Número 21. Septiembre de 2007
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Eva Vallines
Maxi Rodríguez (Mieres, 1965), lleva ya más de dos décadas compaginando su actividad como autor teatral, intérprete y articulista. Ha obtenido los premios Borne, Bradomín y Teatro Jovellanos, entre otros. Entre sus obras estrenadas o publicadas están: Ondas, Gaita y María, El mio coito o la épica del BUP, El color del agua, El arte que hizo pub, ¡Oé, oé, oé...!, La caseta y El lóbulo y las orejas. Colabora como articulista en La Nueva España. Ha publicado una obra narrativa en clave de humor: Diccionario aznarés-español. Es autor de guiones de series de TV como 7 Vidas y de películas como Carne de gallina, además de algunos cortos. Lleva vinculado al mundo del teatro desde la fundación de Cestón de Máscaras, luego con Toaletta, y ha dirigido A bocados para el Centro Dramático Nacional. Las aeróbicas es una comedia-delirio otoñal de tres ancianas que se rebelan contra la tiranía de nuestra sociedad, montadas en tres bicis estáticas desde las que dan un buen "corte de mangas" a todo lo que las rodea. Con su habitual estilo marcado por diálogos ágiles y humorísticos, lanza una mirada agridulce a la loca escapada de tres septuagenarias convertidas en auténticas "Thelma y Louise" de geriátrico.
Pregunta. El deporte ocupa un lugar relevante en tu obra. En Las aeróbicas también aparece, aunque de forma tangencial. ¿Es tan importante en nuestra vida como para convertirlo en un espacio dramático de primer orden?
Respuesta. Uno trata humildemente de que sus obras hablen de la vida, que quizá, bien mirado, sea un deporte de riesgo. Al fin y al cabo, está plagada de disputas, áreas de peligro, reglamento controvertido, gente taimada y, te pongas como te pongas, siempre acabas perdiendo. Pero el deporte como tema no me interesa nada, me parece un coñazo. Es cierto que debido a la enorme repercusión de ¡Oé, oé, oé! (donde unos parias sacaban a la luz sus miserias aprovechando un partido de la Selección), algunas compañías me piden que les escriba textos que contengan algún guiño al mundo del fútbol. Así nació Fóra de Xogo, un encargo de la compañía gallega Nove Dous, donde nos planteamos abordar desde un prisma crítico qué pasaría si al teatro se le diera en este país tanta importancia como al balompié. Como siempre, el deporte es un pretexto para hablar de otras cosas (el eterno teatro precario). En Las aeróbicas, el gimnasio es tan sólo un lugar de encuentro, un sitio ideal para que arranque la acción...
P. Los protagonistas de tus obras siempre son antihéroes, en este caso "antiheroínas" y de la tercera edad. ¿Te parece que es denunciable el trato que la sociedad actual dispensa a los mayores? A pesar de que nunca se les prestó tanta atención desde los poderes públicos, ¿crees que esto se corresponde con la situación que viven en el ámbito familiar?
R. Las aeróbicas nace como repulsa, un tanto alocada y vodevilesca, al síndrome de la "abuela-esclava". Es algo que padecen cantidad de mujeres, sometidas eternamente a un durísimo estrés familiar. Han pasado de criar a sus hijos a cuidar de sus nietos, y padecen esa enorme sobrecarga a una edad en la que lo más razonable sería que las cuidaran a ellas. En muchos casos no sólo no son atendidas como es debido, sino que, una vez exprimidas física y psicológicamente, acaban desahuciadas en geriátricos y siniestras residencias para la tercera edad. Esas situaciones tan dramáticas son caldo de cultivo de depresiones y desajustes mentales. Me interesaba ese drama afectivo y abordarlo con humor porque, aunque resulte sorprendente, así se lo toman en la vida real muchas señoras de esa edad.
P. Toda tu producción como dramaturgo, articulista, y guionista de cine y TV, está marcada por la sátira social, convirtiéndose en una especie de espejo deformante de la realidad, siempre en clave de humor y bufonada. ¿Es el registro en que te encuentras más cómodo?
R. A través del humor se pueden contar cosas muy duras y se digieren mejor. El humor te hace relativizarlo todo, te distancia y acabas descubriendo aristas del drama que, en primera instancia, no habías percibido. No me interesa la comedieta inane, me encanta la acidez y explorar el lado corrosivo de la realidad. Eso trato de hacer tanto en teatro como en cine, e incluso en un medio a veces tan pacato como la televisión tuve la suerte de escribir para una serie que tenía esta intención: 7 Vidas.
