Número 22. Enero de 2008

Entoscados

Antón Caamaño

Dos versiones de la conocida ópera Tosca de Giacomo Puccini, bien diferentes, pudimos ver recientemente. La primera, el 28 de julio, representada en el patio de la Laboral de Xixón, convertida en gran corral de comedias, para 2.700 espectadores. La segunda en el Palacio de Festivales de Santander, el 12 y 14 de agosto de 2007, producida por la Arena de Verona.

La música de Puccini, que trabajó con los libretistas Illica y Giacosa para dar forma a esta ópera, sobre un drama de Victorien Sardou, es realmente espectacular, con influencia impresionista, también wagneriana, (por ejemplo en el uso de Leitmotiv, fragmentos musicales que identifican personajes), y con aire melodramático y realista.

Existe una relación perfecta entre la música y la acción dramática que, de corte político, se desarrolla en un ambiente de guerra, en la invasión de Napoleón a Italia. Cavaradossi, pintor amante de la artista Tosca, antimonárquico y revolucionario, esconde a un amigo perseguido. Scarpia, jefe de la policía, malo por definición, el antiguo régimen, que además desea a Tosca, lo descubre, mediante torturas a Cavaradossi y presiones a Tosca. Se condena a Cavaradossi a morir fusilado. Tosca acepta el chantaje de Scarpia de pasar la noche con él a cambio de la vida de Cavaradossi y un salvoconducto mediante el cual debería simularse la ejecución. Scarpia finge esto ante Tosca.

El operístico axioma de "tenor que le quita la moza al barítono, o al menos lo intenta" se soluciona con la muerte de Scarpia a manos de Tosca; la muerte de Cavaradossi fusilado, por el engaño de Scarpia a Tosca, hasta muerto es malo; y el posterior suicidio de Tosca al comprobarlo todo. Una tragedia.

Puccini y los libretitas claramente se posicionan a favor de la renovación ideológica de la sociedad, simbolizada por Cavaradossi, Tosca y las tropas napoleónicas.

De la primera de las representaciones, una producción de Opera Classica y Teatro Jovellanos, con dirección escénica de Fritzdieter Gerhards, y con dirección musical del asturiano Mariano Rivas, que se representa por espacios insignes de toda Europa, dentro de los que se incluyó el patio de la Laboral, resaltar que se trata de un montaje muy clásico, sin sorpresas; la dirección escénica fue correcta, aunque simplista, adaptada dentro de lo clásico a un espacio no operístico en principio, que robó protagonismo a la propia función. Así, daba la impresión de que el imponente espacio, más imponente de lo normal al estar espectacularmente iluminado por Rafa Mojas y su equipo, se "comía" literalmente una escenografía sin peso y un diseño de movimientos por tanto obligadamente estático y frontal para los cantantes. Creo que se vio un buen trabajo en general de todos los intérpretes, a los que el hecho de que el sonido (que desvirtúa el real, oímos el sonido a través de una máquina, no las voces; y con algún fallo, era muy complicado de sonorizar) estuviera amplificado no restó ni un ápice de intención ni de esfuerzo para transmitir. Destaca Tatiana Anisimova en el rol de Tosca, soprano dramática, buena actriz y con buenos registros vocales, tanto graves como agudos, y sobretodo Anooshah Golesorkhi, barítono, excelente intérprete y con buenísima voz, en el rol del policía asesino y asesinado Scarpia, que creó un personaje irónico y hasta divertido, esos malos agradecidos.

Los "hits" de la ópera tuvieron un tratamiento desigual por parte del público, que aplaudió el "Visi d’arte" de la soprano y dejó pasar el "E lucevan l’estelle", el "Adiós a la vida" del tenor Eduardo Villa, en el rol de Mario Cavaradossi, interpretado para mi gusto demasiado lento y con un final algo forzado.

La labor del numeroso coro, unas ochenta voces, un conjunto de coristas alemanes, estudiantes de Colorado y de integrantes del Coro de la OSGI de Xixón, además del coro infantil de la Polifónica Gijonesa, fue brillante en el poco espacio de lucimiento que Puccini les cede en esta ópera; especial fue la intervención del Coro Infantil para "La Cantoría" del 1º acto; muy buen resultado del espectacular "Te Deum" con el que finaliza el primer acto y del coro interno del segundo, "La Cantata", que al cantarse en el interior de la iglesia adquirió poderosos tintes sonoros que resultaron del agrado del público.

