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Jorge
Moreno
Esta obra obtuvo el
II Premio Jovellanos a la Producción Escénica.
Se estrenó el 3 de noviembre de 2007 en el Teatro
Jovellanos de Gijón, con el siguiente
Reparto
Lewis: Jorge Moreno
Alizia: Sonia Vázquez
Conejo: Ana María Blanco
Ratón: Cristina Cillero
Pato: Luchy Colunga
Loro: David Acera
Aguilucho: Jorge Moreno
Dodo: Ana María Blanco
Paloma: David Acera
Oruga: Luchy Colunga
Sombrerero: Jorge Moreno
Liebre: David Acera
Lirón: Cristina Cillero
Gato: Cristina Cillero
Soldado 1º: Luchy Colunga
Soldado 2º: Ana María Blanco
Reina: David Acera
Rey: Jorge Moreno
Agente 1º: Luchy Colunga
Agente 2º: Cristina Cillero
La obra tiene lugar en
cualquier nación, realidad nacional o estado que se
autodefina como “País de las Maravillas”.
ACTO ÚNICO
Oscuridad propia de madriguera literaria... aunque
humana, demasiado humana y real, demasiado real. Se escucha
la melodía de una caja de música. Ésta va agonizando hasta
desaparecer por completo, siendo sustituida por una voz
humana que canturrea lo que acabamos de escuchar. Dicha voz
también se detiene. Silencio. Algún que otro jadeo, alguna
que otra respiración agitada... Silencio. Una repentina luz
se abre paso entre las tinieblas. Se trata de una lámpara
atrapamoscas o similar. Junto a ella, sitúa su rostro Lewis.
Nuevos jadeos. Ríe. Gime. No sabe lo que hace. Susurra algo
que nadie escucha. Traga saliva. Vuelve a intentarlo. Ríe.
Ríe. Ríe. Llora. Llora. Llora. Ríe y llora. Toma aire. Allá
va.
LEWIS.- Al... izia... Alizia... A... Alizia... Alizia...
ALIZiiiaaaaaaaa... (Se aparta del haz luminoso.
Vuelve a reír. Vuelve a llorar. Vuelve a sentir que no
sabe lo que siente. Vuelve al pequeño espacio
iluminado.) ...Alizia... (Unos segundos de
quietud.) ...Alizia... (Sumerge el rostro en las
manos crispadas. Se balancea.) ...Pequeña Alizia.
Pequeña. Pequeña Alizia. La pequeña Alizia. Alizia, la
pequeña. Mi pequeña. Mi Alizia. Mi pequeña Alizia...
(Llega a golpearse a sí mismo.) Alizia. Alizia.
Alizia.
Ese nombre. Su nombre. El nombre.
El nombre de mi pequeña. De mi pequeña... Alizia.
Movimiento rápido. Enciende un ordenador que pasaba
desapercibido en el seno de las brumas. Una peculiar
estructura de apariencia endeble sostiene el aparato. Al
fondo de la escena, se observa, gigantesca, proyectada, la
pantalla del mismo. Nada. Lewis
teclea, equivocándose: "Alizai".
Corrige: "Alizia".
Ahí estás. (Respira hondo.) ...Alizia. Con
zeta aristocrática. Distintiva. Ahí... estás.
¿Dónde estás? ¿Dónde, Alizia? ¿Dónde está Alizia?
(Acaricia la pantalla del ordenador.) ¿Dónde estabas
ayer? (Gimoteos espasmódicos. Llora abiertamente.)
¿Dónde? ¿Dónde? (Silencio prolongado. Trata de
reponerse.) Si tú supieras... Yo sé que lo sabes,
pero... si tú supieras, Alizia... Mi pequeña Alizia...
Tentadora... Alizia. Alizia prohibida. (Pausa.)
¿Vendrás hoy? ¿Vendrás a pasear en barca... sin salir de
casa? (Carcajada. Más silencio.)
¿Vendrás, Alizia?
¿Vendrás? Ven. ¿Por qué no? ¿Qué te han dicho? ¿A quién
se lo has dicho? ¿Con quién has hablado? ¿Con quién,
Alizia? Dímelo. Soy yo. Dímelo. DÍMELO.
Pulsa la tecla correspondiente a la letra "a". La
mantiene así durante unos segundos. Podemos ver el resultado
en la enorme pantalla:
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
Abandona la extraña –y obsesiva– tarea. El grito pasa de la
escritura a la voz de Lewis.
...AAAaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... (Golpea la
pantalla con desesperación fatigosa.) ...Hija de
puta. Eres una hija de puta, Alizia. Con zeta de "zorra".
Tú misma eres una puta. Putaputaputa. Putón. Un putón.
Eso es lo que eres, pequeña Alizia. Mi pequeño putón.
(Pausa.) Traidora. Traidora de traidoras. Lista.
Conoces mi punto débil. Sabes. Si yo supiera lo que tú
sabes... Si los dos supiéramos, pequeña Alizia
traidora... (Gran pausa.)
¿Por qué tuviste que aparecer? ¿Por
qué tuviste que... desaparecer?
Apaga el ordenador. Se apaga la lámpara atrapamoscas o
similar.
...Alizia...
Un oscuro instante, seguido de luminosidad generalizada.
Una estancia neutra, fría. Un espejo. Lewis, de espaldas, se
contempla en él, inmovilizado por sus pensamientos. Música
propia de la ensoñación más infantil –¿o tal vez la "Gnossienne
N.º 5" de Erik Satie?–. El único personaje alza la mano
derecha; después, la izquierda; luego, ambas. Parece absorto
en sí mismo y en el reflejo de sí mismo.
...Asimetría... Desviación
lateral... Relación de contrariedad... Enantiomorfismo...
(Contemplando las manos, las suyas y las reflejadas.)
El mismo número de huesos... El mismo número de
músculos... Los mismos dedos... El mismo tamaño...
(Baja, repentinamente, los brazos. Mirándose sin
pestañear.) ...El mismo rostro... Y, sin embargo, no
es el mismo. No es igual. No soy yo. No soy. No es.
(Pausa. Alza una mano.) Te busco. (La aparta.)
Me
rehúyes. Me buscas porque yo te busco. Me rehúyes,
puesto que te rehúyo. Podrías ser tú. Podrías ser...
pero no eres. Nadie. Nada. Aunque sigues ahí. ¿Seguirás
ahí cuando ella vuelva...? ¿...cuando ella vuelva... del
otro lado?
Lewis gira el
espejo y, por el otro lado –oh, sorpresa–, aparece la figura
de Alizia, en ropa interior, amordazada, aprisionada por
correas ceñidas al mismo espejo –que es reflejo por delante
y por detrás–.
¿Lo ves? Te has ido. ¿Lo ves?
Ella ha vuelto. Has vuelto.
Alizia gime,
gime, gime y llora, llora, llora. Gime y llora, a partes
simétricas.
...Shhhh...
Ella trata de hacerse entender. Cree decir algo
comprensible. Pero... no; él, al menos, no lo comprende.
Shhhhhhhhhhh. Es un juego. Es EL
JUEGO, Alizia. ¿Recuerdas? ¿Te llamabas Alizia, verdad?
Con zeta. Jamás olvidaré tu nombre. Jamás olvidaré que
te llamas Alizia y que ese nombre airea el sótano, la
madriguera de este pobre escritor. De este enamorado,
Alizia. Tu amigo. Siempre tuyo. Amén.
La mente de Alizia termina por escoger las lágrimas.
Oh, no. No, Alizia. No. No
llores. Piensa en los largos paseos junto al río. Piensa
en el río. Piensa en ello, si es que las niñas eternas
podéis pensar. Si es que os dignáis a pensar en
nosotros, las viejas voces salidas de la tumba. Porque
la edad es una tumba, querida Alizia. Cada año es un
remache del ataúd, una flor junto al mármol, una letra
en el epitafio. Piénsalo. Piensa en ti... y en mí.
Alizia gruñe,
en su impotencia.
...Ssssshhhhhhhhhhh...
Se ubica tras ella, dejando ver sus brazos.
Ahora... juguemos.
Melodía paradójica: ¿flamenco? Las manos de Lewis
liberan las piernas de Alizia. Ésta, patalea, casi sin
fuerzas. Después, libera sus extremidades superiores. Ella
trata de huir. Él, la retiene. Forcejean, pariendo una
siniestra coreografía. En un momento dado, Alizia se
despoja del abrazo de Lewis y de la mordaza que
oprime su boca. Dolor. Otra vez las garras del hombre. La
¿niña? va rindiéndose. Se dejará hacer. Él acaricia su
cuerpo, con una mezcla de ansiedad erótica y devoción
religiosa. La arroja al suelo. Alizia se siente –se sabe–
vejada. Lewis se aproxima a un armario que permanecía en
segundo plano. Lo abre. Se distinguen varios ropajes propios
de diversos cuentos infantiles –la caperucita de Caperucita
Roja, la vestimenta de Blancanieves...– . Extrae unos
ropajes concretos. Un vestido azul –celeste– y blanco –el
que la ¿niña? conoce tan bien–. Enajenado por la música, el
hombre la pone en pie y la viste. Con el vestido. La viste
con el vestido. Es un ritual que dominan perfectamente, a
fuerza de siniestras repeticiones. Cada paso es una oración.
Cada caricia... una blasfemia. Completan el cuadro unos
zapatos negros y unos calcetines altos. Completa el cuadro
el final de la música. Lewis se abraza a la ¿niña?
con denodada intensidad. Olisquea su cuerpo y su vestido.
Alizia oprime
los párpados.
Mi querida querida. Frágil y dichosa a partes
iguales. Simétricas. Cómo te agradezco tu presencia.
Cómo quiero quererte. Cómo quiero que me quieras. Te
daré lo mejor de mi persona. A cambio, me conformaré con
lo peor de ti. Fuera... llueve. Truena. Relampaguea.
Hace frío. Las demás niñas te envidiarían, Alizia. Te
envidian, de hecho. Pero ellas no son así. No son así.
No comprenden nuestros juegos. No conocen las reglas.
Las reglas del juego. El juego, Alizia. El juego.
(Tras una larga pausa preñada de suspiros y toqueteos.)
¿...Finalizamos la partida? (Muestra un cuchillo
enorme que ha brotado de cualquier lugar.)
¿Consumamos el
jaque? ¿Lo consumamos, Alizia? ¿Traspasamos el umbral de
los sueños? ¿Remamos? ¿Remamos hacia los rápidos, hacia
la catarata...? ¿...juntos?
