Número 22. Enero de 2008

Entrevista a Juan José Otegui
‘Mi vocación de actor nació aquellos años’

Gemma de Luis

Partiendo de sus comienzos en el TEU de la Universidad de Oviedo, me gustaría que nos contara su experiencia en este sentido:

Pregunta. ¿Qué recuerdos guarda de aquella época?

R. Todos los recuerdos que tengo de la época del TEU son muy positivos. El entusiasmo en cada trabajo, la ilusión por cada estreno, la preparación, no sólo de la interpretación, sino también en tareas de montaje de decorado, luces, vestuario, etc.

Quizás con el paso del tiempo esté magnificando aquella época, no lo sé, pero en cualquier caso tiene en mi memoria un lugar privilegiado. No olvidemos que fue en aquellos años, cuando sentí la necesidad de hacer de aquel divertimento de la interpretación, el eje de mi vida. Cuando nació mi vocación de actor. Cuando tomé decisiones, que al recordarlas ahora, me dan vértigo. Magnificada por el paso del tiempo o no, fue una época maravillosa.

P. ¿En qué condiciones se trabajaba?

R. Apenas pisábamos un escenario. La mayoría de las veces eran lecturas: los actores se sentaban tras una gran mesa, con el texto y un flexo. Cuando encendías el flexo significaba que entrabas en escena, cuando lo apagabas, que salías. Recuerdo "mi primera vez": leíamos Luz de gas de Hamilton. Yo hacía de un policía que intervenía al final de la obra: "¡Queda Ud. detenido!" y apagaba el flexo…

P. ¿Qué autores abordaron?

R. Creo recordar que los autores más frecuentes eran Casona, Sastre, Lope de Rueda, Cervantes, quizás algún Lorca. Yo estrené Los inocentes de la Moncloa, de Rodríguez Méndez, en el Teatro Principado, hoy desaparecido en detrimento de la imagen cultural de Oviedo.

Llama un inspector de Priestley, algún Chéjov, no sé. La última función que hice como aficionado, justo el día antes de salir para Madrid, fue La última cinta de Samuel Beckett. Se representó en el salón de actos de la Caja de Ahorros, en la plaza de la Escandalera. Me dirigió Chus Quirós, que en paz descanse. La sala estaba abarrotada de amigos, compañeros y público en general. Recordarlo me emociona…

P. ¿Con qué infraestructura contaban?

R. ¿Las infraestructuras?: El entusiasmo, la afición, el amor con que nos entregábamos desde el primer día de ensayo.

P. ¿Qué tipo de público era el que acudía a las representaciones del TEU?

R. El público que asistía estaba compuesto, mayoritariamente, por universitarios, incluso catedráticos. Uno de estos, D. José Aparicio Díaz —Derecho Civil—, fue el que después de verme en una función de Alfonso Paso me dijo que pensara seriamente en dedicarme al teatro como profesional. Creo que fue el último empujón que necesitaba para decidirme. Asistían también personas ajenas a la Universidad, gente inquieta que en aquellos tiempos encontraban, aunque en pequeñas dosis, algo para calmar su sed cultural.

P. ¿En alguna ocasión tuvieron problema con la censura?

R. Sí, a pesar de que eran años donde se empezaba a ver la luz al final del túnel, o al menos eso creíamos, la censura era tremenda, asfixiante.

P. Si volvemos al momento actual, teniendo en cuenta que es usted un actor con una trayectoria de reconocido prestigio a nivel profesional en cine, teatro y televisión, ¿podemos decir que Juan José Otegui posee una técnica interpretativa concreta que le permite trabajar en cualquier registro y con cualquier director?

R. Yo no estudié en ninguna escuela. Mi técnica se basa en la experiencia. En las horas que me pasaba mirando y escuchando a aquellos grandísimos actores, con los que tuve la suerte de trabajar. Todos fueron mis maestros, pero el número uno Bódalo. José Bódalo era… no sé, no tengo palabras…

También tuve la suerte de trabajar a las órdenes de los mejores directores de este país. El último, Juan Echanove, que me dirigió en Visitando al Sr. Green, y con el que repetiré en el próximo montaje: De ratones y hombres, de John Steinbeck. Juan Echanove, ha dirigido su primer trabajo, Visitando al Sr. Green, como si llevara años dirigiendo. Tiene a sus espaldas una enorme experiencia como actor, y eso ayuda, pero no basta. Hay que tener un olfato especial y Juan lo tiene, ¡ya lo creo que lo tiene! Además y debido a su, por otra parte impresionante historial interpretativo, detecta los problemas que puedan surgir al actor, antes de que surjan. Estoy convencido de que llegará a ser uno de los grandes.

P. ¿Hay algún personaje que le gustaría interpretar y que aún no lo haya hecho? ¿Cuál es el que más huella le ha dejado de todos los que ha interpretado?

R. Cuando empiezas, sueñas con interpretar a personajes míticos, que has visto en el cine, o en el teatro, encarnados por grandes figuras de la escena. Yo, en estos momentos, no tengo predilección por ninguno en especial. Qué duda cabe que hay personajes maravillosos, que con toda seguridad ya no podré interpretar, pero mi experiencia me ha enseñado, que de pronto y sin ningún tipo de aureola de fantástico, aparece un Sr. Green, que te invade, te gratifica de tal manera, que no te das cuenta de que han pasado dos horas sin salir de escena.

Todos los personajes dejan huella, incluso los que detestas y que no has tenido más remedio que hacer. Trabajos estos, que yo llamo de "menú"—para sobrevivir—. Lo que ocurre es que, es del último del que más te acuerdas. A mí el Sr. Green me llenó totalmente. Había tanta ternura en ese ser aplastado por los prejuicios sociales, religiosos, que muchas veces en plena representación, tuve que echar mano de mi experiencia para controlar emociones que me hubieran impedido hacer el trabajo correctamente.

P. ¿Cuál cree que es el papel que desempeña el arte teatral en la sociedad actual?

R. A esa pregunta no voy a contestar. Su insignificancia me produce vergüenza ajena. Alguien dijo: "El teatro es el termómetro cultural de un país"…

P. Muy, muy brevemente… ¿Qué es para usted… un actor?

R. Para mí un actor es el conducto vivo, a través del cual llega al público lo que el autor escribió.

P. ¿Qué es para usted… un director?

R. El director es el encargado de que todos los elementos del hecho teatral se engarcen para llevar a buen puerto el espectáculo. Es una labor muy sutil, y a la que sólo unos pocos pueden acceder con éxito.

P. ¿Qué es para usted… el público?

R. El público es para el actor lo que el lienzo es para el pintor.

P. ¿Quién es para usted… Juan José Otegui?

R. Juan José Otegui es una persona que ha tenido la inmensa suerte de encontrar la vocación de vivir de un trabajo que le ha llenado y le llena plenamente; que llegando al final de su carrera sigue manteniendo la ilusión, y el entusiasmo de los primeros días. El día que desaparezcan el entusiasmo y la ilusión se retirará. De eso me encargo yo.

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