Aprovechamos el 400 aniversario de la
Universidad de Oviedo y la colaboración del Vicerrectorado de
Extensión Universitaria para aumentar el número de páginas de la
revista y la tirada de ejemplares, dedicando unos artículos al
teatro universitario asturiano y a sus protagonistas. Profesionales
de reconocido prestigio que dieron sus primeros pasos en las aulas
universitarias y nos ponían en sintonía con el teatro que se
representaba, en un mismo nivel, en el resto del Estado.
El teatro universitario continúa siendo una
asignatura pendiente a la que algún día habrá que prestar la
atención que se merece. Con los TEUs España tuvo la oportunidad de
"normalizar" y ponerle reglas a la actividad teatral para darle un
desarrollo viable. Pero ni al Ministerio le interesaba (con las que
le caían encima), ni el sistema estaba dispuesto a tolerar un teatro
universitario que, en vez de limitarse al estudio y repertorio de
nuestros clásicos, se empeñaba en relacionar el teatro con la vida a
través de autores de la generación realista, con los más célebres
del panorama internacional, y con los del llamado teatro de
vanguardia. Así que en los sesenta desaparecieron los TEUs y pasamos
"del teatro universitario al teatro en la universidad", como bien
diferenciaban los artículos de César Oliva. Comenzaron las células o
grupos que trabajaban con el consentimiento de la Universidad, desde
la Universidad, pero de manera independiente. Con la llegada de la
democracia tampoco hubo voluntad política para diseñar un proyecto
general de la práctica escénica y el teatro universitario quedaba
relegado una vez más, salvo las honradas excepciones de Murcia,
Salamanca y Granada, y los certámenes, encuentros y muestras
puntuales, al estudio de su apartado literario y teórico y a los
grupos de creación espontánea.
El seminario celebrado en El Escorial en
diciembre de 1979, donde se dieron cita personalidades del mundo
académico, Vicerrectores, Jefes de Departamento, profesores de
teatro y representantes de grupos teatrales universitarios, tras
pasar revista a las deficiencias del momento, proponía una serie de
consideraciones centradas en la urgente necesidad de
infraestructuras y en la creación de una administración legal que
permitiera una actuación eficaz a largo plazo para conjugar la
investigación con la práctica escénica. Argumentos que hoy, casi
treinta años después, salvando las distancias del contexto, siguen
siendo válidos en la medida en que el proyecto del teatro
universitario, en un sentido estricto, está por realizar.
Es cierto que los años no pasan en balde y
que la realidad impone cambios en los análisis y abre nuevas
perspectivas. Ahora, con la creación de las Escuelas Superiores de
Arte Dramático, el modelo de actuación universitaria tiene elementos
más sólidos para configurar un plan general de actuación teatral en
el sistema educativo. La Universidad de Oviedo, que programa cursos
y conferencias relacionados con el teatro, no ha de inhibirse, en la
medida de sus posibilidades, a la hora de diseñar unos objetivos de
funcionamiento mínimos, aunque sean para uso interno. Si el teatro
universitario español, con sus insuficiencias y en momentos muy
difíciles, jugó un papel importante en su día, no hay razones para
pensar que ahora, en pleno siglo XXI, no pueda estar a la altura de
muchas universidades europeas o hispanoamericanas. Es un compromiso
que la universidad ha de adquirir con las artes y con la sociedad.