El
desván de las horas muertas
Laura Iglesia San Martín

En
este segundo número de La Ratonera seguimos
conociendo la personalidad y la obra de los actuales autores teatrales
asturianos. Les ofrecemos a continuación el texto El desván de las
horas muertas, de Laura Iglesia San Martín (el curículum y una
entrevista con la autora lo pueden buscar en el menú desplegable)
El
desván de las horas muertas
PERSONAJES
NORA es una mujer sofisticada y excéntrica de unos cincuenta años. Su
extravagancia a veces linda con la locura. Viste trajes de fiesta y
zapatos de tacón siempre rojos. Se maquilla exageradamente y luce
collares larguísimos de perlas. Bebe en exceso y consume continuamente
pastillas de colores.
En tiempos tuvo una vida llena de lujos y brillo. Es un ídolo caído, una
princesa destronada que ahora vive en un pequeño apartamento arrinconado
en algún barrio perdido. Conserva algunos enseres de ese pasado opulento
y radiante y se aferra a ellos de un modo absurdo y desesperado. En ese
reducto de sus recuerdos, pretende mantener el ambiente y el glamour de lo
que fue su vida antaño...
ALBERT es su leal mayordomo. Un hombre joven, culto, educado, correcto y
prudente. Un mayordomo ejemplar y modélico que ha pasado toda su vida a
lado de esta mujer.
Durante estos años de encierro ha hecho lo posible y lo imposible por
mantener ese ambiente ficticio que Nora intenta conservar vivo, prestándose
a sus juegos y a sus ensoñaciones...
La acción transcurre en el apartamento de Nora.
Oscuro.
Sobre la música, Nora enciende una a una las nueve velas de un candelabro
y poco a poco vemos lo que parece una habitación raída y decadente.
En el centro de la estancia, sobre una alfombra desgastada, una chaisse-longue
y una mesilla. Al fondo un viejo reloj de antesala, un biombo, un tocador
y una vieja gramola. Sobre la habitación flotan grandes marcos vacíos,
toda una galería de retratos invisibles.
Tras encender las velas, Nora va junto al reloj de pared que marca las
8:45. Mueve las agujas hasta colocarlas en las doce. Enciende un
cigarrillo en una larga boquilla y se recuesta en la chaise-longue lista
para recibir a Albert.

NORA- ¡Albert!, ¡Albert!
(Entra Albert, su mayordomo, impecablemente vestido con un chaqué)
ALBERT- Buenos días, señora.
NORA- Abre las cortinas.
(Albert cruza el escenario de lado a lado y a medida que camina, la luz
entra siguiendo sus pasos).
NORA- ¡Qué día tan espléndido! Adoro las mañanas luminosas. ¿Qué
hora es ya?
ALBERT- Las doce en punto, señora.
NORA- ¡Las doce! Mediodía. La hora perfecta para un aperitivo. Ponme una
copa, Albert... ¿Se han ido todos ya?
ALBERT- Sí.
NORA- ¿Todos?
ALBERT- Sí señora.
NORA- ¿Max también? ¿Se ha ido ya Max?
ALBERT- El señor Max fue el primero en abandonarnos. No se encontraba muy
bien y dijo que deseaba irse a su casa cuanto antes.
NORA- (Irritada) "No se encontraba bien..." ¡Cómo va a
encontrarse bien! ¡Cómo puede uno sentirse bien cuando se es una
sabandija, un insecto de semejante calaña...!
ALBERT- Cálmese señora. Ya se ha ido. No hay nadie en la casa. Sólo
usted y yo.
NORA- (Dúlce) ¡Tú y yo! ¡Ay Albert, no sé que haría sin ti! Tú y
yo. ¡Huy, mi cabeza! Yo tampoco me encuentro demasiado bien. Anda, tráeme
mis pastillas. (Albert le alcanza las pastillas y ella escoge una) A
ver... esta verde. Gracias querido, eres un encanto.
(Nora hace un gesto y Albert se coloca tras ella y comienza a darle un
masaje en las cervicales)
NORA- ¡Qué manos! (Nora baja la mirada y se detiene mirando su pecho) ¿Crees
que debo ir al cirujano, Albert? En los años veinte era una diosa, la
vanguardia. Estaba a la última, pero según creo, esto ya no se lleva.
