Número 20. Mayo de 2007

FETEN 2007

Boni Ortiz

Del domingo 25 de febrero al viernes 2 de marzo se celebró en Gijón, la semana más teatral de nuestra Comunidad Autónoma, y en la que nuevamente se superaron todas esas cifras que tanto les gusta dar a instituciones y organizadores. Y no es de extrañar. Que se presenten trescientas trece compañías con sus correspondientes espectáculos a la selección previa, revela el interés que despierta la que ya es la primera feria de teatro infantil y la segunda en importancia de todas las que se celebran en España. Convendría recordar que hace seis o siete años, el FETEN estaba en franca decadencia, con una presencia de compañías y espectáculos cada vez más mermada en participantes e interés, y que el milagro no es achacable a la diosa Talía, sino a la apuesta decidida de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Gijón y al magnífico trabajo de un equipo a cuya cabeza están Marián Osácar y Humberto Fernández.

Ochenta representaciones de cuarenta y nueve compañías, exhibidas en una ciudad que cuenta con dos teatros: el Jovellanos y el del CMI Gijón Sur. Los otros lugares de exhibición fueron las intemperies de Begoña y El Parchís, hasta la Colegiata de San Juan Bautista, pasando por los singulares salones de actos de los centros municipales del Llano, Natahoyo, La Camocha, Contrueces, El Coto, La Calzada y La Arena, sumados a tres espacios del Antiguo Instituto, más las dos nuevas localizaciones de este año: la Sala de Ensayos del Teatro Jovellanos y un espacio del Museo Nicanor Piñole, todos ellos lugares bastante precarios.

La gente de Gijón disfruta del FETEN y de ello dan buena prueba los lugares de exhibición indicados, llenos hasta los topes. Se habla de veinte mil personas las que han pasado este año por este lugar de encuentro entre compañías, actores, críticos, programadores, promotores y representantes, en un número de medio millar y sin embargo, abierto a todos, porque aquí se vende y compra teatro, y sin público el teatro ni existe ni puede ser.

Estos días hemos visto teatro de texto y actores, espectáculos de danza, de circo, de ópera, musicales y también títeres de todos los tamaños, formas y materiales, con objetos, de sombras chinescas... No hay disciplina ni modo teatral alguno, que no tenga en FETEN su sitio ni haya sido expresado por las cuarenta y nueve compañías de teatro procedentes de catorce comunidades autónomas españolas y de siete países: Bélgica, Francia, Portugal, Italia, Inglaterra, Canadá y Uruguay. Presencias cada año más numerosas y que aconsejarían la creación de un Premio FETEN al Mejor Espectáculo Visitante.

Cuatro fueron las compañías asturianas que estuvieron presentes en esta decimosexta edición de la Feria y de las que damos cuenta a continuación. La Compañía de Danza Fernando Hurtado ofreció Déjanos que te lo contemos, una función de danza contemporánea que es una reconversión del espectáculo que la compañía malacitano-gijonesa estrenara a finales del año 2005, bajo el título de Danzas para un caballero y compañía, con él se sumaba a los fastos cervantinos del Quijote. Ahora, aquellas aventuras caballerescas se sitúan en una clase donde los alumnos juegan a descubrir y a enfundarse en personajes de libro antiguos, llenos de aventuras, versos, espadachines y damiselas.

Por otro parte, la compañía búlgara afincada en Gijón desde hace varios años, Teatro Plus, presentó una fábula sencilla de teatro de sombras, que bajo el título de La leyenda del farol, cuenta las peripecias de una pequeña araña que se ve obligada a recorrer un largo camino para hacerse con el Farol capaz de devolver la luz y el calor al Sol, oculto desde que a los habitantes de la tierra les dominara el egoísmo, la envidia y el odio.

Higiénico Papel Teatro presentó su Pulgas Circus, una producción en la que se cuenta la historia de dos pulgas okupas que viven felices en el enorme trasero de un chucho pulgoso, y que se ven forzadas a huir debido a un severo ataque humano de guerra química. Tras la fumigación y en la intemperie aparece por allí el Circo Ruso y con su nueva amiga, la mosca bailarina Moskya, logran hacer realidad el sueño de las tres: ser artistas de Circo. La historia escrita y dirigida por Laura Iglesia, se apoya en los bailes, las canciones y el magnifico vestuario que convierte a las tres actrices en auténticas insectas.