Ella no puede contestar.
Respira hondo, Alizia. Respira
hondo.
ALIZIA.-
(Un aullido que se
debilita hasta el gemido.)
NOOOOOOOOoooooooo.
Se zafa de Lewis, golpeando su entrepierna. Él, pierde el
control sobre el cuchillo. Se duele. Alizia
lo recoge.
LEWIS.- Al... izia...
Ella clava el arma blanca en un costado de Lewis. Él no
aúlla: aspira con fuerza, llevándose las manos al territorio
corporal inundado por su sangre. La mira.
Al... izia... (Sufre.) No era así. No es esto.
No es esto. No forma parte de nuestro juego. De
nosotros. ¿Y nosotros? ...Nosotros... Tú. ¿Desconoces
las reglas? ¿Tú también, Alizia mía? (Se tambalea de
manera ostensible.) ...Lejano tiempo de la
infancia... Inocente... y dichoso... estado... (Cae
de rodillas.)
...Alizia...
Se derrumba definitivamente. Alizia
respira hondo –como él
profetizó– y rompe a llorar, desconsolada. Deja caer el
cuchillo. Deja caer su cuerpo. Mira en derredor. ¿Y la
salida? Se incorpora. Deambula por la estancia, buscando la
libertad. No la halla. También se tambalea. También cae de
rodillas. También se derrumba definitivamente. También
cierra los ojos. Prolongada pausa. Se escucha el "bip, bip"
de un teléfono móvil –¿es un mero "bip, bip" o una melodía
fúnebre adaptada al dichoso aparatejo?–. Respingo de la
muchacha. Se abre el armario del cual Lewis tomó la ropa de
Alizia. De allí sale el Conejo.
CONEJO.- (Portando teléfono móvil y guadaña.)
Ay, Dios mío, qué tarde se me está haciendo.
(Contesta a la llamada.) Ya voy. Ya voy. (Cuelga.
Recorre el extraño lugar sin rumbo preciso.)
ALIZIA.- ¿Quién es usted?
CONEJO.-
(Aproximándose al
inerte Lewis.) ¿Y éste... quién es? (Sin tregua.)
Déjalo.
No tengo tiempo.
ALIZIA.- Es el señor Lewis.
CONEJO.- ¿Lewis? Lewis... ¿Lewis...
qué más?
ALIZIA.- Lewis. Lewis Lewis.
CONEJO.- ...Lewis.
(Repasa
mentalmente.) Le, lo, la. La Fontaine... La Pérouse...
Le Corbusier... Lincoln... Lope... (Chasquea la
lengua.) ...No. No figura en mi lista mental.
(Mirada a la pantallita del teléfono.)
Pero... qué tarde
es. Llego tarde. Llego tarde.
ALIZIA.- ¿Adónde?
CONEJO.- A Gaza. A Bagdad. A
Bilbao. Como antes llegué tarde a Hanoi o Waterloo.
ALIZIA.- ¿A dónde?
CONEJO.- No lo entenderías. Hay
que figurar en mi lista para entenderlo.
(Mira el teléfono –sí,
otra vez.) Llego tarde. Tarde. (Se dispone a
salir.)
ALIZIA.- Espere.
CONEJO.- ...Muy tarde.
ALIZIA.- ¿Va...
(se corrige)
VAMOS a dejar
al señor Lewis aquí?
CONEJO.- ¿Lewis? Le, lo, la.
Lewis. Que no. No figura en la lista.
(Vuelta al teléfono.)
Es tarde.
ALIZIA.- ¿Tarde? ¿Tarde... para
qué?
CONEJO.- Para llegar tarde a mi
siguiente parada. Se me hizo tarde en la parada
anterior. Siempre se hace tarde. Ay, ay, ay. El tiempo
no espera. El tiempo es maleducado y no le importa si tu
reloj adelanta o atrasa. No espera. Va a lo suyo. Él
sigue adelante y yo sigo llegando tarde.
(Vistazo al obsesivo
teléfono móvil.)
Qué tarde se me está haciendo. Ni
siquiera mi reloj espera. Otro maleducado. Voy a llegar
tarde.
ALIZIA.- Iré con usted, señor...
(Deja la
frase inacabada, intentando que el aludido tenga a bien
revelar su identidad.)
CONEJO.- No tengo tiempo. Tictactictactictac... El
tiempo no espera. Mi nombre puede esperar... pero el
tiempo, no. Llegaría muy tarde. (Suena el teléfono.)
Por mis barbas y mis bigotes. Se me está
haciendo tardísimo. (Abandona el lugar, como alma que
lleva el diablo.)
ALIZIA.- Espere. No me deje sola
con el...
Stop. Horrorizada, ha visto cómo Lewis se va incorporando
lentamente y se sitúa de espaldas a un hipotético auditorio.
¿...señor Lewis...?
Lewis se
despoja del abrigo que portaba. Por debajo del mismo, un
vestido idéntico al que lleva la joven. Ésta no da crédito
al travestismo que contempla.
LEWIS.- (Girándose.)
...Bienvenida.
Oscuro. Grito de Alizia que se pierde en el vacío.
Música delirante que concluye cuando el grito de la muchacha
vuelve del vacío. Golpe fuerte. Se hace la luz. Alizia,
sobre un desmadejado RATÓN. -gafas
de sol y un canuto de marihuana entre los dedos... o las
garras–. Parece completamente enajenado por el consumo de
drogas. Se halla entre papel de periódico y mierda.
ALIZIA.- Oh. Usted disculpe.
RATÓN.- Eh, tía. Tranqui.
ALIZIA.-
(Levantándose.)
¿Podría
decirme dónde estoy?
RATÓN.- ¿Tienes un penique?
ALIZIA.- ¿Un penique?
RATÓN.- Un penique. Un
sestercio. Una lira. Un botón. Una moneda o algo que
pueda pasar por moneda.
ALIZIA.- ...No. No. Lo siento.
RATÓN.- Lo sientes. Claro. Todos
lo sienten.
(Escupe en el suelo.)
ALIZIA.- Creo que me he perdido.
RATÓN.- Claro. Todos estamos
perdidos.
(Escupe en el suelo.)
ALIZIA.- Necesito su ayuda. (Tal vez
adelantándose.) ...Y no me diga que todos
necesitamos ayuda. (Pausa.)
Quiero irme de aquí.
RATÓN.- ¿Por qué quieres irte?
(Chapoteando en los restos orgánicos que lo circundan.)
¿No disfrutas entre la mierda? Todos disfrutan
revolcándose en ella. Vitaminas, niña. Son vitaminas.
(Cambio. Cierta premura.)
¿Tienes material?
ALIZIA.- ¿Material?
RATÓN.- Material. Heroína.
Cocaína. Nitroglicerina. Un
viaje o algo que
pueda pasar por un viaje.
ALIZIA.- El señor Lewis me
ofrece pasteles con pasas cuando me viene a buscar. Pero
hoy no he ido al colegio. Y el señor Lewis...
RATÓN.-
(Inquieto: ¿síndrome de
abstinencia?)
Un camello. Mi reino por un
camello.
ALIZIA.- ¿...?
RATÓN.- Un camello... por el ojo
de una aguja... hipodérmica...
ALIZIA.-
(Sin saber bien qué
argumentar.)
Mi gata se llama Dina.
RATÓN.-
(Pánico.)
¿Una gata?
ALIZIA.- ...Aunque he visto
camellos en la portada del
National Geographic.
RATÓN.- Yo los he visto en
Vallecas o el Bronx.
(Retoma el sudor frío.)
¿Una
gata, has dicho?
ALIZIA.-
(Asiente, risueña.)
Dina.
RATÓN.- ...Una gata...
ALIZIA.- La mía. Dina. Se pasa
las horas junto al fuego, ronroneando.
RATÓN.-
(Con terror en los
ojos.)
¿Ron... ronean... do?
ALIZIA.- Y sólo maúlla cuando
está hambrienta.
RATÓN.-
(Tragando saliva.)
Ham...
brienta... Hambre... Hamb...
ALIZIA.- ¿Se encuentra bien?
RATÓN.- ...Mi dosis.
ALIZIA.- Ha palidecido. Aún más.
RATÓN.-
(Delira.) Coca...
Ácido... Ácida Coca–Cola... Pepsi–Coca...
ALIZIA.- Tranquilícese.
Preguntaré por alguna máquina expendedora de refrescos.
¿Tiene un botón?
RATÓN.- ...La gata...
ALIZIA.- Ah, sí: Dina. Es muy
buena. Y tan dulce...
RATÓN.- Dulces... Dulce gata...
que maúlla... Maúlla... Mau... Mau... Miau...
(Se desmaya.)
ALIZIA.- Oiga. Oiga.
No hay respuesta. Verdadero apuro por parte de la joven.
Señor... Señor ratón...
Nada. Trata de reanimarlo. Imposible.
Oh, Señor. Oh, señor ratón.
Socorro. Socorroooooo.
Aparece el Conejo ,
surcando –muy veloz– la escena. Ella llama su atención.
Ayúdeme. Ayúdenos.
CONEJO.- No tengo –tictactictac–
tiempo.
ALIZIA.- Aguarde.
CONEJO.- Nononono. Tictactictac.
Me esperan. Demasiadas enfermedades. Demasiados
conflictos. Demasiado trabajo acumulado. Demasiado
humano. Demasiado tarde. Tictactictac.
(Se esfuma.)
ALIZIA.- Espere. Espere.
Socorro. Socorro.
Entran varios pájaros: un PATO.-de oscilantes
andares y altivez férrea–, un DODO.-con cara de pocos
amigos, como cualquier animal extinto–, un LORO.-con
casco prusiano–, un AGUILUCHO. -de
cabeza rasurada que enmarca un nimbo y la inscripción "uno,
grande, libre"–.
Gracias al cielo.
PATO.- Del cielo venimos. ¿Qué
ocurre? ¿Cua... cua... cuál es el problema?
ALIZIA.- Llamen a un médico.
DODO.- Al suelo vamos. ¿Qué
sucede? ¿Una especialidad concreta?
ALIZIA.- Este caballero...
LORO.- ¿Un caballerrrrrrrro?
¿Dónde?
AGUILUCHO.- Yo únicamente veo a
un miserable ratón.
LORO.- Miserrrable rrratón.