ALBERT- Usted es una dama, la dama más elegante que jamás he conocido, y
no necesita nada para seguir siéndolo.
NORA- Gracias querido, ¡eres tan amable! Por cierto, ¿ha venido el
correo?
ALBERT- No, aún no.
(Nora se levanta de súbito interrumpiendo el masaje)
NORA- ¡Qué contrariedad! ¿Y la prensa? ¿Has comprado la prensa?
ALBERT- Le traeré la edición de la tarde.
NORA- Gracias. Albert, estás muy pálido, deberías tomar un poco el
sol... ¿en que época del año estamos?
ALBERT- Otoño, señora.
NORA- Otoño, qué delicia... El otoño es tan poético... El campo está
precioso en esta época del año. La época perfecta para dar un paseo en
bicicleta ¿Sabes andar en bicicleta, Albert?
ALBERT- Por supuesto señora, ¿no lo recuerda?
NORA- Es maravilloso... Desde las bicicletas el paisaje se ve tan
diferente..., es como si te inundará, como si te empapara el alma...
ALBERT- Teníamos tres bicicletas para toda la familia, para todos los
miembros del servicio. Yo siempre cogía la más grande, una con dos
catalinas y cinco piñones...
NORA- Tienes que aprender a andar en bicicleta, Albert. ¡Te compraré
una!
ALBERT- Dos catalinas y cinco piñones...
NORA- No hay nada como un paseo en bicicleta...
ALBERT- Echábamos carreras en el jardín. Recuerdo que nunca me perdonaba
que la ganara. "Tú no puedes ganar, Albert, eres un miembro del
servicio..."
NORA- Ay Albert... qué delicia... el campo abierto... el sol radiante...
Hummm... ¿hueles el mar?
(Nora se pone unas gafas de sol años 60 con montura roja y un foulard
rojo en la cabeza)
ALBERT- ¿El mar...? No lo conozco señora, y usted... me temo que
tampoco...
NORA- El viento acariciándote el rostro, los árboles, el cielo
despejado, los pájaros... Cuando vas en bicicleta todo el campo es
tuyo...
(Poco a poco Nora comienza a pedalear en una bicicleta imaginaria, de
repente, echa de menos a Albert)
¡Albert! ¡Sube!
(Albert también sube a ese tándem imaginario y sobre la música ambos
juegan a recrear ese idílico paseo en bicicleta)
NORA- Un paseo junto al mar... ¡Qué maravilla! ¡Adiós niños! ¡Adiós
señora condesa! Sí, un día espléndido...
ALBERT- ¡Mire, señora el heladero!
NORA- ¡Yo quiero un helado de fresa!
ALBERT- ¡Doble!
NORA- Albert, esos jovencitos quieren echarnos una carrera. ¡Conduce tú!
Vamos a adelantarlos.
(Albert se sitúa delante)
NORA- ¡Más rápido, más rápido...!
ALBERT- ¡Cuidado señora, un bache!
NORA- Ay... (gritando divertida)
ALBERT- Agárrese fuerte, cuidado, vamos cuesta abajo...
NORA- (ríe a carcajadas) ¡Corre, Albert! ¡Corre!
ALBERT- ¡Una curva! ¡Cuidado!
(Albert y Nora se separan entre risas y dan por terminado el juego. Nora
se recuesta en la chaisse-longue)
NORA- ¡Les hemos ganado!... Esos jovencitos presuntuosos... ¡qué se
creerán! Ay Albert, no hay nada como dejar a un joven en ridículo. ¡No
se les olvida nunca!
¡Qué divertido, Albert! ¡Estoy agotada! (Nora coge su copa y la alza
antes de beber) ¡Por los perdedores!
ALBERT- Señora, no pretendo contrariarla, pero permítame recordarle que
hoy no podemos entretenernos...
NORA- (contrariada) ¡Albert! ¡Ya lo has estropeado! ¡Con lo bien que lo
estábamos pasando!
ALBERT- Lo lamento, pero ya sabe que hoy sin falta debemos irnos.
NORA- Por favor Albert... ¡No hables como Max!
ALBERT- Nada más lejos de mi intención, señora, pero...
NORA- Ayer no decía otra cosa, está empeñado en amargarme la vida...
Siempre hablando de dinero, de deudas, de herencias, de acreedores... ¡Qué
mal gusto!
