (apodo que recibía el TEU de la facultad de Derecho
que dirigía el hermano de Carlos Álvarez-Nóvoa: Bienvenido Álvarez)
que habían tenido como protagonista las Piezas Negras de Jean
Anouilh, pateadas precisamente por algunos seguidores de Portilla
que en su artículo las llamaba "piezas inmorales". Ignacio Portilla
finalizaba su "Teatro sí, inmoralidad no", de esta manera tan
edificante:
"(...) Hace falta por parte de los dirigentes del TEU más
responsabilidad; si quieren europeizarse, que lo hagan, pero si de
Europa solo sacan obras como éstas, más vale quedarse en casa."
(La Nueva España, martes 23 de febrero de 1961).
Carlos Álvarez-Nóvoa daría amplia respuesta tres días después,
fijando con moderación y prudencia las posiciones progresistas del
TEU. Ello no le impidió al Gobernador Civil de la Provincia de
Oviedo que, para justificar la defensa del orden, prohibiese Un
sabor a miel: un melodrama costumbrista, en la que se da cuenta
del ambiente popular en el que viven los personajes: una prostituta
alcohólica con una hija de soltera, amiga de un gay y con un novio
negro. Chus Quirós y sus colegas del TEU, decidieron exhibirla
"clandestinamente", fuera del Filarmónica, donde tenía que
representarse. Optaron por ir a los Dominicos que, a pesar de las
entusiastas gestiones de los padres Inciarte y Arcos, y dadas las
presiones, no les fue permitido. Con los bártulos cargados en un
carretón, acabaron en los locales del Club Universitario del SEU, a
la sazón dirigido por el propio Carlos Álvarez-Nóvoa. En el segundo
piso de aquel inmueble de Uría, montaron el tinglado y allí acudió
el público universitario, amigos de otras localidades y el mismísimo
jurado del certamen. A "puerta cerrada", y con los sobresaltos de
algún que otro timbrazo inesperado, se llevó a cabo la función el 18
de marzo de 1961.
¡Vaya papeleta para el jurado, por muy progre que fuese!, que lo
era. La entrega de premios se realizó en una comida en los bajos del
Filarmónica, en la que estaba una amplia representación de las
fuerzas vivas. Comer, comieron, pero tuvieron que escuchar, además
de los premios, el relato detallado de los hechos por parte de aquel
Gustavo Bueno de antaño, que era miembro del jurado: Un sabor a
miel no existía, oficialmente no había sido y, sin embargo, se
le conceden tres de los grandes premios del certamen: Mejor Grupo,
Mejor Interpretación Femenina a Linos Fidalgo y Mejor Dirección a
Jesús Sánchez Quirós.
En aquel encuentro de TEUs del distrito universitario de Oviedo,
además de las lecturas de Anouilh: Viajero sin equipaje, Romeo y
Jeannette, El armiño, Eurídice, La salvaje, Jezabel y
Antígona del "teuin", se vieron El mal corre de Jacques
Audiverti, por el TEU de Gijón dirigido por Jesús G. Medina; En
la ardiente oscuridad de Buero Vallejo, por el TEU del Colegio
Mayor San Gregorio dirigido por Manuel Aramendi; Cuarto de estar
de Graham Green, por el TEU del Colegio Mayor Santa Catalina;
Juan de la luna de Marcel Achard, por el TEU de Ciencias bajo la
dirección de Peña Álvarez; Prohibido suicidarse en primavera
de A. Casona, por el TEU del Colegio Mayor Valdés Sala, dirigido por
Armando Nieto y Luz de gas de P. Hamilton, del TEU de
Comercio con la dirección de Fernando Pérez Agustí.
En la primavera de aquel 1961, mientras el TEU dirigido por
Carlos Álvarez-Nóvoa, estrenaba Los inocentes de la Moncloa,
a 28 kilómetros tirando para la mar, se producía —con Las sillas
de Ionesco, dirigida por Laureano Mántaras— la presentación
escénica de GESTO Teatro de Cámara de Gijón, una de las primeras
asociaciones teatrales independientes del Estado, que significaba la
culminación de un proceso de maduración y compromiso de aquellos
jóvenes que habían formado La Máscara unos años antes. Su montaje de
La camisa de Lauro Olmo, estrenada el 4 de septiembre de
1963, en el Teatro Arango de Gijón en el marco del I Festival de
Teatro Contemporáneo, supondría la cima de toda la producción
teatral del periodo "camarista" que nos ocupa. Su historia fue
breve: cuatro años de acoso y derribo por parte de las autoridades
del momento que lograron cerrarla a finales de 1964. En Gijón,
también se formaron TEUs en la academia de la Congregación Los
Luises, en la Escuela de Comercio dirigido por Laureano Mántaras, en
el propio SEU gijonés dirigido por Gonzalo Junquera y Andrés Mori y
en la Escuela de Peritos con Juan Otero a la cabeza.
