de Giacomo Puccini, bien diferentes, pudimos ver recientemente. La
primera, el 28 de julio, representada en el patio de la Laboral de
Xixón, convertida en gran corral de comedias, para 2.700
espectadores. La segunda en el Palacio de Festivales de Santander,
el 12 y 14 de agosto de 2007, producida por la Arena de Verona.
La música de Puccini, que trabajó con los
libretistas Illica y Giacosa para dar forma a esta ópera, sobre un
drama de Victorien Sardou, es realmente espectacular, con influencia
impresionista, también wagneriana, (por ejemplo en el uso de
Leitmotiv, fragmentos musicales que identifican personajes), y con
aire melodramático y realista.
Existe una relación perfecta entre la música
y la acción dramática que, de corte político, se desarrolla en un
ambiente de guerra, en la invasión de Napoleón a Italia. Cavaradossi,
pintor amante de la artista Tosca, antimonárquico y revolucionario,
esconde a un amigo perseguido. Scarpia, jefe de la policía, malo por
definición, el antiguo régimen, que además desea a Tosca, lo
descubre, mediante torturas a Cavaradossi y presiones a Tosca. Se
condena a Cavaradossi a morir fusilado. Tosca acepta el chantaje de
Scarpia de pasar la noche con él a cambio de la vida de Cavaradossi
y un salvoconducto mediante el cual debería simularse la ejecución.
Scarpia finge esto ante Tosca.
El operístico axioma de "tenor que le quita
la moza al barítono, o al menos lo intenta" se soluciona con la
muerte de Scarpia a manos de Tosca; la muerte de Cavaradossi
fusilado, por el engaño de Scarpia a Tosca, hasta muerto es malo; y
el posterior suicidio de Tosca al comprobarlo todo. Una tragedia.
Puccini y los libretitas claramente se
posicionan a favor de la renovación ideológica de la sociedad,
simbolizada por Cavaradossi, Tosca y las tropas napoleónicas.
De la primera de las representaciones, una
producción de Opera Classica y Teatro Jovellanos, con dirección
escénica de Fritzdieter Gerhards, y con dirección musical del
asturiano Mariano Rivas, que se representa por espacios insignes de
toda Europa, dentro de los que se incluyó el patio de la Laboral,
resaltar que se trata de un montaje muy clásico, sin sorpresas; la
dirección escénica fue correcta, aunque simplista, adaptada dentro
de lo clásico a un espacio no operístico en principio, que robó
protagonismo a la propia función. Así, daba la impresión de que el
imponente espacio, más imponente de lo normal al estar
espectacularmente iluminado por Rafa Mojas y su equipo, se "comía"
literalmente una escenografía sin peso y un diseño de movimientos
por tanto obligadamente estático y frontal para los cantantes. Creo
que se vio un buen trabajo en general de todos los intérpretes, a
los que el hecho de que el sonido (que desvirtúa el real, oímos el
sonido a través de una máquina, no las voces; y con algún fallo, era
muy complicado de sonorizar) estuviera amplificado no restó ni un
ápice de intención ni de esfuerzo para transmitir. Destaca Tatiana
Anisimova en el rol de Tosca, soprano dramática, buena actriz y con
buenos registros vocales, tanto graves como agudos, y sobretodo
Anooshah Golesorkhi, barítono, excelente intérprete y con buenísima
voz, en el rol del policía asesino y asesinado Scarpia, que creó un
personaje irónico y hasta divertido, esos malos agradecidos.
Los "hits" de la ópera tuvieron un
tratamiento desigual por parte del público, que aplaudió el "Visi
d’arte" de la soprano y dejó pasar el "E lucevan l’estelle", el
"Adiós a la vida" del tenor Eduardo Villa, en el rol de Mario
Cavaradossi, interpretado para mi gusto demasiado lento y con un
final algo forzado.
La labor del numeroso coro, unas ochenta
voces, un conjunto de coristas alemanes, estudiantes de Colorado y
de integrantes del Coro de la OSGI de Xixón, además del coro
infantil de la Polifónica Gijonesa, fue brillante en el poco espacio
de lucimiento que Puccini les cede en esta ópera; especial fue la
intervención del Coro Infantil para "La Cantoría" del 1º acto; muy
buen resultado del espectacular "Te Deum" con el que finaliza el
primer acto y del coro interno del segundo, "La Cantata", que al
cantarse en el interior de la iglesia adquirió poderosos tintes
sonoros que resultaron del agrado del público.