ALBERT- Sí. Estoy al corriente de todo, precisamente por eso...
NORA- (cortándole) ¡Albert, no me atosigues!
(De nuevo evocadora y entusiasmada en el recuerdo) ¡Adoro pasear en
bicicleta...! Recuerdo que de niña solíamos salir al campo en bicicleta
con la tía Agnes.
ALBERT- Cierto, creo que nos enseñó a andar en bicicleta a todos los niños
que había en la casa.
NORA- ¡La infancia es una época tan hermosa!
ALBERT- Todo el día para disfrutar sin preocuparse por nada.
NORA- Sobretodo si se tiene una familia como la mía...
ALBERT- Sin embargo cuando se tiene una familia como la mía...
NORA- Albert ¿has limpiado los cuadros?
ALBERT- Por supuesto, señora.
NORA- Es muy importante mantener limpio el honor de la familia (riendo)...
ALBERT- Impecable.
(Nora se acerca a mirar uno a uno los retratos de la familia)
NORA- Papá... ¿te acuerdas de él?
ALBERT- Cómo podría haberle olvidado...
NORA- Era un encanto. Todo el día montando a caballo, recorriendo las
fincas. Qué hombre tan apuesto, Albert. Era un poeta, un seductor.
Y mamá...., ¡qué gran señora!
ALBERT- Toda una dama..
NORA- Ay mamá... Tan guapa, tan tierna, tan coqueta... ¡Cómo la echo de
menos! Era toda una belleza, los hombres corrían tras ella como
ratoncitos.
ALBERT- Verdaderamente tenía un encanto especial...
NORA- Nunca la vi sin arreglarse. Jamás permitió que nadie la viera sin
maquillar. Incluso cuando estaba a punto de morir, se empeñó en
levantarse, vestirse y hacer que la peinaran...
ALBERT- Ese esfuerzo, fue lo que la mató, sin duda.
NORA- Sí. Murió con las botas puestas.
ALBERT- Como su padre, señora.
NORA- Y la tía Agnes. ¿Qué me dices de la tía Agnes? ¡Toda una
revolucionaria!
ALBERT- La única que llevaba pantalones en la familia
NORA- ¡Y cómo bebía! (Riendo)
ALBERT- ¡Como un auténtico cosaco!
NORA- Tumbaba a cualquier hombre bebiendo.
ALBERT- Ya lo creo.
NORA- Eso sí, era sana como un tronco de árbol.
ALBERT- Hasta que la fulminó la cirrosis.
NORA- Pero elegantísima. Dicen que metió en su cama a media Francia...
¡Qué maravilla! ¿Te imaginas?
ALBERT- La verdad es que no alcanzo a imaginarlo, señora.
NORA- Y el abuelo... Siempre presumiendo de sus heridas de guerra. Abría
su camisa y nos mostraba orgulloso el mapa de su cuerpo. (Señalando
diversos puntos de su cuerpo) 1849, 1860, 1873... Me recuerdo sentada en
sus rodillas. ¡Ven nenita, monta a caballito! ¡Arre! ¡Arre! (Riendo) ¡Cómo
pinchaba toda aquella metralla! Qué dulzura de hombre, era tan tierno con
los niños...
ALBERT- Con el debido respeto, señora, en mi opinión siempre fue un
depravado.
NORA- ¡Pues claro, querido, cómo todas las personas interesantes de este
mundo!
¡Qué familia, Albert! ¡Qué familia!
ALBERT- Peculiar, sin duda.
NORA- Ay, Albert qué ingenuidad la tuya... Nada de eso... Una familia de
lo más normal. Vulgar, incluso, aunque me moleste admitirlo...
(Nora coge su copa) ¡Propongo un brindis! Vamos querido, coge una copa y
bebe conmigo.
ALBERT- Señora..., yo no estoy acostumbrado a participar de estas
celebraciones.
NORA- Albert, te prohíbo que me lleves la contraria.
ALBERT- Si es una orden...
(Albert se sirve tímidamente una copa)
NORA- (Radiante, feliz, triunfal.) ¡Por la familia! ¡Crímenes! ¡Desordenes!¡Adulterios!
¡Venganzas! ¡Lascivia! ¡Deslealtad! ¡Corrupción! ¡Envidias! ¡Traiciones!