Buen trabajo, pues, en general, del Coro de la OSGI, que bajo la batuta de Beatriz Suárez, consigue poco a poco empastar voces venidas de muy diferentes sitios y consolidar poco a poco un proyecto serio de coro de ópera semiprofesional para Xixón, quizás abusando de la buena voluntad de la propia directora y de los integrantes, que perciben muy poco dinero a cambio de bastante tiempo y esfuerzo; eso ya no debería ser así, se necesitaría, a mi parecer, una apuesta más decidida.

La segunda Tosca, producción de la Arena de Verona, para teatro, con dirección musical de Günter Neuhold y dirección artística de Hugo de Ana, diseñador también de escenografía, luz y vestuario, parte de un concepto totalmente distinto, mucho más teatral, expresionista, barroco, detallista hasta el extremo, que por ejemplo, en el caso de "La Cantoría" se convierte en un vistosísimo y dinámico cuadro de movimientos y que en el caso de la intervención coral del "Te deum", que se supone que es un canto de ensalzamiento a las tropas, sencillo, inmóvil, se convierte en un desfile de las miserias del pueblo, víctima de las batallitas y tejemanejes de la burguesía. La espectacular escenografía, sobre un telón que representa la iglesia donde ocurre la acción de la ópera, inclinada, como la plataforma del escenario, quizás intentando dar a entender el desmoronamiento de una sociedad, crea tensión en el espectador, que no puede despistarse un momento de lo que ocurre en el escenario; unido esto a la propia música, a la superposición de imágenes (cuadros, esculturas, filmaciones…) sobre una gasa frontal y a una francamente buena interpretación realista de los intérpretes, muy detallista y minuciosa, con toques crueles, eróticos... En conjunto un resultado artísiticamente brillante, una interesante mirada "esperpéntica", barroquizante, multimedia, de la dirección artística (que por otro lado, por su complicación, también se traduce en arduos ensayos y en inútiles pérdidas de tiempo, que no gozaron en absoluto de una buena planificación por parte de producción).

Regular los papeles principales, Valter Borin como Cavaradossi y Albeto Gazale como Scarpia, destacando Anna Lisa Raspagliosi en el rol de la protagonista, y excelente trabajo, como ya nos tiene acostumbrados, del Coro Intermezzo, muy destacado por la crítica especializada, e integrado en este caso por unas cuarenta voces de primer nivel venidas de diferentes lugares del estado español y las voces del coro infantil de la Escolanía Easo; contaba además con la batuta del maestro Basso, del Liceu de Barcelona, para poner a punto su cometido.

El contraste entre las dos producciones viene dado en el primer caso, por el populismo del planteamiento de la primera, dos mil setecientas butacas, y el grandonismo del espacio que, si bien es aprovechable, no es el más adecuado para una representación de estas características, por lo que supone de merma en la visión y audición de la misma; no es lógico que la labor de iluminación o la presencia arquitectónica quede por encima del espectáculo en sí. Lo que sí puede suponer esta representación es la reivindicación política y de escaparate de un espacio dentro del tinglado "Laboral", cuyo titular es el Principado, para el Ayuntamiento de Xixón, que no cuenta con ninguna presencia dentro del mismo, y que, por cierto, había llegado a presentar el "Teatrón" de la Laboral como alternativa al Arango, cuando éste desapareció tristemente para la vida cultural xixonesa y asturiana.

Por contra, en Santander, el trabajo escénico y de dirección artística fue el protagonista absoluto de la función, por encima incluso de la labor musical de los cantantes. Quizás lo recargado del planteamiento estético cansara un poco al espectador, (yo tengo que reconocer que me gusta), más bien atento a la música en sí que a la puesta en escena, si bien fue lo más destacable de la representación. Las funciones del Festival Internacional de Santander se llevan a cabo mediante convenios de patrocinio con firmas y empresas privadas, como suele suceder en certámenes de este calibre.

La ópera al servicio del espacio contra el espacio al servicio de la ópera. Yo me quedo con lo segundo.

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