Castañón se acerca al teatro deportivo
«LOS ESCENARIOS HAN
CONVERTIDO EL JUEGO EN SÍMBOLO DE UNA NUEVA CIUDADANÍA URBANA»
José Luis Campal
Fernández
RIDEA
Muy poco se sabe
del reflejo que las prácticas deportivas han suscitado a los
dramaturgos. Para arrojar un poco de luz acerca de tan sugestivo
aspecto literario, hemos acudido al doctor en Filología Hispánica
Jesús Castañón Rodríguez, responsable en internet de la web
Idiomaydeporte.com.
Especialista acreditado en temas deportivos, Castañón ha pertenecido
a grupos de trabajo de Argentina y España sobre comunicación,
documentación e información deportiva
y su nombre figura en los consejos editoriales
de publicaciones cibernéticas como
El Tintero, Lecturas:
Educación Física y Deportes o Comunidad Virtual Ciencias del
Deporte.
Pregunta. ¿Cuándo surge la primera producción teatral de tema
deportivo?
Respuesta. La producción teatral de tema deportivo no es tan
numerosa como la de otros géneros literarios. En Electra, de
Sófocles, se registra la muerte de Orestes en una carrera de
caballos, pero las obras de tema deportivo alcanzan un gran auge en
el período de entreguerras en Francia, con los Juegos Olímpicos de
1924. Aunque en España, en 1906 aparece el personaje de Paco Utrilla
con una gran capacidad de seducción con sus trajes de tenista,
piragüista y nadador en Más fuerte que el amor, de Jacinto
Benavente, la primera producción se remonta a 1925 con el Teatro
irrepresentable de Jardiel Poncela. Eran varios sainetes sobre
boxeo, fútbol, hípica, natación y olimpismo que se publicaron en la
revista deportiva madrileña Aire Libre.
P. ¿Qué asuntos resaltan los dramaturgos cuando se acercan a un
tema tan popular como éste?
R. Los autores se han interesado por el costumbrismo, la difusión
de valores higiénicos o de integración social, la fuerza del relato
radiofónico, las esperanzas en posibles premios de las quinielas, la
influencia del deporte en la vida de pareja, la relación entre
deporte y mundo intelectual o el análisis de la mitología popular
con su esnobismo y capacidad de seducción.
P. ¿Existe más producción teatral deportiva dentro o fuera de
España?
R. En Europa, sobre todo en Francia, desde
los años veinte el teatro convirtió el deporte en un juego, en una
forma de coreografía, en una escuela de formación de valores humanos
y en símbolo de una nueva ciudadanía urbana. En los países del Sur
de América, el cruce de las preocupaciones sociales con la pasión de
la grada creó producciones que han destacado la integración o
marginación social, los asuntos policíacos, el reflejo de la vida
del astro deportivo y la presencia de temas históricos.
En España, la producción teatral aumentó
considerablemente tras los Juegos Olímpicos de verano de 1992, de
modo que no ha habido competición internacional que no haya contado
con un espectáculo teatral en las ceremonias de clausura y cierre.
P. ¿Cree usted indispensable el conocimiento, por parte de
los autores, del terreno deportivo que pisan?
R. El resultado deportivo despierta el interés general del
público y la celebración social de sus éxitos genera fenómenos
sociales que acaban saltando a la cancha de la escena. Valgan como
ejemplo los retratos de los aficionados al fútbol y al automovilismo
que han realizado Eladio Verde en Estilo de Boleos para el
primer ascenso del Sporting a Primera División en 1944, Maxi
Rodríguez en ¡Oé, oé, oé! en 1994 para reflejar la pasión sin
límites de los seguidores balompédicos y Carlos Alba en el monólogo
Alonsomanía, en 2006, para relatar la aventura de un paisano
en el Gran Premio de Montmeló formando parte de la marea azul que
anima al piloto de Fórmula 1.
P. ¿Qué deportes se abordan en el teatro?
R. En el caso español se registran obras sobre automovilismo,
baloncesto, boxeo, ciclismo, esquí, fútbol, natación, Juegos del
Mediterráneo y olimpismo.
P. ¿Con qué intención acceden a los espacios del deporte nuestros
dramaturgos?
