Número 21. Septiembre de 2007

¿EN QUÉ TRABAJAN ACTUALMENTE LOS DRAMATURGOS ESPAÑOLES?
La papelera de Eurípides (VIII)

José Luis Campal Fernández
RIDEA

Los dramaturgos de nueva hornada no siempre entran por la puerta grande en los cada vez más elitistas centros teatrales de nuestro país; tampoco son tenidos, la mayoría de las veces, en consideración, de buenas a primeras, por las mil y una compañías que se baten el cobre representando sus fabulaciones por las cuatro esquinas de la península. Sin embargo, en este abrigo a la intemperie que hemos levantado para dar cabida a cuantos quieran darnos fe de sus cuitas literarias los escuchamos. En esta nueva oportunidad son Eugenio Asensio y Vladimir García quienes engrasan con sus comentarios los goznes del gran portalón de Talía.

Eugenio Asensio Solaz

Badalona, 1961. Se formó en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona, y en 1988 trabajó de lector de español en la Universidad italiana de Génova. Incorporado al cuerpo de profesores de Enseñanza Secundaria, en 1997 se doctoró con la tesis La presencia de Cesare Pavese en los narradores del medio siglo. En 2001 ganó el Concurso Internacional «Casa de teatro», convocado en Santo Domingo (República Dominicana), con La danza de la lluvia, que en el 2000 había quedado finalista del «Ciudad de Palencia» y que se publicaría en 2003; y en 2005 obtuvo el «Fatex» de Extremadura.

Pertenece a la Asociación de Autores de Teatro y en su haber tiene obras como: Boleros en la cabeza, Anciana sin hijos deja herencia por compartir últimos días, Locus amoenus, Deshielo, Reset, De Bagdad al cielo (leída en el Ateneo de Madrid en abril de 2003), Falta involuntaria, Homenaje o Amnesia.

El autor nos hace partícipes del proyecto que tiene actualmente entre manos y que, cuando menos, constituye una iniciativa anticonvencional:

«Estoy trabajando en un proyecto que acabará requemado en un cajón. Se trata, en una primera fase, de una novela, para después elaborar con la misma historia un monólogo y, posteriormente, el texto teatral. Quiero verle a mi trabajo todas las posibilidades. Enfocarlo desde todas las perspectivas creativas que yo pueda manejar. Creo que el paso intermedio entre la narración y el drama se encontraría en el monólogo, pues éste todavía recoge el eco del narrador, y mucho más porque la novela la estoy escribiendo en primera persona.

La historia se resume en las siguientes palabras: un profesor de instituto, a instancias de la madre de un ex alumno, acude a la cárcel a visitarlo. El alumno, acusado de asesinato, no era, desde luego, el mejor de la clase. Se trataría de 4 visitas en las que, en un principio, se sirven de la literatura para entablar conversaciones de gran calado en su relación. La historia avanza, en cuanto a la introspección en los personajes, en la duda sobre los actos de cada uno, sobre los errores, sobre la culpa.

En ningún momento el texto cae en el tópico del profesor comprensivo, casi paternal, casi como activista de una ONG; pero tampoco en el tópico del profesor al estilo de Rebelión en las aulas. Es, por el contrario, la historia de un profesor frustrado en su profesión (por supuesto, sin esa maldita vocación que, a saber por qué, se les tiene que suponer a los de este oficio y no a los de otros). Por su parte, el alumno supera al buen salvaje.»

 

Vladimir García Morales

Valencia, 1978. Doctor en Física por la Universidad de Valencia con la tesis Nanoestructuras interfaciales (Propiedades de equilibrio y de transporte iónico) (2005), García Morales cultiva la poesía (Partida de ajedrez vislumbrada desde un ático, 1995) y el teatro, género en el que ha publicado los siguientes títulos: Como lentas aves (escrita en 2002 y publicada por la editorial Hiru de Hondarribia, dentro de su colección "Skene", en 2004), La superconductividad en el cristal de pentaceno (escrita entre 2003 y 2005 y publicada por Hiru en la misma colección en 2005) y El silencio de Anton Webern (compuesta entre 2004 y 2005 y editada, en volumen conjunto con la anterior, por Hiru).

El escritor reflexiona sobre las líneas directrices de su producción dramática y hace una parada en su último libreto:

«Mi última pieza teatral, Diotima (2007), es un breve monólogo en la constelación de mi primera obra, Como lentas aves (2004), publicada por la editorial Hiru. Ambos textos tienen al poeta alemán Friedrich Hölderlin como punto de referencia (Diotima puede considerarse la respuesta al monólogo de Hölderlin en la Escena V de Como lentas aves, aunque, en realidad, es una obra autónoma, independiente de aquel texto).

Mi entusiasmo por el teatro refleja mi esperanza en un "augurio de inocencia" que, desde que el hombre existe como animal político, ha tomado la forma de un "poder mesiánico débil" que querría recomponer en cada instante "todo lo que ha sido roto" por la barbarie (W. Benjamin). El teatro de calidad afronta estéticamente el horror y abre caminos a las epifanías de lo posible que, de forma fugaz y fragmentaria, se dan ya en la realidad, amenazadas por el peligro de convertirse en instrumento de la dominación.

La escritura dramática que me interesa es rica en contrastes, con la complejidad necesaria para escapar del cliché y resistir a la violencia que éste ejerce contra la conciencia. Revelar la realidad en su fantástica diversidad y multiplicidad es lo que me incita a escribir y para ello pienso que es necesaria la poesía, liberadora del lenguaje y creadora de significado mediante representaciones sensibles. Abrir las posibilidades latentes en cada situación es lo que verdaderamente me concierne. Porque, como dice Robert Musil en El hombre sin atributos, "si existe un sentido de la realidad debe existir también un sentido de la posibilidad".

Ninguna de mis tres obras publicadas en Hiru –Como lentas aves, La superconductividad en el cristal de pentaceno y El silencio de Anton Webern– ha sido puesta hasta ahora en escena y permanecen "en cárcel de papel", como el crítico Javier Vallejo ha señalado a propósito de Como lentas aves ("Babelia", 21-V-05, p.30). Aunque esta situación no me alegra ni me satisface, estoy lejos de quejarme por ella y escribo mis textos con la ilusión de que alguien los encuentre y le digan cosas que lo impulsen en su propio camino. En caso de que algún día se representen, ojalá sean un regalo para los actores. En esto pongo durante la escritura todas mis exigencias.»

García Morales tiene un blog titulado Avanzando en la dirección:

http://avanzando.over-blog.com

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