¡Parricidios! ¡Guerras!
¡Jamás nos aburríamos!
¡Por la familia!
ALBERT- ¡Por la familia!
(Música y coreografía con los retratos familiares. De súbito, entre los
cuadros, Nora ve uno que parece desagradarle y rompe bruscamente el juego)
NORA- (Indignada) ¡Albert! ¿Qué hace aquí este cuadro? ¿No te he
dicho que lo quitaras de ahí?
ALBERT- No señora, no recuerdo que me hubiera dicho nada, pero lo retiraré
inmediatamente.
NORA- ¡No lo toques! ¡Te traerá mala suerte!
¡Cómo se puede pertenecer a esta familia y no tener sangre en las venas!
Jamás lo entenderé. ¡Cómo se puede hacer lo que él hizo...!, ¡descuartizar
minuciosamente el pasado de una familia y seguir durmiendo tranquilo!
Nunca tuvo corazón. Y ahora pretende hacer lo mismo con mi vida...
ALBERT- Cálmese señora, en realidad Max no tuvo mala intención, él se
limitó sencillamente a hacer lo que...
NORA- (Cortándole con brusquedad) ¡Cállate Albert! ¡No consentiré que
le disculpes!
¡Max! Es imposible pronunciar su nombre sin escupir. (Burlándose)
"Querida, no escupas cuando digas mi nombre..." ¡Max! ¡Albert,
dilo tú! ¡Venga! ¡Max!
ALBERT- ¡Max!
NORA- ¡Otra vez!
ALBERT- ¡Max!
NORA- ¡Más fuerte!
ALBERT- (escupiéndole a la cara) ¡Max!
NORA- ¡Muy bien, Albert! ¡Eso es! ¡Ahora los dos!
NORA Y ALBERT- ¡Max! ¡Max!
NORA- (dirigiéndose al retrato) ¡Lo ves cómo es imposible decir tu
nombre sin escupir! ¡Mastuerzo! ¡Venga Albert, ánimo, desahógate! ¡Insúltale!
ALBERT- Pero...
NORA- ¡Obedece!
(Nora y Albert comienzan a insultar el retrato de Max. Albert permanece en
un mismo lugar y aunque en un principio se muestra tímido, poco a poco va
animándose. Nora, por el contrario, recorre el espacio desternillándose
de risa y se entusma con cada nuevo improperio)
ALBERT- ¡Malcriado!
NORA- ¡Mequetrefe!
ALBERT- ¡Mamarracho!
NORA- ¡Rata inmunda!
ALBERT- ¡Alfeñique!
NORA- ¡Gusano!
ALBERT- ¡Grasiento!
NORA- ¡Cara cortada!
ALBERT- ¡Zanahorio!
NORA- ¡Crápula!
ALBERT- ¡Sabandija!
NORA- ¡Oportunista! ¡Alimaña!
ALBERT- ¡Pestilente!
NORA- ¡Buitre!
(Agotada, Nora da por terminados los insultos y se deja caer en la chaisse-longue
con cara de felicidad) ¡Ay, qué a gusto me he quedado! ¿No te sientes
ahora mejor, Albert?
ALBERT- Sí, señora, la verdad es que me siento mucho más relajado.
NORA- ¡Es estupendo tener ovejas negras en la familia!, aunque sólo sea
para desahogarse. Vamos a celebrarlo, ¡sírveme una copa! Y tráeme mis
pastillas..., no sea que vuelva mi jaqueca.
¿Sabes? Espero que algún día deje de molestarnos. (Mirando al cuadro) Sí...
Dejará de molestarnos muy pronto. Estoy segura.
(Nora coge un cigarrillo)
ALBERT- Perdone mi indiscreción, pero ¿le ocurre algo al señor Max? ¿acaso
está enfermo? Cierto que ayer se marchó indispuesto, pero...
NORA- (interrumpiéndole) ¿Qué hora es ya, Albert? ¿Ha venido el
correo?
ALBERT- No, aún no. Parece que se retrasa hoy.
NORA- ¡Qué desastre! ¡Qué mediocridad! Está uno rodeado de seres
imperfectos, Albert... (Zalamera) Por qué no serán todos como tú, tan
eficiente, tan sensible, tan oportuno...
ALBERT- Sólo cumplo con mi trabajo.
