José Luis Campal
Fernández
RIDEA
En
1977 moría en Madrid Miguel Mihura, dramaturgo nacido en la misma
ciudad en 1905 y que imprimió un sello personalísimo a su concepto
escénico de la conducta humana, ya que en éste se superponían el
humor ácido, las psicologías desconcertantes que pueblan mundos de
"fantasía irreal" (como él mismo denominó la aventura de La
Codorniz, germen de no pocas soluciones teatrales posteriores) y
un sentido de la existencia que cabría formalizar como cercano a una
suerte de "absurdo a la española" y que a nadie deja indiferente.
Atendiendo a la ordenación diacrónica realizada por el principal
especialista en la obra de Miguel Mihura –Emilio de Miguel Martínez,
autor de El teatro de Miguel Mihura, publicado en 1997 por la
Universidad de Salamanca–, la producción dramática del creador
madrileño quedaría establecida en dos períodos, uno de 1932 a 1946 y
otro de 1953 a 1968. Al primero corresponderían piezas como Tres
sombreros de copa (escrita en 1932), ¡Viva lo imposible! o El
contable de estrellas (escrita en 1939 con Joaquín Calvo Sotelo),
Ni pobre ni rico sino todo lo contrario (compuesta al alimón
con Tono y estrenada en 1943) o El caso de la mujer asesinadita
(redactada con Álvaro de Laiglesia en 1946). A la segunda etapa, ya
en solitario, pertenecen libretos como: El caso de la señora
estupenda (1953), Una mujer cualquiera (1953), A media
luz los tres (1953), El caso del señor vestido de violeta
(1954), Sublime decisión (1955), La canasta (1955),
Mi adorado Juan (1956), Carlota (1957), Melocotón en
almíbar (1958), Maribel y la extraña familia (1959),
El chalet de Madame Renard (1961), Las entretenidas
(1962), La bella Dorotea (1963), Ninette y un señor de
Murcia (1964), Milagro en Casa de los López (1964), La
tetera (1965), Ninette. "Modas de París" (1966), La
decente (1967) y Sólo el amor y la luna traen fortuna
(1968).
En la conmemoración del trigésimo aniversario del fallecimiento
del famoso comediógrafo de Tres sombreros de copa (su libreto
más célebre pero tal vez no el único merecedor de celebrarse) hemos
reclamado el juicio de entendidos en la materia: cuatro profesores
universitarios (Antonio Fernández Insuela, Fernando Valls, Javier
Huerta Calvo y Ángel Berenguer) y cuatro dramaturgos contemporáneos
(Jorge Moreno, Ernesto Caballero, Ignacio del Moral y José Luis
Alonso de Santos).
Las cuestiones que –para avivar en cierta medida el debate de los
singulares parámetros por los que se mueve la inmensa mayoría de la
obra teatral de Miguel Mihura– les propusimos fueron:
1) ¿Tuvo herederos ese concepto mihurano de humor que coquetea
con lo surrealista y absurdo, casi de raíz existencial, y que
tampoco renuncia al canal del teatro comercial?
2) ¿Es factible hoy una "lectura feminista" de las comedias de
Mihura?
3) ¿Cree usted que nos queda por descubrir alguna pieza teatral
suya que haya pasado desapercibida?
Y los que siguen son los diagnósticos y dictámenes acerca de las
cuestiones planteadas que de ellos hemos obtenido.
I. Antonio Fdez. Insuela
1) Aunque lo digan Ionesco y otras personas del mundo teatral,
basándose en Tres sombreros de copa, no comparto la idea de
que Mihura cultive un humor vinculado al absurdo existencial. El
absurdo y el existencialismo tienen mucho más alcance metafísico que
el mero mundo de lo más o menos insólito que hay en Mihura. Y, aun
así, lo de insólito habría que matizarlo pues lo que hay
conceptualmente en Tres sombreros de copa es una simple
crítica de los convencionalismos sociales a través del entrañable
Dionisio, que se casa –aunque "poco"– pero que no espera a Godot.
Por tanto, no creo que pueda hablarse de sucesores del teatro del
absurdo de Mihura, si éste, en mi opinión, no existe. En general, el
absurdo y el existencialismo tuvieron muy poca acogida en el teatro
español de la segunda mitad del siglo XX.
2) Habría que precisar a qué tipo de lectura feminista se refiere
la pregunta. Que algunos de sus personajes femeninos luchen por una
mejor situación de la mujer y una mayor libertad en su actuación
pública y privada, me parece que no se puede comparar con la visión
reivindicativa que de la mujer tienen dramaturgas como Paloma
Pedrero, Carmen Resino y no digamos Lidia Falcón. Algunas de las
heroínas de Mihura fueron –o intentaron ser– más bien mujeres
"europeas" para una España cerrada. Pero de ahí a pensar que fueron
feministas –tal como habitualmente se entiende hoy– me parece que
hay un gran trecho, que creo no recorre Mihura.
