Notas a La Regenta en el recuerdo

Paco García

Arturo Castro
Este año se cumplen cien años de la prematura muerte de “Clarín”. Contaba solo cuarenta y nueve años cuando murió, y tenía treinta y dos cuando escribió La Regenta, si duda la novela en castellano más importante del siglo diecinueve y una de las obras cumbres de la ra universal. Es de esperar que los actos académicos y sociales que promoverá el Centenario, entre los que destaca el Congreso Mundial a celebrar en Oviedo, contribuyan a situar al autor en el alto plano literario que se merece; y, de una vez por todas, se alejen los fantasmas político-sociales y los apriorismos ideológicos interesados con los que tuvo que convivir a lo largo de estos cien años, en su mayor o menor medida, la controvertida, figura de Leopoldo Alas "Clarín" y su polémica novela La Regenta, convertida, hoy, en un clásico de la literatura. "Clásico es aquel libro que las generaciones de hombres, urgidas por diversas razones, leen con previo fervor y con una misteriosa lealtad", según la definición de Borges.

La Novela

La primera vez que leí La Regenta era un adolescente estudiante de bachillerato en uno de los pocos colegios laicos de Oviedo que, paradójicamente, ocupaba un caserón cercano a la Catedral: el Colegio San Isidoro. A pesar del entorno y de tan piadoso nombre no gozaba de buena reputación: sin otras instalaciones deportivas que un patio pequeño y mal asfaltado, no había más material pedagógico que un encerado por aula, y se nos racionaba la tiza. Parecía que el espíritu de la posguerra hubiera encontrado allí acomodo definitivo, a pesar de la bonanza económica que se presumía por aquel entonces en Asturias. Los Planes de Desarrollo, y la Remodelación del Bachillerato con la incorporación de las Matemáticas Modernas y la Gramática Estructural de Alarcos, que marcaron el paso de los sesenta a los setenta, no consiguieron reanimar nuestro viejo laboratorio de física. Siguió cerrado, como venía estándolo desde hacia años, tras mostrarse inservible para la ciencia más elemental. Por el contrario tuvimos buenos profesores de literatura que nos animaban a leer usando la Biblioteca Pública, muy cercana.

Una de aquellas lecturas recomendadas fue La Regenta que por entonces empezaba a popularizarse con ediciones masivas. Recordemos que la primera edición de bolsillo no llegó hasta 1966 de la mano de Alianza Editorial. Tres años antes Planeta había publicado una edición, con introducción, bibliografía y notas de José María Martínez Cachero.

Aquella primera lectura, desordenada y tortuosa, amenazaba con ser un martirio por el volumen del libro, que al peso ya desanimaba; y, también, por la complejidad estructural de la narración. Desde la clase de literatura se nos animaba a hacer de Vetusta nuestra ciudad virtual, tratando de situar sobre Oviedo el supuesto plano de la urbe clariniana. Y, sumido en aquel empeño, ya me percaté por entonces de la ambigüedad y de las premeditadas contradicciones con que “Clarín” juega al despiste con el lector. Unas veces parece Vetusta calco de Oviedo y viceversa, otras las divergencias se hacen demasiado patentes y el parecido hay que encontrarlo más en el ambiente que en lo físico. Estamos desde luego ante una "novela clave" que quiere hablar de una realidad social sin copiarla pero manteniéndola discretamente reconocible.

A medida que te abres paso en los intrincados primeros capítulos, eminentemente expositivos, te vas interesando por lo que parece la esencia argumenta: la historia de una resistencia. Desde su boda de conveniencia con el viejo Víctor Quintanar, Ana Ozores tiene todas las cartas en la mano para ser una adúltera, y el lector se percata pronto de ello, pero a “Clarín” parece no importarle. El verdadero suspense está en saber cómo y hasta dónde va aguantar Ana Ozores el doble acoso a que la someten sus dos pretendientes; y en brazos de cual caerá: ¿en los expertos del donjuán Álvaro Mesía, o en las sutiles redes del maquiavélico confesor el clérigo Fermín de Pas? Y... ¿quién vencerá en el inevitable enfrentamiento de los rivales? Lo grave para la sociedad burguesa de Vetusta no parece ser el hecho en sí de ese "adulterio anunciado", sino la larga resistencia al mismo. Esa entereza que la protagonista mantiene desde su "fortaleza inexpugnable" es una osadía a los ojos de la burguesía vetustense, dispuesta siempre a perdonar las infidelidades de sus damas con tal de que sean discretas y respeten las cínicas reglas del puritanismo. Así, por paradójico que parezca, en Vetusta es más escandaloso empeñarse en resistir heroicamente frente al "pecado", que sucumbir a él.