DODO.- Necesitarías un
veterinario, muchachita.
¿Risas? Más bien... graznidos. Aleteos histéricos e
histriónicos. Confusión.
LORO.- Un veterrrrrrrrrrrinarrrrrrrrrrrio.
(Afirmaciones alemanas: no confundir con carcajadas
latinas.)
Ja, ja.
AGUILUCHO.- ...O un oftalmólogo.
Barahúnda cómica.
ALIZIA.- No se burlen. Parece
grave.
AGUILUCHO.- Parece un ratón.
Nuevo jolgorio.
LORO.- Un rrrratón, ja.
ALIZIA.- Incomprensible. En qué
país vivimos.
LORO.- Nein, nein; la
prrrrrrregunta es: ¿de qué país vienes?
AGUILUCHO.- ¿Dónde está tu casa?
Porque ésta... no es.
ALIZIA.- Pero... Pero... Pero...
LORO.-
(Burlándose.)
Perro...
Perro... Perro...
DODO.- Guau.
Algarabía total.
ALIZIA.- (Iracunda.)
MIAU.
Susto generalizado. Los animales corretean en círculo y
saltan de modo grotesco.
LORO.- Gato... Gato... Gato...
Rrrrrr...
DODO.- Huyamos. Volemos.
PATO.- Cua... Cua... Cuán dura
es la vida. Cua... Cua... Cuán fiero es el gato.
LORO.- Fiero y felino.
Fierino y
felio.
Gato... Gato... Gato... Rrrrrrrrrrr... onroneo...
ALIZIA.- BASTA.
Los pájaros se detienen.
He sido yo.
Los pájaros intercambian miradas.
DODO.- Ha sido la niña.
PATO.- Cua... Cua... Cualquiera
lo diría.
LORO.- Una gamberrra.
AGUILUCHO.- Una subversiva. Una
comunista.
ALIZIA.-
(Asqueada.)
Por favor...
DODO.- Y ayuda a los
drogadictos.
LORO.- A los
malhechorrrrrrrrrrres. A los rrrrrrrroedorrrrrres.
AGUILUCHO.- Comunista y
zoofílica.
PATO.-
(A Alizia.)
¿Cua... Cua... Cuál
es tu número de identificación global?
AGUILUCHO.-
(También dirigiéndose a
ella.)
Daremos parte a la policía. No te quepa duda. Comunista.
Terrorista.
LORO.-
Terrrrrrrrrrrrrrrrorrrrrrrrrrrrrrrrífica
terrrrrrorrrrrista.
DODO.- Las niñas son las peores:
van provocando.
AGUILUCHO.- Las niñas... y los
rojos.
LORO.- Rrrojos.
PATO.-
(A la joven.)
¿Cua... Cua...
Cuánto te han pagado por esto?
DODO.- No te habrán dado un
penique...
AGUILUCHO.- ...o un sestercio...
LORO.- ...o una lirrrrrra...
LOS CUATRO.- ...O UN BOTÓN...
LORO.- No serrrrrás
extranjerrrrrrrrrrrrrrrra...
AGUILUCHO.- ...o intelectual...
DODO.- ...o felina...
ALIZIA.- No, no, no y mil veces
no. Me llamo Alizia.
LORO.- ¿Alicia? Qué
nombrrrrrrrrrrre tan rrrrridículo. Donde esté la
prrrrrrrrrrrofundidad de los nombrrrrrrrrres
gerrrrrrmánicos: Rrrrrrudolf... Rrricharrrrd...
Rrrrrrepública Federrrrrrrrrrrrrrrral...
ALIZIA.- Me gusta llamarme así.
DODO.- ¿Cómo te llamas?
ALIZIA.- Ya se lo he dicho.
AGUILUCHO.- Contesta a las
preguntas que se te hacen.
Se han introducido en la escena un flexo y una basta
silla donde ubican a la muchacha. La deslumbran, emulando el
peor de los interrogatorios. Ahora, todas las aves fuman,
expulsando el humo directamente sobre el rostro de Alizia.
Ella, tose.
ALIZIA.- Yo sólo quiero... (tose) volver...
(tose) a casa... (Tose.)
AGUILUCHO.- Tose cuando se te
ordene.
DODO.- ¿Cómo te llamas?
ALIZIA.- Alizia.
Tose. Reunión de urgencia de las aves.
DODO.- Está a punto de
derrumbarse.
PATO.- Tose cua... cua... cual
animalejo acorralado.
AGUILUCHO.- Es el momento de
actuar.
LORO.- Torrrrturrrrrrrrra
psicológica.
Vuelven a centrar su atención en la ¿niña?
DODO.- Te haremos la pregunta de
otra manera.
PATO.- ¿Cua... cua... cuál es tu
nombre?
ALIZIA.- Alizia.
(TOSE.)
LORO.-
Deletrrrrrrrrrrrrrrrrréalo.
ALIZIA.- A... Ele... I...
Zeta...
LOS CUATRO.- ¿ZETA?
ALIZIA.-
(Sigue deletreando.
Sigue tosiendo.)
...I... A...
DODO.- Un momento. Un momento.
(Pausa.)
¿Zeta?
ALIZIA.- Zeta, sí.
(Masticando su
propio nombre.)
Alizzzzzzzzia.
DODO.-
(A sus colegas
emplumados.)
Es una zeta, no cabe duda.
LORO.-
(A ella.)
¿No serrrá una
errrrrrrre?
ALIZIA.- No. En absoluto.
Murmullos entre los pájaros.
AGUILUCHO.- ¿Cómo te llamabas?
ALIZIA.-
(Harta.)
ALIZZZZIA.
DODO.-
(A los suyos.)
Una zeta. Es
una clara y diáfana zeta.
PATO.- Zeta cua... cua...
cualificada.
LORO.- Zeta prrrincipesca.
AGUILUCHO.- Pelín anarquista.
ALIZIA.- ¿Van a ayudarme o no?
Ayuden al ratón, al menos.
AGUILUCHO.-
(Para sí mismo.)
Zeta
zzzoofílica.
DODO.- Es tarde para él.
ALIZIA.- ¿Por qué? ¿Por qué es
tarde? ¿Por qué lo sabe?
PATO.- Porque ya era tarde cua...
cua... cuando lo conociste.
AGUILUCHO.- Siempre es tarde
para ellos.
ALIZIA.- ¿Para quiénes?
DODO.- Para los inadaptados.
LORO.- Para los rrrrrrarrros.
AGUILUCHO.- Para los otros.
LORO.- Para los rrrojos.
DODO.- Para los que no son
elegantes dodos.
LORO.- Ni lorrrrrrrros
herrrrrrrrrrrrrrrmosos.
PATO.- Ni cua... cua...
cualificados patos.
AGUILUCHO.- Ni unos aguiluchos
grandes y libres.
DODO.- Es tarde... para los que
no sois como nosotros.
AGUILUCHO.- Para los otros.
ALIZIA.- Jamás podría ser como
ustedes.
DODO.- Lógico: te faltan las
plumas.
AGUILUCHO.-
(Señalando al ratón.)
A él
también.
ALIZIA.- Me refiero a que jamás
podría ser como ustedes... porque yo tengo corazón.
DODO.- ¿Quién te has creído que
eres para faltarnos así al respeto?
LORO.- Son rrrrrrroedorrrrrrres.
AGUILUCHO.- Ella y él.
PATO.- ¿Cua... cua... cuál es tu
nombre, ratita presumida?
ALIZIA.- No volvamos a empezar.
DODO.- ¿Te niegas a rendir
cuentas ante la ciudadanía?
PATO.- ¿Te niegas a rendir cua...
cua... cuantas cuentas te exigimos?
AGUILUCHO.-
(A sus compañeros.)
Devorémosle
los ojos. Brillan demasiado.
LORO.- Y después
arrrrrrrrrrrojemos su cuerrrrrrrrrrrpo a la calle. Nadie
prrestarrrrrá atención. Los ciudadanos ejemplarrrres no
se meten en líos. Mañana serrrrá un drrrrrogadicto más
en el montón de drrrrogadictos sin nombrrrre.
ALIZIA.- Me llamo Alizia.
AGUILUCHO.- Contesta cuando te
pregunten.
PATO.- Cua... cua... cuando te
pregunten.
ALIZIA.- Al diablo.
Con decisión, se levanta de la silla y camina hacia el
frente. Caos entre los pájaros. Ella rompe la cuarta pared,
atravesando la sala, el patio de butacas o la penitenciaría
donde se desarrolla el estrafalario argumento.
DODO.- ¿Quién te has creído que
eres, Alizia con zeta?
AGUILUCHO.- Todavía no hemos
devorado tus ojos.
LORO.- Y brrrrrrrillan.
Brrrrrillan mucho.
PATO.- Cua... cua... cuánto
brillan.
Ella se ha perdido por el fondo opuesto a la escena de
las aves.
DODO.- Retorna al nido. Te lo
exigen los buenos ciudadanos.
LORO.- Los ciudadanos
rrrrrrrrrrrrrrrresponsables.
AGUILUCHO.- Cursarán orden de
busca y captura. No te irás de rositas,
(enorme insulto en su
boca)
DI–FE–REN–TE.
Se hace evidente para todos que Alizia
ha desaparecido. Breve
mutismo.
DODO.- Se ha ido.
LORO.- Ha dejado al rrrrrrrratón
a nuestrrrrrrrra merrrrced.
AGUILUCHO.- Cautivo y desarmado.
Pausa confusa.
PATO.- ¿Cua... cua... cuál es el
camino a seguir?
DODO.- El habitual.
LORO.- ¿La
indiferrrrrrrrrrrrrrrrrencia?
DODO.- Ajá.
AGUILUCHO.- ¿Y el roedor, el
drogadicto, el otro?
DODO.- Mañana será un recuerdo.
Van saliendo.
AGUILUCHO.- Mañana es muy tarde.
PATO.- Ya era tarde cua... cua...
cuando llegamos.
DODO.- Cambiemos de destino.
Cambiémoslo todo para que todo siga igual. Para que todo
siga siendo legal. Como hicimos ayer. Como haremos
después de hoy.
AGUILUCHO.-
(Brazo/ala en alto.)
ARRIBA EL
PAÍS DE LAS MARAVILLAS.
LORO.-
(Ídem.) Heil!
Juerga emplumada.
LORO.- Hagámonos mamíferrrros.
AGUILUCHO.- Nunca. Abajo los
mamíferos. Abajo los demás. Los otros.