En 1962 el TEU de Oviedo montaría El tintero de Carlos
Muñiz y por primera vez en Asturias, Historias para ser contadas
de Oswaldo Dragún, dirigido por José Avello Flórez y Mario
Antolín Rato. También el afamado actor mierense Pedro Civera cuenta
con el magnífico honor de haber dirigido al TEU de Letras, la
primera obra de Bertolt Brecht en Asturias: La condena de
Lucullus, para después desde el TEU de distrito, montar La
lección, Final de partida, Acto sin palabras.
Ya a finales de la década de los años cincuenta, en la
Universidad española, se estaba generando un debate político en
torno a las fórmulas de organización y representación estudiantil.
El movimiento universitario había empezado a plantearse la necesidad
de desarrollar estructuras democráticas propias, frente al SEU,
organización sindical impuesta por la dictadura. Como no podía ser
de otra forma, el debate tocó a una de sus estructuras culturales
más activas y de mayor proyección: el TEU. En noviembre de 1963 la
Escuela de Comercio de Gijón, se desvincula del SEU, iniciando un
camino que habría de extenderse a todo el distrito universitario de
Oviedo y que culminó en las grandes movilizaciones en el comienzo
del año 1965.
El fuerte debate político supuso el abandono de las estructuras
del SEU, como el Club Universitario, o el TEU, de personas que
habían tenido en ellas un protagonismo fundamental en la etapa
anterior de "utilización" de ese marco legal, como Linos Fidalgo,
Carlos Álvarez-Nóvoa y que encontraron en el recién constituido
Ateneo de Oviedo, un lugar propicio donde reagruparse y seguir
desarrollando su labor teatral.
A finales de 1963 se constituye el Teatro Estudio del Ateneo de
Oviedo, bajo la dirección de José Avello Flórez y el 8 de febrero de
1964, estrenan en sesión de tarde y noche un programa compuesto por
dos piezas cortas: La ira de Philippe Hotz de Max Frisch y
El soplón de Brecht. Días antes se había presentado para los
socios del Ateneo, La empresa de Vega de Friedrich
Dürrenmatt.
El Teatro Estudio, no sólo se nutría de actores y actrices de la
Universidad, también proyectaba hacia ella su trabajo, al igual que
el Aula Poética del Ateneo de Oviedo organizando recitales de poemas
propios de sus componentes: Andrés de la Fuente, José Avello, J.
Antonio Olivar, Luis F. Amor, C. Álvarez-Nóvoa, Linos Fidalgo o
Carlos Rodríguez, responsable del Aula. El recital homenaje a
Antonio Machado, que organizaron en el Aula Clarín de la Universidad
a principio de 1966, reunió a más de quinientos universitarios.
A finales de ese año, Carlos Álvarez-Nóvoa marcha para Madrid en
donde entraría a formar parte de uno de los grupos fundamentales en
el panorama teatral español del momento: Los Goliardos. Durante ese
periodo como director del Teatro Estudio, había estrenado en España:
Muertos sin sepultura, de Jean Paul Sartre, así como El
caballo del caballero de Muñiz y Los dos verdugos de
Arrabal. Lo sustituye Javier Villanueva que había participado en los
montajes anteriores, tras una primera experiencia en el TEU de
Magisterio en donde había estrenado una obra suya: Adela.
Durante el año 1967, Javier Villanueva se hizo cargo del Teatro
Estudio del Ateneo de Oviedo, estrenando Cristos para una cruz
y La muerte del discípulo, de las que era autor y La
noticia de Lauro Olmo y Miserere para medio fraile de C.
Muñiz. Por el Ateneo rondaba y participa Ramón Sánchez Ocaña,
bastante antes de sus éxitos televisivos, del que Javier dirigió un
par de cosas: El hombrero y Los muertos. Empezaban a
ensayarse la Teresa de Clarín, puesta a su disposición por el
Sr. Cachero, cuando Javier Villanueva deja el Teatro Estudio y el
Ateneo de Oviedo por las fuertes desavenencias con su presidente, el
constructor Canteli, dadas sus preferencias por el señor de la
margarina Flora, que durante algún tiempo se hizo cargo del grupo de
teatro, además de continuar dirigiendo el TEU de Las Catalinas.
Javier, que volvió al TEU brevemente (lo suficiente como para
impartir una conferencia en el Ateneo Jovellanos, organizada por La
Máscara, bajo el título de "La trilogía del nuevo teatro"), siguió
los pasos de sus predecesores, camino de Madrid y el Teatro Estudio
del Ateneo fue languideciendo, después de que Julio Rodríguez
Blanco, montase Sueño para la hora de acostarse de O’Casey,
Ligazón de Valle Inclán, A puerta cerrada de Sartre y
El malentendido de Camus, programa de teatro francés que tuvo
problemas legales y en el que encontramos por vez primera a Etelvino
Vázquez, como regidor de la función. De estas últimas experiencias
de Javier Villanueva, Rodríguez Blanco y el joven Etelvino, nacería
Caterva.
