Una
dramaturga asturiana
Laura Iglesia San Martín

En
este segundo número de La Ratonera seguimos
conociendo la personalidad y la obra de los actuales autores teatrales
asturianos. Les ofrecemos a continuación una entrevista con Laura Iglesia
San Martín (el curículum y su texto teatral El desván de las horas
muertas lo pueden buscar en el menú desplegable)
Entrevista
José
Rico
Pregunta.- ¿Por dónde quieres empezar? Siempre hago la misma
pregunta.
Respuesta.- Por dónde tú quieras.
P.- Cuéntanos algo.
R.- Supongo que básicamente te interesa mi faceta de escritora...
P.- No necesariamente..., aunque como va a salir el texto... Podemos
aprovechar para hablar un poco de todo.
R.- Empecé escribiendo narrativa; cuentos, novela, y guiones para cortos.
Comencé en el teatro por pura casualidad. Nunca fui a la escuela de arte
dramático. Nunca tuve una vocación clara ni nada que se le pareciera,
simplemente ocurrió que de repente me vi rodeada de teatreros y metida
hasta el cuello en este mundo.
P.- ¿Hiciste filología?
R.- Sí. Estudié filología hispánica, literatura, en Oviedo. En los últimos
años de carrera iba poco a clase y me dediqué a hacer un montón de
cursillos de temas diversos relacionados con animación sociocultural,
porque en aquella época trabajaba con grupos de chavales. En una de estas
fui a un curso sobre "Técnicas de expresión y comunicación para
monitores de tiempo libre". Me imaginaba que iba a ser un curso sobre
cómo hablar en público o cosas así, y me encontré con Maxi.
P.- ¿Empezaste con Maxi Rodríguez?
R.- Sí, con él tomé contacto con el teatro y fue todo un
descubrimiento. Yo ni siquiera sabía que aquello iba a ser un curso de
teatro, porque entonces no creo que me hubiera apuntado... Pero me lo pasé
tan bien que hice dos o tres cursos más con él y luego estuve en la
Universidad Popular de Gijón, pero poco más. En esa misma época conocí
a un montón de gente del teatro, sobre todo alumnos y profesores del
antiguo I.T.A.E. Esta casa se convirtió en parada y fonda de un montón
de teatreros: Manuel Bernabé, Vicente León, Jaroslav Bielsky... Todos se
quedaban aquí a dormir cuando venían de Madrid a dar clase... Total, que
poco a poco, me fui empapando de teatro sin pretenderlo. Nos pasábamos el
día viendo teatro, hablando de teatro, soñando teatro... De aquella hacíamos
cortometrajes de video en plan doméstico... En cierto modo aquellos
cortos supusieron un entrenamiento... Recuerdo que Jarek solía decirme:
"tú tienes que dirigir, porque te gusta mandar, eres muy dominante y
sabes lo que quieres" ¡y mira tú al final!
P.- ¿De qué signo eres?
R.- Tauro. Entonces Carlos Dávila y Ave Hernández terminaron sus
estudios en el ITAE y les apeteció montar algo... Me pidieron que fuera a
los ensayos y que les diese opiniones..., y así empezamos activamente con
el primer espectáculo. Cuando se referían a mí como "la
directora" me sonaba fatal. Me parecía tan ostentoso llamarme
directora..., recuerdo que solía decir que yo era "el tercer
ojo", el ojo que ve desde fuera y opina, pero nada más.
P.- ¿En Carne de Prensa?
R.- Sí, Carne de Prensa, nuestro primer espectáculo. La verdad es que no
creo haber hecho en ese espectáculo un verdadero trabajo de dirección.
Yo miraba, daba mi opinión, sugería..., pero tímidamente. Estabamos muy
ilusionados, pero los comienzos fueron duros..., casi todo nos pillaba de
nuevas... Gracias a Vicente León pudimos estrenar el Carne de Prensa en
el Festival de Otoño en Madrid, en la Sala Pradillo. Fue algo increíble.
Recuerdo que al llegar al teatro nos pidieron el diseño de iluminación...
Y nosotros boquiabiertos... "¿qué diseño?, ¿qué es eso?".
Afortunadamente, Enrique Rodríguez, el técnico de Pradillo, nos hizo el
diseño sobre la marcha y quedaron unas luces bien bonitas... Nunca dejaré
de agradecérselo, lo mismo que a Rafa Mojas y a todos los de Light-Expo...,
que también han hecho por nosotros lo indecible, como tanta y tanta gente
que nos ha ayudado... En fin... que poco a poco fuimos aprendiendo y
despegando, y ya en el segundo espectáculo nos soltamos de verdad. Fue
entonces cuando yo ya asumí mis funciones y di rienda suelta a ...
P.- A la creatividad.

R.- Sí, y al bastón de mando.
(Risas)
P.- ¡Cómo surgió ¡Oh! Telº ?
R.- De la forma más tonta. Con el Carne de Prensa nos fue muy bien en
Madrid. Volvimos a casa con unas críticas espléndidas. Aquí en Asturias
no tuvo tan buena respuesta, porque era un espectáculo un poco radical y
en nuestras actuaciones en los pueblos de Asturias había mucha gente que
no entendía el espectáculo. Lo entendían como una apología de la
violencia cuando era justo lo contrario. Era el momento de auge de los
reality-shows... "Quién sabe dónde" y todos aquellas programas
infectos hechos a base de pornografía sentimental... Yo estaba perpleja,
no daba crédito a lo que se emitía por la tele, y Carne de Prensa era
una reflexión irónica, crítica, casi corrosiva hacia el tratamiento que
se daba desde los medios de comunicación a los sucesos y a ese tipo de
noticias y crímenes tan penosos.
