Número 22. Enero de 2008

Editorial
Teatro y Universidad

Aprovechamos el 400 aniversario de la Universidad de Oviedo y la colaboración del Vicerrectorado de Extensión Universitaria para aumentar el número de páginas de la revista y la tirada de ejemplares, dedicando unos artículos al teatro universitario asturiano y a sus protagonistas. Profesionales de reconocido prestigio que dieron sus primeros pasos en las aulas universitarias y nos ponían en sintonía con el teatro que se representaba, en un mismo nivel, en el resto del Estado.

El teatro universitario continúa siendo una asignatura pendiente a la que algún día habrá que prestar la atención que se merece. Con los TEUs España tuvo la oportunidad de "normalizar" y ponerle reglas a la actividad teatral para darle un desarrollo viable. Pero ni al Ministerio le interesaba (con las que le caían encima), ni el sistema estaba dispuesto a tolerar un teatro universitario que, en vez de limitarse al estudio y repertorio de nuestros clásicos, se empeñaba en relacionar el teatro con la vida a través de autores de la generación realista, con los más célebres del panorama internacional, y con los del llamado teatro de vanguardia. Así que en los sesenta desaparecieron los TEUs y pasamos "del teatro universitario al teatro en la universidad", como bien diferenciaban los artículos de César Oliva. Comenzaron las células o grupos que trabajaban con el consentimiento de la Universidad, desde la Universidad, pero de manera independiente. Con la llegada de la democracia tampoco hubo voluntad política para diseñar un proyecto general de la práctica escénica y el teatro universitario quedaba relegado una vez más, salvo las honradas excepciones de Murcia, Salamanca y Granada, y los certámenes, encuentros y muestras puntuales, al estudio de su apartado literario y teórico y a los grupos de creación espontánea.

El seminario celebrado en El Escorial en diciembre de 1979, donde se dieron cita personalidades del mundo académico, Vicerrectores, Jefes de Departamento, profesores de teatro y representantes de grupos teatrales universitarios, tras pasar revista a las deficiencias del momento, proponía una serie de consideraciones centradas en la urgente necesidad de infraestructuras y en la creación de una administración legal que permitiera una actuación eficaz a largo plazo para conjugar la investigación con la práctica escénica. Argumentos que hoy, casi treinta años después, salvando las distancias del contexto, siguen siendo válidos en la medida en que el proyecto del teatro universitario, en un sentido estricto, está por realizar.

Es cierto que los años no pasan en balde y que la realidad impone cambios en los análisis y abre nuevas perspectivas. Ahora, con la creación de las Escuelas Superiores de Arte Dramático, el modelo de actuación universitaria tiene elementos más sólidos para configurar un plan general de actuación teatral en el sistema educativo. La Universidad de Oviedo, que programa cursos y conferencias relacionados con el teatro, no ha de inhibirse, en la medida de sus posibilidades, a la hora de diseñar unos objetivos de funcionamiento mínimos, aunque sean para uso interno. Si el teatro universitario español, con sus insuficiencias y en momentos muy difíciles, jugó un papel importante en su día, no hay razones para pensar que ahora, en pleno siglo XXI, no pueda estar a la altura de muchas universidades europeas o hispanoamericanas. Es un compromiso que la universidad ha de adquirir con las artes y con la sociedad.

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