3) No sé.
II. Fernando Valls
1) Me parece que el humor que cultivó Miguel Mihura no fue ni
surrealista ni absurdo, si por tales conceptos entendemos el
movimiento que encabezó Breton y el teatro de Ionesco o Beckett. Si
hay que buscarle unos antecedentes, diría que su humor proviene de
la tradición española, la de Gómez de la Serna, lo que él llamaba el
"humor químicamente puro" de Julio Camba, o el de Fernández Flórez,
de los escritores de las revistas Buen Humor y
Gutiérrez, en cuya compañía se formó. Y es muy probable que
aprendiera también de los escritores de humor franceses
(Pierre-Henri Cami) e italianos (Mosca, Pitigrilli, Guareschi...), y
de comediógrafos como Marcel Achard, de quien apreciaba su "teatro
humano, ligero". Todo ello se muestra evidente leyendo con atención
los textos que publicó en la revista Gutiérrez, antes de la
guerra. Si tuvo herederos, no logro apreciarlo con claridad, aunque
autores como José Luis Alonso de Santos, Fermín Cabal e Ignacio del
Moral se han declarado influidos por él. Otros como Alfonso Paso o
Juan José Alonso Millán sólo se quedaron con lo más superficial de
su teatro. Quizá se aprecia mejor en algunos guiones de Azcona, en
películas de José Luis Cuerda (Amanece que no es poco), en
las de García Sánchez y, sin duda alguna, en la idea central de
Familia, la película de Fernando León, el gag sobre la
familia alquilada, que proviene de Maribel.
2) Hoy parece factible cualquier cosa, sobre todo tras los
disparates a los que nos tienen acostumbrados algunos cultivadores
de los llamados estudios culturales. Pero creo que si algo no fue
Mihura fue feminista, al menos tal y como entendemos hoy tal
concepto. Creo que sería mucho más fácil encontrar innumerables
rasgos de misoginia. La excepción, como siempre, la encontramos en
Tres sombreros de copa, pieza que posee una
dimensión distinta, sobre todo el personaje de Paula, dada la
ternura y fascinación con que lo compone. Del resto, no habría que
olvidar a Dorotea.
3) Quizá Mi adorado Juan, que siempre me ha parecido mucho
más valiosa de lo que se ha dicho, o las obras que escribió en
colaboración con Tono y Calvo Sotelo. Aunque creo que no es ésa la
cuestión que habría que plantear. El problema consiste en cómo
representar hoy su teatro, cómo interpretar esos personajes y decir
sus textos. Y lo que parece evidente es que no puede seguir
haciéndose como hace treinta años. En muy pocas ocasiones las obras
de Mihura se han montado sacándole el máximo partido a las
posibilidades teatrales con que hoy contamos, y siguen haciéndose
montajes arqueológicos, la mayoría, como si el teatro no hubiera
cambiado. En fin.
III. Jorge Moreno
1) Tuvo –y tiene– imitadores, hijos reconocidos, herederos
bastardos y alguna que otra "oveja negra". Pasa en las mejores
familias.
2) Es factible esa lectura y muchísimas más, como corresponde a
la obra de todo autor adelantado a su tiempo –vanguardista, a su
pesar–.
3) Creo que el propio Mihura aún no ha sido descubierto.
iv. Ernesto Caballero
1) Creo que apenas existe esa huella. El humor que se ha impuesto
en el teatro de hoy lo reconocemos en la comedia televisiva
anglosajona; poco tiene que ver con la provocación surrealista de
Mihura.
2) Mihura idea brillantes caracteres femeninos en la línea de las
damas tracistas de nuestras comedias áureas. No sé si eso es
feminista o no, en cualquier caso creo que la mencionada lectura
feminista, o la que sea, debería desprenderse por sí misma de la
acción de la obra, sin forzados subrayados ni alocadas
transposiciones a las que la puesta en escena contemporánea nos
tiene tan (mal) acostumbrados.
3) Sí, las pequeñas obras y diálogos que publicó para ser leídos
en diversas revistas (Gutiérrez, Buen Humor, La Ametralladora, La
Codorniz...). Permanecen inéditas y realmente son una deliciosa
muestra del lado más audaz y delirante del autor de Tres
sombreros de copa.
