José Luis Campal Fernández
RIDEA
El sábado 14 de diciembre de 1918, el comentarista de El Comercio Bonifacio Chamorro hablaba, desde la primera página del rotativo gijonés, sobre la pieza teatral de Adeflor titulada Los Rubianes. Se trata de una comedia en tres actos y en prosa que había sido puesta en escena el día anterior en el teatro Robledo de esta ciudad y que constituyó una adelantada incursión de marcado tinte social, donde el literato llevaba a cabo una acre denuncia de la corrupción y de los males que aquejan al hombre común que buscaba aprovecharse de la buena voluntad ajena, y también de los caudales que traía aparejados.
En Los Rubianes aborda el reconocido periodista el caso de una nueva generación de indianos con un espíritu proteccionista y benefactor diferente al que hasta entonces se estilaba, y en el cual sus aportaciones no serían sólo materiales, sino también morales o éticas, ya que traían aires de progreso a su tierra nativa una vez retornaban de la emigración, en la que sólo unos pocos hicieron su pequeña o grande fortuna.
La reseña del comentarista acerca de la obra de Adeflor es detallada y sumamente elogiosa, como se observa en la transcripción que de la misma ofrezco a continuación:
«Cuando asistimos, hace dos años, al estreno de "La señora del palco", que, según frase del autor señor Lagos, "es una señora que está muy bien", opinamos entonces que Adeflor podía y debía emprender obras teatrales de más empeño.
»Lo justificado de nuestra opinión y de nuestra esperanza se patentizó ayer, en el Robledo, con el estreno de "Los Rubianes".
»Pocos éxitos tan lisonjeros y tan justos. La amistad y el cariño que nos merece el autor no ha de poner sordina a nuestro elogio, mucho menos cuando éste va detrás del voto caluroso y unánime del público, que ayer se dio bien cuenta de que lo que aplaudía no era ya el ensayo de un principiante, sino la obra que da derecho a un escritor a figurar con buen número entre los dramaturgos ya consagrados.
»Felicitamos, pues, efusivamente, al amigo, y saludamos al dramaturgo de porvenir, que ha de saborear muchas veces la satisfacción de salir, como ayer, a recoger desde la escena ovaciones clamorosas de los espectadores.
»No es tarea muy fácil concretar nuestro juicio acerca de "Los Rubianes", porque no se trata de una de esas obras en que una sola idea central, amplificada, falseada tal vez, sometida a contrastes, se apodera del ánimo y le obsesiona y le sujeta como a una pesadilla. Adeflor, que hace decir a uno de los personajes de su comedia: "Lo humano es lo único verdadero", se ha hecho cargo de que la cantera dramática es la realidad de las vidas cotidianas; lo que un malogrado escritor llamaba "el mundo viviendo"; y a la cantera se ha ido, y a golpe de piqueta ha modelado unos cuantos tipos muy humanos, esto es, con vicios y virtudes, con odios y generosidades, con añoranzas felices y con desencantos.
»Y, como cada uno lleva consigo su pequeño conflicto, que dentro de una labor de unidad nos han impresionado separadamente, al final de la comedia no sabemos bien hacia cuál de los bellos motivos de sugestión inclinar nuestras afecciones. ¿Seguirán éstas la ruta dolorosa del viejo indiano don Pablo, tan noble y tan venerable, que, por venir de América pobre, halla limosna, más bien que refugio, en casa de su propio hermano Ramón, doble esclavo del cacique y de las ambiciones de su propia mujer? ¿Seguirán el apenado sentir de Cristina, cuya juventud se resiste a sacrificar a esas mismas ambiciones el amor de su vida? ¿O seguirán mejor la estela ideal que deja por toda la obra Manuel, el otro indiano que trae de América todas las modernas preocupaciones de reivindicaciones sociales?...
»Con lo escrito queda indicado que en "Los Rubianes" ha reunido Adeflor elementos suficientes para dos o tres obras, alguna de las cuales, como la correspondiente al tema de los "indianos", le agradeceríamos que desarrollase un día con independencia de las demás.
»Pues si la reunión de esos elementos distintos ha contribuido en esta comedia a hacer más delicado el interés emocional, sacado aparte aquel tema daría lugar, seguramente, a una obra de verdadera intensidad dramática. Da derecho a esperarlo así el conocimiento y la observación que el autor de "Los Rubianes" ha revelado dando vida escénica a ese indiano generoso y sentimental que viene de la tierra en que se gana el oro a demostrar aquí cómo se debe gastar el oro ganado.