Pero como te decía, nos fue tan bien con el espectáculo en Madrid, y estábamos
tan felices y encantados de la vida que decíamos "lo siguiente que
montemos por lo menos, por lo menos tiene que ser un Shakespeare...".
Era una "coña" interna, pero le fuimos cogiendo el gusto a la
idea. No teníamos la estructura ni el dinero, ni el número de actores,
ni el talento... bueno... el talento... No. Tampoco. (Risas).
Evidentemente no íbamos a montar un Shakespeare al uso, pero la idea nos
fue enganchando y así llegó el momento de presentar el proyecto de
subvención... Eso es algo que nos ha pasado más de una vez... Solemos
tener una microsemilla del proyecto, pero nunca sabemos muy bien que vamos
a hacer exactamente.
P.- ¿Terrible?, ¿no?, ¿ no es terrible eso? Tiene su lado bueno que es
que te obliga a decidir y no puedes posponer. Yo he oído casos de ¿por
qué hiciste ese espectáculo?, no, es qué se me acaba el plazo y tengo
no tenemos que meter y coges lo primero que te parece viable.
R.- Yo trabajo muy bien bajo presión. ¡Ojo! Pero que muy bien. Si me veo
apurada, rindo a destajo. En ciertos momentos eso ayuda. En fin...
recuerdo que de los textos de Shakespeare, el Otelo nos gustaba
especialmente, así que nos planteamos hacer un Otelo a nuestra medida. A
fin de cuentas, todos nuestros espectáculos han sido creados a nuestra
medida. Todos los procesos de creación se han visto condicionados por la
puesta en escena, y, evidentemente, cuando se escribe de ese modo, es
decir, pensando en montar el espectáculo, no se puede escribir con
absoluta libertad... Si escribiera sin estar pensando en la puesta, tal
vez podría diseñar un espectáculo para veinte actores y con un caballo
alado que bajara del techo y volase sobre el patio de butacas... Luego el
director que se buscara la vida... (risas). En resumidas cuentas, que uno
nunca es del todo libre a la hora de inventar mundos, cuando se trabaja
condicionado por la viabilidad de los mismos y por los medios humanos y
materiales de los que se dispone. Hasta ahora en nuestra compañía
siempre han sido espectáculos para dos actores y siempre teniendo en
cuenta...
P.- Que para que haya cambios tiene que quedar uno en escena..
R.- Exacto. Como en todos los juegos, hay unas normas. Sabes que puedes
hacer aparecer a un personaje de una forma extraescénica, digamos como en
El desván de las horas muertas cuando suena el teléfono y aparece un
personaje, pero los recursos se agotan... a fin de cuenta son sólo dos
actores y eso limita mucho.
P.- ¿Puede suponer un aliciente?
R.- A veces, pero no siempre. Pero sí es verdad que aunque genera
defectos, también genera virtudes... Por ejemplo, nuestro ¡Oh!Telº
hecho con seis actores perdería toda la gracia, porque uno de sus
aspectos más interesantes es el transformismo, el juego...
Todo esto condiciona la dramaturgia de los espectáculos, y quieras o no,
provoca una autoría extraña, en cierto modo adulterada, porque al mismo
tiempo que estás siendo autor, sigues manteniendo tu visión de director,
productor y empresario, es decir, estás construyendo el espectáculo en
función de esas mil cosas de las que hablábamos antes: la viabilidad del
mismo, el número de actores del que dispones, el presupuesto, el tamaño
de los teatros en los que actuarás etc...
P.- En Asturias solo escribe teatro la gente que tiene posibilidades de
estrenar, por lo menos o solo se conoce. No se estrena a no ser que sea
alguien que esté muy relacionado con una compañía, como es tu caso, el
de Maxi, el de Eladio... Yo, a veces, también escribo, Roberto también
escribe textos...
R.- Leyendo la entrevista que le hicisteis a Eladio en el primer número
de la revista, me llamó la atención la pregunta del final: él se
preguntaba por qué hacía esto y decía que por soberbia. ..
P.- A mí también me sorprendió ...
R.- Yo no diría tanto, para mí la soberbia es un pecado muy grave, de
tragedia clásica... Yo siempre digo que nuestro pecado es la vanidad,
suena más suave. (Risas)
P.- Hablando de la vanidad, ¿nunca te tentó actuar?
R.- Sí mucho. Hice algunos pinitos en cortometrajes. En el Carne de
prensa hacía una intervención filmada en video. En animación
socio-cultural he hecho también algunas cosillas con chavales, y en algún
curso intensivo de teatro en el que al final se mostraban minimontajes...
Pero todo ello ha sido "en familia". La verdad es que lo paso
fatal cuando me tengo que subir al escenario.
P.- Todos los actores lo pasamos mal, es la inseguridad del texto, ahí se
demuestra el control del que hablaba Eladio. No se tiene nada controlado,
no sabes que es lo que va a pasar, ahí está el riesgo.
R.- Yo soy muy analítica, pienso demasiado y me juzgo mientras actúo, lo
cual es nefasto... Suelo subirme al escenario en los ensayos. A veces
intercambio mi puesto con el de los actores, les bajo y les siento en mi
silla para que vean desde abajo lo que estaban haciendo...
P.- Les marcas, eres una directora que marca.
R.- No, no les marco. Simplemente les muestro lo que se recibe desde el
otro lado de la barrera. Yo sólo quiero que lo vean para adquirir
consciencia de ello... En fin..., a lo que iba..., que yo, en cuanto tomo
consciencia de estar actuando, soy presa del pánico y la consiguiente
inhibición... La verdad es que me gustaría hacerlo, me encantaría
actuar, pero no creo que vaya a hacerlo nunca. Tengo miedo escénico.
