De Hamlet a La gaviota. Ese fue el recorrido que
Enrique Diaz, creador y director de la Compañía dos Atores de Río de
Janeiro, explicó en el encuentro previo a las funciones en Laboral
Escena. Celebrado en la Escuela Superior de Arte Dramático y
organizado por ambas instituciones, cuya magnífica vecindad está
permitiendo encuentros como éste, o talleres diversos como los
dirigidos por Paulo Castro, sobre Heiner Müller, o el de juego
actoral, a cargo de Óskar Gómez de L’Alakran.
Enrique Diaz nos puso en los antecedentes de la metodología
seguida por la compañía, recordando el montaje de Hamlet de
William Shakespeare, estrenado en abril de 2004, y anterior a La
gaviota.
Tanto en un caso como en el otro, el espectáculo final sintetiza
la historia del autor, si bien las encontramos envueltas de un sin
fin de interferencias producto de las aportaciones que los actores y
actrices, irán incorporando, en el proceso creativo. No se trata
tanto de modificaciones en texto, como acciones concretas propuestas
por los actores y demás componentes de la compañía, asociadas al
desarrollo de la propia historia y al proceso de construcción de los
personajes. Enrique Diaz subrayó, como una de las claves principales
para la creación de los dos espectáculos, "abrir puertas" en la
historia, penetrar libremente en los "subtextos", bucear en la
intrahistoria del texto y avanzar.
La singular función de la Compañía dos Atores, podría decirse que
es una "deconstrucción" de la pieza de Chéjov: La gaviota,
cuyo texto sirve como una parte más —por ejemplo: como un actor— al
espectáculo final.
Cerrando con el telón metálico antiincendios la boca del gran
escenario de la Laboral, se construye un espacio escénico cuadrado y
magnífico, con un fondo aforado mediante un gran bastidor blanco y
unas patas que permiten entrar y salir a los intérpretes y las cosas
que se van necesitando en la función. Tres gradas para el público,
colocadas en cada uno de los restantes laterales, cierran en
herradura ese espacio vacío en el que se desarrollará la historia.
Sentados en sillas alineadas en el fondo del escenario, se sitúan
las tres extraordinarias actrices y los cuatro estupendos actores.
Entre ellos: Enrique Diaz que tras tomar la palabra, comienza a
darnos las claves de lo que allí veremos... Nos habla del
estrepitoso fracaso de La gaviota, en su estreno el 17 de
octubre de 1896, en el Teatro Alexandrinsky de San Petersburgo, y
del posterior gran éxito cuando dirigida por Stanislavski, la monta
el Teatro de Arte de Moscú; nos habla de sus personajes y de sus
relaciones, tanto artísticas como sentimentales y, justo en ese
momento, todos se ponen en marcha, con un único impulso y un solo
propósito: explicar las razones que mueven a cada uno de sus
personajes; su papel y sus conflictos... No sólo en la manera
convencional de construirlos por separado y, lógicamente, en
relación con el todo, también sus aportaciones escenográficas, o al
ambiente sonoro, al juego teatral en general y cuyo producto final,
es esta función.
Todos en un movimiento sin tregua, ni descanso, aportando a la
historia el trozo que les corresponde y, mediante la siempre
intrincada profundización en los subtextos, logrando el milagro de
posibilitar al público, su adecuado acercamiento a este clásico
contemporáneo.
Llama la atención la inmediatez y sencillez de los elementos
domésticos, empleados para "invocar" la escenografía, como tiestos
con sus plantas, un secador, frutas... Con los que se van
construyendo las localizaciones, o los ambientes sonoros y efectos,
en buena parte emitidos por "radiocedés" portátiles de tipo
doméstico; maletas, sillas, o el lago de la gaviota realizado
vertiendo el contenido de una taza de café en el suelo.
Sin duda, cuando una compañía cuenta con un proyecto común y
diferenciado, además de una metodología de trabajo específica y
rigurosa, conjugando tradición y modernidad, inevitablemente logra
un producto con el que todos disfrutamos.