Número 22. Enero de 2008
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José Luis Campal FernándezRIDEA
Incrementamos la relación de dramaturgos de ambos sexos que, con desbordante prontitud y una hospitalidad ante la que sólo tenemos palabras de agradecimiento, nos cuentan cómo van los últimos proyectos que desarrollan o a los que ya han puesto broche final. Para subir el telón en este arranque de 2008, escuchamos con la atención debida a ocho escritores/as teatrales: Ignacio Pajón Leyra, Elena Belmonte, Antonio Cremades, Concha Gómez, Mariam Budia, Isabel Martín Salinas, Esmeralda Gómez Souto y Juan Carlos Rubio.
Ignacio Pajón Leyra
Madrid, 1980. Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense, ha visto estrenadas piezas suyas como
Pajón Leyra nos habla de la versión inglesa que se ha llevado a cabo de una de sus últimas obras y nos avanza una más en la que ahora está trabajando:
«La editorial CBH Books de Boston acaba de publicar la traducción al inglés de mi obra Cualquier lugar, cualquier día, que en España se publicó en la editorial de la Asociación de Autores de Teatro en 2006. Se trata de una obra estructurada en quince breves cuadros, cada uno de los cuales se sitúa en un período histórico distinto, pero que comparten un mismo carácter protagonizado por la guerra, sus causas y sus efectos.
Después de terminar aquella obra he hecho alguna incursión más en el teatro histórico y he participado como delegado español en los festivales Interplay Europe 2006 y World Interplay Online 2007, una experiencia que ha sido muy enriquecedora y satisfactoria. Dramaturgos de distintos países de Europa, en el primero de ellos, y de todo el mundo, en el segundo, convivimos y colaboramos, intercambiamos ideas y puntos de vista, y nos informamos sobre la situación del teatro lejos de nuestros respectivos países.
Al volver de estos festivales he retomado un proyecto en el que llevaba algún tiempo embarcado pero que había detenido temporalmente para centrarme en los anteriores: la redacción de una obra teatral titulada Los pasos inmóviles. Comencé a escribirla hace dos años a raíz del sueño/delirio de una noche de fiebre, que me resultó especialmente sugerente y de argumento mucho más elaborado de lo que al menos yo acostumbro a soñar. Desde entonces estoy tratando de plasmarlo en papel intentando mantener aquella misma forma inquietante y extraña en que por primera vez lo "vi representado". A pesar de que tengo muy claro el argumento general del texto, aún es pronto para determinar cómo va a ser el desarrollo completo de la obra, ya que todavía se encuentra en fase de borrador y aún tardará bastante en adquirir su forma definitiva.»
Elena Belmonte
1958. Autora de dos libros de relatos –
La escritora comparte con nosotros las líneas maestras de su actual apuesta teatral:
«La última obra de teatro en la que he trabajado se titula Clara sin burla, la presenté al premio de textos teatrales "Villa de Pinto" 2007 y lo ganó. Es un drama. En el mes de noviembre se hizo la entrega del premio y salió editado el libro. Resumo la sinopsis de la pieza: La mujer del anuncio se presenta en tu casa y hace para ti lo que quieras que haga. Puede ser tu amante, tu madre, tu amiga, tu esposa, tu verdugo. Es tan impermeable, tan seria, tan eficaz, que nadie la conoce, nadie sabe lo que se esconde detrás. Sólo el último cliente de un largo y fatigoso día de trabajo la estará esperando para recordarle quién es y lo que ha sido. El esfuerzo de superación, el rencor y las distancias inmensas que a veces separan a las personas son las principales ideas de esta obra.
Ésta es mi segunda obra, la primera se titulaba Los vanidosos, se estuvo representando en Madrid en el 2005, en el teatro Victoria, era una comedia, la dirigió Manuel Galiana. Creo que las dos obras tienen algo en común, aunque se diga en dos claves muy diferentes: la incomunicación.»