P.- Que conste para que quede claro, que en el brillo de los ojos, no me
creo lo que me acabas de decir.
R.- En fin... ¿Por donde íbamos...? Ah sí... por lo de la vanidad y lo
que tu decías de que aquí la gente escribe sólo cuando puede
estrenar... A la larga es todo lo mismo: es la tentación de la narrativa,
en el sentido de contar historias desde distintos medios. Puedes contarlas
desde un cortometraje, desde una novela, desde un cuento, o desde un
escenario. Nuestro privilegio, es que, teniendo una compañía, nos
podemos permitir el lujo de que eso que queremos contar, eso que hemos
escrito, llegue al publico. Darle ese gusto a la vanidad es fantástico...
Y si encima te lo pasas bien y el espectáculo funciona pues ¿qué más
se puede pedir?... Yo he escrito un montón de cuentos y un par de novelas
que sólo han leído las cuatro personas más cercanas a mi entorno. Si yo
quisiera que lo leyesen setecientas personas, tendría que publicarlo y
publicar es muy difícil... Se sufre mucho escribiendo novelas y viendo
como se pudren en los cajones... Además, respecto a esos cuatro amigos
que te leen los cuentos, no les ves la cara mientras lo hacen, y en el
teatro puedes ver la cara del público, puedes ver su reacción en
directo, sintiendo su energía mientras aquello les está llegando... y
eso es emocionante.
P.- Entonces pesa más tu faceta de...
R.- ... de vanidosa.
P.- Pesa más tu faceta de escritora, narradora, que la de directora.
R.- No, no lo creo... Por otra parte, no creo que sean facetas tan
distintas. Desde la dirección también se enriquece y se matiza la
narración con múltiples recursos escénicos. Es más, se transmiten
cosas imposibles de decir mediante la mera palabra impresa... Como
directora me parece muy interesante la globalidad del teatro. Cuando monto
un espectáculo veo que todo es interdisciplinario y eso genera mucha
riqueza, muchas posibilidades... Yo soy autodidacta. He aprendido lo que
se debe que hacer y lo que no, viendo teatro. Y también tomo referencias
del cine, de las artes plásticas, de la literatura, del lenguaje
publicitario, de la música... Aprovecho todo lo que tengo al alcance. Eso
me estimula, me da ganas de trabajar, que es en resumidas cuentas lo que
hace falta... Trabajar duro. Puede haber talento, imaginación..., pero
sin trabajo no se consigue nada. Todos contamos más o menos lo mismo. A
la larga todas las historias son parecidas, pero la diferencia está en tu
manera de contarlas, en que seas capaz de desarrollar tu propio lenguaje.
P.- No será que para escribir teatro es muy conveniente conocer todo el
proceso y estar dentro y por eso la gente que está dentro escribe teatro
y no hay autores fuera de este entorno, de todas maneras yo sostengo que
donde hay diálogo de una novela, un relato... hay un autor dramático. Lo
que pasa que si tienes un argumento es más fácil llevarlo a una novela y
encontrar un editor que dejarlo dormir como texto dramático en el cajón
de la mesilla.¿ Cuantas obras de teatro tienes escritas?
R.- Tengo las obras hechas con la compañía y apenas esbozos de otras...
Meros proyectos inacabados. Alguna hay medio escrita, pero siempre termino
abandonándolas... Al final me someto al "aquí y ahora", a lo
real y a lo viable.
P.- ¿Tú te fías del público?
R.- ¿Qué si me fío? Sí, pero el hecho de que me fíe no quiere decir
que esté de su parte.
P.- A ver, explícame eso.
R.- Mantengo con el público una relación de amor-odio algo compleja.
Como directora tengo una máxima: el director tiene que ser un
representante sindical del público. Por eso muchas veces trabajo poniéndome
en su lugar. Si yo me emociono quiero creer que el público también se
emociona, y si yo me aburro también pienso que ellos han de aburrirse...
P.- Pero tu capacidad de análisis del espectáculo es distinta.
R.- Naturalmente. Mi valoración es totalmente subjetiva, pero aún así
yo confío en ella. Confío en mi intuición. Por ejemplo, el ¡Oh! Telº
lo he visto unas doscientas veces y sigo atenta con los cinco sentidos y
sigo riéndome y disfrutándolo... Es un espectáculo que funciona, que ha
tenido éxito de público y crítica... Por otra parte, hay veces que el público
me saca de quicio. Me refiero a esas veces en que vas al teatro a ver una
macroproducción con estrellas de la tele y una calidad ínfima y el público
se desvive y se traga el bodrio de mil amores... ¡Me pongo enferma!
P.- Pero esa gente a ver a las estrellas de la tele, y si no, no van que
es lo triste.
R.- ¿Pero no te pasa a ti esto? Yo me pongo mala oyendo esos aplausos
clamorosos... A veces son cosas auténticamente malas, de tomadura de
pelo... Ya sabes, un productor avispado que coge a las figuras televisivas
del momento, organiza una gira por los teatros respaldada por un buen
marketing y los llena hasta la bandera de público aborregado... Esto hace
que me cuestione ¿qué estamos haciendo y para quién?, ¿hay que hacer
eso para triunfar...? A mí me parece lamentable.
P.- ¿Qué es el triunfo?
R.- Estar más o menos a gusto con lo que uno hace, disfrutar haciéndolo
y que el público también lo disfrute, tener las funciones necesarias
para vivir tranquilamente y para que la compañía siga adelante sin pasar
apuros ni malos ratos y no ser esclavo de la profesión..., esto último
es importantísimo.
P.- No estamos nosotros, un poco, justificando esos cachés, tantas
actuaciones, tanto dinero a tanto la actuación cuando eso no se reparte.