DODO.- Oh, está bien.
Limitémonos a cambiar de ruta.
Silencio comunal.
LORO.- ¿Vamos al merrrrrrcado?
DODO.-
(Encogimiento de
hombros.)
Vivimos en él.
Han salido el Loro, el Pato y el Dodo, este último
portando el flexo pero no la silla. El Aguilucho queda
atrás. Contempla al Ratón. Menea la testa.
AGUILUCHO.- No debe dejarse comida en el plato. Es de
mala educación. (Ríe. Pausa.) Qué ojos tan
desaprovechados. Ñam. (Junto a la salida. Quieto, de
pronto. Vuelve sobre sus pasos. Propina una patada al
inerte roedor.)
...Esto por yonqui.
Va a salir de nuevo. Vuelve a volver. Repite. Empieza a
escucharse una melodía hortera.
Por rata. (Otra patada.) Por arrojar basura a
la vía pública. (Y otra.) Por negro. (Una
más.) Por ser como eres. (Otra.) Por no ser.
(Otra.) Por... diosero. Por... tugal. (Se
detiene. Se seca el sudor. Un último puntapié.)
...Por... ca miseria.
Fin de la música. El Aguilucho deposita una pluma sobre
el inerte agredido. Se aleja, satisfecho y silbando la
melodía de marras. Luz concentrada sobre el cuerpo del
Ratón. Dicha luz va difuminándose a la vez que surge
luminosidad en torno a una Alizia
que reaparece en un bosque
ignoto –vulgo "patio de butacas"–. Camina con lentitud,
precavida, hacia el escenario. Ruidos inquietantes.
ALIZIA.- ¿Hola?
Dejamos de ver al Ratón, quien se sumerge en la oscuridad
total y totalitaria.
¿Hay alguien?
¿Ho... hola...?
Silencio. Ráfaga sonora inidentificable.
¿Quién es...?
Silencio. La joven resopla.
He cometido un error. Ya no soy una niña pequeña y
tengo que asumirlo. Ya no soy. (Pausa.) He
cometido un error. Cuánto mejor estaría en casa. "Cua...
cua... cuánto mejor", como dice el pato. En casa. Me
conformaría si volviera a casa del señor Lewis... aunque
él quisiera retomar sus juegos. No me gustan sus juegos,
pero... Al menos el señor Lewis es humano. Un humano un
tanto inhumano, pero humano –demasiado humano– al fin y
a la postre. Y sus postres... (Se relame.)
Mmmmmmmmmmm. Los pasteles con pasas que me ofrecía a la
salida del colegio. Qué ricos estaban. Por ellos merecía
la pena jugar a lo que el señor Lewis quisiera. Por
ellos merecía la pena bajarse las bragas. (Halo
sombrío.) El señor Lewis es muy juguetón.
(Alarma.) ¿Estará grave? Yo no quise hundir
profundamente el cuchillo en su vientre. Prácticamente
se hundió solo. Profundamente. En su vientre. Pobre
señor Lewis. Mira dónde me veo por mi mala cabeza. Mira
dónde me veo. No sé ni dónde me veo. Desde hace un buen
rato no sé ni lo que veo. ¿Qué país es éste? No es
Inglaterra porque... ¿dónde están los bombines? Tampoco
es Australia, no veo canguros –pero es que no sé lo que
veo–. ¿América? No, no: ¿y los sombreros texanos y las
sillas eléctricas –la América eléctrica? Rusia, no: ¿y
la momia de Lenin conservada en vodka? (Recuerda.)
Hey: el loro parecía alemán: su casco prusiano, su
expresión desagradable... Hum. No obstante... ¿y las
salchichas? ¿Y el complejo de culpa? ¿Y el bigote a lo
Chaplin? (Niega con la testa.) No es Alemania.
(Pausa.) ¿Dónde me veo? ¿Con quiénes me veo?
(Enumeración.) Un conejo estresado, pájaros
fascistas, un ratón agónico... (Mayor angustia.)
Uf, el ratón.
¿Habrá sobrevivido? ¿Estará grave? ¿Estarán graves él y
el señor Lewis? No quería dejarlos, pero... soy una
ciudadana ejemplar y no me meto en líos.
El Conejo atraviesa la escena de un lado a otro.
CONEJO.- (Mientras lo hace.)
Ay de mí. Ay de mi
pellejo apresurado. Ay de mis bigotes. Ay de mi trabajo.
Ahí hay un hombre que dice ay.
ALIZIA.-
(Hablando consigo
misma.) De ésta no se me escapa. (Grita.)
UN ENFERMO
TERMINAL.
CONEJO.- ¿Dónde? ¿Dóndeeeeeeeeeeeeeeee?
ALIZIA.-
(Aparte.)
Lo sabía.
CONEJO.- Niñita... ¿te burlas de
mí?
ALIZIA.- Soy incapaz de ello. He
gritado para llamar su atención.
CONEJO.- ¿Llamar mi...?
(Gruñe.)
Para lograrlo
hay que hallarse en trance de pasar al otro lado. Ser un
viejo senil, un soldado de reemplazo en el frente, un
político honesto en Sicilia... ¿Perteneces tú a alguno
de los... grupos de riesgo, niñita llena de vida?
ALIZIA.- Hace un rato le diría
que no; ahora... no estoy tan segura.
CONEJO.-
(Suena el teléfono
móvil.)
Llego tarde... Tardetardetarde...
ALIZIA.- Es temprano...
Tempranotempranotemprano...
CONEJO.- Qué equivocada estás,
muchacha vitalista. No doy con la clave. Se me
adelantan. Guerras... Hambrunas... Suicidios... Hace
años.. la peste, la guerra, el hambre o la quema de
brujas... se concentraban en puntos concretos. Y se
expandían con lentitud. Hoy... las nuevas tecnologías,
las nuevas hipocresías... son demasiado para mis viejas
patas traseras y mi reloj delantero que, encima, atrasa.
ALIZIA.- La gente no sabe morir.
CONEJO.- La gente no sabe vivir.
Por eso mueren en vida. Y me desconciertan.
(Vuelve la vista
hacia el sempiterno reloj.)
Disculpa, niña. Llego tarde.
Abandona el lugar muy rápido, sin que ella acierte a
replicar.
ALIZIA.- Se empeñan en dejarme
sola. ¿O soy yo la que se empeña en que me abandonen, a
través de mis preguntas? Mi madre siempre me recuerda
que no debo hablar con extraños. En el consejo va
incluido el no hacerles preguntas, creo. ¿Será por esto?
Mamá siempre tiene razón.
Entra una Paloma. Camina con la cabeza gacha y las alas
juntas, en actitud de oración. Extraña música sacra. Extraño
caminar. Una proyección muestra rebaños de ovejas pastando
en la ignorancia.
PALOMA.- (Arrullando, como es de ley.) ...InGodwetrustGodsavetheQueenAláakbarMonDieuporelamordeDiosporDiosporlaPatriayelRey
vayaconDioscomoDiosmandaladeDiosesCristoyMahomasuprofeta...
(Detiene su avance. Cierra los ojos. Abre el pico.
Estornuda.)
ALIZIA.- Jesús.
Súbito fin de la melodía.
PALOMA.-
(Encolerizada.)
¿Cómo has
dicho?
ALIZIA.- He dicho...
PALOMA.-
(Interrumpe.)
Sé muy bien
lo que has dicho.
ALIZIA.- ¿Por qué pregunta,
entonces?
PALOMA.- ¿Por qué preguntas tú?
ALIZIA.-
(Aceptando la derrota
verbal.) Touché. (En un aparte.)
...Mamá tiene
razón...
PALOMA.- ¿Qué has dicho?
ALIZIA.- Que mamá tiene razón.
PALOMA.- Antes de eso.
ALIZIA.- ¿Antes...?
PALOMA.- Tras mi estornudo.
ALIZIA.- He dicho...
PALOMA.-
(Interrumpe, una vez
más.) Sé
muy bien lo que has dicho.
ALIZIA.-
(Desbordada, cansada,
hastiada...)
Oh, Jesús.
PALOMA.- Ahí. Precisamente...
ahí. Has invocado el nombre de Dios en vano.
ALIZIA.- Es una expresión hecha.
PALOMA.- Dios no es ninguna
expresión hecha. Si acaso... la expresión que hace a la
totalidad de las expresiones.
ALIZIA.-
(Toma aire.)
Mire... no pretendo ofenderla a usted ni a ninguno de
los pájaros que habitan este... (irónica)
maravilloso lugar. Ni siquiera pretendo seguir en este
lugar.
PALOMA.- Lengua de víbora. Ojos
de víbora. Cuerpo de víbora. Una tentación del diablo.
(Se
golpea a sí misma. Se flagela.)
No pecaré, oh, mi
Dios. No pecaré.
ALIZIA.- A la mierda.
PALOMA.- ¿Cómo has dicho?
ALIZIA.- A LA MIERDA.
PALOMA.- ¿Invocas el nombre de
Dios... y lo mancillas con excrementos?
ALIZIA.- ¿De qué habla?
PALOMA.- Alá mierda. Lo has
dicho. ¿Qué has dicho? Has dicho lo que has dicho.
ALIZIA.- Escuche...
PALOMA.- Escucho. Escucho lo que
dices. Lo que has dicho. Finjo oír... pero escucho.
Realmente... escucho. No sólo las personas estáis
dotadas de oídos. Alá, Dios, Zeus... es justo y
misericordioso. Dota de oídos a las criaturas más
diversas. Las dota de oídos, ojos, garras o ubres. Y, a
sus favoritos, los dota de alas. Alá akbar.
(Rezos
fanáticos.)
...AláakbarAláakbaraLaMecadelacecaaLaMecaAláakbarHalaMadríHalaMadrí...
ALIZIA.- Santo cielo.
PALOMA.- Perdónala,
my Lord,
porque no sabe lo que Buda.
ALIZIA.- ¿Cómo ha dicho?
PALOMA.-
(Cayendo en un trance
místico.)
Dios se apiade de tu Lama.
ALIZIA.- ¿Eh?
PALOMA.-
(Canturrea.)
Shiva es
amor, el Corán lo dice...
ALIZIA.- No... No entiendo...
PALOMA.-
(Sigue.)
...Dionisos es amor;
Tutatis lo repite...
ALIZIA.- ¿Dionisos? ¿Tutatis?
PALOMA.-
(Sigue cantando.)