P. Como autor teatral has recibido los premios Borne, Marqués de Bradomín, Soto Torres, Espiga de Oro de Guadalajara y Teatro Jovellanos. ¿Qué valor les das a los premios?, ¿en qué medida crees que han influido en tu carrera?
R. Cuando empezaba, hace más de veinte años, eran un estímulo para seguir haciendo cosas. Además, sobre todo a raíz del Bradomín, me permitieron divulgar mi obra y contactar con gente interesante de la profesión. Pero me parece un error planificar tu creación en función de los premios. Lo importante es saciar tus necesidades expresivas y no sobrevalorar los galardones, en los que influye muchísimo la suerte o el azar. La trayectoria profesional se acaba forjando a través del trabajo, es cuestión de currar.
P. ¿Con cuál de tus obras te sientes más satisfecho?
R. Plenamente no estoy satisfecho de ninguna. La prueba está en que cada vez que me ofrecen dirigir mis textos, los acabo reescribiendo de arriba abajo. Lo que me resulta muy gratificante es comprobar que, a pesar del paso de los años, la mayoría son materiales textuales de bastante solidez y que, sometiéndolos al proceso vivo de ensayos, aguantan muy bien el tirón. Ésa ha sido siempre mi idea: generar textos dramáticos que sean un punto de partida para la representación.
P. A partir de tu experiencia cinematográfica como guionista y protagonista de Carne de Gallina o en el corto Lo que el ojo no ve, ¿qué perspectivas crees que puede tener el cine asturiano desde la existencia de una televisión autonómica?
R. Ahí me pierdo, ¿sabes? En teatro, más o menos, uno está acostumbrado a controlarlo todo, pero en el cine... Hace falta mucha pasta y una destreza especial para colocar proyectos... En Asturias hay mucha gente con talento. Ojalá la TPA recurra a ellos y contribuya al despegue del audiovisual. Los asturianos somos muy escépticos y yo soy de los que más...
P. Lllevas muchos años vinculado al mundo del teatro asturiano, ¿cómo ves su situación actual? ¿Crees que las nuevas instalaciones de la ESAD y la programación de La Laboral, servirán para desbloquear la situación de mínimos del teatro en Asturias?
R. La verdad es que no estoy al cabo de la calle. Desde que cerramos la etapa de Producciones Toaletta me he distanciado bastante por cuestiones laborales y de higiene mental. Fueron quince años de mucho "queme", enredado en las dificultades propias de mantener una compañía profesional en Gijón. Por lo que me cuentan algunos colegas, esas dificultades siguen existiendo, como toda la vida: falta de circuitos, escasísimas subvenciones, poca voluntad política... Así las cosas, sólo espero que proyectos faraónicos como La Laboral, no acaben volviéndose en contra de la actividad de las excelentes compañías teatrales que hay en nuestra región.
P. Sueles montar y dirigir tus propias obras, pero ya han sido representadas por varios grupos nacionales. ¿Cómo te sientes cuando ves tu obra abordada desde una nueva perspectiva, te has llevado algún disgusto?
R. Con la edad uno se va inmunizando. Al principio pillaba cada mosqueo... Sobre todo, cuando era evidente que el director de escena no había entendido nada y aquello era un mero vehículo para proyectar sus neuras. Pensaba: vale, tíos, ¿pero por qué no habéis elegido una obra de otro o escrito vosotros una...? También he asistido a puestas en escena sorprendentes que me han aportado mucho. Ahora trato de dimensionar las representaciones y darles una importancia relativa. Incluso, recuerdo con cierta ternura anécdotas, como la de un grupo menorquín que se inventó un ángel de la guarda para la protagonista de El mío Coito o la épica del BUP, o el tono triste, de fado desgarrador, que tenía desde el minuto uno el ¡Oé,oé,oé! que me montarón en Lisboa en portugués. Recuerdo que pensé: si los personajes están así de amargados al levantarse el telón, ¡se acabarán suicidando!
P. ¿Tienes pensado montar Las aeróbicas? ¿Cuáles son tus próximos proyectos?
R. Aún no lo he intentado. Sobre todo, porque lo único que tengo claro es que las actrices deberían ser de una edad muy aproximada a la de los personajes. Lo que me gustaría es encerrarme con tres señoras de ese perfil, escucharlas, ponernos a jugar, y reinventar juntos la obra. Eso, claro está, es complicadísimo. Así que igual no se hace nunca... En cuanto a proyectos, ya sabes cómo va esto, mejor no hablar...
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