Antonio Cremades
Alicante, 1960. Licenciado en Filosofía y Letras, ha sido alumno de los talleres impartidos por Sergi Belbel, Juan Mayorga o Paloma Pedrero. En 1998 obtuvo el premio «Calderón de la Barca» por su pieza
Cremades se refiere, en las líneas siguientes, a sus últimas obras, una escrita en colaboración con el también dramaturgo Pedro Montalbán Kroebel, y otra que afronta en solitario:
«Concluimos hace muy pocos días, y utilizo el plural porque está escrito a cuatro manos (las otras dos pertenecen a Pedro Montalbán Kroebel), fruto de un encargo que como siempre termina uno subvirtiendo, lo que no deja de ser una forma como otra cualquiera de hacerlo tuyo, un texto que lleva por título Perspectivas para un cuadro, en el que confluyen, a través del crisol de un lienzo, dos historias, la del personaje bíblico Judit y la de la pintora italiana de principios de siglo XVII Artemisia Gentileschi, con el propósito de hablar de temas tan actuales como la guerra, la toma de conciencia, los límites de la libertad, etc.
Voy a detenerme en relatar su génesis porque me parece, como poco, curiosa. A finales del año pasado me encargan un texto basado en el pasaje bíblico de Judit y Holofernes. Después de refrescar mi memoria con la relectura, me invade ese extraño vacío intestinal que me visita cada vez que me enfrento a un nuevo proyecto de escritura: ¿Cómo y por dónde hincarle el diente a una historia, por otra parte, suficientemente conocida y visitada en sucesivas reescrituras teatrales? Acudo en auxilio de un amigo, ¿qué hago? Es curioso, yo ando metido en harina con una pintora del XVII cuyo cuadro más famoso tiene como motivo el de Judit cortándole la cabeza a Holofernes. Eso quiere decir algo. Que lo escribamos juntos. Al final, es otro de los misterios del proceso de escritura, yo acabé redactando la primera versión, el borrador, de la mayor parte de las escenas de Artemisia y Pedro hizo frente al encargo. El resultado, tras múltiples reuniones y reescrituras, borra esos límites, como es lógico, afortunadamente se contamina con las aportaciones del otro, y uno ya no sabe qué fue lo que salió de su pluma y qué no, sintiéndose, de este modo, autor del conjunto.
Actualmente, trabajo en otro texto de hechura, aunque no intenciones, muy diferente al anterior, El mar de la tranquilidad, de dos únicos personajes y unidad espacio-temporal, del que poco os puedo contar, salvo que se hallan esperando un taxi un día lluvioso de fiesta en una pequeña plaza de un barrio de una ciudad cualquiera y uno de ellos no deja de recibir llamadas a las que no contesta.»
Madrid, 1959. Es técnica en animación sociocultural y educadora de adultos. Ha elegido el teatro como medio de dinamización social y de expresión. Desde hace 12 años, y tras realizar distintos cursos especializados en pedagogía teatral, imparte clases de teatro en concierto con ayuntamientos y dirige la «Compañía Teatro Estable de Leganés», con la que, como directora, ha cosechado distintos premios. Es autora, entre otras piezas, de
La escritora ha titulado su reflexión "Escribir a medida":
«Dieciséis actores y una duda. ¿Qué obra de teatro preparamos ahora? Un número y una pregunta muy común en las compañías de teatro aficionado. Añadamos aquí el "pequeño" problema de la escasez de actores masculinos y la exigencia añadida de encontrar un texto que agrade por igual a los integrantes y les dé la oportunidad de crecer como actor y persona sin que ninguna de sus facetas laborales, sociales y familiares se vea afectada. Podemos hablar también de presupuesto, que, por falta de ayudas, no puede superar los dos mil euros de producción y/o el descrédito que a priori proporciona presentarse como compañía aficionada frente a los programadores. Ése es el panorama que temporada tras temporada los directores de las respectivas compañías ven ante sí.
En mi caso particular, mi labor en talleres de formación teatral me ha puesto ante la máquina de escribir infinidad de veces para elaborar un texto en el que cupieran todas las necesidades y esperanzas de los distintos grupos. Así he ido convirtiéndome en una dramaturga "a la medida".
Mis musas son mis actores, mi hilo conductor: sus intereses, mis ritmos: sus ritmos.
Así llegué a El pendón coronado. Una comedia en verso. ¿Verso hoy? No habíamos trabajado nunca en verso, por lo tanto, sí, verso hoy. Tan sólo por eso.