...Jehová es
Amón...
ALIZIA.- Esto empieza a
convertirse en una Torre de Babel sin torre.
PALOMA.-
(Y sigue.)
...búscalo y ve Ra...
ALIZIA.-
(Tratando de zafarse de
tan incómoda compañía.) Siento las molestias que le
haya podido ocasionar, señora... (titubea y acaba
dejándolo por imposible)
bueno... quien demonios sea
usted...
PALOMA.- ¿Demonios? Demonio.
DEMONIO. ¿Invocas al Maligno?
ALIZIA.- La dejo rezando.
Usted... a lo suyo.
PALOMA.- No tan deprisa, víbora.
Abre su chaleco. Oh, Jesús: explosivos variados jalonan
el cuerpo de la Paloma .
Vuelve la música.
ALIZIA.- (Aterrada.)
Oh, Jesús.
PALOMA.- ¿Qué has dicho?
ALIZIA.- OH, JESÚS.
PALOMA.- Lo has dicho. Sé lo que
has dicho porque tengo oídos. Gracias a Dios.
Deo Gratia.
Adeu.
ALIZIA.- Serénese. Serénese.
PALOMA.- Guardaré mis huevos de
tu apetito voraz, serpiente pecaminosa.
ALIZIA.- No soy una serpiente.
PALOMA.- El poder de Cristo te
obliga, mujer.
ALIZIA.- No soy una mujer.
PALOMA.- ¿Ah, no? ¿Qué eres? Di.
ALIZIA.- No soy más que... una
niña pequeña.
PALOMA.- A otro perro con ese
hueso. A otra paloma con esa rama de olivo. A otra
Biblia con ese rifle.
ALIZIA.- Es la verdad.
(En voz baja.)
...Lo
era... hasta llegar aquí...
PALOMA.- Reza tus oraciones,
víbora. Ejecutaré los designios de mi buen Dios.
ALIZIA.- NO LO HAGA.
PALOMA.- ¿Que no lo haga?
Arriba, en el cielo, en el cielo santo / santo cielo que
tú has invocado... me esperan sesenta y nueve mil
pichones vírgenes. ¿Quién puede resistirse a eso?
ALIZIA.- Piense en su familia.
PALOMA.- En ella pienso. Y
pienso en el orgullo que experimentará al conocer mi
martirio. Y pienso en mi pueblo, ese alféizar sin
estado. Y pienso en Zoroastro, sentado a la derecha de
Anubis Padre. Y pienso en los pichones que me aguardan,
Zeus mediante. Y pienso... luego embisto.
ALIZIA.- No embista. Contraviene
la lógica zoológica.
PALOMA.- Muuuu.
ALIZIA.- Ante ese argumento...
PALOMA.- Es voluntad del de
arriba, de quien vuela por encima de nosotras e incluso
por encima de los pichones vírgenes.
ALIZIA.- ¿Qué pretende
conseguir?
PALOMA.- Probar que la fe mueve
montañas... gracias a las bombas. Y a Dios, nuestro
censor.
(Se dispone a activar los explosivos.)
ALIZIA.- NO.
PALOMA.- Ten fe. Redime tus
pecados, víbora adolescente, Lolita bífida. Reza lo que
sepas.
ALIZIA.- Ni siquiera pertenezco
a su mundo.
PALOMA.-
(A punto de accionar el
martirio.)
Mundo inmundo.
ALIZIA.- NO.
PALOMA.-
(Ida.)
Acógeme en tus
senos, Hera. Llévame al paraíso de pichones inmaculados
y viandantes con traje de domingo. Vierte sobre ellos
nuestras heces...
ALIZIA.- NO. POR DIOS.
PALOMA.- ...nuestro terror...
ALIZIA.- ...DIOSSSS...
PALOMA.- ...nuestro inductor...
ALIZIA.- NOOOOO.
PALOMA.- Alá es grande. Jesús
del Gran Poder. Gran Ra. Ra, Ra, Ra.
Activa el explosivo. Fuera música. Proyección congelada.
Alizia ,
instintivamente, se protege la cabeza. Nada. Nada explota.
Nada vuela en pedazos. Nada. La Paloma lo intenta, lo
intenta y lo vuelve a intentar, perdiendo credibilidad y
tiempo. La ¿niña? se rehace. Se serena. Carraspea, un tanto
burlona.
PALOMA.- (Al borde de las lágrimas.) No es
posible. (Sigue intentándolo.)
¿Dónde están los
fragmentos? ¿Dónde está el paraíso? ¿Dónde... los
pichones?
ALIZIA.- Tal vez al otro lado
del espejo.
PALOMA.- Y... ¿dónde está el
espejo?
ALIZIA.- Al otro lado de su
mente, creo.
PALOMA.-
(Impotencia rabiosa.
Rabia impotente.)
Víbora. Pagana. Alicorta.
ALIZIA.-
(Seca.)
Tenga usted buen
día.
PALOMA.-
(Saliendo.) Amón...
¿por qué me has abandonado? (Gimotea. Ya casi fuera,
indagando en los explosivos.) No debí confiar en
aquel tendero judío.
Sale.
La proyección se difumina.
Alizia opta por tomar asiento. Resopla. El Conejo.
CONEJO.- Yo que tú abandonaría
la silla, niñita.
ALIZIA.- ¿Por qué?
CONEJO.- No tengo tiempo. Me
reclama una sequía en Eritrea. O un terremoto en Persia.
O una indigestión en Londres. O un...
(Se esfuma.)
ALIZIA.- (Enfado.) ...o un cazador de conejos
hiperactivos. (Pausa. Contempla su entorno.)
Cuando leía cuentos de hadas nunca imaginé que aquellas
cosas ocurrieran de verdad. Pensaba que las fábulas eran
como las novelas eróticas o las encuestas: un producto
de la imaginación de algún perturbado. Ahora... aquí me
hallo... en medio de un cuento... real. (Pausa.)
¿En qué
página estaré?
ORUGA.-
(Desde la oscuridad.)
Consulte
en información.
Alizia abandona la silla. La luz deja ver –en un lateral–
a una Oruga fumadora y somnolienta –a partes iguales– que
ocupa su monótono puesto en una ventanilla cualquiera. Por
encima del conjunto, un letrero que reza: "DESINFORMACIÓN".
ALIZIA.- Y... ¿dónde está ese
sitio? ¿Tal vez al otro lado del espejo? ¿Al otro lado
de mi mente, quizá?
ORUGA.- No estoy autorizada para
responder a esa pregunta... sobre ese sitio. No estoy
autorizada para indicarle dónde está.
ALIZIA.- ¿Quién es el
responsable, pues?
ORUGA.- Yo misma.
ALIZIA.- ¿En qué quedamos?
ORUGA.- En que rellene estos
impresos.
(Se los ofrece.)
ALIZIA.- ¿Impresos? No me hacen
falta.
ORUGA.- Oh, sí; le hacen falta
para rellenar esta instancia.
(La muestra.)
ALIZIA.- Le repito que...
ORUGA.-
(Interrumpiendo.)
...Una
instancia que entregará cuando cubra los formularios
preceptivos.
ALIZIA.-
(Mordaz.)
¿Usted también
rellenará formularios para convertirse en crisálida y
después en hermosa mariposa perezosa?
ORUGA.- Opositaré.
ALIZIA.-
(Rumiando hartazgo.)
...Me
quiero moriiiiir...
ORUGA.- Planta tercera. Seta
derecha. Defunciones voluntarias.
Alizia da media vuelta. Va a marcharse.
No es por ahí.
ALIZIA.-
(Quieta. De espaldas a
la Oruga.)
Claro que no es por ahí. Nunca es
por ahí. Nunca es por ninguna parte. Nunca es verdad.
ORUGA.- Todo se aclararía si
presentara su documentación.
ALIZIA.- ¿A quién?
ORUGA.- Al responsable.
ALIZIA.-
(Pausa. Ruge.)
Y AHORA SI LE
PREGUNTO QUIÉN ES EL RESPONSABLE ME DIRÁ QUE ES USTED,
¿VERDAD?
ORUGA.- Depende.
ALIZIA.- ¿DE QUÉ?
ORUGA.- De si tiene los papeles
en regla.
ALIZIA.-
(Largo silencio.)
¿Cómo puedo
evitar que me contradiga?
ORUGA.- Sometiéndose a las
normas.
ALIZIA.- ...Pasando por el aro.
ORUGA.- ...Pasando por el
registro.
ALIZIA.-
(Baja la cabeza.
Abatimiento.)
¿Dónde está el registro?
ORUGA.- Pregunte en información.
ALIZIA.- ¿Es que no habla mi
idioma?
ORUGA.- Aún no lo sé. Muéstreme
su pasaporte.
ALIZIA.- No me he movido de mi
país.
ORUGA.- Mi país sigue en su
sitio. Y mi país no es su país.
(Severa.)
Documentación, haga
el favor.
ALIZIA.-
(Sentándose. Tratando
de obviar a la extraña funcionaria. En un aparte.)
Es un sueño.
Se trata de eso: una pesadilla.
La Oruga extrae un cuestionario de sus papeles e irá
anotando las respuestas de la joven, quien contesta
mecánicamente.
ORUGA.- Nombre...
ALIZIA.- Alizia. Con zeta.
ORUGA.- Edad...
ALIZIA.- Contemporánea.
ORUGA.- Raza...
ALIZIA.- Humana.
ORUGA.- Religión...
ALIZIA.- Ética.
ORUGA.- Motivo del viaje...
ALIZIA.- Una cuchillada en la
panza del señor Lewis.
ORUGA.- ¿Quién es el señor Lewis?
ALIZIA.- Mi único enemigo al
otro lado. Eso creo.
ORUGA.- ¿Consume drogas
habitualmente?
ALIZIA.- Pastelillos con pasas.
ORUGA.- ¿Fuma?
ALIZIA.- Sólo en guetos
habilitados para tal fin.
ORUGA.- ¿Ha sido arrestada,
condenada o confinada en una prisión por cualquier razón
incluyendo razones políticas?
ALIZIA.- Mamá me castiga si
vuelvo tarde. De casa del señor Lewis. Y castigaría al
señor Lewis si pudiera. Si no hubiera recibido su
castigo ya.
ORUGA.- ¿Ha trabajado en este
país sin autorización?
ALIZIA.- Este país me ha
trabajado a mí.
ORUGA.- ¿Ha sido miembro de un
partido político totalitarista?