NORA- Tan modesto, tan discreto... Siempre en el lugar adecuado en el
momento justo.
(Albert enciende el cigarrillo de Nora)
ALBERT- Es mi obligación, y siempre es un placer servirle.
NORA- Querido Albert, ¿cuántos años hace que trabajas para mí?
ALBERT- 38 años.
NORA- ¿Tanto?
ALBERT- Nací en su casa, señora, ¿no lo recuerda?
NORA- (Frívola) ¡Albert! Entonces, eres asquerosamente joven. ¡Me pones
mala!
ALBERT- Mi familia ha trabajado para la suya durante cinco generaciones.
NORA- Sí, la tradición es algo maravilloso, maravilloso...
ALBERT- Toda la familia, absolutamente toda.
NORA- ¡Puag! ¡qué asco de tabaco! Cada día es menos fuerte.
ALBERT- Usted y yo siempre hemos vivido bajo un mismo techo...
NORA- ¿Qué decías, Albert? Sigue, sigue, te escucho...
ALBERT- Toda mi vida la he compartido con usted.
NORA- Albert, ¿qué día es hoy?
ALBERT- Martes.
NORA- ¡Martes! ¡Espero carta de Klaus!
ALBERT- El cartero debe estar a punto de llegar.
NORA- Albert querido, ¿quieres ir a ver si ha llegado ya?
ALBERT- Ahora mismo, señora. (Albert sale)
NORA- Yo mientras voy a cambiarme. Quiero estar muy guapa para recibir esa
carta. Tan hermosa como a él le gustaría verme...
A veces mientras leo sus cartas me gusta imaginar que él está mirándome,
o mejor aún, que está a mí lado susurrándome esas palabras... Su voz
es una música tan dulce...
(Ilusionada) ¡Tengo que darme prisa y ponerme muy guapa...¡ ¡Sí, muy
guapa...! (Nora desaparece tras el biombo).
(Entra Albert con el correo y un ramo de flores).
ALBERT- ¡Señora, el correo! (se percata de que ella no está en la
habitación)
Y como cada martes su carta de Klaus, Klaus Von Fritzberger, el mejor
escritor de cartas de amor jamás soñado
NORA- (Tras el biombo) ¡Albert! ¿Eres tú?
ALBERT- ¡ Sí, señora! ¿quién podría ser, sino yo...?
(Albert limpia las gafas que Nora esconde bajo el cojín de la
chaisse-longue)
38 años, siete meses y doce días, toda una vida...
NORA- (Tras el biombo) ¡Albert, hay que recoger estos armarios!
ALBERT- ¡Descuide señora!
Y no sólo habrá que recoger los armarios... Tendré que empaquetarlo
todo y cuanto antes. Echaremos de menos muchas cosas..., sobre todo ella,
pero sabrá reponerse, después de todo no es la primera vez que nos
mudamos. Espero que recapacite y acepte la ayuda de Max... Tal vez
encontramos por fin una ventana para colocar estas cortinas.
(Segundos después entra Nora vestida de fiesta).
ALBERT- ¡Señora, está usted bellísima!
NORA- ¡Adulador!
ALBERT- Aquí está su correo y me he tomado la libertad de traerle estas
flores.
NORA- Albert querido, eres un encanto, gracias. A ver, a ver: Londres,
Lisboa, Frankfurt, Venecia, Madrid, Moscú... (Nora encuentra una tarjeta
publicitaria de Higiénico Papel Teatro entre sus cartas) ¿Qué es esto?
¡Publicidad! ¡Albert, sabes que detesto estos panfletos
publicitarios...! (La arroja al suelo y Albert la recoge y la guarda
discretamente) A ver... Roma, París... ¡Viena! ¡Aquí está! ¡Esta es
la carta que estaba esperando! Léemela Albert, por favor, léemela tú....
ALBERT- (Leyendo la carta con gran dulzura):
Queridísima Nora:
Un día más dedico unos instantes a escribirle... Aunque ya temo que mis
palabras le suenen reiteradas, obsesivas...
Los días pasan, los años se suceden pero mi recuerdo permanece intacto.
No puede imaginar cómo la amo, como la recuerdo, como cada día de mi
vida es un peldaño brotado de su ausencia.
