Número 21. Septiembre de 2007

Desde Madrid

Julio Rodríguez Blanco

En esta crónica de fin de temporada, en la que en pleno verano se mantienen algunas funciones y se producen estrenos, continuaré ocupando la mayor parte del espacio con los teatros públicos porque se advierten, desde hace algún tiempo, cambios positivos en las programaciones, puestas en escena y variedad de espacios, con la posibilidad de representaciones de pequeño y gran formato.

Sigo percibiendo, aunque no he consultado datos estadísticos, que la afluencia a las salas sigue siendo aceptable. La mayor parte de los espectadores difunden lo que han visto y generan nuevos visitantes. Éste es un fenómeno habitual en Madrid. A veces se levanta una función que "a priori" no ofrecía demasiadas garantías de aceptación masiva. No hay que olvidar que una ciudad de las características de Madrid dispone de un público enterado, con un nivel cultural alto. Es un lugar donde es difícil conseguir localidades para espectáculos que pueden parecer extraños partiendo de visiones muy convencionales. No hay que juzgar la ciudad por la apariencia callejera, bastante caótica, porque esconde teatralmente muchas y muy variadas posibilidades para públicos cualificados.

1. Shakespeare por partida doble

El Teatro Albéniz es un local que utiliza la Comunidad de Madrid como sede teatral. Aunque funcione como teatro público, la propiedad no pertenece a la Autonomía. El año pasado fue objeto de reivindicaciones por parte de profesionales del cine y el teatro que se manifestaron en la calle para oponerse al cierre de la actividad teatral en este local.

El teatro, como muchos saben, está situado detrás de los edificios de Gobierno de la Comunidad de Madrid: la antigua Casa de Correos del siglo XVIII, situada en la Puerta del Sol, luego convertida en Ministerio de la Gobernación y recientemente en sede de la Presidencia. Detrás está la primitiva Casa de Postas, hoy también edificio institucional y que a lo largo del siglo XX fue cuartel de la Guardia de Asalto, Policía Armada y Policía Nacional sucesivamente, según los distintos regímenes políticos. Pasados estos edificios nos encontramos con una plaza recoleta, Pontejos, donde está este teatro Albéniz, que es el edificio más significativo, mucho tiempo utilizado como cine y posteriormente convertido en teatro permanente. El espacio urbano es muy tradicional y nos recuerda otros tiempos por el tipo de caserío y establecimientos comerciales que rodean el espacio de la plaza: tiendas de alfileres y puntillas, librerías esoté­ricas, establecimientos de imágenes religiosas, todas ellas instaladas en casas que tienen por lo menos un siglo de antigüedad.

EL Teatro Albéniz no es un prodigio de modernidad. Se han hecho algunos cambios en el patio de butacas para mejorar la visibilidad. Pero está bastante destartalado y necesita urgentemente una capa de pintura que alivie los desconchados.

La pretensión de la Comunidad es construir un teatro moderno en otro lugar de la ciudad. Hace cuatro años se iniciaron las obras del teatro del "Canal", que actualmente están paralizadas. La localización está en la calle Cea Bermúdez, esquina a Bravo Murillo, justo al lado de las instalaciones del Canal de Isabel II. Hace cuatro años la actual Presidenta de Madrid nos mandaba a los ciudadanos de Chamberí una carta-propaganda electoral diciendo que los aficionados al teatro tendríamos pronto un espléndido local. En la campaña de las elecciones de 2007, que nuevamente volvió a ganar la señora Aguirre, no tengo noticia de que se haya mencionado el asunto del teatro. Por lo tanto seguimos con la incertidumbre de la continuidad del Albéniz pero también con la sustitución por el proyectado nuevo teatro.

El comentario sobre la situación de los locales teatrales que utiliza la Comunidad de Madrid explica la defensa a ultranza, mientras no se clarifiquen las alternativas, de nuestro decrépito teatro Albéniz. La explicación es que el Albéniz mantiene, todo el año, una programación excelente y muy variada, sobre todo en el apartado de danza y recitales y espectáculos musicales. Ejemplo: recientemente hemos visto un espectáculo musical francés sobre la obra Los Cenci de Antonin Artaud, que resultó un acontecimiento.