La Ratonera quiere pedir los números de los teatros. Yo confío en el público,
no funcionan como individuos, desarrollan una facultad para captar ciertas
cosas, que no son capaces de hacerlo individualmente, si creemos en
aquello del arte que avanza lo que está latente... que decía Rafael Núñez
R.- ¿Entonces, qué pasa con los necios?
P.- Yo creo que no hay necios.
R.- ¿Tú crees que está bien lo de las estrellas de la tele? ¿Qué es
un efecto televisivo llevado a las salas de teatro?
P.- Vamos a centrarnos que si no me diluyo... Me estás liando. ¿Cuándo
escribiste El Desván... pensabas que lo ibas a montar?
R.- Sí, desde el primer momento. Fue un capricho meticulosamente
planeado.
P .- Lo escribiste pensando en montarlo desde el primer momento. La
descripción tan puntillosa, las acotaciones tan marcadas...
R.- Lo tenía todo bastante claro. Sobre todo los personajes, y el de Nora
especialmente. Un personaje de partida clave en la concepción de Nora fue
Miss Dinsmoor de Grandes esperanzas de Dickens, la típica mujer
trasnochada y misteriosa al borde la locura y la muerte...
P.- Tenías muy determinada la imagen cuando comenzaste a escribir, ¿no?
¿Escribiste la presentación del personaje antes de empezar la obra? Me
interesa la metodología, la forma de trabajar.
R.- La imagen de ella la tenía clarísima desde un principio. Sabía con
exactitud que tipo de mujer era... Eso, en cierto modo, se lo debo a Ave
Hernández. Si la actriz hubiera sido otra, a lo mejor no hubiera surgido
esto... En Ave había esta mujer, esa faceta dramática... La mayoría de
las veces las cosas surgen por un cúmulo de circunstancias que se dan y
las hacen posibles... Creo que si Ave y Carlos hubieran sido otros
actores, el montaje hubiera sido también otro... Los textos de los espectáculos
están también condicionados por los actores y su naturaleza. Pienso que
es de vital importancia saber aprovechar la naturaleza de los actores. La
verdad es que, entre otras cosas, escribí esta obra porque Ave Hernández
tiene un punto dramático que nunca habíamos trabajado antes, un ramalazo
a lo Betty Davis lleno de posibilidades...
P.- Me parece más Gloria Swampson....
R.- Cierto. El crepúsculo de los dioses es otra fuente del espectáculo,
clarísima además.
P.- Te iba a preguntar eso y algo más.
R.- Y El Jardín de los Cerezos de Chejov. La historia no es novedosa, eso
desde luego. Es un planteamiento decimonónico. Nada innovador, pero me
apetecía mucho hacerlo. El tema y la propuesta escénica supuso un cambio
en el estilo de la compañía.
P.- Yo creo que fue un salto muy grande, de escenas, sucesiones,
acontecimientos, de escenas preparadas, sutilezas....
R.- Supuso un reto hacer un espectáculo dramático y en el que se
mantuviera la unidad espacio- tiempo, los personajes, la escenografía...
Y así surgió... Aunque puede que también fuera una especie de mecanismo
para expulsar fantasmas propios...
P.- Explica un poco más eso.
R.- No, no te voy a explicar más. Eso es intimidad (risas) Lo que te decía
antes... de repente te das cuenta de que el tiempo pasa, uno ya no tan
joven y se va percatando de las cosas, es testigo de la decadencia, de cómo
muchas cosas que brillaron en tiempos se pudren de modo irremediable... en
fin... no te voy a contar mucho más.
P.- ¿Cuánto más?
R.- No. Ya está. Déjalo ahí.
P.- Hay dos niveles de personajes, dentro de la tradición de la
literatura española dos corrientes muy fuertes, por un lado Don Quijote
con el contrapunto Sancho, todos los personajes que viven una falsa
realidad; y por otro lado los personajes que viven apegados a la realidad
del día a día, con la necesidad de cubrir las necesidades mínimas, como
la Celestina, Lazarillo... hay una especie de tensión de dos mundos.
R.- Sí, así es. Por un lado está Nora con su delirio jugando a mantener
un mundo que ya no existe. Ella tuvo una vida espléndida, glamourosa y
estupenda que ha perdido y pretende a toda costa mantener esa ficción, se
aferra a ella con uñas y dientes negándose a asumir la realidad. En el
otro lado de la balanza tenemos a Albert, que representa lo que es estar
con los pies en el suelo. Está tirando de ella, intentando sacarla de ahí
para salvarla, porque sabe que si Nora sigue por ese camino está abocada
a la destrucción absoluta. Albert quiere que Nora se enfrente a la
realidad, pero ella se niega por completo. El personaje de ella es patético,
pero aún así es feliz en su delirio, e incluso hay momentos en que
consigue arrastrar a Albert a su mundo de ficciones.
En cierto modo, eso también sucede en Arriba el Periscopio en el que
Neuronio Montuché y su ayudante Gastón siguen esa tradición del
Quijote. El científico chiflado con sus inventos y planes delirantes y
por otra parte su ayudante, que es un personaje mucho más humano, más
cercano y realista. Si es una constante o no en nuestros espectáculos, no
lo sé. Pero sí es cierto que la dualidad es una constante en mí, la
dualidad de la razón frente a la no razón.
P.- Tú planteas un conflicto entre dos mundos irreconciliables,
excluyentes. Vamos al mundo de los sueños, ¿cuál es tu sueño?
R.- Mi sueño no es posible.
P.- Sí es posible. ¿Cuál es el sueño?