V. Javier Huerta Calvo
1) Creo que la historia del humor inverosímil (prefiero este
adjetivo al de surrealista, que tiene otras connotaciones) en el
teatro español contemporáneo está aún por hacer. Tal vez Mihura sea
el eslabón fundamental de esta comicidad absurda, pero hay
antecedentes inevitables como Enrique García Álvarez, quien –según
Jardiel Poncela y Luis Sánchez Polack, Tip– fue el maestro de
este tipo de humorismo, que del teatro pasó al cine, a la radio y a
la televisión. De ahí que, últimamente, estemos trabajando sobre
este autor en el Instituto del Teatro de Madrid. En cuanto a los
posibles herederos, creo que algo del humor mihuresco caló en el
mejor Alonso Millán, el de la primera etapa; y acaso en Ernesto
Caballero y en cierta comedia actual, si la despojamos de tacos y
chabacanería.
2) No lo creo. El feminismo rampante va por otro lado, mucho más
aburrido y políticamente correcto. Francamente, no me imagino a doña
Lidia Falcón haciendo la apología de las Mihura’s Girls. En
cualquier caso, las mujeres del genial comediógrafo gozan todavía de
un atractivo irresistible, por rebeldes, transgresoras y
antiburguesas.
3) Creo que las mejores del repertorio se han hecho
recientemente: aparte de Tres sombreros de copa, Melocotón
en almíbar, La bella Dorotea, Ninette y La
canasta, que estaba olvidada. Personalmente, me gustaría ver
Sublime decisión.
VI. Ignacio del Moral
1) El humor de Mihura (si bien no cabe atribuírsele a él en
exclusiva) dejó rastros muy reconocibles en autores como Alfonso
Paso, y se le puede rastrear en casi todos los autores de humor
durante los años 50, 60 y 70, hasta Alonso de Santos (La gran
pirueta) o yo mismo (Un día de espías). Después (a partir
de los años 80) se va produciendo una transformación del humor
escénico, más influido actualmente por el modelo anglosajón y de la
sitcom USA. Me autocito, y reproduzco lo que dije en una mesa
redonda sobre Mihura a la que asistí en diciembre del año pasado, y
donde tuve que hablar acerca de "Los herederos de Mihura". Creo que,
a partir de ese momento (los años 80), el humor en general y el
escénico en particular cambian por completo, y de forma bastante
brusca. Podemos decir que Mihura se queda prácticamente sin
herederos. Y esto ocurre por varias razones, que voy a tratar de
abordar aquí, pero pretendiendo dejar el tema abierto para que
mentes más preparadas que la mía completen mi explicación del
fenómeno. Se impone desde entonces (los 80) el humor que yo llamo
neurótico, basado básicamente en la parodia de los comportamientos
convulsivos del personaje urbano, un humor muy poco social, muy
centrado en la observación de los comportamientos individuales y de
la confrontación de personalidades. Una comedia convulsa y
exacerbada, donde la caricatura tiene más peso que la ironía, que en
los últimos años da paso a una creciente agresividad, jugando con la
parodia de los géneros y con un fuerte componente de
autorreferencialidad. En las últimas generaciones se observa,
además, un decreciente gusto por el idioma. Y consecuentemente, un
menor cultivo y conocimiento del mismo, y por eso mismo una pérdida
de habilidad para cultivarlo, que trae, cerrando el círculo vicioso,
un menor gusto por el mismo, etc. Si exceptuamos autores como Nieva
o Romero Esteo, pocos escritores dramáticos hoy se interesan de
forma fundamental por el lenguaje. Además, a la comedia de hoy se le
exige una mayor agresividad, tanto si es de evasión, con chistes de
trazo más grueso y situaciones más audaces y explícitas (sexo,
agresividad física), como si se trata de autores más comprometidos,
en los cuales todo es más sarcástico que irónico. Se puede decir que
el humor actual es mal humor. Lo que no quiere decir humor malo.
Como consecuencia de todo esto, va desapareciendo la ironía del
escenario: la comedia de hoy es, como decíamos, más farsesca, más
satírica o más de situación, cuando no abiertamente paródica.