Desde que supe que su padre había muerto y que se vio obligada a vender
la casa familiar, no dejo de pensar en lo feliz que usted sería al abrigo
de mis brazos y las paredes de mi casa. Abandone ese rincón y acuda a mi
lado de una vez por todas. ¿qué puedo hacer para convencerla? ¡Venga
conmigo, se lo suplico! ¡Su casa estará a mi lado, conmigo, en mí...!
Siempre estaré esperándola... Siempre...
Suyo.
Klaus Von Fritzberger
NORA - Klausfonflinchenger ¡Repítelo Albert!
ALBERT- Klaus Von Fritzberger
NORA- Klausfonflinchenger. ¡Otra vez, Albert!
ALBERT- Klaus Von Fritzberger
NORA- Klausfonflinchenger... Klausfonflinchenger... ¡Qué hombre tan
amable! Me escribe desde hace casi veinte años semanalmente y ni siquiera
le conozco. Jamás le he visto. Al parecer él me vio en Viena en un
baile, creo que hasta incluso fuimos presentados, pero yo no le
recuerdo... Desde aquel mismo instante quedó prendado de mí y aún me
ama apasionadamente... ¡Qué caballero Albert! ¡Puro fuego! ¡Pura poesía!
¿Has estado en Viena, Albert?
ALBERT- Sí estuve hace años con usted, ¿ no lo recuerda?
NORA- ¡Viena es un lugar de ensueño, una ciudad fascinante! Te encantaría.
ALBERT- Sí, la recuerdo bien.
NORA- No hagas que me enfade, Albert. ¡Tienes que ir a Viena! Uno no
puede morirse sin conocer Viena. Yo misma te llevaré si es necesario.
ALBERT- Sería maravilloso volver...
NORA- ¡Viena! ¡Qué lugar tan romántico! ¡Y los bailes Albert! Jamás
olvidaré los bailes de Viena...
ALBERT- Yo tampoco señora.
(Tímidamente comienza a sonar un vals lleno de nostalgia)
NORA- (Emocionada por el recuerdo) Esos salones llenos de gente y de músicos
tocando horas y horas hasta el amanecer...
ALBERT- aquellos menús exquisitos tan delicadamente servidos...
NORA- las lámparas de cristal de Bohemia...
ALBERT- limpias como gotas de agua
NORA- los suelos de mármol de Carrara...
ALBERT- impecables, perfectamente pulidos...
NORA- (cada vez más emocionada) las flores...
ALBERT- las bandejas de plata...
NORA- los vestidos de seda...
ALBERT- el champán...
NORA- las joyas...
ALBERT- los violinistas...
NORA- la música...
ALBERT- el vals...
NORA- ¡Viena, Albert, Viena! ¡Viena! ¡Viena!
(Nora se acerca a Albert y ambos comienzan a bailar ese vals desafinado y
nostálgico. Saludan a las demás parejas... juegan... giran alrededor de
la chaisse-longue, se dicen cosas al oído... ríen...)
ALBERT- Baila usted deliciosamente, señora.
NORA- Gracias Albert, querido. Anda tráeme mis pastillas, estoy un poco
mareada... A ver... esta verde y esta gris que estoy fatal... ¡Las
pastillas son sin duda el mejor invento de este siglo!
ALBERT- En fin, se hace tarde. Le recuerdo que debemos empezar a preparar
el equipaje.
NORA- (Contrariada) ¡Ya has vuelto a estropearlo! ¡Siempre lo estropeas
todo!
ALBERT- Disculpe mi insistencia. En modo alguno pretendo molestarla, pero
el tiempo apremia.
NORA- El tiempo... ¡El tiempo no existe Albert!
Es un invento, una herramienta para que la gente mediocre pueda organizar
su vida, de otro modo no serían capaces.
ALBERT- Por favor señora, le ruego que me escuche.
NORA- (Sin hacerle ningún caso) Albert, necesitas un corte de pelo.
ALBERT- Quisiera no tener que hablarle de esto... Yo soy consciente de que
lo doloroso que le resulta... pero debemos irnos hoy mismo.
NORA- ¿A qué viene tanta urgencia?
ALBERT- Como usted sabe, ayer junto con Max vino el propietario del
apartamento...
NORA- Sí, lo sé, no me recuerdes a ese petimetre engreído.