Me gusta la ironía, prefiero la sonrisa a la carcajada y espero siempre con mis obras dejar un poso de reflexión en el espectador. Sobre todo quiero hacer espectadores. Durante un período largo de tiempo y aún hoy he entrado en las salas y he visto a parte del público abandonar su butaca (cuestión deleznable pero sintomática). ¿Para quién escribimos y dirigimos teatro? La sola observación constante de mi ombligo me aterra (no es que sea feo, es que lo tengo muy visto). ¿A nadie le pasa lo mismo? Dejemos, pues, de mirarnos el ombligo y pensemos de qué forma atraer al teatro a ese público que parece perdido para siempre. Si partimos de la base de considerar la palabra aficionado no como un diferencial económico, sino de objetivos personales podremos utilizarlo para atraer a un público que también llega al teatro por afición. No quiero decir con esto que se ceda a lo fácil, al chascarrillo, a la banalidad ni al constante abrir y cerrar puertas sólo por el deseo del éxito, pero démosle un respiro al público, deberíamos mimarle, él es, al fin y al cabo, nuestro principal objetivo y la columna que nos sustenta. Ésos han sido los fundamentos principales de mi creación hasta el momento. Un objetivo pedagógico y artístico que pueda aunar los intereses de todos los participantes en el proceso creativo, desde el attrezzista al público, pasando por el actor.
Así creé Cómicas atribuladas buscan obra (con fines serios), hablando de los problemas a los que habitualmente se enfrenta un nuevo grupo de teatro y que fue galardonada con el accésit del certamen nacional de textos de Bailén; Somos un cuadro, sobre el reflejo de la actualidad en algunos de los cuadros del Museo del Prado, o Efemérides, espectáculo teatral que ironiza sobre esas festividades de conmemoraciones que tan sólo se quedan en palabras.
El pendón coronado es, a mi parecer, una obra fresca, que aprovecha el verso para hablar entre líneas de las cuestiones que siempre preocuparon al ser humano. Lo encuadro dentro de la Revolución Francesa. No es una argucia dramática, es el pretexto que utilizo para hablar del poder. Lo sitúo dentro de la Corte (qué mejor lugar para hablar de diferencias sociales) y su argumento gira en torno al sexo y al engaño. Hay guiños al presente, no por buscar la complicidad del espectador, sino, más bien, por hacerle ver que hemos avanzado en cuestiones tecnológicas, pero la condición humana poco ha evolucionado. Es, por lo tanto, un homenaje a los autores clásicos, no se ha escrito nada nuevo desde el siglo XVI y, al pensar en ello, quizá debiera renunciar a describir El pendón… como una obra de teatro, voy a describirla, tan sólo, como "juego teatral", pero acaso ¿no es bonito jugar?
Se aproxima un nuevo curso, mis musas llegan, tomaré de nuevo medidas para crear una obra de teatro "a medida"; como mi teatro no es comercial, no creo que utilice nadie la tijera. Espero que les quede bien.»
Madrid, 1970. Doctora en Filología Hispánica por la Universidad de Alcalá en el programa Teoría, Historia y Práctica del Teatro, ha sido profesora visitante en la japonesa Kobe City University of Foreign Studies. Es investigadora en GIAE (Grupo de Investigación para las Artes Escénicas de la UAH). Cofundadora de la compañía madrileña «Factoría Teatro», ha escrito varias piezas:
Budia, por medio del siguiente escrito, que ha bautizado "Más allá del desarraigo", nos informa de su último libreto, titulado
«Con mi nueva obra de teatro, Prohibido autolesionarse, cuyas líneas serán publicadas en los próximos meses junto con dos piezas dramáticas breves, Aniversario en 8.235 caracteres con espacios y No hay prisa, he querido deslizarme, sigilosamente, hacia una nueva vertiente dentro de mi Teatro del desarraigo, título genérico en el que integro alguna de mis piezas dramáticas y del que emana mi "personaje desarraigado".