ALIZIA.- Fui subdelegada en
clase.
ORUGA.- ¿Se ha involucrado en
prostitución dentro de este país o en cualquier otra
parte del mundo?
ALIZIA.- Tengo acceso a internet.
ORUGA.- ¿Ha padecido de
tuberculosis u otra enfermedad contagiosa?
ALIZIA.- Cof. Cof.
ORUGA.- ¿Ha sido usted
interrogada o arrestada por el servicio de migración?
ALIZIA.- ¿Antes de ahora?
ORUGA.- ¿Ha pertenecido a alguna
organización terrorista?
ALIZIA.- Estudio según las leyes
educativas. Primaria... o secundaria. Depende.
ORUGA.- ¿De qué?
ALIZIA.- Del partido que
gobierne.
ORUGA.- ¿Figura entre sus planes
el derrocamiento del gobierno de este país?
ALIZIA.- ¿Cuál es este país?
ORUGA.- Éste.
ALIZIA.- Ningún país se llama
"este país".
ORUGA.- Este país se llamará
como decidan los ciudadanos de este país en referéndum
libre y democrático. Viva la democracia y abajo la
hipocresía.
ALIZIA.-
(Suspira.)
...No.
ORUGA.- ¿CÓMO QUE NO?
ALIZIA.- No figura entre mis
planes el derrocamiento del gobierno de este país.
ORUGA.- ¿Por qué?
ALIZIA.- Porque este país me
parece absurdo. Absurdo desde que llegué. Si absurdo es
el país... sus gobernantes no le andarán a la zaga.
Conmoción de la Oruga. Inmediato sonido de sirenas. Luces
dignas del más típico y tópico filme policial. ALIZIA.-alucinada–
en pie.
(Tratando de hacerse oír sobre el estruendo.)
¿Qué pasa?
ORUGA.-
(Ídem.)
¿Qué qué pasa?
Pastelillos con pasas. Insultas a nuestro gobierno, a
nuestro maravilloso país... ¿y pretendes irte de
rositas? Te burlas de nuestros procedimientos... ¿y
pretendes que no procedamos contra ti?
ALIZIA.- Yo...
ORUGA.- Lo evitarías
entregándome el certificado. Conoces el dicho, ¿no?:
"Sin papeles no hay pasteles; sin impresos... todos
presos".
La Oruga desaparece. Entran el SOMBRERERO TORERO.-clásica
montera incorporada– y la LIEBRE.-cuerpo inundado de
chapas reivindicativas–, empujando una mesa que sitúan
frente a Alizia y su asiento. En la mesa figuran todo
tipo de sustancias alucinógenas, todo tipo de licores, todo
tipo de vicios. Los dos recién llegados introducen al
Lirón, que dormita
sobre una silla, y lo ubican en lugar destacado. Ellos se
sitúan a ambos lados de la muchacha. Concluye el estruendo
de la sirena.
SOMBRERERO TORERO.- En pie.
La LIEBRE.-con torpeza– y el mismo SOMBRERERO
TORERO. -con
decisión– ejecutan la orden. Una mezcla de estupor y
enfurruñamiento en el rostro de Alizia.
ALIZIA.- (Adquiriendo fuerzas para la ironía.)
Sentada me
encuentro bien. Muy amable.
SOMBRERERO TORERO.-
(Como si nadie
hubiera hablado.) Preside la sesión el honorable,
amable y dormitable
juez Lirón.
El Lirón sigue durmiendo.
ALIZIA.- Lo que me faltaba: un
juicio. Si este país lo ha perdido hace mucho tiempo...
SOMBRERERO TORERO.-
(Ni caso.)
Con su
permiso, señoría, pasaré a enumerar los cargos que se
imputan a la acusada.
El Lirón sigue dormido. La Liebre
toma asiento: se deja caer,
hablando con propiedad.
(Como si le hubieran otorgado el permiso.)
...Gracias. El
ministerio fiscal y fecal...
ALIZIA.-
(Se anticipa.)
¿...fecal...?
SOMBRERERO TORERO.-
(Carraspea.)
Ruego se
sancione a la acusada por esta interrupción.
ALIZIA.-
(Incorporándose.)
Protesto,
señoría.
SOMBRERERO TORERO.- Al fin se
pone en pie. Un paso. Literalmente.
ALIZIA.- El juicio es una farsa.
Una porquería. Literalmente.
SOMBRERERO TORERO.- Una
porquería. Detritus. De ahí la necesidad de un
ministerio fecal.
ALIZIA.- Han perdido el juicio,
sin duda.
SOMBRERERO TORERO.- Protesto,
señoría. La acusada profetiza el veredicto.
ALIZIA.- Este... simulacro de
justicia... no reúne garantías procesales.
SOMBRERERO TORERO.- Protesto,
señoría. La acusada emplea ocultos cultismos. Cultismos
ocultistas.
ALIZIA.- ¿Y mi abogado defensor?
SOMBRERERO TORERO.- Protesto,
señoría. La acusada ignora a su abogado defensor.
ALIZIA.- ¿Quién es?
LIEBRE.-
(En pie.)
Yo. Paz, hermana.
ALIZIA.- ¿Una liebre?
SOMBRERERO TORERO.- Protesto,
señoría. La acusada manifiesta prejuicios raciales.
ALIZIA.-
(Apunta al Lirón.)
El reino
animal no puede juzgar a los humanos. No tiene sentido.
SOMBRERERO TORERO.- Protesto,
señoría. Los humanos llevan siglos juzgando al reino
animal. Incluso ejecutando a los súbditos del reino
animal sin juicio –ni prejuicio– previo. Yo, sin ir más
lejos, me considero humano y acepto mi parte de culpa.
ALIZIA.- ...Cuánta demagogia.
SOMBRERERO TORERO.- Memoria
histérica.
LIEBRE.- Paz, hermanos.
El Lirón emite un sonido gutural, sospechosamente próximo
a un ronquido.
SOMBRERERO TORERO.- Por
descontado, señoría.
ALIZIA.- No ha dicho nada. Está
dormido.
SOMBRERERO TORERO.- Protesto. La
justicia nunca duerme. Protesto. Protestar figura entre
mis obligaciones. Entre mis atribuciones.
Alizia vuelve
a sentarse. Los codos en la mesa. Las manos en la cabeza. El
ánimo por los suelos.
LIEBRE.- Paz. Paz y talante.
Buen talante.
SOMBRERERO TORERO.- Protesto,
señoría: no es el turno del/la abogado/a defensor/a.
LIEBRE.- ¿Quién da la vez?
El Lirón
respira fuerte.
SOMBRERERO TORERO.- (Despojándose de la montera,
en actitud de formal brindis taurino.) Con la venia.
(Se aparta de la mesa y deambula de un lado para
otro, enardeciendo a un jurado que no existe.)
La acusada –y
cuando hablo de la acusada me refiero a esta muchacha,
un ejemplar de la ganadería Carroll, de quinientos doce
kilos de peso, bragado y astifino– ...la acusada, como
iba diciendo... esta muchacha de cabellos de oro,
dientes de perla, labios de rubí, vestido azul celeste y
ojos infantiloides... esta ternera justa de canal, algo
corta de cuello, enmorrillada, baja, abierta de cuerna y
bizca del pitón izquierdo... esta mujer en potencia...
este proyecto de arpía... es... básica y
específicamente... culpable.
ALIZIA.- ¿De qué delito?
SOMBRERERO TORERO.-
(Sentándose.)
Lo
decidiremos entre todos.
Se administra una dosis de cocaína. El Lirón se
mueve y emite un ronquido estruendoso. La Liebre
se levanta.
LIEBRE.- (Alternando su mirada entre el Lirón
y las drogas.) Con la venia por la vena.
(Silencio. Su mente, en blanco.) Eh... (Duda.
Vuelve a sentarse. Prepara una dosis de lo mismo que ha
ingerido el Sombrerero Torero. La aspira. Se incorpora,
excitada. Música alucinante que embriaga poco a poco los
ánimos. Verborrea espasmódica.)
Soypartidariadelapaznoalaguerrasíalamorentrelasnacionesynoalhambrequierounmundo
enelquejueguenlosniñosyreinelaamistadquieroquelasballenasencuentrenunespaciopara
vivirodiolainjusticiadelajusticiayaspiroaqueliebresycazadorestorosytorerosbanderillerosy
banderillasconejosybananasjuntoscomohermanosmiembrosdeunaiglesiainglesagritemosa
llyouneedisloveyankeesgohomeproletariosdelmundouníosfascistascabronesnonosmiresúnete
libertadlibertadsiniralibertadigualdadfraternidadelfascismoavanzaavanzatúnolovesperoyosí
hablapueblohablaaleluyasindejarnosllevarporlaintoleranciaelfanatismoylosmalostratos
violenciadegéneroocomopuñetassellameahoralahostiabiendadadetodalavidaesloquehace
faltaenestaregiónmuertadejadadelamanodelcambioclimáticoyocantoalamañanaquevemi
juventudporunaviviendadignanuncamáisAméricaLatinacontraelimperialismonoaltráficodepieles
laschicasalpodertodosytodasos/asquébuenossonlospadressalesianosquébuenossonquenos
llevandeexcursióngaypower wearetheworldwearethechildrenimagineallthepeopleIMAGINEALLTHEPEOPLE...
Fin del atropellado discurso. Fin de la música. Alizia
y el Sombrerero Torero, con los ojos abiertos de par en
par.
...Eso es todo.
La Liebre se sienta. Los demás personajes observan la
actitud del Lirón, que ha abierto los ojos.
LIRÓN.- (Voz gutural. Acartonamiento.)
No. Eso no es nada.
SOMBRERERO TORERO.-
(Desmonterándose.)
Olé.
ALIZIA.-
(Lamento.)
No ha dicho nada...
No ha dicho nada...
LIEBRE.-
(Los dedos
tamborileando encima de la mesa.)
Paz. Paz. Como sea.
Paz.
SOMBRERERO TORERO.-
(Tras una
pausa.)
¿Culpable, entonces...?
ALIZIA.- Protestaría si
protestar sirviera de ayuda.
SOMBRERERO TORERO.- Protesto,
señoría: la acusada cuestiona la eficacia de nuestras
leyes judiciales.
LIEBRE.- Paz, niñita. Paz.
ALIZIA.-
(De pie.)
Solicito un
aplazamiento. Un apaciguamiento.