A lo largo de buen número de páginas “Clarín” pone todo su acento en mostrarnos el intrincado, lento y doloroso proceso de desencanto personal y social que sufre Ana Ozores, recorriendo todos los calvarios de salvación posibles, desde la renuncia al placer, hasta el misticismo, pasando por la beatería - antes de caer en los brazos del seductor : el perseverante Álvaro Mesía. Gran parte del éxito de la novela reside en la maestría como narrador de “Clarín” capaz de mezclar, con exquisita equidad, la tensión interna que los personajes acumulan luchando por sujetar sus pasiones con los conflictos que la inevitable exteriorización de las mismas originan en el entorno social de Vetusta.

Estamos, como bien apunta Cueto Alas en las Notas Previas a la edición facsimilar que la Caja de Ahorros de Asturias hace de La Regenta ante "la primera novela que merece el calificativo de moderna en la literatura española, como Madame Bovary, de Flaubert, lo merece en Francia".

La dramaturgia

Soy responsable de la dramaturgia junto a Francisco Prieto Benito con quien vengo compartiendo estas labores en seis de los últimos espectáculos que he estrenado. Me es muy difícil separar la dramaturgia de la puesta en escena cuando estoy implicado en ambas labores, como es el caso de La Regenta en el recuerdo. En buena lógica cabria suponer que el trabajo de dirección comienza donde termina el del dramaturgo. Pero cuando se participa en los dos uno inunda irremediablemente al otro, y viceversa. ¿Hasta que punto no estas pensando la puesta en escena cuando decides usar determinado pasaje de la novela en detrimento de otro? Y cuando, ya en periodo de ensayos, a un personaje le retiras todo el texto que habías construido para él y lo dejas "reducido" a una presencia corpórea, ¿no estás haciendo dramaturgia?. Esta frontera entre la dramaturgia y la puesta en escena se vuelve más difusa cuanto más creativa es la dramaturgia. En esta ocasión el reto era ambicioso: partir de un texto no teatral: de la novela naturalista más emblemática de la literatura castellana La Regenta, y hacerlo desde Oviedo, la ciudad a la que “Clarín” llamó Vetusta y que, todavía hoy, no se sabe si lleva ese sobrenombre con orgullo o con resignación.

Paco García

Los materiales

Una sola cosa teníamos clara: sabíamos que no queríamos hacer una versión, una traslación de la novela al escenario. Por el contrario nuestro trabajo debía de partir de la novela como material principal. Como segunda referencia teníamos otro elemento muy valioso: un texto que Francisco Prieto había escrito en los años ochenta Sombras y fantasmas de Ana Ozores. Inicialmente se trataba de un monólogo en el que la Regenta desde un escenario, se enfrenta a su autor en una especie de ejercicio unamuniano pidiéndole públicamente cuentas por todos los desatinos que con ella cometió en la novela, desde el poder de la autoría y para lucimiento propio. Pero éramos conscientes de que el argumento de nuestro espectáculo no debería alejarse en demasía ni contradecir la novela. Así que, de una u otra manera, estábamos obligados a "contar" la historia de Ana Ozores para que nuestro trabajo fuera perfectamente legible para los espectadores que no hubieran leído La Regenta. Nos preocuparon siempre más esos posibles espectadores "desinformados" que los expertos o entendidos. Estas pocas premisas iniciales ya nos orientaban en el trabajo de selección de contenidos, pues para cumplirlas era inevitable usar de los sucesos fundamentales de la novela.

Los personajes.

