Entrevista a Juan José Otegui
‘Mi vocación de actor nació aquellos años’
Gemma de
Luis
Partiendo de sus comienzos en el TEU de la
Universidad de Oviedo, me gustaría que nos contara su experiencia en
este sentido:
Pregunta. ¿Qué recuerdos guarda de aquella época?
R. Todos los recuerdos que
tengo de la época del TEU son muy positivos. El entusiasmo en cada
trabajo, la ilusión por cada estreno, la preparación, no sólo de la
interpretación, sino también en tareas de montaje de decorado,
luces, vestuario, etc.
Quizás con el paso del
tiempo esté magnificando aquella época, no lo sé, pero en cualquier
caso tiene en mi memoria un lugar privilegiado. No olvidemos que fue
en aquellos años, cuando sentí la necesidad de hacer de aquel
divertimento de la interpretación, el eje de mi vida. Cuando nació
mi vocación de actor. Cuando tomé decisiones, que al recordarlas
ahora, me dan vértigo. Magnificada por el paso del tiempo o no, fue
una época maravillosa.
P. ¿En qué condiciones se trabajaba?
R. Apenas pisábamos un escenario. La mayoría de
las veces eran lecturas: los actores se sentaban tras una gran mesa,
con el texto y un flexo. Cuando encendías el flexo significaba que
entrabas en escena, cuando lo apagabas, que salías. Recuerdo "mi
primera vez": leíamos Luz de gas de Hamilton. Yo hacía de un
policía que intervenía al final de la obra: "¡Queda Ud. detenido!" y
apagaba el flexo…
P. ¿Qué autores abordaron?
R. Creo recordar que los autores más frecuentes
eran Casona, Sastre, Lope de Rueda, Cervantes, quizás algún Lorca.
Yo estrené Los inocentes de la Moncloa, de Rodríguez Méndez,
en el Teatro Principado, hoy desaparecido en detrimento de la imagen
cultural de Oviedo.
Llama un inspector de Priestley, algún Chéjov,
no sé. La última función que hice como aficionado, justo el día
antes de salir para Madrid, fue La última cinta de Samuel
Beckett. Se representó en el salón de actos de la Caja de Ahorros,
en la plaza de la Escandalera. Me dirigió Chus Quirós, que en paz
descanse. La sala estaba abarrotada de amigos, compañeros y público
en general. Recordarlo me emociona…
P. ¿Con qué infraestructura contaban?
R. ¿Las infraestructuras?: El entusiasmo, la
afición, el amor con que nos entregábamos desde el primer día de
ensayo.
P. ¿Qué tipo de público era el que acudía a las
representaciones del TEU?
R. El público que asistía estaba compuesto,
mayoritariamente, por universitarios, incluso catedráticos. Uno de
estos, D. José Aparicio Díaz —Derecho Civil—, fue el que después de
verme en una función de Alfonso Paso me dijo que pensara seriamente
en dedicarme al teatro como profesional. Creo que fue el último
empujón que necesitaba para decidirme. Asistían también personas
ajenas a la Universidad, gente inquieta que en aquellos tiempos
encontraban, aunque en pequeñas dosis, algo para calmar su sed
cultural.
P. ¿En alguna ocasión tuvieron problema con la
censura?
R. Sí, a pesar de que eran años donde se empezaba
a ver la luz al final del túnel, o al menos eso creíamos, la censura
era tremenda, asfixiante.
P. Si volvemos al momento actual, teniendo en
cuenta que es usted un actor con una trayectoria de reconocido
prestigio a nivel profesional en cine, teatro y televisión, ¿podemos
decir que Juan José Otegui posee una técnica interpretativa concreta
que le permite trabajar en cualquier registro y con cualquier
director?
R. Yo no estudié en ninguna
escuela. Mi técnica se basa en la experiencia. En las horas que me
pasaba mirando y escuchando a aquellos grandísimos actores, con los
que tuve la suerte de trabajar. Todos fueron mis maestros, pero el
número uno Bódalo. José Bódalo era… no sé, no tengo palabras…
También tuve la suerte de
trabajar a las órdenes de los mejores directores de este país. El
último, Juan Echanove, que me dirigió en
Visitando al Sr. Green, y con
el que repetiré en el próximo montaje: De ratones y hombres,
de John Steinbeck. Juan Echanove, ha dirigido su primer trabajo,
Visitando al Sr. Green, como si llevara años dirigiendo. Tiene a
sus espaldas una enorme experiencia como actor, y eso ayuda, pero no
basta. Hay que tener un olfato especial y Juan lo tiene, ¡ya lo creo
que lo tiene! Además y debido a su, por otra parte impresionante
historial interpretativo, detecta los problemas que puedan surgir al
actor, antes de que surjan. Estoy convencido de que llegará a ser
uno de los grandes.
P. ¿Hay algún personaje que le gustaría
interpretar y que aún no lo haya hecho? ¿Cuál es el que más huella
le ha dejado de todos los que ha interpretado?
R. Cuando empiezas, sueñas
con interpretar a personajes míticos, que has visto en el cine, o en
el teatro, encarnados por grandes figuras de la escena. Yo, en estos
momentos, no tengo predilección por ninguno en especial. Qué duda
cabe que hay personajes maravillosos, que con toda seguridad ya no
podré interpretar, pero mi experiencia me ha enseñado, que de pronto
y sin ningún tipo de aureola de fantástico, aparece un Sr. Green,
que te invade, te gratifica de tal manera, que no te das cuenta de
que han pasado dos horas sin salir de escena.
Todos los personajes dejan
huella, incluso los que detestas y que no has tenido más remedio que
hacer. Trabajos estos, que yo llamo de "menú"—para sobrevivir—. Lo
que ocurre es que, es del último del que más te acuerdas. A mí el
Sr. Green me llenó totalmente. Había tanta ternura en ese ser
aplastado por los prejuicios sociales, religiosos, que muchas veces
en plena representación, tuve que echar mano de mi experiencia para
controlar emociones que me hubieran impedido hacer el trabajo
correctamente.
P. ¿Cuál cree que es el papel que desempeña el
arte teatral en la sociedad actual?
R. A esa pregunta no voy a contestar. Su
insignificancia me produce vergüenza ajena. Alguien dijo: "El teatro
es el termómetro cultural de un país"…
P. Muy, muy brevemente… ¿Qué es para usted… un
actor?
R. Para mí un actor es el conducto vivo, a través
del cual llega al público lo que el autor escribió.
P. ¿Qué es para usted… un director?
R. El director es el encargado de que todos los
elementos del hecho teatral se engarcen para llevar a buen puerto el
espectáculo. Es una labor muy sutil, y a la que sólo unos pocos
pueden acceder con éxito.
P. ¿Qué es para usted… el público?
R. El público es para el actor lo que el lienzo
es para el pintor.
P. ¿Quién es para usted… Juan José Otegui?
R. Juan José Otegui es una persona que ha tenido la inmensa
suerte de encontrar la vocación de vivir de un trabajo que le ha
llenado y le llena plenamente; que llegando al final de su carrera
sigue manteniendo la ilusión, y el entusiasmo de los primeros días.
El día que desaparezcan el entusiasmo y la ilusión se retirará. De
eso me encargo yo.