LIEBRE.- Así. Así. Negocia.
¿Nuclear? No, gracias.
ALIZIA.- Considero este juicio
una insensatez...
SOMBRERERO TORERO.- Calla,
insensata.
ALIZIA.- ...un atropello...
LIEBRE.- Negocia. Negocia.
ALIZIA.- ...una pamema...
SOMBRERERO TORERO.- Protesto,
señoría.
ALIZIA.- Pido la anulación del
proceso.
SOMBRERERO TORERO.- Proceso.
Protesto. Solicito una estocada trasera.
ALIZIA.- No hay legalidad en
esta sala... que, para colmo, ni es una sala.
LIRÓN.- Evidentemente, migradora
común. Esta sala no es una sala porque este juicio no es
un juicio.
ALIZIA.- Al fin un animal
juicioso.
LIRÓN.- ...Es un "no juicio".
Sombrerero Torero
y LIEBRE.- (Cantan.)
Feliz no juicio,
feliz no juicio,
feliz no juiciooooooooooo...
...y sentencia infeliz.
Cambio total de la escena: desaparecen mesa, silla y
personajes –excepto Alizia y su asiento. Música. Brota la
presencia de un Gato que ejerce de verdugo –capucha a tal
efecto– y ríe sin cesar. Inmoviliza a la ¿niña? La silla que
ocupaba ésta se ha transformado en un garrote vil. La
melodía que aliña la escena va consumiéndose hasta que se
apaga. Veloz proyección de imágenes que muestran diversas
aplicaciones de la pena de muerte a lo largo de la Historia.
GATO.- Reza lo que sepas. (Risotada.)
ALIZIA.- (Sorprendente beligerancia.)
No sé rezar. Soy
amnésica.
GATO.- ¿Agnóstica?
ALIZIA.- Tal vez. No recuerdo.
GATO.-
(Ríe.) Blasfema.
Cágate en los dioses o en los reyes godos o en la
alineación de "la naranja mecánica". Canturrea la tabla
de multiplicar. Parafrasea. Cita. Recita. Haz lo que
quieras, ¿quieres? (Se carcajea.)
ALIZIA.- Maldito loco.
GATO.- Loca justicia. Maldita.
Locos por la maldita justicia. La justicia de los locos.
(Risa.)
ALIZIA.- No sé si es usted
consciente de lo que está haciendo.
GATO.-
(Se troncha.)
Inconsciente
justicia consistente.
ALIZIA.- Razone.
GATO.-
(Ja. Ja. Ja.) Soy
un gato. Animal irracional. Las bestias racionales os
ocupáis de recordármelo. (Nueva carcajada.)
Minuto a
minuto.
Vuelve el Conejo para atravesar aquel extraño territorio.
Habla a través del teléfono móvil.
CONEJO.- ...Un minuto. Un minuto y estoy ahí.
(Cuelga.)
Ay. Un tsunami en Ceilán. Una
envenenadora en Florencia. No doy abasto. No doy abasto.
ALIZIA.- Señor conejo...
CONEJO.- No me distraigas,
niñita.
(Suena su teléfono.)
¿Quién será ahora? ¿Qué será ahora?
Voy. Voooooyyyy.
Sale. Las desagradables imágenes continúan proyectándose,
al fondo. La desagradable realidad continúa pareciendo
irreal.
GATO.- (Canta, situándose tras la joven.)
Estaba la dulce niiiiiiiiiiiña
sentadita en suuuuuuuuuuu
cadalso...
–marramamiau, miau, miau–
...sentadita en suuuuuu
cadaaaaaaaaaaalso...
ALIZIA.-
(Para sí.)
Otro juego. Estoy
convencida. Otro juego. Nada es verdad. Los gatos no
hablan. No ríen. No ejecutan. Las ejecuciones ya no
existen.
GATO.-
(Risotada.)
¿Bromeas? Son la última moda en países tercermundistas.
Y ahora vuelven con fuerza al Primer Mundo. Y al Mundo
Más Allá. Y al Otro Mundo. Mundo y lirondo. (Se muere
de risa.)
ALIZIA.- ¿Y mis derechos?
GATO.- ...Torcidos.
(Se carcajea.)
Los
derechos ya no se llevan. Demodé. Sólo un derecho se
mantiene derecho.
ALIZIA.- ¿Cuál?
GATO.- El derecho a una última
voluntad.
ALIZIA.- ...Menudo consuelo...
GATO.- Un consuelo menudo, en
efecto. Pero no deja de ser consuelo. No deja de ser una
voluntad.
ALIZIA.-
(Abatida–resignada–incrédula... Qué sé yo.)
No me sirve.
GATO.- El Estado se empeña en
servirte. Quiere demostrar que sirve.
(Ríe.)
¿Un último deseo?
ALIZIA.- ...
GATO.- ¿Un... último... deseo?
ALIZIA.- ...
GATO.-
(Tuerce el morro.
Pausa.) ¿Un buen vino? ¿Un mal polvo? (Risa
estúpida.)
ALIZIA.- ...
GATO.- ¿Una última cena? ¿Una
sagrada familia?
ALIZIA.- ...
GATO.-
(Como no sabe cómo
reaccionar, ríe, nervioso.) Veo que te niegas a
colaborar con las instituciones –otro delito–.
(Carraspea.) Será mejor que vayamos al grano: el
Estado te ofrece un amplio catálogo de penas capitales.
(Extrae un folleto de sabe–el–Estado–dónde.)
Observa,
presunta presunta: la electrizante silla eléctrica... la
letal inyección ídem... el castizo garrote vil... la
encorbatada horca... la majestuosa guillotina...
lapidación... crucifixión... linchamiento...
fusilamiento... bang, bang... ratatatá...
ALIZIA.-
(Lágrimas que
arrollan.)
¿No son efectivas las súplicas?
GATO.-
(Revienta de risa.)
En las naciones civilizadas –y ésta (sea cual sea) es
una de ellas– la súplica se considera un estorbo. Lo que
prima es la efectividad. (Risas y risas. Breve pausa)
¿Procedemos?
ALIZIA.-
(Llorando sin pudor.)
¿Puedo
llamar a mi madre?
GATO.- La llamaré yo. Después
del trámite.
ALIZIA.- ¿Puedo... gritar...?
GATO.-
(Chasquea la lengua.)
Despertarías a los reos. Y a la prensa. Y a la
indignación de la chusma. (Otra pausa.)
¿Procedemos?
ALIZIA.- ...
GATO.- Procedemos.
Hurga en el mecanismo del engendro manual. Alizia,
lívida, adquiriendo la extraña dignidad que otorga la
cercanía de una muerte injusta.
Será limpio. Los gatos somos muy limpios. (Ríe.)
Me he tomado la licencia de disponer para ti el
menos vil de los garrotes viles. (Ríe.) Seré
rápido. Los gatos somos muy rápidos. (Ríe.) Por
medio de un tornillo, este collar de hierro retrocederá
hasta que avance la asfixia. (Ríe.) Seré
cabrón... Los gatos somos muy cabrones. (Ríe.)
Hay otras variantes para ejecutar esta ejecución
ejecutiva, sí. La variante catalana, por ejemplo,
incluye un punzón de hierro que penetra por la parte
posterior destruyendo las vértebras cervicales del/la
condenado/a. (Ríe.) ...Demasiado... chabacano, ¿hum?
Perruno. Me inclino por el centralista garrote de
siempre. (Ríe. Canturrea.) ...Marramamiau, miau,
miau... (Ríe. Se detiene.)
Dispuesto. ¿Dispuesta?
ALIZIA.-
(Gimoteando.)
N... o...
GATO.-
(...Y más risa.)
...Todas sois iguales. (Pausa.)
Procedamos.
Música imperial. Se detiene la proyección. Se detiene la
ejecución. Alizia y el Gato, sorprendidos. Surgen varios
SOLDADOS.-cada uno de ellos vestido con una casaca que
representa una carta de la baraja española–; abren paso a la
REINA.-pletórica–, quien saluda, acribillada por flashes de
miles de cámaras. Mira hacia atrás. Reclama –con gestos– la
presencia del Rey. Éste –achacoso, decrépito, conectado a la
vida por múltiples gomas y un surtido de conductos– es
introducido en silla de ruedas hasta ser ubicado a la vera
de su esposa. La soberana se encargará de moverle una
temblorosa mano para que responda a los flashes y a las
hipotéticas aclamaciones de un pueblo invisible. El Gato,
marcial, en posición de firme. La melodía va disminuyendo
hasta dejar de oírse. Los flashes fotográficos van
perdiéndose en el recuerdo.
SOLDADO 1º.- Dios salve a la
Reina.
SOLDADO 2º.- Dios salve al Rey.
SOLDADOS.-
(Al alimón.)
Dios salve a
don Heraclio Fournier.
GATO.-
(Sin perder la firmeza
en su compostura.)
Majestades... constituye un honor
para este infeliz y felón felino...
REINA.-
(Sin prestar atención.
A su esposo.)
Mira, rey: un gato.
REY.-
(Costosamente. Voz
aflautada y temblorosa, a lo caudillo contemporáneo.)
Los
gatos... armonizarán el funcionamiento de todas las
capacidades y energías del país, en el que, dentro de la
unidad nacional, el trabajo, estimado como el más
ineludible de los deberes, será el único exponente de la
voluntad popular, y, merced a él, podrá manifestarse el
auténtico sentir del pueblo a través de aquellos órganos
naturales que, como la familia, el municipio, la
asociación y la corporación harán cristalizar en
realidades nuestro ideal supremo.
GATO.- Eh...
(Retoma la protocolaria
bienvenida.)
Majestades... les doy la bienvenida
a ésta que es su ejecución.
REINA.- ¿Una ejecución?
(A su augusto y
agónico marido.)
¿Has oído, rey? Ejecuciones. Han
vuelto.
REY.- Han vuelto porque... se
nos presenta el dilema de conservar nuestros
convencionalismos legales y perecer o salvar a la
Nación, saltando por encima de ellos. Nuestra generación
prefirió esto último, sin que por ello sufriese en
detrimento la libertad, que sólo bajo el orden, la paz y
la seguridad colectiva, pueden garantizar nuestra
independencia.
GATO.- Sabias palabras, Señor.
REY.- Las palabras obedecen a
una conspiración masónica–izquierdista en la clase
política en contubernio con la subversión
comunista–terrorista en lo social que, si a nosotros nos
honra, a ellos les envilece.