Las particularidades de esta figura devienen de mi
De mí dependen la dirección a la que tiendo con mi intelecto y el objetivo que fijo para mostrar, desde las escenas, mis obras dramáticas. Por ello, a través del poder de la imagen mental dirigida, parto desde el alejamiento del contexto personal, el aislamiento y la utilización de diversas técnicas para conseguir mi propósito: despojarme de lo conocido, de mi entorno, de mis circunstancias personales, de mi memoria, e incluso, de los afectos del ánimo.
En Prohibido autolesionarse he viajado más allá, he depositado al "personaje desarraigado" en un entorno consciente de sentido crítico desde mi experiencia personal en cuanto ser observador de una sociedad occidental ornamentalmente inmersa en el mundo falaz de los mass media. En la obra, enlazo ese "desarraigo" que venía practicando en trabajos como Al soslayo o La mujer Sakura con la tensión que genera en el individuo un mundo virtual e inhumano que enarbola seres de barro y fingimiento contra amilanados ciudadanos, para manipularlos con sus semillas alienantes en los escenarios de aparente veracidad generados por un Estado/Mediático pervertidor, que transforma la vida en espectáculo de escarnio y crimen.
En Prohibido autolesionarse, un clan vive con arreglo a la condición familiar diseñada por el Plan de Generación Laboral del Ministerio de Gracia y Justicia. De esta forma, los gobernantes mediáticos satisfacen, en nombre de la audiencia, sus bajos impulsos y los de sus ciudadanos. Para ellos la vida nada vale, nada cuenta y nada persigue, ni siquiera perpetuarse. "Prohibido autolesionarse, el clan es propiedad de los mass media".»
Adra (Almería), 1957. Residente en Sevilla, es profesora de Lengua y Literatura Españolas. Fundadora de las compañías teatrales «Zyryart» (1998) y «Céfiro Teatro» (2000).
La dramaturga se explaya sobre su flamante criatura dramática y rememora su penúltima aportación al género:
«Mi última obra, El pozo, me ha llevado dos años, del 2005 al 2007. Una primera versión se estrenó en Sevilla, en 2006, por la Agrupación Escénica Homero, de la ONCE, con dirección de Lola Mendoza. La versión definitiva será publicada en breve por el Instituto de Estudios Almerienses.
El pozo es un drama rural, ambientado en un pueblo almeriense durante los años sesenta del siglo XX. En una residencia de ancianos coinciden dos mujeres, la amante y la esposa de un pescador cuyo hijo apareció ahogado en un pozo mucho tiempo atrás. La obra retrocede al pasado para contarnos el origen del conflicto.
He recogido en esta obra la forma de pensar de una época que se fue, la particular expresión del andaluz en el poniente almeriense y su música más genuina, el trovo alpujarreño.
Los textos poéticos de las quintillas alpujarreñas, las seguirillas, los fandangos y zorongos se inspiran en la lírica popular y en los temas predilectos del trovo de Las Alpujarras: amor, naturaleza, humor. En El pozo, los textos musicales están presentes no como mero trasfondo que subraya la acción, sino como correlato previo de las escenas que la siguen.
El pozo es un texto escrito desde la distancia (me fui de Almería siendo muy joven), pero, sobre todo, nace de la nostalgia y del amor que he conservado siempre por mi tierra y sus gentes.
En este momento estoy escribiendo una obra de tema muy distinto: la corrupción urbanística y el endeudamiento de los particulares, que, a la sombra –porosa– de la burbuja inmobiliaria, bordean el filo de la ruina. Parto de un texto musical –no niego mi adscripción a la poesía– que explicita el tema de la obra:
"A un promotor inmobiliario"
Promotor que enladrillas las Españas
Y en los suelos, ya rústicos, ya urbanos,
Siembras con las licencias que te apañas
De ladrillos los montes y los llanos;
Inmensa boca que todo lo engulle
-Ancha es Castilla en huertas y secanos-,
Voraz excavadora que destruye,
Por mor de la codicia de sus manos;
Conocedor del corazón del hombre,
Eficaz comprador de voluntades,
En licencias no hay nada que te asombre,
Que en faltando dinero, tú lo añades;
Adulador de ediles a porfía,
En busca de recalificaciones,
Gran untador de toda ideología,
Abonan tu terreno comisiones;
Nuevo señor que planta sus pendones
Acotando la tierra que cohecha,
El belicoso ardor de tus talones
Rinde el centro, la izquierda y la derecha.