Y por fin, ¡Que viene el lobo! de Kamante Teatro de Siero, premiada como el Mejor Espectáculo de este certamen, junto a Pequeños Paraísos, de la compañía madrileña Aracaladanza. Hace seis meses, cuando conocí a Lobezno, ya dije que daría que hablar. Fue en Avilés y junto a mucha más gente, nos enseñó el zoo donde vivía apaciblemente con sus padres, rodeado de otros animales que nos invitó a conocer: la familia de osos, de jirafas, cebras, hipopótamos... Deseaba por encima de todas las cosas ser mayor y por las noches se entusiasmaba con la luna: la miraba, la aullaba, la deseaba, y en sus sueños felices creía tocarla, comerla porque la imaginaba de nata o merengue. Incluso en sus pesadillas se le antojaba de coliflor. Quería crecer, ser libre, ver mundo y convertirse en un verdadero Lobo Feroz, así que una noche se lo hizo saber a sus padres y sin más, se las piró. A partir de ese momento se inicia un viaje magnífico que Kamante Teatro nos cuenta con su proverbial delicadeza. Un viaje lleno de aventuras y de historias que nos suenan, a pesar de su revisión actualizada, fresca y gamberra y que también les supuso —con toda justicia— el premio a la Mejor Interpretación Femenina de la Feria a Luisa Aguilar, autora también del texto, por su extraordinario trabajo, no sólo interpretando, también manipulando objetos y títeres de diversos tamaños; construyendo y "deconstruyendo" escenarios... llevando, en fin, todo el peso de una función repleta de recursos y de hallazgos singulares de gran plasticidad y sencillez y donde la música de Ramón Prada forma parte esencial de la narración, contribuyendo a la calidad y al merecido éxito del espectáculo. Para Kamante estos premios son una magnífica noticia y también para todos nosotros, por lo que tiene de reconocimiento al teatro asturiano. Pero sobre todo porque se premia a un espectáculo en el que prima el trabajo actoral, la palabra y la idea, las historias contadas, así como la imaginación y la sencillez de los recursos. Me da la impresión que el jurado ha estado muy acertado premiando también a Pequeños Paraísos, de Aracaladanza, no sólo por la calidad técnica de la producción, también porque este espectáculo, a pesar de estar repleto de efectos visuales, en él funcionan de manera natural sin que forme parte de esa moda "visualista" que se observa y que consiste en llenar de "fuegos de artificio" cualquier tontería o ñoñez, difuminando la miseria que son en realidad. El sufrido jurado compuesto por Ana Gallego (autora teatral y actriz), Cristina Cebrián (representante de la Red Española de Teatros y Auditorios de titularidad pública), Guadalupe Tempestini (directora del teatro Alameda de Sevilla) y Jorge Riobóo (integrante de la junta directiva de la Asociación de Teatro para la Infancia y la Juventud, Assitej España), también tuvo el buen criterio de hacer una mención especial a los espectáculos La salida, de La Canela Teatro, África en cuento, de El Retablo y La escuela vacía, de La Tentación Producciones S. A., por el fomento que realizan entre los más pequeños, del necesario entendimiento con otras culturas.

Antes de terminar, algunas consideraciones sobre unos "shakespeares" y algunos cuentos clásicos vistos en FETEN. Desmontando a Shakespeare, que venía muy anunciada y apoyada por las teles y radios nacionales, es un montaje hecho con los mismos criterios con los que se hace una función en un IES, diríjala Hernán Gené o "mariasantísima". Cuatro actores, en el primer nivel de su formación y con larguísimo camino por recorrer, interpretan una función en clave de farsa y clown, cansina de tanta bromita y nacida para ser contratada: la empaquetan con o sin Otelo, para vendérsela a las Áreas de Cultura municipales, los departamentos de Actividades Escolares o quien sea que compre lo que no se puede vender, es decir las ganas de ver teatro. En el lado opuesto, Enrique 5º de Achiperre Cooperativa Teatro, que bajo la inquietante pregunta de "¿Se puede ser espectador de una guerra?", puso a funcionar esta magnífica versión para todos los públicos, del histórico drama de Shakespeare, interpretada por una actriz y tres actores magníficos que encarnan a Enrique V, al Rey de Francia, a Catalina y un Narrador que desde el principio reclama la complicidad del numeroso, atento y correctísimo público infantil. Un Narrador cuya identidad, como todo el mundo sabe, le es dada por vestir la Túnica del Narrador Teatral, ya que si la perdiera o le fuere robada por otro personaje, sus identidades y lugares en la acción se transubstancian, como bien pudimos ver en el singular juego propuesto. Achiperre va a cumplir en un par de ellos, treinta años haciendo teatro infantil y eso se nota. El lenguaje, la actitud, el compromiso formal y moral y la franqueza de la propuesta, sin vocecitas de grillo, ni trucos, ni otras imposturas, hacen de ella un espectáculo magnífico que prende en los chavales, clavándolos en la butaca y acompañando la función con la boca abierta por la emoción o la risa.