Buen trabajo, pues, en general, del Coro de
la OSGI, que bajo la batuta de Beatriz Suárez, consigue poco a poco
empastar voces venidas de muy diferentes sitios y consolidar poco a
poco un proyecto serio de coro de ópera semiprofesional para Xixón,
quizás abusando de la buena voluntad de la propia directora y de los
integrantes, que perciben muy poco dinero a cambio de bastante
tiempo y esfuerzo; eso ya no debería ser así, se necesitaría, a mi
parecer, una apuesta más decidida.
La
segunda Tosca, producción de la Arena de Verona, para teatro, con
dirección musical de Günter Neuhold y dirección artística de Hugo de
Ana, diseñador también de escenografía, luz y vestuario, parte de un
concepto totalmente distinto, mucho más teatral, expresionista,
barroco, detallista hasta el extremo, que por ejemplo, en el caso de
"La Cantoría" se convierte en un vistosísimo y dinámico cuadro de
movimientos y que en el caso de la intervención coral del "Te deum",
que se supone que es un canto de ensalzamiento a las tropas,
sencillo, inmóvil, se convierte en un desfile de las miserias del
pueblo, víctima de las batallitas y tejemanejes de la burguesía. La
espectacular escenografía, sobre un telón que representa la iglesia
donde ocurre la acción de la ópera, inclinada, como la plataforma
del escenario, quizás intentando dar a entender el desmoronamiento
de una sociedad, crea tensión en el espectador, que no puede
despistarse un momento de lo que ocurre en el escenario; unido esto
a la propia música, a la superposición de imágenes (cuadros,
esculturas, filmaciones…) sobre una gasa frontal y a una francamente
buena interpretación realista de los intérpretes, muy detallista y
minuciosa, con toques crueles, eróticos... En conjunto un resultado
artísiticamente brillante, una interesante mirada "esperpéntica",
barroquizante, multimedia, de la dirección artística (que por otro
lado, por su complicación, también se traduce en arduos ensayos y en
inútiles pérdidas de tiempo, que no gozaron en absoluto de una buena
planificación por parte de producción).
Regular los papeles principales, Valter
Borin como Cavaradossi y Albeto Gazale como Scarpia, destacando Anna
Lisa Raspagliosi en el rol de la protagonista, y excelente trabajo,
como ya nos tiene acostumbrados, del Coro Intermezzo, muy destacado
por la crítica especializada, e integrado en este caso por unas
cuarenta voces de primer nivel venidas de diferentes lugares del
estado español y las voces del coro infantil de la Escolanía Easo;
contaba además con la batuta del maestro Basso, del Liceu de
Barcelona, para poner a punto su cometido.
El contraste entre las dos producciones
viene dado en el primer caso, por el populismo del planteamiento de
la primera, dos mil setecientas butacas, y el grandonismo del
espacio que, si bien es aprovechable, no es el más adecuado para una
representación de estas características, por lo que supone de merma
en la visión y audición de la misma; no es lógico que la labor de
iluminación o la presencia arquitectónica quede por encima del
espectáculo en sí. Lo que sí puede suponer esta representación es la
reivindicación política y de escaparate de un espacio dentro del
tinglado "Laboral", cuyo titular es el Principado, para el
Ayuntamiento de Xixón, que no cuenta con ninguna presencia dentro
del mismo, y que, por cierto, había llegado a presentar el "Teatrón"
de la Laboral como alternativa al Arango, cuando éste desapareció
tristemente para la vida cultural xixonesa y asturiana.
Por contra, en Santander, el trabajo
escénico y de dirección artística fue el protagonista absoluto de la
función, por encima incluso de la labor musical de los cantantes.
Quizás lo recargado del planteamiento estético cansara un poco al
espectador, (yo tengo que reconocer que me gusta), más bien atento a
la música en sí que a la puesta en escena, si bien fue lo más
destacable de la representación. Las funciones del Festival
Internacional de Santander se llevan a cabo mediante convenios de
patrocinio con firmas y empresas privadas, como suele suceder en
certámenes de este calibre.
La ópera al servicio del espacio contra el
espacio al servicio de la ópera. Yo me quedo con lo segundo.