En valle, monte, playa, ni en ribera,
No hay tierra que se escape a tu guadaña,
Que a golpe de ladrillos y chequera
Has parcelado el corazón de España
Pamplona, 1977. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Navarra. Cofundadora del grupo de teatro universitario «Koribantes». Ha sido ayudante de dirección en
La dramaturga nos proporciona las claves de su más reciente incursión dramatúrgica:
«Mi último texto es una pieza de teatro infantil escrito en colaboración con el dramaturgo aragonés Alfonso Plou. Se titula Historia de un melocotonero. La productora Templanza Producciones Escénicas recibió un encargo en el que pedían una función de teatro de texto y público familiar para conmemorar el Día del Medio Ambiente. La propuesta era así de inconcreta, o de libre si se prefiere.
Nunca había escrito teatro infantil y nunca había compartido una dramaturgia, pero el proyecto me interesó desde el principio por tres cuestiones fundamentales:
1) Escribir teatro para niños me planteaba un reto y me permitía acercarme a un universo desconocido: el público infantil. Investigar cómo divertir, emocionar e instruir (si es que esto último es así) me permitiría, al mismo tiempo, reencontrarme con mi niña interior en el proceso de búsqueda.
2) El tema a tratar, aunque tan abierto que recordaba a las pesadillas escolares de los maestros pidiendo "redacción, tema libre", me suscitaba un fortísimo interés.
3) Me alegraba poder trabajar con Alfonso Plou y aprender por el camino.
El proceso de escritura fue fluido. Las ideas que ambos llevamos ya a la primera reunión eran compatibles y descubrimos una gran sintonía y facilidad para la negociación. Ambos queríamos escribir una fábula con los elementos arquetípicos del cuento infantil contemporaneizados. Así pues, los protagonistas son un melocotonero y una niña, la bruja mala es la ingeniera de una constructora que quiere construir un campo de golf en el campo del melocotonero, el antagonista de la ingeniera es un obrero que se revela a su jefa y un burro y el granizo se convierten en actantes de la resolución de la fábula.
Teníamos poco tiempo, así que decidimos dividirnos la escaleta y volver a juntarnos una vez escritas las escenas, entendiéndolas siempre como un primer borrador. Esa escritura en solitario, sin la libertad de saberte único responsable de la evolución, hacía complicada la escritura, de manera que convenimos en pasarnos lo que fuéramos escribiendo y el otro (a) continuaría desde ese punto de la historia.
La escritura de Historia de un melocotonero se convirtió, de esta manera, en un juego literario que trascendía la propia escritura e introducía el anhelo de conocer la continuación de tus propias palabras.»
Montilla, Córdoba, 1967.
Guionista de series de televisión (
Este aclamado autor nos facilita detalles de su nueva propuesta:
«En el año 2006 recibí una beca de la Comunidad de Madrid para escribir una función de teatro. El nombre de mi proyecto (porque eso era entonces, apenas unas líneas de argumento) era 100 metros cuadrados. Durante varios meses di forma a la obra. La idea me vino de una frase de John Lennon: "La vida es todo aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes". El argumento, la compra de un piso por una mujer. Pero ese piso no era un piso "normal", no, venía con una pequeña condición: dejar vivir en él a su anciana dueña hasta su muerte. Y la joven compradora espera. Y espera. Y la vida le va llevando por otros derroteros, alterando sus planes, como suele ocurrir, y enseñándole que es mejor vivir un poco más al día.
Casi un año después de terminar aquella obra y recibir la beca, me he embarcado en la revisión del texto de cara a un posible montaje. Ése es el trabajo que me ocupa en estos momentos, ser objetivo e intentar limar, matizar, añadir o cortar todo lo necesario. No es fácil. Una obra es como un hijo. Y, a veces, cuesta verlo como un ser independiente, dejarle andar y ser crítico. ¡Pero por su bien he de hacerlo! Espero que el año que viene esta nueva función esté sobre los escenarios de toda España, al igual que ahora ocurre lo mismo con Humo y con Las heridas del viento. Pero mejor no hacer demasiados planes, no vaya a ser que la vida tenga algo que decir al respecto...»
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