»¡Pobre Manuel! Él, mientras luchaba en América, ha añorado como el único rincón feliz el pueblito norteño que le vio nacer. Ha besado, al llegar a España, la tierra, y ha sentido las lágrimas por sus mejillas, cuando sus ojos se han asomado al verde panorama de Cantabria. Pero luego, ya en el pueblo mil veces añorado, ¡qué desencanto ante los hermanos codiciosos que se lucran con los intereses del pueblo; ante las manos pedigüeñas de los arruinados; ante los falsos agasajos de las gentes que esperan; ante el dolor callado de aquella muchacha, a quien sus padres quieren buscar fríamente "un buen partido"...!
»¡Cristina! He aquí la única flor delicada, pura, en aquel barbecho de impurezas que es el pueblo. Manuel, que lleva en el corazón una juventud que contradicen sus canas, siente que el perfume de esa flor inunda su ser como una corriente de ternura. ¡La ama; la ama!... Y él, que ha ideado restituir al pueblo cuanto los malos negocios de su hermano le han usurpado, siente que toda su firmeza se tambalea ante el afán con que esta pobre niña le pide que se le restituya también a ella el cariño que le robaron. Si se reedifican las escuelas y los puentes, hechos en combinación con desaprensivos contratistas, ¿por qué no se ha de reconstruir también su pobre corazón torturado?...
»Así, yendo de esta manera delicada a la preparación del sacrificio de Manuel, se presenta en la obra, llenándola de un suave calor de humanidad, el tema amoroso, en el cual viene a desenvolverse, a esfumarse, el tema social que asomó como un motivo trascendente en la obra...
»La manera como Adeflor ha obviado las dificultades de la compleja acción de su comedia, llevándola hasta el final tan originalmente, añade un valor estimabilísimo a los muchos valores de concepción que en la obra se advierten.
»Y es claro que, tratándose de un escritor de tan fino humorismo, no faltan, además, en "Los Rubianes" tipos graciosos y felices ocurrencias, que compensan con exceso la natural amargura del tema fundamental.
»La interpretación de la obra fue, en general, bastante acertada. Si no se hubieran advertido, sobre todo en el tercer acto, ciertas vacilaciones acusadoras de falta de ensayos, sólo elogios habría que anotar en honor de los actores, pues todos, en la medida de su capacidad artística, procuraron mantenerse al buen nivel de la comedia.
»La Robles, encarnando a Cristina, sintió delicadamente su papel. Sobre todo en la escena final, cuando por la generosidad de su tío Manuel recobra ella el cariño de su antiguo novio, tuvo un momento en que expresó muy bien su comprensión del sacrificio que se le brindaba.
»La señora Santoncha sostuvo perfectamente, en toda la obra, su carácter de mujer dominadora y ambiciosa y ladina, ama de su marido y garra para los necesitados.
»Muy bien caracterizado el señor García Leonardo, dueño del gesto y de la dicción, como siempre, pero... un poquito desmemoriado a ratos.
»Vedia, que hace el personaje principal de la obra, logró un mayor acierto en la representación de la noche, arrancando grandes aplausos en el hermoso parlamento del acto segundo, relato feliz de sus añoranzas de emigrante.
»Muy gracioso Lagos, más en los dos últimos actos que en el primero, por mostrarse en aquellos más contenido.
»Y lleno de naturalidad Pozanco, que hace una verdadera creación del don Sabas, uno de los alegres tipos antes aludidos.
»Los demás contribuyeron al conjunto acertadamente: con su simpática movilidad juguetona, la Robles Martín; con su acentuado refinamiento de dicción, la señora Plana; con su ingenuidad, enmarcada por su belleza, Paz Roblea; con su discreción, Pérez Sáez, y todos, en fin, con su voluntad excelente.
»Estimamos, pues, el estreno de "Los Rubianes" como un éxito verdadero: para la Empresa, que verá lleno muchas noches el teatro; para los actores, que perfeccionarán así su labor de interpretación, y para Adeflor, que, aparte de los laureles conquistados aquí, extenderá el crédito de su firma al radio teatral a que le dan derecho sus talentos de autor, ayer ya en sazón demostrados.