Además, la desaparición de la censura, de nuevo, permite mostrar los
comportamientos grotescos y contradictorios de forma directa, por lo
que el humor se vuelve de trazo más grueso y obvio, abundando la sal
gorda. Nada de todo esto es, por supuesto, casual: el dramaturgo de
hoy es producto de su época, una época en la que la sociedad tiene
un mal concepto de sí misma: casi todas las formas artísticas han
derivado hacia un cierto feísmo: las artes plásticas, la moda... el
arte ya no busca la belleza, sino la provocación. Lo contrario se
considera inane. De manera que podemos decir que, hoy en día, una
comedia escrita, como escribía Mihura, puede resultar graciosa, pero
se consideraría ingenua. Tal vez por eso es en el teatro escrito
para niños donde se conserva más ese espíritu. Hablo de los textos
de autores como Eduardo Zamanillo o Tomás Afán, o yo mismo. En
efecto, cuando nos dirigimos a los niños, no queremos transmitirles
una visión desazonante del mundo, sino, en todo caso, un comentario
amable y gracioso, servido en un lenguaje lo más vivo y rico
posible. Por lo tanto, ¿dónde queda la herencia de Mihura? Si
hablamos del Mihura dramaturgo, creo que ha quedado clara mi opinión
de que apenas quedan vestigios. Sin embargo, hasta hace pocos años
pudimos disfrutar de quien creo que fue uno de sus más afortunados
herederos como humorista: me refiero al genial Miguel Gila. Apurando
un poco los límites, podemos considerarlo autor teatral, ya que sus
espectáculos unipersonales se desarrollaban en el escenario. Entre
los últimos que siguieron esa estela podemos mencionar a Tip y Coll,
con su amor por el absurdo, o Eloy Arenas, que a veces entroncaba
con esa poética de humor lírico; o incluso Moncho Borrajo, al margen
de nuestros gustos personales. Finalmente, podemos mencionar a la
pareja cómica Faemino y Cansado, muchos de cuyos sketches, como el
del tipo que va a pedir permiso para montar una comisaría en su
casa, son con unos contenidos más ácidos, genuinamente mihurescos.
A pesar de todo lo dicho, y contradiciendo mi diagnóstico de que
la herencia de Mihura está en estos momentos perdida, debo decir que
hace unos pocos días acudí a la representación de una obra de Lluisa
Cunillé: en Conozca usted el Mundo, creí percibir una voz
conocida. Un vaquero que va de rodaje en rodaje con su caballo, una
cantante callejera de ópera a quien se aparece María Callas, una
conductora de trenes que recorre el mundo con su periquito...
2) De todos es conocido que Mihura quiso mucho a las mujeres,
pero no creo que se le pueda llamar feminista, sino más bien "feminófilo".
Para Mihura, el mundo estaba organizado en hombres y mujeres, ricos
y pobres, y su actitud no es de rebeldía. Él propone solventar los
conflictos a base de humor, echa balones fuera en las cuestiones
candentes: Mihura es una "persona de orden" y le horrorizan la
acritud y la crispación. Si privadamente sus actitudes eran más
revolucionarias, eso no se refleja en su teatro, sólo tímidamente
crítico. Por lo tanto, es evidente que la palabra "feminista" le
queda muy grande.
3) Eso habría que preguntárselo a los especialistas; en
principio, parece que estrenó todas sus obras en el teatro
comercial; de todas formas, es cierto que entre los escritos no
teatrales de Mihura (anteriores a su dedicación a la escena) hay
multitud de pequeñas piezas más o menos teatrales, escritas para ser
leídas, muy surrealistas e ingeniosas. Parte de ese material lo
recogimos Ernesto Caballero y yo en nuestro espectáculo Las
visitas deberían estar prohibidas por el Código Penal (CDN,
diciembre de 2006).
VII. Ángel Berenguer
1) Como ya he dicho en varios sitios, Mihura no tiene nada que
ver ni con el surrealismo ni (mucho menos) con su estrategia
teatral, el llamado teatro del absurdo. Hay que buscar, más
bien, en una fórmula a caballo entre el astracán y las fórmulas
futuristas que sí llegan a España desde el primer momento.
2) No la conozco.
3) No tengo idea.
VIII. José Luis Alonso de Santos
1) Sí. Una gran parte de autores inmediatamente posteriores le
siguió (con mayor o menor fortuna) en parte de su teatro. Alfonso
Paso tiene algunas obras significativas en esa línea, y también
Juanjo Alonso Millán, entre otros. Por otro lado, hay facetas del
teatro de Mihura que, de alguna manera, llegan a autores de hoy. En
algunas de mis obras hay influencias evidentes (La última pirueta,
etc.). También en Ignacio del Moral y otros.
2) El término feminista, como lo entendemos hoy, choca
mucho con el teatro de este autor, y no creo que sea posible una
lectura feminista de sus obras. Otra cosa es que tenga
personajes de mujer estupendos. Él, sin duda, contestaría con humor
a esta pregunta, y diría algo así como: "Me gustan demasiado las
mujeres como para ser feminista".
3) Creo que no, a no ser que apareciera un borrador de alguna
obra no representada y desconocida. Sus obras están suficientemente
representadas y estudiadas en la actualidad.