La temporada que termina nos dio ocasión para ver una producción, también musical, basada en El sueño de una noche de verano de Shakespeare. La dirección teatral estuvo a cargo de Tamzin Townsend. La parte musical fue responsabilidad de Antonio Carmona. Las canciones fueron compuestas especialmente para la representación, introduciendo elementos ambientales que se alejan de la escritura original. Aparece un espacio nuevo: el bosque atlántico original se sustituye por un paisaje mediterráneo y una música con referencias flamencas.

Por casualidad, el día anterior había visto en la Filmoteca la película de Max Reinhardt y William Dieterle, producida en 1935, sobre esta conocida comedia de Shakespeare: A Midsummer Night’s Dream. Esta obra es un ejemplo de gran calidad artística. Max Reinhardt fue una figura teatral de su época. Hay también muchas referencias a un extraordinario pintor alemán del romanticismo, David Caspar Friedrich.

Como curiosidad el duende Puck está interpretado por un niño, luego famoso actor de cine: Mickey Rooney.

El ambiente fantástico del bosque se transforma en un paisaje con poca vegetación. E1 espacio físico ha cambiado totalmente porque ahora estamos en un mundo mediterráneo. En un texto clásico se pueden cambiar los referentes externos, sin cambiar la esencia de los contenidos. Por eso la obra ha llegado a ser clásica. Es aceptable jugar con la ambientación y más claramente en una comedia fantástica, donde los elementos reales se transforman en entes sobrenaturales. Eso ha permitido que esta adaptación consiga transmitir al espectador un mundo de seres mágicos, como describe la escritura original.

En el reparto destacaría, por más conocido, a Asier Etxeandía, definido por una cantante de Palma del Condado como un ser mágico. Nada mejor que un "ser mágico" para representar a Teseo/Oberón en esta fábula. Sin minusvalorar el resto del reparto, citaré el personaje de Helena, interpretada por Nur Al Levi.

La música y el espacio, distintos a lo habitual, no desmerecen y superan otras versiones más convencionales.

Es preciso insistir en que esta obra, o la versión escénica pretendida está apoyada además por una escenografía que, en sí misma, transmite otro mundo diferente al bosque shakespeariano pero también potencia esos personajes vulgares que se transforman en seres fantásticos y divertidos. El vestuario, gracias a la imaginación de Mila Bentabol es un complemento indispensable para reflejar ese mundo no real, que se evade de la vulgaridad cotidiana.

El otro regalo teatral que nos ha ofrecido el entrañable, a pesar de todo, teatro Albéniz ha sido Coriolanus según la puesta en escena nada menos que de la "Royal Shakespeare Company". Fue la última gran tragedia del "ciclo romano", inspirada en los personajes descritos por Plutarco, personalidades de la Antigüedad que tanto interesaron al dramaturgo británico.

En realidad la obra representa un conflicto de clases sociales entre patricios y plebeyos. Intervienen tribunos de la plebe para calmar las ansias levantiscas de la clase popular. La acción se complica con una lucha exterior contra los volscos. En ella destaca el dirigente militar romano Cayo Marcio, al que comienzan a llamar "Coriolanus". Gracias a sus éxitos militares es promovido a cónsul. Su enfrentamiento con los patricios motiva que estos le expulsen de Roma. Entonces se une a sus antiguos enemigos, los volscos, y marchan sobre Roma. Pero presionado por sus familiares no sigue a su antiguo rival Aufidio, pacta con los romanos, no destruye la ciudad y los volscos se vengan matándole.

Una tragedia en toda regla, en un marco histórico representado por una treintena de actores que configuran los dos bandos en lucha: romanos y volscos.

La puesta en escena de las compañías británicas cuando interpretan a Shakespeare, como ya ocurría en el Julio César visto en Madrid hace dos años, potencia sobre todo la función del actor como vehículo de transmisión de los elementos que configuran la tragedia. El actor no declama con entonaciones estereotipadas, sino interpreta con todos sus resortes corporales y las frases se dicen de acuerdo con la interpretación corporal previamente asumida. Los elementos escenográficos se reducen a elementos simbólicos y sirven funcionalmente para marcar tiempos y espacios. Es observable que todos los actores, aunque tengan un papel episódico, no actúan como comparsas sino como verdaderos personajes.

