La joya de Vetusta

Francisco Díaz-Faes
"La Regenta n el recuerdo", dramaturgia de Francisco Prieto Benito y Arturo Castro sobre la novela de “Clarín”. Teatro Margen de Oviedo. Dirección: Arturo Castro. Con: Ángeles Arenas, Margarita García, Laura Piquero, Félix Corcuera, Carlos Casero, Jose Luis San Martín y José Antonio Lobato. Modista: Maruja Suarez. Sastra: Sendi Ávila. Producción ejecutiva: Alfonso Aguirre. Teatro Palacio Valdés de Avilés 3-2-2001.

Tal vez el mejor homenaje a la memoria de “Clarín” sea recrearle con arte. Margen así representa uno de los acabados más bellos, interesantes y excelsos de su producción. Mueve al interés de acaeceres de La Regenta en esta estupenda producción. No era fácil, ya se intentó en teatro, y cine más o menos fracasadamente. Con el estilete del ingenio, Prieto y Arturo han concatenado una historia entretenida, veraz y original sobre este ser grandioso que tal vez sólo en su totalidad pueda cubrir la lectura. Es una novela de novelas, cervantina al contener todo, política, religión, costumbres y lo más importante la transgresión de creencias y lo estipulado. Destruir convenciones para crear otras. Nada de nuestro pensamiento sería igual sin esta pieza precedente. ¿Acaso creemos por no leer ya el Kempis que maneja esta pieza -la imitación de Cristo- no estar influidos por ese krausismo que dio en revolución de ideas de izquierda social?. ¿O existiría libertad del deseo sexual, sin las Bovary, Regenta o Traviata, que, podríamos llamarlo exordio final, incorpora un tanto panfletariamente nuestro buen Prieto Benito? Si Margen hizo una detonadora obra de juventud, De Vita Beata, sobre la Vetusta Oviedo (que tal vez hoy no pasaría la censura política, como en su tiempo la pasó mal), ésta obra se congracia con su ciudad en una estilización de madurez. Curiosamente sobre una pieza tan maldita durante el largo invierno de la censura franquista. Margen deleitó en los cambios, el ritmo, la alocución y prosodia de algunos personajes como el de Santos recreado con ese gran actor premiado que es Félix, o en todas la intervenciones de su increíble Margarita que aquí hace una de las tres acertadas regentas. Idea originalísima en el entramado espectacular de esta dramaturgia. Con imágenes poderosas en la simplísima tarima, la procesión, los personajes gallos, el duelo. Y allí la progresión interpretativa, más allá de declamatoria, en San Martín, la crucial interiorización (nunca mejor dicho, frente a su comicidad) de Carlos, la impagable genialidad del sin par Lobato, que impresiona siempre en su papeles, y la expresión, siempre tan bien trabajada de Ángeles, o una probable nueva actriz presencial en Laura. Mención aparte de esa estatuaria femenina recreada en el vestuario -a veces parece nos encontremos ante esa espantajo de la imagen de la plaza de la catedral de Oviedo dedicada a la Regenta, afortunadamente una imagen aquí viva por la actuación de las actrices-, en la elección de colores, o en los sombreros de Medrano, estamos no sólo ante un buen trabajo sino un gran ejercicio de creación nueva. Una recreación de pasajes esenciales. De una obra compleja, complicada extraordinaria. En espera de renovación, intrepidez y atrevimiento del teatro. Con los nuevos poderes de la vieja universal Vetusta: magistrales, jueces, periodistas, políticos, chismosos, sapos de la nueva era.

Arriba