Boni
Ortiz
Con este espectáculo de texto y actores,
estrenado en el Teatro Palacio Valdés de Avilés, el 15 de diciembre
de 2006, dentro del ciclo "Hecho en Asturias", Roberto Corte
continúa con su singular travesía sobre la nieve —o mejor dicho,
sobre el confeti— de la comedia asturiana. En una tierra en la que
sobran los argumentos y materiales dramáticos, prácticamente todos
los autores teatrales optan por la farsa, la comedia, el vodevil,
cuando no por los "humorismos de ciudad" más arcaicos, en un intento
de reformular modelos y personajes que apenas sirvieron ya hace un
siglo, para transitar a realismos superiores. No es habitual, aquí y
ahora, hacer un teatro de texto, con unos personajes con una
historia repleta de datos sobre ellos mismos, sugeridos no sólo a
través de su relación, también con otros recursos como los gustos
musicales, literarios, gastronómicos, etc. No dichos, ni hablados,
sino mediante la acción teatral. No es habitual encontrar un teatro
bien escrito y articulado, a la manera de Sinisterra o Belbel.
Roberto Corte nos propone un juego de
espejo, que en este caso no es deformante como aquellos del Callejón
del Gato. Aquí nos refleja "realmente" a nosotros mismos,
corporeizados en cuatro personajes: un joven matrimonio y dos amigos
que van a visitar y festejar el nuevo piso de la feliz pareja. Los
cuatro están en los parámetros de aquellos famosos JASP que
inundaron nuestros cerebros por el año 2000, con el propósito de
vendernos un coche. "Jóvenes Aunque Suficientemente Preparados", que
la profundización del liberalismo económico y el darwinismo social
de derechas, han bifurcado definitivamente en "mileuristas" y "yuppies"
(young urban professional person). Todos están formados e
informados, pasaron por la universidad, tienen trabajos
interesantes, alta capacidad adquisitiva... ¡En fin!, forman parte
de ese sector social medio-acomodado que se supone es mayoritario,
ejemplar y modélico, al que probablemente usted no pertenezca, ni yo
tampoco por edad y economías.
Las diferentes escenas que conforman esta
Travesía,
tienen un tránsito perfecto y nos van mostrando a cada uno de los
cuatro personajes, al paso de la propia historia de relaciones.
Sorprende el papel central otorgado al personaje femenino, en ésta y
en sus últimas propuestas (sean o no textos suyos):
Gasolina con capullos, Hasta que la
boda nos separe, Solo para Paquita y
ahora Travesía sobre nieve
de Bagdad. Centralidad que en
absoluto significa papel "positivo" y que a veces sugiere cierta
misoginia, si no fuera porque todas esas mujeres están demasiado
solas para ser rechazadas, pudiendo ser la misantropía la que tome
en ellas su forma. En esta
Travesía, de los cuatro personajes,
solamente la chica pareciera ocultar algún propósito, y en toda la
función, sólo ella utiliza el reproche, el mal tono, el desprecio:
la violencia. El resto de personajes son claros, incluso el
interpretado por Jorge Moreno a quien le encanta regalar cosas, por
ostentación o por tirarle los tejos a Eva, igual da, puesto que no
hay ocultación y sí franqueza. Con una puesta en escena sencilla,
eficaz y muy pulcra: Eva Vallines, Silvino Torre, Iván Suárez y
Jorge Moreno interpretan, con la fuerza, intención y tonos exigidos,
esta función en la que el texto es el gran protagonista.
Roberto Corte quiere que la palabra dicha
prevalezca y para ello, opta por una dirección estática, podría
decirse que minimalista, ajustando la "acción teatral" al máximo y
en la que apenas hay movimiento de actores: solamente los derivados
de los cambios de cuadro y un par de mutis del escenario único,
construido con muy pocos elementos: un sofá, un par de sillones y
lámparas, sobre una alfombra cruda, que reproducen la salita de la
pareja.
La buena iluminación, la acertada selección
musical a base de diferentes variaciones del clásico y sugerente
Gymnopédie Nº 1
de Satie, en versión de Jacques Loussier, así como las canciones
características escogidas por cada uno de los componentes de la
pareja: Leonard Cohen y Led Zeppelin, junto a los efectos sonoros,
ayudan al gran esfuerzo interpretativo que los tres actores y la
actriz (todos magníficos), tienen que hacer desde su asiento para
comunicarnos la circunstancia planteada por el texto y la percepción
de cada uno de ellos, así como la resolución que plantea, venida de
un exterior desde el que nos acechan "agentes" no deseados,
extraños, y que amenazan con alterar nuestro equilibrio pequeño
burgués.
Resulta curiosa la imagen común con
Móvil
de Sergi Belbel, tristemente famosa y grabada a sangre y fuego en
nuestras cabezas desde el "11-M": la del "teléfono móvil que no
contesta", montada y publicada a la vez que
Travesía sobre nieve de Bagdad.
Una función muy interesante que pide la cercanía del público.