La impresión que recibe el espectador, aunque no conozca bien el idioma inglés es de gran credibilidad. Hay que tener en cuenta que hay escenas violentas, tiernas, dramáticas como en todas las tragedias.

Cuando Coriolanus divisa la ciudad la recorre con la mirada y luego habla. No es necesaria ninguna representación pictórica para ver la ciudad. Los ojos del actor expresan sus emociones sin necesidad de ver objetos representados. La sensación que uno tiene al ver estas representaciones es que se ensayan siempre con el conjunto multitudinario de los actores cuando tienen que aparecer todos o casi todos en escena y con la misma entrega aunque ni siquiera tengan que decir frases.

Se trata de una práctica teatral poco vista en nuestros escenarios. Curiosamente, aparte de las distintas obras de Shakespeare debidas a compañías británicas, recuerdo una función dirigida por Bergman de La señorita Julia que se representó en Madrid hace más de veinte años. Mi contacto con las compañías inglesas es bastante posterior. Lo que consiguen estas representaciones: producen entusiasmo en los espectadores y adicción al teatro. Afortunadamente en Madrid tenemos ocasión de ver compañías británicas durante pocos días. El público está avisado y rápidamente se cubren los aforos. En la función de Coriolano los aplausos y "bravos" duraron más de veinte minutos.

2. Genet, Veronese, Belbel

Siguiendo con lo público nos vamos al Teatro Valle-Inclán del Centro Dramático Nacional y a su sala pequeña "Francisco Nieva". Más adelante, volveremos a la otra sede del Centro Dramático, el teatro María Guerrero.

La peculiaridad de estas representaciones es que podemos dividirlas en producciones de gran formato y tanto el "María Guerrero" como el "Valle-Inclán" disponen de salas de pequeño formato: pocos espectadores cercanos a los actores y planteamientos muy libres y diversos. Las salas de gran formato son dos: la sala grande "a la italiana" de toda la vida, que aunque permite ciertas innovaciones escénicas no es el mismo caso del Teatro Valle-Inclán, que es un verdadero teatro de nuestros días. Se puede cambiar la disposición de los espectadores y del escenario como ya se ha demostrado en las dos últimas temporadas.

Vamos a comentar precisamente una obra representada en el "Valle-Inclán" y escrita por el escritor francés Jean Genet, que se convirtió en un mito de la cultura francesa gracias al libro que sobre él escribió Jean Paul Sartre.

No recuerdo que se haya representado a Genet en los escenarios españoles salvo las distintas ocasiones en que se representó su obra Las criadas, la primera vez con la intervención de Nuria Espert y la más reciente con las interpretaciones de Emma Suárez y Aitana Sánchez-Gijón.

La función que nos ocupa es singular, dentro de la excepcionalidad que supone el conjunto de la obra genetiana. Splendid’s es un texto arriesgado que José Carlos Plaza manifiesta haber asumido con entusiasmo. Siete delincuentes y un policía que está de su parte, desafían a los poderes públicos en el interior de un hotel de lujo, el "Splendid’s", que da título a la obra.

Aparentemente puede parecer una trama del género negro. Pero estos personajes no son nada convencionales. La acción no progresa hacia fuera y se deben tener en cuenta las constantes del autor, experimentado en cuestiones de ladrones y asesinos tanto en su vida personal como en la obra literaria, en general.

Lo que crea Genet es un mundo de relaciones internas entre los personajes, que se desarrollan en un marco escasamente realista. No hay concreción psicológica y las relaciones homosexuales que se producen de manera latente y también explícita, tienen un carácter simbólico, que sobrepasa la realidad y configuran un mundo cerrado y alucinante, que no encaja en ninguna interpretación establecida habitualmente. La lógica de Genet es muy propia e inseparable de sus vivencias personales.

El tema de la delincuencia y el crimen unidos a fuertes pulsiones sexuales, generalmente entre personas del género masculino, actúan como elementos de una peculiar moralidad. Esto aparece en otras obras teatrales, recordemos Severa Vigilancia, en su nutrida producción novelística desde su "opera prima" Diario de un ladrón e incluso en el corto cinematográfico sobre su experiencia carcelaria, que se hizo famoso a pesar de su escasa difusión.