R.- Mi sueño sería vivir múltiples vidas paralelas. Quizás por eso
escribo y hago teatro, para tener otras vidas. Hay en mí una vocación de
personaje de ficción. La vida cotidiana se me queda estrecha ... (risas)
P.- Hay alusiones a la rutina, Nora huye de la rutina, hay algunos,
momentos que habla de la rutina.
R.- Sí... la rutina ahoga a las personas, pero también les infunde
seguridad. Yo soy muy contradictoria, y aunque me quejo de las rutinas
también las necesito... A ese conflicto yo le llamo "la angustia de
las alternativas". Continuamente tienes que decidir y tomar
decisiones que te meten en un camino en el que no hay vuelta atrás. Nos
pasamos la vida eligiendo... Me encanta el teatro, pero también me gustaría
estar haciendo cerámica en una casa de campo, o viajando mochila al
hombro a través de Asia, o estar viviendo en Amsterdam con un músico de
jazz... en fin... (risas) no se puede tener todo... qué se le va a
hacer...
P.- El paso siguiente es terrorífico.
R.- No lo creo. En realidad nada es tan trágico... A pesar de todas las
vidas que no he vivido, soy feliz donde estoy y haciendo lo que hago. Y
dejando a un lado las cuestiones de teatro... Cuando veo lo que pasa en el
mundo, la gente muriéndose de hambre, la problemática de los
inmigrantes, las guerras, las catástrofes... todo lo terrible que ocurre
a nuestro alrededor..., pienso que no tenemos derecho a quejarnos de nada.
P.- O naces en Europa o en alguna parte de América muy concreta o estás
perdido. Yo no puedo escribir sobre cosas concretas, cosas que acepten y
se puedan cambiar, no que se puedan cambiar si no aquellas cosas que te
aceptan y estas indefenso ante ellas, sobre lo que hay que escribir o
denunciar, aunque pueda ser menos literario, pero hay que denunciar
ciertas cosas, estas obligado...
R.- La verdad es que no hay verdadera denuncia en mis textos de teatro.
Pienso que hay otros géneros más idóneos para ello, como la novela, o
las columnas de los periódicos en las que escriben autores muy potentes y
que llegan a muchas más personas... Los conflictos de mis textos son
mucho más cotidianos. Apenas hay cuatro o cinco temas básicos: vida,
muerte, amor, poder... y poco más. Son los temas eternos. A mí las
relaciones humanas me interesan especialmente.
P.- ¿Tú crees que todo se reduce a la tensión entre Eros y ...?
R.- Sí, creo que todo se puede simplificar... A fin de cuentas todos los
seres humanos nos movemos motivados por esas mismas cuatro cosas... Y
estoy de acuerdo con aquella máxima de que la literatura, y el arte en
general, no dejan de ser una forma de conocimiento, conocimiento de uno
mismo y de todo lo que nos rodea... Uno escribe para entenderse mejor,
para ponerse en el lugar del otro, para profundizar en el alma humana y
sus misterios.
P.- Aquí hay la lucha entre dos concepciones diferentes del mundo, entre
las referencias que he buscado está La casa de los siete balcones de
Casona, dónde hay una tensión entre dos mundos enfrentados, por un lado
el poético, la sensibilidad y por otro la nueva economía que lo
condiciona todo...
R.- Es como la vida misma. En el teatro tenemos un ejemplo clarísimo de
ese enfrentamiento entre lo poético y lo económico. Somos a un tiempo
creadores y empresarios. Y eso condiciona mucho a la hora de montar un
espectáculo. Si quieres venderlo, que llegue y que se mueva, no puedes
dejar de pensar en ciertas cosas... Como es lógico, uno desea que su
espectáculo se vea, y cuanto más mejor... Otro problema está en la
dificultad de salir a otras comunidades. Afortunadamente, nosotros hemos
salido bastante últimamente: Castilla- León, Galicia, Madrid, Canarias,
Mallorca etc. Hemos actuado mucho en Salas Alternativas, normalmente son
salas pequeñas, casi siempre en manos de gente encantadora, con un trato
cercano, el público al lado... la experiencia siempre es muy agradable,
pero, la mayor parte de las veces, cuando vuelves a casa y haces números,
constatas que has perdido dinero. A medida que pasa el tiempo, te vas
dando cuenta de que esto es una industria. Empiezas con la ilusión, el
entusiasmo juvenil y todo eso, pero al final también asumes que además
de teatreros somos empresarios y debemos portarnos como tales. Y que para
poder seguir haciendo teatro, es necesario que la parte empresarial del
asunto marche bien... Tremenda paradoja... Arte versus economía. Tienes
el deseo de hacer teatro, pero además tienes que relacionarte pacíficamente
con la Agencia Tributaria y con la Seguridad Social, hacer números,
negociar con los programadores... etc. Esa es la otra cara del mundo poético
del que hablábamos antes: el negocio del arte.
P.- ... si se entra en el Circuito Profesional, o no.
R.- ¿Quieres hacerme hablar de política cultural? El Circuito es una
iniciativa loable, pero aún está en pañales, tiene que crecer mucho.
P.- Creo que ya está pasando factura, está el Circuito pero tan
limitado, tan limitado.
R.- Desde luego, hay todavía muy pocos Ayuntamientos implicados, muy poco
dinero, algunas instalaciones deficitarias, y, así, en general, pocas
ganas de impulsarnos desde la administración. En fin... Aún queda mucho
por mejorar... ¿Sabes...? A veces pienso que hay una conspiración a
nivel nacional para embrutecer a las personas y rebajar los niveles de la
cultura hasta lo ínfimo...
P.- ¿Tú crees en las conspiraciones?
