
Boni Ortiz
Corría un aire frío y húmedo en aquel día de noviembre de 1957; apenas una semana después, en el Teatro Español de Madrid se estrenaba un Tenorio encarnado por Luis Prendes y dirigido por José Tamayo. Un grupo de jóvenes alrededor de la mesa de un "chigrón" de la Calle Marqués de San Esteban, guardaban un minuto de silencio por la muerte unas fechas antes, de Gabriela Mistral... Aunque no se encontraban allí para eso. Paco Ignacio Taibo, redactor jefe de El Comercio y secretario del recién inaugurado Ateneo Jovellanos de Gijón, conocía la actividad teatral que aquellos jóvenes inquietos realizaban, desde hacía casi un lustro, en la llamada "Educación y Descanso" de los Hogares del Productor de Pumarín, Vázquez de Mella y Sanz Crespo. En la reunión, Taibo les invita a crear un grupo de teatro: La Máscara, Compañía de Teatro de Cámara del Ateneo Jovellanos de Gijón. Sin saberlo, se estaba coincidiendo con el nacimiento de la Agrupación Dramática de Barcelona, o con el Grupo de Teatro Realista de Madrid.
Pocos días después, estrenaban en la Sala Acapulco, Panorama desde el puente de Arthur Miller, dentro de un festival en beneficio de los damnificados por las inundaciones sufridas en Valencia, tras el terrible temporal de los días 13 y 14 de octubre de aquel 1957. El festival estaba organizado por la Asociación de la Prensa de Gijón, y patrocinado por el Ateneo Jovellanos, el Ayuntamiento de Gijón y el Gobernador Civil de la Provincia de Oviedo, de nombre Marcos Peña Royo y que dio el "permiso verdadero" para la función, porque el de "autores" había sido denegado, ya que lo tenía cogido para toda Europa la compañía de Raf Vallone, que la estrenó en París exactamente una semana después de que lo hiciera La Máscara en Gijón. El reparto para que conste, fue el siguiente: Ramón Vega, que también dirigía la función, era Eddy; Pili Ibaseta, la joven Katerine; Lalo Sánchez era Tony; Eloina Vega, la Tía Beatrice; el Narrador, Raimundo Canelada y el papel de Marco lo hacía Joaquín Fuertes. El resto del elenco eran José Martínez, Bernardino Pando, José R. Álvarez, Eusebio Nieto, Modesto Clemente y Orfelina González.
Tras un intento fallido de montar Guillermo Tell tiene los ojos tristes, de Alfonso Sastre, incluida una entrevista de algunos componentes de La Máscara con el autor en Madrid para procurarlo, y que sirvió para confirmarles la absoluta prohibición de la obra por parte de las autoridades del momento, montan Ana Kleiber. Después vendría El Gran Teatro del Mundo de Calderón, también dirigida por Ramón Vega y tras ella, La Marquesa Rosalinda de Valle Inclán dirigida por el pintor y escenógrafo Pablo Gago, estrenada en el patio del Molino Viejo del parque de Isabel La Católica que se encontraba prácticamente en ruinas; la utilización premeditada de un escenario natural como aquel para recrear los Jardines de Aranjuez en los que se desarrolla la acción, la singularidad del vestuario, o la colaboración de Pablo Gago como director invitado, en el verano de 1958, nos da una idea de la corrección de los caminos iniciados por aquella Máscara y que no pararían aquí.
El siguiente montaje iba a ser ni más ni menos que Esperando a Godot, de Samuel Beckett, cuyo estreno mundial se había producido un lustro antes en el pequeño Théâtre de Babylone en París, a cargo del gran Roger Blin y que constituyó uno de los grandes éxitos del teatro de la posguerra mundial. En España había sido estrenada por un TEU de Barcelona en 1955, dando el salto prácticamente con el mismo reparto al teatro "comercial" en el Windsor de la capital Condal en febrero de 1956 y en marzo en el Bellas Artes de Madrid, siempre bajo la dirección de Trino Martínez Trives. La obra de Beckett, iba a ser el primer texto aparecido en el número uno de la revista Primer Acto, en abril de 1957, en la versión del que fuera su primer director español: Trino M. Trives, utilizado por La Máscara para su montaje. Sobre la representación en la casa sindical de Oviedo, el crítico anónimo de La Nueva España, en su edición del 21 de diciembre de 1958, diría:
"(...) ayer un espectáculo sorprendente: el estreno de Esperando a Godot, la revolucionaria obra de Samuel Beckett, por el grupo de teatro La Máscara del Ateneo de Gijón. Lo primero que hay que destacar, al margen de la calidad de la obra, es el sensacional nivel artístico al que han llegado este conjunto de actores gijoneses. Resulta difícil imaginar una interpretación más inteligentemente hecha, más llena de sutil intención y más impecable en su precisión (...) considerar a La Máscara como uno de los grupos de vanguardia más maduros, valga la paradoja, de cuantos en España se esfuerzan por llevar (...) al público, el teatro universal de nuestra hora (...) sin chinchines publicitarios, sin el público llamado de estreno, más atento al exhibicionismo que a otra cosa, pero con un auditorio de hombres de hoy, que lleva puesto su reloj a la hora del mundo, Oviedo fue ayer escenario de un verdadero acontecimiento artístico. Y nunca más lejos la frase de su valor tópico".
Con esta obra La Máscara inicia un camino de rompimiento con el "naturalismo" imperante, mediante las cámaras negras y la escenografía de síntesis, culminando en agosto de 1959, con el montaje del cuento de PIT, Dos niños solos y la obra de Marcel Achard, ¿Quiere Ud. jugar con mí?, en las que utilizarían técnicas de pantomima, tres años antes de la formación de Els Joglars en Barcelona. En esa época Laureano Mántaras sustituye en la dirección a Ramón Vega.
Joaquín Fuertes y Carlos de las Heras, también dirigieron La Máscara, hasta que en 1967 y prácticamente partiendo de cero, Jesús Urrutia la reorganiza junto a Urbano Rodríguez, Fernando Duque y Jesús Cracio, más un puñado de chavales sin formación teatral alguna, entre los que se encontraban: Eladio de Pablo, Bonhome, Félix Población, Boni..., y a los que más tarde se incorporan Santiago Sueiras, Antolina Gutiérrez, Javier Rodríguez, Alfonso Vallejo... Los problemas con la censura, la prohibición de funciones, incluso las amenazas y ataques ultraderechistas contra su último montaje: Espectáculo Antígona-70, trajo como consecuencia su expulsión del Ateneo Jovellanos y su posterior autodisolución en La Caterva en 1972, tras quince años de actividad esencial y definitiva para el Teatro de Creación en Asturias.
Algunos de los que se encontraban en aquel grupo inicial de 1957: Ramón Vega, Laureano Mántaras, Pili Ibaseta, Lalo Sánchez y Ana María Freira y algunos más, la refundamos en 1998, con el nombre actual de Equipo de Teatro La Máscara.
Estoy en condiciones de asegurarles, ya que gozo de información privilegiada, que en este momento ensayan una obra de rabiosa actualidad: Fastos en el infierno, escrita hace casi ochenta años por un belga de origen flamenco: Michel De Ghelderode (1898-1962). Que ustedes la disfruten; nosotros ya lo estamos haciendo.