Splendid’s ha permanecido oculta mucho tiempo porque el autor no habla de ella y tampoco se publica cuando fue escrita. Sin embargo surge en el momento más álgido de sus creaciones. Sería muy próxima a la novela Nuestra Señora de las Flores o incluso a su pieza teatral más conocida, Las criadas. En su momento fue conocida y valorada positivamente por Sartre, e1 eminente valedor de Genet.

Mauro Armiño, traductor de esta obra, que el propio Genet impidió que se representara por diversos problemas, entre ellos la posible emisión radiofónica que fue prohibida, se refiere al mundo de los héroes carcelarios de Genet como sinónimos de una tradición procedente de Sade: santidad y crimen, orden y Mal.

¿Cómo transmitir esa dualidad en escena? Es un trabajo francamente difícil. José Carlos Plaza ha aplicado al empeño una gran dosis de entusiasmo no exenta de riesgos.

El director del montaje ha tenido suficientes medios técnicos, en un teatro muy moderno y bien dotado, para construir un espacio espectacular, que se interna lateralmente hacia el público manteniendo una gran proximidad. También sorprende al espectador la reconstrucción de la parte más alta del hotel, donde se producen diferentes acciones del desarrollo de la trama en la que participan los atracadores que se mantienen casi siempre en situaciones limites por la diversidad de conflictos que surgen entre ellos.

Siete personajes son jóvenes, entre veinte y treinta años. Solamente hay uno que tiene alrededor de cincuenta años. Van vestidos elegantemente y no abandonan nunca las armas automáticas que llevan.

La obra se desarrolla a partir de una situación única donde los personajes pasan en sus relaciones de una violencia exacerbada a situaciones parciales festivas, incluso cordiales y tiernas. El amor y la aventura de riesgo es lo que une sus vidas. Sus experiencias tienen una lógica peculiar que desconcierta a bastantes espectadores. Pero es reconocible y asimilable si hay un previo conocimiento de la coherencia en los planteamientos y propósitos que Genet maneja como sello de su ámbito creativo.

El final está marcado por la traición del policía. La traición es un elemento consustancial para los personajes genetianos y lógicamente aparece también.

Los intérpretes salen bien parados del experimento. Plaza ha controlado un conjunto muy profesional, que actúa sin desajustes, a pesar de los cambios de ritmo que impone la obra. Se refleja la intensidad dramática en cada uno de los complejos personajes.

En la sala pequeña del "Valle-Inclán", dedicada a Francisco Nieva, se representó paralelamente a la obra de Genet una creación de Daniel Veronese, responsable tanto de su escritura como de su puesta en escena. Mujeres soñaron caballos es el título de la obra de este director, escenógrafo y escritor argentino, que en esta función desarrolla los tres cometidos. El argumento es sugerido por una noticia aparecida en medios informativos. Se trataba de unos animales que se arrojaban voluntariamente por un acantilado. Esta imagen simbólica, es trasladada poéticamente a una familia que resiste entre sus componentes una tensión contenida hasta que, en un momento dado, estallan y devuelven la violencia recibida. El propio autor en el prólogo a la edición de esta obra relaciona el sufrimiento padecido por los personajes con lo que él mismo sufrió durante la dictadura argentina.

Con este referente Veronese construye un espacio claramente claustrofóbico, con una luz intensa, que se mantiene durante toda la representación. Son seis personajes en un espacio reducidísimo, que van apareciendo sucesivamente y terminan reuniéndose todos en torno a una mesa. El espacio que ocupan es, exclusivamente, el que configuran la mesa y las sillas. Los espectadores están muy próximos, situados en gradas que rodean el habitáculo. El desarrollo, que culmina en una situación trágica, es temporalmente breve.

Esta obra fue muy bien recibida por crítica y público. En cuanto a su análisis desde el punto de vista dramático, los comentaristas han sido muy generosos. Leída no deja de ser una obra menor, a pesar de su intensidad y violencia. Me parece que la explicación del éxito está en el trabajo de los actores, de los cuales también se responsabiliza Veronese como director de escena.