R. Los recintos deportivos son el escenario de una aventura
humana en la que se cruzan: acciones deportivas, decisiones de
despachos, emociones de la grada y medios de comunicación. Al ser
varios hechos que se entrecruzan y refuerzan a la vez, es muy
difícil que aparezcan todos en una sola obra y, por lo general,
pocas veces el autor teatral tiene acceso a las tensiones internas
del deporte profesional.
P. ¿Son variados los géneros?
R. Musicales, comedias, vodeviles, mimo, monólogos… han intentado
representar todo este universo. Y entre 1992 y 2005, «El Club
Mercantil», «El Tricicle», «Els Comediants», José Carlos Plaza, «La
Fura dels Baus»… han puesto su talento al servicio del deporte en
montajes especiales para ceremonias de Juegos Olímpicos de verano,
Juegos del Mediterráneo y campeonatos del mundo y de Europa de
baloncesto, esquí y natación.
P. ¿Cuál es, a su juicio, la pieza teatral deportiva más
lograda?
R. No hay una sola favorita. Son de gran interés La pareja,
de Jaime de Armiñán; Fútbol, de Bellido Comerzana; Esta
noche gran velada, de Fermín Cabal; El Teatro Irrepresentable,
de Jardiel Poncela; Oé, oé, oé, de Maxi Rodríguez; Slastic,
de «El Tricicle», y el espectáculo con el que «Els Comediants» abrió
el Campeonato de Europa de baloncesto en Badalona hace diez años.
P. ¿Qué ventajas hallan los escritores al acercarse al universo
del sportman?
R. En el último decenio han sido frecuentes
los encuentros de escritores de tema deportivo y profesionales del
deporte en Italia, Alemania y países de Sudamérica. La conclusión
más común ha sido que para el deportista su disciplina es la
perspectiva de la diversión en su práctica activa, mientras que para
los autores el enfoque se centra más en la evocación de los grandes
momentos vividos.
Las ventajas para el autor residen en
fijarse en la creación de empatía de los espectadores con los
personajes, en reflejar los ámbitos compartidos de las vivencias y
las expresiones generadas por la grada y los medios de comunicación.
Puede reflejar la incontenible alegría popular, la lucha simbólica,
la proyección de sentimientos, las preocupaciones generales desde el
contenido emocional de la grada…
P. ¿Y obstáculos?
R. Éstos aparecen a la hora de llevar a escena las interioridades
del deporte, tanto en la cancha como en los despachos. Es un
problema de espacio para ajustar a las dimensiones del escenario un
pelotón ciclista o un partido de fútbol y un juego de lenguaje que
transforme en palabras las múltiples acciones de una competición y
sea capaz de crear sinónimos, metáforas y expresiones que permitan
entender la terminología propia de cada deporte.
P. ¿Expresa el deporte un modo de entender la vida y de ahí su
impronta simbólica para que les haya llamado la atención a los
dramaturgos?
R. El deporte favorece el trabajo del dramaturgo porque es un
estilo de vida para la afirmación individual y el comentario social.
Se vive entre el clamor y la fascinación para huir de la rutina, la
monotonía y la rigidez de la sociedad actual. Genera intensas
emociones y conforma un relato de aventuras humanas en una cancha de
retóricas y mundos soñados por conquistar. Competitividad,
improvisación, competencia, cooperación, creatividad, espontaneidad,
superación, trabajo en equipo, diversión y pasión, incluso también
aparecen fórmulas de "match de improvisación".
P. ¿Han probado suerte los deportistas españoles
interpretándose a sí mismos sobre las tablas?
R. Es curioso que cuando los deportistas han
subido a escena no ha sido para representaciones de tema deportivo,
sino para interpretar obras clásicas con algún fin benéfico. Valga
como ejemplo la versión de
Don Juan Tenorio que interpretó
la plantilla del Espanyol, con el refuerzo de Maradona y Azkargorta,
en 1983. O que autores de monólogos como Adeflor y Pachín de Melás,
a pesar de conocer bien el fútbol como dirigentes deportivos, sin
embargo no crearon obras teatrales sobre este asunto.