R.- No hay más que ver la televisión. Programas culturales que merezcan
la pena hay cuatro, y los emiten a unas horas prohibitivas, sólo aptas
para insomnes. Es el caso de Redes, Negro sobre Blanco, Metrópolis, Días
de cine... Lo único que abunda son los partidos de fútbol, los cutre-concursos
y esa especie de porno-shows sentimentales donde gente anónima hace públicas
sus miserias más íntimas y cochambrosas... ¿Dónde se han quedado la
cultura, el arte, la literatura...? El teatro es para minorías. Las
cifras de las personas que acuden al teatro es bajísima, es lamentable
que haya personas con 30 ó 35 años qué nunca han ido al teatro.
P.- ¿Ser profesional es pagar el I.A.E.?
R.- Objetivamente sí. Pero eso no está necesariamente relacionado con la
calidad del trabajo de uno. Hay compañías aficionadas cuyo calidad de
trabajo es incuestionable y compañías profesionales que dejan bastante
que desear. Nosotros hemos sido las dos cosas, comenzamos como aficionados
y cuando nos pareció oportuno nos profesionalizamos..
P.- Hay un peligro tal como está diseñado el Circuito, en Asturias
actores que vivan del teatro hay muy pocos, que se dediquen solo al
teatro, que trabajen sus ocho horas es ínfimo. Esto es apoyarse en la
mentira y eso condiciona que las compañías hagan montajes de dos, tres
actores, no se pueden hacer espectáculos con más personas porque eso
encarece el montaje; eso empobrece el teatro, ahí deberían estar las
compañías aficionadas.
R.- Creo que debería haber opciones para todo el mundo, para que los
grupos aficionados también puedan actuar y mostrar su trabajo. Sin
embargo, deberían tener su propio circuito, a la medida de sus
aspiraciones y sin obstaculizar ni suponer una competencia desleal hacia
las compañías profesionales.
P.- ¿Tú eres de las pocas mujeres que dirigen en Asturias, o la única?
R.- No, está también Marga Rodríguez y seguro que hay alguna más...,
pero no olvides que las mujeres llevamos siglos organizando y dirigiendo
las familias, sabemos dirigir y organizar muy requetebien (risas).
P.-¿Cómo creas tus textos, tienes una línea metodológica?
R.- Depende. Con los cuentos no planeo la estructura. Suelo tener una idea
de partida, me siento a teclear y van saliendo solos. Suelo escribir con
una técnica que podríamos llamar "en espiral". Los textos no
crecen linealmente, sino que se extienden, se expanden... A ver si me
explico: comienzo escribiendo el cuento de principio a fin muy sintéticamente,
en dos o tres folios. Y luego, poco a poco, le voy dando cuerpo, voy
atacando al texto por zonas y lo reescribo sobre ese esqueleto inicial tan
escuálido... Así, la historia va tomando forma, va engrosándose y
enriqueciéndose progresivamente. Es casi como hacer un puzzle. Me
encantan los puzzles, por cierto... Supongo que este modo de escribir es
un efecto secundario de trabajar con ordenador. Hacer eso con máquina de
escribir sería prácticamente imposible, o exigiría redactar el texto
varias veces, lo cual sería agotador. Respecto a los textos de teatro, El
Desván lo he escrito siguiendo más o menos esa misma técnica de la que
te hablaba antes. En nuestros otros espectáculos, el guión definitivo
también es mío, pero el proceso ha sido diferente porque fueron
creaciones colectivas. Te explico: yo les planteo a los actores un esbozo
de los personajes y una historia medio armada, una especie de esqueleto de
guión secuenciado en escenas, y les hago improvisar... Hacen
improvisaciones dirigidas, y les convierto en mis herramientas de
trabajo... Es algo maquiavélico, pero funciona. Voy recogiendo material y
luego corto, añado, quito, pongo... y así es como llego al guión
definitivo.
P.- Es un proceso laborioso.
R.- Sí, pero muy vivo.
P.- Háblame de los personajes, planteas la representación de dos mundos
muy concretos, ¿ no te planteaste el problema de que los personajes
fueran lineales? ¿Dónde introdujiste el punto de inflexión, el momento
de duda de los protagonistas?
R.- Yo no creo en los manuales para escribir un texto. Y no sé hacer eso
que planteas, al menos de modo consciente. Puede ser que inconscientemente
y a fuerza de leer absorba uno lo que es el ritmo de la narración.
Generalmente me va saliendo solo.
Por otra parte hay a veces cuestiones circunstanciales, que interfieren en
el texto y lo modifican. Como anécdota: Carlos tenía muy poco texto en
relación a Ave, y decidí compensarlo escribiéndole un monólogo
potente... Quiero decirte con esto, que a veces, las cosas surgen de la
forma más trivial... No me planteo ese tipo de cosas que tú me dices. No
me creo las teorías de que los personajes tienen vida propia y te llevan
por donde ellos quieren, que se escapan de tus manos... Aunque tampoco su
creación es un proceso absolutamente frío... Mantengo más bien una
postura intermedia.
P.- El personaje que está en la sombra, puede ser merecedor de confianza
o no, pero ¿por qué la primera información que das de él es tan
negativa?
R.- El personaje de Max sería algo así como el personaje de Albert, pero
redoblado. Es decir, Albert intenta sacar a Nora de su mundo de una forma
suave, con tacto, Max es mucho más realista y lo intenta hacer de forma más
cruda y radical.
P.- Si, pero de repente se habla de Max y no se tiene toda esa información,
la única información es la de Nora y es una información negativa, ¿Eres
consciente del planteamiento negativo de ese personaje?
R.- Sí, es cierto. El punto de vista más potente es el de Nora, y de
entrada vemos sólo a través de sus ojos. Confieso que Max fue un
personaje que no tuve claro, y creo que está mal resuelto. Al principio,
no sabía con certeza quién era Max, si era su hermano o su ex-marido...