El elenco es magnífico y nombres como Celso Burgallo, Blanca Portillo y Ginés García Millán no defraudan en ningún momento. La proximidad de los espectadores permite detectar, con claridad, todos los gestos y recursos interpretativos. Destaca también la actriz María Figueras, que incorpora el personaje de la joven Lucera. El final, previsible, concluye con una explosión de violencia desatada.

El mantenimiento en los teatros nacionales de estas salas de pequeño formato es un acierto, que los espectadores agradecemos y también algunas compañías de funciones alternativas, porque puede animar a los espectadores a frecuentar esas salas, con parecido formato a la "Francisco Nieva" aunque con más dificultades económicas, que contra viento y marea desarrollan trabajos renovadores y experimentales.

El Teatro María Guerrero culminó su temporada con la obra Móvil de Sergi Belbel. Es una comedia con intencionalidad crítica sobre el uso que hacemos los humanos de las nuevas tecnologías, que invaden nuestras vidas. Quizá exista una comunicación excesiva. Hay que salir en defensa de momentos de soledad.

Lo que les ocurre a los personajes de Móvil está vinculado a hechos casuales y fortuitos que pueden desencadenar un lío fenomenal sólo por la utilización de un "móvil".

Como es una comedia de mucho enredo lo más importante es que la vean. Estará en gira por Asturias.

En un decorado funcional de Andrea D’Odorico, un experto en inventos escenográficos y con la dirección de un clásico como Miguel Narros, se consigue, gracias a la vis cómica de María Barranco, a la excelente Nuria González y los más jóvenes Raúl Prieto y Marina San José, que les dan el contrapunto, un espectáculo divertido sin mayores pretensiones, que se agradece en el tórrido verano madrileño.

3. Miller en el Español, Brecht en el Matadero

Las brujas de Salem fue estrenada en este mismo Teatro Español, antes del incendio, el 20 de diciembre de 1956. Abigail Williams fue interpretada por Analía Gadé, Juan Proctor por Francisco Rabal, el juez Hathorne por Antonio Ferrandis, Mary Warden por Berta Riaza y aparecen en el reparto otras figuras teatrales de la época como Manuel Dicenta, Asunción Sancho, Andrés Mejuto y Ana María Noé. Cito sólo los más significativos porque en la representación aparecen 24 personajes. Los decorados eran de Cortezo, la dirección de José Tamayo y de ayudante de dirección José Osuna. Esta referencia la hago para significar que se estrenó a su debido tiempo, en versión de Diego Hurtado.

La acción transcurre en Salem (Massachussets) y forma parte de un acontecimiento, a1 parecer histórico que sucedió en 1692. No parece haber tenido especiales problemas de censura por el tema, que refleja un moralismo muy entroncado en las tradiciones cristianas. Supongo que se trata de puritanos que fueron quienes se establecieron, también por motivos religiosos, en las colonias británicas de América del Norte.

Todos sabemos, sin embargo, que este texto fue escrito por Arthur Miller en esos años cincuenta a raíz de las persecuciones políticas que entre 1947 y 1954 (primeras etapas de la guerra fría) desató el senador Joseph McCarthy, presidente del Comité de actividades antinorteamericanas del senado. Fue una "caza de brujas", que en realidad no eran brujas ni estaban en Salem. Era un ataque frontal contra los intelectuales progresistas en todos los campos de la cultura pero que tuvieron especial incidencia en el mundo del cine y el teatro porque afectó a figuras muy populares. A todos ellos se les llamó genéricamente "comunistas" aunque muchos no lo eran, algunos sí y aparecen también en esos ámbitos de la cultura entusiastas "denunciantes", acusadores con escasas pruebas, muchas veces para cubrirse las espaldas, porque también sabemos de los que cambian rápidamente de chaqueta política, y los "conversos" reales o no, son de lo más peligroso.

Miller, autor de ideas progresistas que escribió obras de gran contenido social como La muerte de un viajante o Panorama desde el puente, presentó esta obra motivado por las circunstancias. En realidad es una parábola trasladada a los comienzos de la historia colonial cuando en Europa llevaban ya casi dos siglos de disputas bélicas intermitentes entre católicos y las diferentes variantes del protestantismo que había iniciado Lutero.