En el centro del espectáculo está la Regenta que es interpretada por tres actrices distintas, según las edades. Un triángulo de varones rodea a la protagonista: la seguridad personalizado en el "esposo-padre" el viejo Víctor Quintanar, que representa, la tranquilidad y la tradición. La tentación se encarna en Álvaro Mesía, profesional infatigable de la seducción, Jefe del Partido Liberal de Vetusta y donjuán oficial en la misma. El Magistral Fermín de Pas, la personificación del poder de la iglesia, el nuevo joven y apuesto confesor de la Regenta que, poco a poco, ira enamorándose de ella. Frígilis, amigo de Víctor Quintanar y su consejero en los momentos difíciles y compañero leal de la Regenta, viuda tras la muerte de Quintanar. Santos Barinaga, comerciante de efectos religiosos, arruinado por la competencia desleal de la tienda que auspicia el Magistral, y administra su avaricioso madre, Doña Paula. Y Petra, la joven y provocativa criada que por venganza descubrirá el adulterio.

El esquema argumental

Terminada la novela, la Regenta, loca y encarnando el papel de Viuda de Quintanar, nos cuenta desde el resbaladizo plano del recuerdo su particular visión de los hechos más relevantes de la novela, reconstruyéndolos a los ojos de los espectadores. La Viuda de Quintanar es un personaje omnipresente y a lo largo del espectáculo se interpone entre la acción y el espectador. Algunas veces fría y distante como guía de museo en su rutinario ejercicio divulgativo, tras emocionándose con los conflictos que reanima en esta comprometida visita al recuerdo; pero siempre con la lucidez crítica que el paso del tiempo y la distancia dan a los perdedores. Al final de la obra increpará a “Clarín” por condenarla a vivir eternamente en Vetusta olvidada de todos, y ensayará una muerte teatral, en esta ocasión "sublime y cantada como Traviata en este teatro de Vetusta". Que este año también sea el centenario de la muerte de Verdi no es la única razón de este final y para que toda la música que se usa en el espectáculo sea de La Traviata.

El reparto

La actriz que interpretará a Petra se encarga también de dar vida a la Regenta joven: Anita, en una secuencia previa a la boda en el que sus tías la visten de novia. Las tías: Águeda y Anuncia, - que criaron a la niña tras quedarse huérfana -, están interpretadas por los actores que más tarde asumirán los papeles de Álvaro Mesía y Fermín de Pas; y lo hacen en presencia de La Viuda de Quintanar, sin travestirse, con una ambigüedad sospechosa en la voz y en los gestos. Tras varios destinos profesionales el matrimonio vuelve a Vetusta y desde aquí hasta el duelo otra actriz se encargará de dar vida a la Regenta propiamente dicha : la esposa. El actor que interpreta a Santos Barinaga también da vida a Frígilis. El reparto quedó así limitado a siete actores: cuatro actores y tres actrices. Cinco de ellos componen el reparto del anterior montaje Moliére ensaya escuela de mujeres, y prácticamente todos son habituales en los espectáculos de Margen, lo que me facilitó el trabajo de ensayo puesto que ya hemos desarrollado un lenguaje común. Conocer de antemano el equipo de actores y tener configurado por el físico el reparto de los papeles principales fue determinante para orientar desde el principio la dramaturgia.
El método de ensayos con los actores, desde el trabajo de mesa y la construcción de los personajes, hasta la puesta en escena propiamente dicha, no planteó muchas diferencias con anteriores montajes. Desde mi punto de vista lo determinante en este trabajo, lo sustantivo, para bien o para mal, es la dramaturgia; que no terminó hasta prácticamente el ensayo general. Ya apunté antes que algunos personajes han ido difuminándose o cambiando de ámbito a lo largo de los ensayos, como el caso de Doña Paula. Por el contrario otros fueron creciendo y propiciando situaciones y configurando escenas no previstas. Quizás en esta ocasión, al llegar a los ensayos con un material menos cerrado, y al tener la novela como fondo de armario de personajes, situaciones y conflictos, ha propiciado una implicación más autoral del actor. Y eso que hemos dado en llamar dramaturgia actoral ha influido más en la configuración última del espectáculo. Por suerte los actores, una vez más, no se han contentado con techar lo edificado. Han tenido la última palabra y han removido las estructuras que les habíamos preparado como esqueleto para su arte, buscando el asiento en cimientos definitivos más sólidos. Ahora con la ayuda del público el edificio se irá rematando... y envejeciendo a la sombra de la Catedral…, mientras... "La heroica ciudad duerme la siesta..."

Oviedo, Marzo de 2001

Arriba