Hay poca información acerca de él y la llamada telefónica del final es
una solución un poco forzada... Pero necesitaba a alguien que tuviera los
pies en el suelo y ejerciera una presión externa sobre Nora. Max sería
el rival, el hermano sensato y triunfador, un abogado brillante, un marido
ejemplar... Estaría en el bando de los realistas radicales.
P.- ¿Por qué haces una valoración tan negativa para luego ir
recorriendo el camino hasta...?
R.- No te puedo responder. No lo sé.
P.- ¿Algún mecanismo de autodefensa, alguna fijación personal?
R.- Tampoco lo sé. A veces uno no sabe muy bien porqué escribe las
cosas. Me parece que me preguntas cosas del texto que pertenecen al ámbito
de lo inexplicable. Por otra parte, me olvido muy pronto de lo que
escribo, soy amnésica respecto a algunos de mis textos. Cuando los releo
pasado un tiempo me sorprendo de que yo halla podido escribirlos. Sin
embargo, hay otros que me sé de memoria... Supongo que se crea una
memoria selectiva que hace que recuerde los que de verdad me interesan, y
reniegue de esos otros a los que casi no reconozco como míos.
P.- He subrayado "la infancia es una época tan hermosa". El
sentimiento de perdida está ahí, el dolor de crecer...
R.- Eso está en todo el espectáculo y ahí sí que hay un componente
personal.
P.- En la infancia es donde se unen Albert y Nora, los dos hacen un diálogo
en la misma dirección que es complementario y aparte acaba componiendo un
poema.... ¿Es ahí dónde se refleja la vena poética de la autora? Hay
dos partes por lo menos que tienen claramente estructura de poema, en las
cartas.
R.- Sí, las cartas son muy poéticas, es verdad. Yo tengo un ramalazo muy
sentimental... Te haré una confesión: lo que mejor se me da es escribir
cartas de amor (risas).
P.- ¿Tú crees que a las puertas del siglo XXI se puede escribir sobre
romanticismo, mundos perdidos, ficticios, cuando vivimos la realidad tan
dura te bombardea continuamente?
R– Quiero creer que sí, y si no, yo me retiro, no tengo nada que hacer
en este mundo. Es verdad que nos bombardean continuamente, pero por otra
parte estamos en el momento de doblar la esquina, de dar otra vuelta de
tuerca. Las vanguardias ya están más que superadas desde los años
veinte. Tal vez estamos en la época de hacer una tercera lectura de las
cosas, o de volver a revisarlas. Yo necesito ese romanticismo, necesito
recibirlo y darlo.
P.- ¿No crees que para un grupo es muy arriesgado y complicado hacer una
obra como esta?
R.- Desde luego que es arriesgado, muy arriesgado... Parece que lo que se
vende y funciona es la comedia, y el teatro de evasión. A los
programadores no les interesa el drama, porque el público no lo demanda.
Quieren espectáculos con ritmo, cambios, ligereza...
P.- ¿Estáis obligados o condenados a hacer comedia?
R.- Lo que está claro es que hay que mantener una estructura como compañía
y unos gastos fijos. Es muy fácil endeudarse y muy difícil salir de esas
deudas. Y un capricho puede salir caro. Se hace necesario considerar la
posible difusión de los espectáculos que uno va a montar, las posibles
ventas... Por eso, algunas veces, tienes que hacer un espectáculo cuando
te apetecería hacer otro o tocar otros temas... Pero eso no significa que
hagas algo que va contra tu voluntad, sino que del abanico de
posibilidades escoges cosas más o menos arriesgadas según el estado de
salud empresarial de la compañía... Nosotros disfrutamos con todos y
cada uno de nuestros espectáculos y los hacemos con la misma ilusión...
Independientemente del género que sean. Hemos hecho comedia, drama,
infantil, calle... pero todos ellos con la misma entrega.
P.- La primera vez que hable contigo me enfadé, ¿ Te preguntaron que
espectáculo ibais a montar y dijiste "esta vez vamos a montar uno en
serio" y yo os dije " qué pasa, que hasta ahora montabais de
broma?"
R.- Sería una forma de hablar... De todos modos, esto no deja de ser un
juego... ¿o no...? (no te enfades de nuevo, please...)
P.- Leo " desde los kilómetros que nos separan continuas viajando en
mi pensamiento..." ¿ Tú crees que hay sitio para esto en el teatro
moderno de hoy en día?
R.- Es que si no hay sitio para esto, apaga y vámonos... En todos
nuestros espectáculos hay algún momento así. En ¡Oh! Telº, por
ejemplo, hay una coreografía a cámara lenta sobre un monopatín con una
canción de Luis Mariano, "Mamá c`est toi" .Se detiene la fábula
para eso. Félix, nuestro técnico, los llama "Momentos Musicales
Higiénico Papel". Es una concesión que nos hacemos, y al que no le
gusten que no mire (risas).
P.- ¿Juegas con expectativas falsas, juegas mucho con eso?
R.- Si, lo hago a veces, en los cuentos sobre todo, me gusta sorprender.
P.- ¿Con quién te identificas más con Nora o con Albert?
R.- ¿Yo? Con ninguno... O puede que con Albert, puestos a elegir, que es
el testigo mudo de la caída del imperio... Aunque también estoy con Nora
y su idealismo... No lo sé...
P.- Cuando habla Albert con Max por teléfono cuando pensaba que estaba
muerto me sorprendió mucho, hay una cosa que te sacude. Las joyas parecen
un factor importante... al final tu valoración de los que representan la
realidad pura y dura es una valoración negativa.