La obra de Miller fue corregida en ediciones posteriores a su publicación pero no está entre lo mejor de su producción teatral. Parece repetitiva, apresurada y una interpretación literal de los hechos que se cuentan, proliferando las denuncias por brujería hacia gentes honorables, que defienden en algunos casos valientemente su verdad hasta llegar a la muerte. Puede conmover pero resultan bastante anacrónicas esas disputas que ocupan la mayor parte del recorrido dramático, reiterándose las situaciones planteadas desde el principio. La dirección corrió a cargo de Alberto González Vergel con escenografía de José Miguel Ligero. En realidad es una función muy convencional y a pesar del tiempo transcurrido la actuación se basa en parámetros poco actuales.

Sin embargo hay que señalar que en esta versión se representa una escena entre Proctor y Abigail que aclara la relación adúltera que se produce entre el protagonista de la obra y su sirvienta.

Aunque González Vergel justifique la construcción de un decorado de exteriores (un bosque) debido a la citada escena, considero que no es necesario porque el clima dramático fundamental se crea en los espacios interiores que están mucho mejor logrados. Ese bosque que recuerda a un famoso cuadro de Botticelli distrae demasiado del complicado asunto con la intervención de gran cantidad de personajes. La interpretación es aceptable en general, destacando los protagonistas que están creíbles en sus enérgicos y sentidos parlamentos.

María Adánez incorpora una Abigail Williams llena de energía que inmediatamente comunica con el espectador. No es cierto que sobreactúe como he leído en algunos comentarios. Sergi Mateu en John Proctor salva brillantemente su retórico personaje, lo mismo que Juan Ribó.

Para culminar la temporada teatral de los teatros públicos hemos de citar un gran espectáculo por su formato y también un nuevo e interesantísimo espacio situado en lo que en otros tiempos fue el matadero de Legazpi. Este edificio, cuya arquitectura exterior debe conservarse porque corresponde al modelo de arquitectura industrial que se desarrolló en la primera etapa de la industrialización madrileña, a partir de las rondas, incluyendo la mayor parte del distrito de Arganzuela. En esa calles, que comienzan en la Ronda de Atocha y siguen hacia el sur del ferrocarril hasta llegar al río Manzanares nos encontramos con edificios que fueron fábricas de lámparas eléctricas, cervezas, etc., hoy convertidas en centros culturales, bibliotecas. Esas construcciones casi todas de ladrillo visto, un material que se utiliza abundantemente en toda la arquitectura madrileña, procedente de tradiciones mudéjares, dan a esa zona un peculiar sabor, que afortunadamente, a pesar de haberse convertido el distrito en una zona de especulación urbanística, se ha logrado conservar lo más representativo del estilo arquitectó­nico industrial. Ahora las nuevas construcciones y los edificios históricos conforman un barrio muy céntrico, sin perder el ambiente castizo.

El Matadero es un edificio situado en el paseo de la Chopera, paralelo al río. Es también un edificio de ladrillo rojo visto de no mucha altura pero que ocupa una parcela de 148.300 metros cuadrados. Las naves del antiguo matadero se están convirtiendo en unas instalaciones culturales abiertas, con ofertas artísticas y también otras actividades auspiciadas por el Ayuntamiento de Madrid. Hay también zonas al aire libre donde se celebrarán conciertos y espectáculos de distintos géneros. Además se instalarán librerías, tiendas, cafés y restaurantes.

En el aspecto teatral el Ma-tadero es una continuación, a lo grande, del teatro Español de la plaza de Santa Ana.

Por aproximación terminará siendo una continuación del Cuartel del Conde Duque, aunque con mayores posibilidades, dado el enorme espacio del que se puede disponer.

El espectáculo teatral que ha inaugurado las "naves del Español" en el Matadero es una ópera de Bertold Brecht, así está catalogada en el repertorio de este autor, dirigida por el máximo responsable del Teatro Español, Mario Gas, siendo la dirección musical de Manuel Gas.