De los cuentos clásicos, me referiré primero a la socorrida Caperucita Roja, estirada como chicle para que dure hora y media, con la búsqueda de unas castañas con sabor a fresa, en un bosque lleno de bichitos simpáticos: unas mariquitas-maquinistas mudas que meten y sacan las cosas; un puercoespín gordito, cascarrabias y dicharachero; un petirrojo o mejor: un lorazo que grazna como un buitre leonado; una ardilla muy pilla y un Lobo Feroz tan arrabalero, canalla y miserable, como el Zorro del Pinocho de Disney. En la propuesta de Glu Glu Producciones, Caperucita además de resabia y redicha, es desobediente, caprichosa, pringada —se cree la trola de "las castañas con sabor a fresa"— y para colmo, en vez de pegamento, se mete helio y se le ha puesto la voz como a Periquín (el hijo de Matilde y Perico)... Pero las que molan son las Hermanas Margaritas: majísimas y con un rollo estupendo; es como si se hubiesen merendado unas galletas con un buen puñado de su prima "cañamo sativa", porque lo hacen todo al alimón; se ríen muchísimo, hablan, cantan y bailan, moviéndose en plan lacio y se las ve a gustito... Es decir, una función ñoña más, entretenida, sin complicaciones y bien realizada, en esa fórmula de "teatro de familia", para vender entradas de cuatro en cuatro.

Justo en el lugar contrario debe colocarse el espectáculo de Teatro Paraíso, Los músicos de Bremen. Los cuatro filarmónicos se van presentando al respetable: el burro saxofonista, con un definitivo traje gris y un sombrero con orejotas, nos cuenta sus penas de trabajador incansable sobreexplotado, así como el castigo y desprecio que recibe a cambio. El fiel perro y su acordeón, ataviado de montañero con gorro de orejeras, está hasta el rabo de cuidar y ladrar en defensa de su amo, cuando no de cazar o cosas peores, a cambio de unos huesos, cuando no de una patada o el simple abandono. La gata negra, como la Catwoman de la Pfeiffer pero moderada, suave y con su acordeón, también está cansada de perseguir asquerosos ratones, prisionera en los hogares humanos o en permanente riesgo de muerte por los coches que pueblan el mundo. El gallo, un Don Pimpón mariachi guitarrero de rojo sombrero, con un horno abrasador siempre acechándole, está hasta la cresta del capricho de las gallinas. Cansados de sus vidas y dispuestos a poner en común sus aficiones musicales y el pan como unitario alimento, deciden compartir el camino de Bremen, que como todo el mundo sabe, está a la derecha de Ítaca, cruzando el viejo puente del río de los Anhelos: un largo camino que transitado con amigos, es más llevadero, permitiéndonos enfrentar sus dificultades con gusto, ilusión y éxito. Este buen espectáculo, con su historia concreta, alejado de la moda de lo abstracto y lo conceptual, en las claves más clásicas del teatro brechtiano, es producto de la colaboración entre Teatro Paraíso de Vitoria y la Accademia Perduta-Romagna Teatri de Ravena (Italia), de la que forma parte Claudio Casadio, coautor y director de esta versión.

Y para acabar: A tempo!, una fábula sobre la naturaleza, sus cuidados, sus tiempos y cadencias; un espectáculo en que se nos va enseñando el sentido de lo que nos rodea, las estaciones y sus leyes, el nacimiento y maduración de las cosas, el paso del tiempo, el movimiento. La función ofrecida por Xirriquituela Teatre, todo un clásico del FETEN y de sus premios —en el 2005, con Papirus, se llevaron al mejor espectáculo y a la mejor dirección—, es una delicia. Con una estupenda actriz y un magnífico actor, una sencilla escenografía acompañada con numerosos y vistosos recursos, más una correcta iluminación y una buena banda sonora, nos ofrecieron un espectáculo didáctico, muy digno y que funciona muy bien para todos los tamaños... Me refiero a las salas y también al público.

Premios FETEN 2007

Mejor espectáculo

¡Que viene el lobo!, de Kamante Teatro

Pequeños Paraísos, de Aracaladanza

Mejor dirección

Ángel Calvente por La vida de un piojo llamado Matías, de Espejo Negro

Mejor interpretación femenina

Luisa Aguilar por, ¡Que viene el lobo!, de Kamante Teatro

Mejor interpretación masculina

Cándido de Castro por Enrique 5º, de Achiperre Coop. Teatro

Mejor texto adaptado o guión

Ultramarinos de Lucas por Las aventuras de Huckleberry Finn

Mejor música

Mariano Lozano P. Ramos por Pequeños Paraísos, de Aracaladanza y Niña Frida, de Karlik Danza

Mejor vestuario

Juan Martínez y Óscar López por, Niña Frida de Karlik Danza

Mejor espectáculo de pequeño formato

Historia de media suela, de Fernán Cardama

Mejor espectáculo para primera infancia

Tondo redondo, de Da.Te Danza

Mención especial de la organización

ASSITEJ España, en reconocimiento a sus 40 años a favor del teatro infantil

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