R.- Sí, es cierto que al final me quedo con el bando de los desquiciados
y defiendo al personaje de Nora en su delirio, pero también estoy con
Albert y le doy alas para vivir su vida sin ella. Desde luego, el que me
deja bastante indiferente es Max.
Por otra parte, la muerte de Nora es también una liberación. Pese a que
el final es bastante trágico, creo que es esperanzador. No deja de ser un
final feliz.
P.- No será que Max debía aparecer y no pudiste, sin embargo tiene una
personalidad que si era conveniente que apareciera, pero como no podías
tener un actor más...
R.- Es posible... Es lo que hablábamos antes de que con dos actores la
aparición de Max es por medio de un truco con el teléfono, y esto hace
que se quede un poco cojo, algo forzado...
P.- Hablas del pasado, pero no hay datos que justifique esta situación
solo es la continuidad, Nora nació así, continuará así y no podrá
cambiar, solo se limita a continuar un estatismo...
R.- Es una continuidad en la medida de la fantasía de Nora, ella saltó
de la realidad a una ficción inventada a su medida.
P.- Sí, pero para continuar con su mundo.
R.- Claro, hay gente que llegada a cierto punto ya no puede cambiar.
P.- Descríbeme la obra El desván de ... ¿qué es?. Yo quiero descubrir
los procesos de creación.
R.- Habla de la decadencia y de las maneras de enfrentarse a ella. Existe
en la vida un punto en el que de repente ves cómo se desmoronan las
estructuras que hay a tu alrededor sin que puedas hacer nada por
detenerlo. Se te caen los sueños, se te rompen los mitos..., ¿qué
hacer? ¿seguir adelante o morir con ellos...? Ese es el tema. Aunque
también es una historia de amor, de lealtad... Y una reflexión acerca
del tiempo, acerca del paso del tiempo como elemento destructor.
P.- ¿Por qué escribes este texto?
R.- De alguna manera porque necesitaba hacerlo. Cómo te decía antes, la
narración es una manera de conocerse a sí mismo, de explorar los
problemas, los misterios, los miedos... para entenderlos mejor.
P.- ¿La temática es permanente, confluyente con esta en los relatos y en
lo demás que escribes? Hay mucha tristeza, ¿no seremos un poco pestañazos
con tanta tristeza por ahí?
R.- No lo creo. La melancolía es regustosa. A mucha gente le encanta
rebozarse en ella, y lo entiendo, porque, a veces, resulta muy placentero.
Lo desaconsejable es hacerlo en exceso. Y respecto a los temas
recurrentes... , no, no creo que el tono melancólico se repita en mis
textos. Yo escribo cosas de todos los colores, de muy distintos géneros y
temáticas. Lo que sí es una constante mía son los personajes obsesivos,
en los cuentos sobre todo. Me gustan esos personajes que se enmarañan en
una obsesión que les lleva al abismo.
P.- ¿Cuál es el siguiente espectáculo? ¿Va a ser tuyo el texto?
R.- No, de Eladio de Pablo, un monólogo de Eladio.
P.- Si, que me habías dicho que ibais a montar Entropía.
R.- Sí, con el Título de Jarrón Frankenstein. Lo estrenaremos el 19 de
abril en Corvera. ¡Os quiero ver allí!
P.- No va a ser un texto tuyo.
R.- Lo de Eladio fue algo como caído del cielo en el minuto justo...
Posiblemente en otro momento hubiéramos rechazado la propuesta, pero
cuando nos llamó ofreciéndonoslo, atravesábamos una etapa delicada de
cambios en la compañía y teníamos el norte algo perdido... En fin, que
nos cayó a güevo (si me permites esta ordinariez). "El destino
siempre toma sus decisiones con los ojos cerrados..." (cito a Eladio
en el texto de Jarrón... pa compensar lo de antes) (risas.
P.- Es un texto para un actor solo.
R.- Así es. Supone un reto, pero lo leímos y nos gustó mucho. Tiene
muchas posibilidades. Es un texto duro, pero tiene humor. Lo estamos
montando desde nuestro propio lenguaje, desde nuestra manera de hacer...
Esperemos que a Eladio le guste...
P.- ¿Lo vais a cambiar mucho?
R.- No, claro que no lo voy a cambiar. Me pongo en su lugar. Si alguien
montara un texto mío me gustaría que lo mantuviera intacto. En todo
caso, si retoco el texto en algo le llamaré para consensuarlo con él...
No obstante la puesta en escena es cosa mía, y ahí me ha dado carta
blanca.
P.- ¿Hacia dónde caminas, hacia dónde te gustaría ir?
R.- El día en que esto deje de ser divertido y me haga sufrir, lo dejo y
pongo un restaurante japonés, o un invernadero... (risas). La cuestión
es que esto siga siendo satisfactorio y que me de cancha para seguir
montando espectáculos y pasármelo medio bien. No aspiro a nada concreto,
sólo a ser medianamente feliz. Por eso si en algún momento vemos que las
cosas van mal...
P.- ¿No te dolería prescindir?
R.- Prescindir es una constante en la vida... Uno debe aprender a hacerlo.
Por otra parte no creo que me doliera demasiado, porque podría encontrar
otros caminos... Eso espero, al menos.
P.- ¿Vas a seguir escribiendo teatro?
R.- Supongo que sí. Aunque también me apetece volver a los cuentos que
los tengo muy olvidados, por falta de tiempo, fundamentalmente.
P.- Hazte dos preguntas que yo debería haberte preguntado y que no te las
he hecho.
R.- Me pregunto si estoy realmente segura de algo... Y me contesto que no.
Y me pregunto si me ha gustado esta entrevista, y me contesto que ha sido
un verdadero placer charlar contigo. Gracias por todo.
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