ALBERT- Señora, me temo que esta vez habla muy en serio. Ha dicho que si
no nos vamos voluntariamente vendrán a desahuciarnos. Ha amenazado con
llamar a la policía.
NORA- (Esquiva) ¿La policía...? Albert, ¿de qué hablas? Yo soy una señora.
ALBERT- precisamente por eso. No permitiré en modo alguno que se vea
envuelta en una situación tan incómoda.
NORA- No podemos dejar nuestra casa, Albert.
ALBERT- Nuestra casa puede estar en cualquier parte. Confíe en mí. Yo me
ocuparé de todo.
NORA- Albert, ¿qué quieres decir?
ALBERT- Será sencillamente un traslado, casi no nos daremos cuenta.
NORA- ¿Qué estás diciendo?
ALBERT- Llevamos ya cinco años en este lugar. Un cambio le vendrá bien.
Hágame caso.
NORA- No..., no..., no. De ningún modo. No quiero cambiar.
ALBERT- Señora, en mi opinión lo más razonable sería irse y evitar
problemas mayores. Nos han dado un ultimátum. Si no nos vamos, vendrán a
echarnos de aquí. Nos sacarán por la fuerza y eso sería muy
desagradable.
NORA- Albert, me estás asustando
ALBERT- No debe preocuparse. Déjelo todo en mis manos. Encontraremos otro
lugar. Tal vez un poco más pequeño que este, pero acogedor. Nos
llevaremos todo: sus vestidos, los cuadros de la familia... Le prometo que
no echará nada de menos, yo personalmente me encargaré de organizarlo y
prepararlo todo para que se sienta exactamente igual que aquí.
(Mientras Albert habla Nora mueve las agujas del reloj a las ocho)
NORA- Albert..., jamás podrá ser igual.
ALBERT- Entonces será aún mejor. Ha de haber un sitio para nosotros, un
lugar tranquilo, confortable, dónde nadie nos moleste. Un sitio luminoso
y soleado, sí, una casa con un gran ventanal. Escucharemos música,
bailaremos, incluso podremos dar paseos en bicicleta. Ya verá que
sencillo es. Usted no se preocupe por nada, yo lo recogeré todo en un
momento... (Albert se dispone a ir tras el biombo)
NORA- (Gritando enfurecida) ¡No toques nada! ¡no toques mis cosas!
ALBERT- Usted sabe que yo trato sus cosas con todo el mimo del mundo. Sé
lo que significan para usted. Lo sé.
NORA- Albert, estoy tan cansada... ¿Qué hora es ya? Las ocho. ¡La hora
perfecta para un aperitivo!
ALBERT- De acuerdo, está bien. Iré a recoger mis cosas y en cuanto
vuelva, la ayudaré con su equipaje. (sale)
NORA- ¡No olvides traerme la prensa, Albert!
(Sobre la música Nora vuelve a colocar en su lugar todas las cosas que
Albert ha ido recogiendo. Coloca las flores en un jarrón, mira todo a su
alrededor y se queda ensimismada columpiándose en el recuerdo.
Al poco, entra Albert con una pequeña maleta. Se ha peinado y acicalado
un poco.)
ALBERT- Señora, mi equipaje ya está listo.
NORA- ¡Albert, te has perfumado! (Coqueta) Eres tan apuesto, tan
elegante... Si hubieras sido un príncipe, un poeta, un escritor, un
conde..., me habría casado contigo sin dudarlo un solo momento. Eres tan
encantador Albert, tan dulce... ¿Te has enamorado alguna vez?
ALBERT- Señora... yo...
NORA- Tssss... ¡Calla, no digas nada! Tú no puedes saber nada acerca del
amor... ¡Cómo puede conocer el amor quien desconoce la crueldad!
Yo en cambio sé bien lo que el amor puede hacer en una vida, cómo puede
desgarrarla, truncarla y hacerla pedazos... El placer y el dolor son en
realidad la misma cosa, Albert.
Te diré que es el verdadero amor: es devoción ciega, entrega absoluta,
abandono de tu alma y de tu corazón a quien los destroza...
(Suplicante) Albert... Mi dulce Albert... tú me amas, verdad?
ALBERT- Usted sabe perfectamente que en mi vida no ha habido otra mujer
sino usted. En mi corazón nunca ha habido hueco para nadie más...