GATO.- Por descontado, Majestad.
Y, para seguir envileciendo a los enemigos, a los malos
malísimos... he desempolvado y engrasado nuestro garrote
vil.
REY.-
(Ido.)
...les envilece...
REINA.-
(A él.)
¿Has visto, rey? El
garrote. El garrote vil. Ha vuelto la pena. De muerte.
REY.- ...les envilece...
REINA.- De muerte.
SOLDADO 1º.- Dios salve al Rey.
SOLDADO 2º.- Dios salve a la
Reina.
SOLDADO 1º.- ...Que –pese a los
rumores–...
SOLDADOS.-
(A la vez.)
...siempre se peina.
REY.-
(Parece reaccionar,
dentro de las posibilidades que le deja su mermada
salud.)
...les envilece... hoy. Hoy, sin embargo, tengo que
preveniros de un peligro: con la facilidad de los medios
de comunicación, el poder de las ondas, el cine y la
televisión, se han dilatado las ventanas de nuestra
fortaleza. El libertinaje de las ondas y de la letra
impresa vuela por los espacios y los aires de fuera
penetran por nuestras ventanas, viciando la pureza de
nuestro ambiente. El veneno del materialismo y de la
insatisfacción quiere asomarse a los umbrales de
nuestros hogares, precisamente cuando los peligros que
al mundo acechan son ahora mayores que nunca.
SOLDADO 1º.- Dios salve al Rey.
SOLDADO 2º.- Y a la Reina salve.
SOLDADOS.- Reina de los mares.
REINA.- ¿Dónde se han metido los
fotógrafos? Esto se merece una exclusiva. Titular: "Sus
Majestades visitan al funcionariado".
REY.- Funcionarios todos; a los
que vivís bajo nuestro cielo, a los que, impulsados por
otros estímulos o vocaciones, estáis más allá de
nuestras fronteras, yo os deseo un Feliz Año Nuevo y que
Dios nos conceda en él a la Nación y a todos nosotros
todo lo que honestamente se puede desear: unidad,
convivencia y paz.
REINA.-
(Escrutando a Alizia.)
Ay. Mira,
rey: una delincuente juvenil.
GATO.- Dispuesta está para que
gocéis de una jornada memorable, Majestad.
REINA.- De muerte. Pero...
¿dónde se han metido los fotógrafos? Que les corten la
cabeza.
ALIZIA.-
(Hablando, al fin.)
No soy una
delincuente.
REINA.- Aunque... sí eres
juvenil, ¿hum?
REY.-
(En sus trece.)
...la
juventud forjará el imperio necesario y tradicional y lo
forjará...
REINA.-
(Ni caso. A la
muchacha.)
¿Cómo te llamas?
ALIZIA.-
(Fina. Macabra.)
Me llamo
Alizia, para servir a Dios y a Su Majestad.
REINA.- Qué rica.
GATO.- No más que Vuestra
Majestad, Majestad.
REINA.- Y... ¿cómo una niña tan
educada como tú, Alizia, ha caído en las garras del
crimen?
ALIZIA.- Eh... Es que... El
señor Lewis llevó muy lejos su partida.
REINA.- ¿Quién es el señor Lewis?
¿A qué partida te refieres?
GATO.- ¿Procedemos, Señora? Los
fotógrafos aguardan.
REINA.- Mmmmmmmmmmm... No.
GATO.-
(Decepción.)
¿No?
ALIZIA.-
(Ilusión.)
¿No?
REY.- ...No puede ello hacerse
en un día, pero lo conseguiremos siendo un camino firme
si vosotros mantenéis esa ilusión de unidad, porque a mí
me sobra energía y bríos para dar cima a la empresa...
REINA.- No habrá procedimiento.
No habrá ejecución.
GATO.-
(Sin atisbo de
sonrisa.)
¿No habrá diversión? ¿No habrá
exclusiva?
REINA.- La exclusiva es
irrenunciable.
GATO.- ¿Por tanto...?
REINA.- Las revistas venderán un
número mayor de ejemplares si en ellas se me ve
perdonando la vida a una joven y educada delincuente. La
ternura, la campechanía y la capacidad de perdón arrasan
en los kioscos, entre el pueblo... entre los ignorantes
que aclaman. Que aclaman ahora. Que aclamaron ayer. Que
aclamaron durante la coronación, durante la proclamación
de la república, durante la toma del Palacio de
Invierno... Que aclamaron al Caudillo, al Conducator, al
Martillo de Herejes, al Emperador y al Primer
Proletario... Nunca falta masa para aclamar a la guinda
del pastel. Nunca falta clamor clamoroso. Vergonzoso.
SOLDADO 1º.- Dios salve a la
Reina.
SOLDADO 2º.- Reina por un día.
REINA.-
(Gran enfado.)
Que les
corten la baraja.
SOLDADOS.-
(Rectificando.)
UN DÍA ETERNO
Y SOLEADO.
La monarca sonríe, complacida.
GATO.- El espectáculo, Majestad.
Si no ejecutamos... se resiente el espectáculo.
REINA.- El espectáculo vendrá
con la exclusiva del indulto. Posaré junto a la rea.
SOLDADOS.- Dios salve a la rea.
REINA.- Posaré en topless.
Fingiré que no veo a los paparazzi. Ellos fingirán que
no me han visto antes. Mientras indulto a la joven
malhechora, restregaré el cuerpo contra los abdominales
de un socorrista hercúleo. Después acudiré a la
televisión para desmentir mi acuerdo con los paparazzi y
el pacto con el socorrista hercúleo, quien, a la semana
siguiente, acudirá por su parte a desmentir que me
conoce y a presentar a su nueva novia, una antigua
concursante en un show de intercambio de parejas. El
socorrista logrará una plaza en la tertulia majadera de
los viernes por la noche y yo terminaré presentando los
informativos.
El Rey, de una manera muy lenta, comienza a sufrir
convulsiones.
GATO.-
(En un aparte.)
De locos.
REINA.- De muerte.
ALIZIA.- ¿Soy libre?
REINA.- Lo serás cuando cumplas
tu cometido. Cuando accedas a vender tu epopeya.
Flashes fotográficos.
Ah. Ya están. (A la joven.)
Finge desesperación.
Finge naturalidad. Finge mientras busco al socorrista...
o a un cubano... o a un socorrista cubano.
Las convulsiones del monarca se acentúan.
SOLDADO 1º.- Dios salve al Rey.
SOLDADO 2º.- Porque la medicina
no puede.
REINA.-
(Aproximándose a su
real marido.) Rey. Rey. ¿Qué te pasa, rey? ¿Qué
tienes? (A los militares.)
Que le corten la hemorragia.
REY.-
(Muy trabajosamente.)
Al llegar
para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y
comparecer ante su inapelable juicio...
REINA.-
(Clamando en el
desierto.) Fotos. Fotos que confirmen nuestra
reconciliación in articulo mortis.
Una melodía fúnebre va ganando importancia. Desbandada de
los Soldados y el Gato, quien ríe histérico.
GATO.- Cambio de régimen. Cambio
de régimen.
ALIZIA.- ¿Soy libre?
Se esfuman los militares y el minino.
REY.- ...pido a Dios que me
acoja benigno a su presencia...
REINA.- Carroñeros. Carroñeros
que paguen a tocateja.
REY.- ...No cejéis en alcanzar
la justicia social y la cultura para todos los hombres,
animales y cosas del País de las Maravillas...
REINA.- Pescadores. Pescadores
en este río revuelto.
REY.- ...y haced de ello vuestro
primordial objetivo...
REINA.- Lameculos. ¿Dónde están
los lameculos, los chupapollas...?
REY.- ...Quisiera, en mi último
momento, unir los nombres de Dios y de este país, para
gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi
muerte...
REINA.- NOOOOOOOO.
REY.- ...Arriba... parias de la
tierra... con la camisa nueva... por el triunfo... de tu
nombre tatuado... se hace camino al andar.
Expira. La Reina
se lanza sobre su cadáver.
REINA.- Prensa rosa. Que venga la prensa rosa.
(Lloro.)
¿Qué voy a vender de mí? ¿Qué va a ser de la Corona?
¿Cómo conseguiré una portada?
ALIZIA.-
(Insiste, presa de
cierta enajenación.)
¿Soy libre?
La Reina alza la vista. Ambas mujeres se
contemplan, durante unos instantes preñados de música
oscura. Oscuro musical. Una proyección nos muestra a
ciudadanos pasando por delante de un cadáver egregio,
rindiendo pleitesía a algún hombre de Estado, a algún
miserable o a algún hombre de Estado miserable.
ALIZIA.-
(En off.) ...Si al
menos pudiera despertar...
Cuando finaliza la proyección, cuando finaliza la música,
cuando vuelve la luz... lo hace sólo sobre Alizia, pálida,
temblorosa, con los ojos cerrados. Porta el cuchillo
delator.
ALIZIA.- Si al menos pudiera saber si estoy
despierta... (Abre los ojos.)
Si al menos pudiera
saber dónde estoy... si yo sigo siendo yo o el pronombre
personal ha dejado de ser personal. Si me creyeran... Si
pudiera comprobar que mi verdad sigue siendo... la
verdad...
Deja caer el arma. Se expande la luz. Dos Agentes la
custodian. La toman por los brazos.
AGENTE 1º.- Vamos.
LEWIS.-
(Off.)
...Alizia...
Sobresalto de ella. Nerviosismo. Los Agentes controlan
sus movimientos.
AGENTE 2º.- Tranquila. Ya pasó.
Ya pasó.
Luz tenue sobre Lewis, postrado en el suelo, herido,
confuso.
LEWIS.- ¿Por qué, Alizia?
ALIZIA.-
(A los Agentes.)
No es mi
mundo. Éste no es mi mundo.
AGENTE 1º.- Vamos.
LEWIS.- ...Mi pequeña Alizia...
ALIZIA.- No es mi mundo. Sé que
no lo es. Sé que no soy más que una niña. Una niña. Sólo
una niña.
LEWIS.- ...Mi niña...
La iluminación va escabulléndose en lo que atañe a
Alizia y sus
forzados acompañantes, pero adquiere potencia en torno a
Lewis.
...Mi niña... Mi Alizia...
Alizia y los
Agentes han quedado en la más completa oscuridad. Ante Lewis
se ha situado el Conejo. Llegan las asistencias médicas.
...Alizia...
TELÓN |