Esta obra titulada Ascenso y caida de la ciudad de Mahagonny está realizada por Brecht con la participación del músico Kurt Weill, quien intervino en todas las producciones musicales de Brecht. "Mahagonny" será una ciudad fundada por Moisés Trinidad, Willy el "Apoderado" y Leocadia Begbick. Son un trío de personas fuera de la ley que pretenden atraer a esa ciudad creada por ellos "para sacarles el oro a todos los que lleguen atraídos por un posible enriquecimiento". Van llegando más y más personas.

En algunos años Mahagonny se convierte en la "ciudad dorada" adonde llegan descontentos de todos los continentes. Más tarde llega a la ciudad Jim Mahoney con otras gentes procedentes de Alaska. A partir de este personaje se complica la acción porque adquiere un relieve importante. La ciudad de Mahagonny se convierte con el tiempo en un lugar donde los delitos son su principal referencia.

Más tarde se producen otros acontecimientos: la llegada de un huracán que finalmente se desvía. Otra etapa es en la que los habitantes de la ciudad se dedican a todos los placeres más elementales: comer, fornicar y pelear. Es la época de gran actividad.

La última etapa de la historia se centra en el proceso de Jim Mahoney que se niega a pagar una deuda y es condenado a muerte y ejecutado.

El espacio escénico es amplísimo. Se ha comparado a aquel espacio de la "cartoucherie" próxima a París donde en los años setenta representaba sus montajes el mítico "Theatre du Soleil". Pero la diferencia es que este espacio es mucho más cómodo para los espectadores, situados de forma escalonada. Además el escenario es mucho mayor. La orquesta se sitúa en un lateral y la visibilidad es excelente. Hay nueve actores, con Constantino Romero a la cabeza. El resto, hasta unos cuarenta, que en buena parte de la representación están en escena, componen el coro.

La obra, a pesar de ser un musical, tiene una impronta brechtiana. Es una parábola de lo que corrompe el dinero y la injusticia de la justicia. Como narrador (efecto de distanciamiento) oímos la inconfundible voz del actor Santiago Ramos.

4. Un ejemplo alternativo

Una de las salas más veteranas de Madrid y mejor dotadas para producciones alternativas es "Cuarta Pared", situada cerca de la glorieta de Embajadores, que se ha caracterizado por una trayectoria con un nivel de calidad muy notable. Como fin de temporada ha presentado la tercera parte de un espectáculo ideado por el actor Alberto Jiménez que globalmente titula Nada es Casual y en esta ocasión se conoce como Cuerpo de mayor.

Conozco la primera experiencia de este ciclo, que se representó en "El Canto de la Cabra" con un único intérprete, el propio Alberto Jiménez.

En realidad es una reflexión presentada con formas teatrales poco convencionales sobre percepciones autobiográficas y el mundo que le ha tocado vivir al personaje. En la segunda experiencia, incorporaba como actor a su padre real, aunque no pertenezca a la profesión. No tuve ocasión de ver la segunda parte pero me había interesado mucho la primera por su fuerza teatral y por el tratamiento bastante original.

En el Nada es Casual 3 Alberto está acompañado por un elenco de varios actores y actrices y de nuevo por su propio padre que resuelve muy bien su cometido. En esta ocasión la puesta en escena es compartida con la actriz asturiana Rosa Manteiga. Esta visión autocrítica de su propio yo está llena de ironía y humor desde el principio con la chocante descripción de una operación quirúrgica. Todo va surgiendo de forma que parece espontánea, aunque supongo que muy trabajada. El añadido musical, la valoración de los objetos y la propia interpretación tanto de Alberto como el de la actriz que interpreta a "la mujer del columpio" configuran un espectáculo intrínsecamente teatral, sin recurrir a los trucos habituales y sobre todo, algo confirmado por el público asistente, extraordinariamente divertido. Yo añadiría que muy inteligente porque además Alberto tiene detrás muchos trabajos excelentes en cine: El bola, Mar adentro, Los aires difíciles, La mirada violeta, intervenciones teatrales en teatros nacionales y comerciales desde hace muchos años. Un actor muy vocacional que no desdeña los experimentos. Éste está plenamente logrado y es muy recomendable.

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