Los TEUs propiamente dichos, como parte de la estructura
universitaria, en su brazo estudiantil del SEU, dejarían de existir.
A partir de ese momento y hasta ahora mismo, en la Universidad se
formaron grupos de teatro a iniciativa de alumnos o/y profesores,
algunas con un significado especial en aquel final de los años
sesenta, que modificaban sus esencias de "cámara y ensayo", por unas
nuevas fórmulas que iban configurando lo que habría de llamarse el
Teatro Independiente, recogidas por Los Goliardos en el número 104
de enero de 1969, de la imprescindible "Primer Acto", bajo el título
de: "Veintisiete notas anárquicas a la caza de un concepto",
presentes en diferente medida en las tres experiencias que recojo a
continuación y para finalizar, por estar vinculadas a la Universidad
de Oviedo.
La primera se refiere al llamado Grupo de Teatro Documento (GTD),
dirigido por Miguel Signes Mengual y auspiciado por Juan Cueto Alas
desde la Alianza Francesa. El curso 1967-68 fue especialmente
agitado por las luchas para imponer las Juntas de Delegados como
forma de representación estudiantil que decanos y rectores se
negaban a reconocer, junto a las movilizaciones contra la guerra del
Vietnam, unidas al encierro que en febrero del 68, protagonizaron
los participantes del Cursillo de Iniciación Cinematográfica
—organizado por un Departamento de Actividades Culturales muy activo
y politizado—, impartido por Basilio Martín Patino, en solidaridad
con la lucha que se estaba desarrollando en la Escuela de Cine de
Madrid.
En la mejor de las tradiciones del teatro de agitación, un día
antes de la convocatoria de manifestación convocada en la calle Uría
por Los Comités Pro-Vietnam contra "el asesinato en masa de la
población del Vietnam", el GTD ofreció, en el Aula Magna de la
Universidad su Obra nº 1. Se trataba de un espectáculo de
creación colectiva sobre la guerra, cuyo texto recogía noticias de
prensa que los componentes del grupo habían seleccionado
previamente, trabajadas a conciencia y sometidas a discusión con el
público asistente a una función convocada clandestinamente. El
pintor Jaime Herrero, colaboró en la construcción de los sencillos
elementos de la obra: carteles, gafas, caretas de cartón... El
propio Signes Mengual, recordaba en el nº 12, de 1982, de los
Cuadernos del Norte, a algunos de los participantes en aquella
singular experiencia: "Tere Fernández Corte, Pilar González, Miguel
del Hoyo, Eduardo Méndez, María Ozores, Lidia Ruiz Díaz, Álvaro Ruiz
de la Peña, Julio Sánchez, Ana e Isabel Tejerina, José Uría y
algunos más (...)".
El GTD intentó una Obra nº 2, en la que se planteaba la
problemática del profesorado auxiliar y adjunto, que no se llegó a
representar por los riesgos del estado de excepción y la fuerte
implicación de sus componentes en el movimiento estudiantil.
Alguno de los componentes del GTD tomaron parte en el Teatro
Estudio que en octubre de ese 1968 echó a andar en la Alianza
Francesa, Carlos Álvarez-Nóvoa de vuelta de Madrid. Allí montaron:
El león listo de Mrozeck y La mujer judía de Brecht
(6/1/1969) y meses después, en pleno estado de excepción, justo el
día anterior al estreno de La noche de los asesinos de
Triana, Carlos Álvarez-Nóvoa era detenido y tras cuatro meses de
secuestro legal en la Cárcel de Oviedo, fue deportado a Mallorca.
La tercera y última experiencia a la que me referiré, fue el
montaje de la obra Rosencrantz & Guildenstern han muerto, de
Tom Stoppard, por parte del Grupo de Teatro de la Facultad de
Filosofía y Letras de Oviedo. Era el curso 1970-71 y la fórmula de
los grupos de teatro universitarios, ya nada tenía que ver con los
TEUs de los cincuenta y sesenta. La función que tuve la oportunidad
de ver, viene a ser el Hamlet, desde el punto de vista de los
dos enterradores. Estaba dirigida por Eladio de Pablo, que insistía
en el tratamiento moderno que el autor proponía: cámara negra, una
pequeña plataforma redonda en la que se desarrollaba prácticamente
toda la acción, apoyada por los movimientos de mimo de los actores,
a veces distanciadas por un marco de cuadro, si coincidían con la
tragedia shakesperiana. De ella, Juan Cueto Alas, desde las páginas
de Asturias Semanal, en un amplio y sesudo artículo sobre el
"protagonismo de la secundariedad" y otras "lecturas de
Rosencrantz y Guildenstern", diría: "(...) El Grupo de Teatro
de la Facultad de Filosofía, no sé si consciente o
inconscientemente, ha sabido entender a las mil maravillas estas
contradicciones. Su montaje y representación ha sido, a mi entender,
la mejor lectura de la importante y dificultosa obra de un checo
"metido" a analítico".