NORA- Es cierto Albert, lo sé.
ALBERT- Desde el mismo día de mi nacimiento he sido todo suyo, soy todo
suyo.
NORA- Tú eres el único que aún me quiere, que aún permanece a mi lado.
Y ya no concibo mi vida sin ti. Tú eres todo lo que tengo Albert. Todo lo
que tengo...
(Nora avanza hacia él de modo provocativo. Albert titubea, pero
finalmente, se acerca a ella dispuesto a besarla. Cuando apenas sus labios
se han rozado, ella se aparta de inmediato poniendo fin a este ambiguo y
doloroso juego de seducción).
NORA- (Riendo, burlándose, casi desternillándose de risa) ¡Albert! No
debes ser tan atrevido con una dama!
ALBERT- Discúlpeme señora, lo siento, por favor, discúlpeme.
NORA- ¿Sabes Albert? Yo tuve legiones de amantes, pero cuando vendimos la
casa de papá se esfumaron, no sé que habrá sido de ellos...
Posiblemente no han sabido donde encontrarme y yo no tengo tiempo para ir
a fiestas o hacer llamadas... ¿Dónde estarán ahora...? A lo mejor se
han casado... La gente es tan aburrida...
Bueno no importa, Klaus es mi único amor ahora, por primera vez en mi
vida le soy fiel a alguien. A mí edad...
(Nora se detiene de nuevo en la carta de Klaus que está sobre la mesita
de té)
¡Si supiera lo que suponen para mí sus cartas! No deja de pedirme que
acuda junto a él, pero yo jamás me iré de aquí. Nunca se lo he dicho,
temo que pierda la esperanza y deje de escribirme.
ALBERT- No resulta fácil abandonar un habito después de veinte años...
NORA - No puedo vivir sin sus cartas.
ALBERT- ...pero podría ser posible.
(Nora coge un montón de cartas del cajón de la mesilla del teléfono).
NORA- ¡Vamos Albert... léeme otra carta! ¡Lees tan bien! ¡Siempre es
un placer escuchar estas palabras de tus labios!
ALBERT- ¿Cuál?
NORA- Cualquiera, no importa. Klaus escribe maravillosamente y todas sus
cartas son preciosas, están tan llenas de amor.
¡Vamos Albert, lee!
(Nora le entrega una carta a Albert y éste comienza a leer, al momento se
la quita de la mano y le da otra, vuelve a quitársela para darle otra y
así sucesivamente. Albert entretanto va leyendo frases sueltas,
fragmentos. Nora baila a su alrededor con todos esos papeles mientras le
escucha ensimismada )
ALBERT- Queridísima Nora: No le diré nada nuevo, sólo que la quiero,
que la echo de menos en todos los segundos de mi vida...
Desde los kilómetros que nos separan continua viajando en mi pensamiento,
susurrándome dulzuras al oído...
Sueño que sus cabellos me envuelven y trepan por mi cuerpo como la
madreselva...
Palabras son nada frente al delirio que ocultan mis latidos...
Tal vez llegará un día en que los relojes se detengan para nosotros.
Sabré esperar hasta entonces...
Este amor será inmune a los espacios y a los tiempos.
Habremos de recuperar los días perdidos y hacer justicia a este curioso
misterio que nos envuelve...
Siempre estaré esperándola, siempre, siempre...
Suyo. Klaus Von Fritzberger.
NORA- Gracias Albert, gracias...
(Nora mueve de nuevo las agujas del reloj)
ALBERT- (Señalando su maleta y volviendo a su empeño) Bueno, mi equipaje
ya está listo.
NORA- ¿Eso es todo? ¿Y el resto de tus cosas?
ALBERT- Todo lo que poseo está aquí dentro, señora.
NORA- (Riendo) Albert, eres imposible... ¿Todo? ¡No puedo creerlo!
ALBERT - Señora, yo jamás le mentiría.
NORA - Ay, ¡qué fácil es viajar para la gente como tú! Te envidio,
Albert. Ves como jamás podrás entenderme.
ALBERT- Yo haré que viajar para usted sea también fácil, ya lo verá.
Ahora, recogeremos sus cosas y nos iremos.
NORA- Espera un momento, Albert ¿Qué hora es ya?
ALBERT- Las seis.
NORA- ¿Me has traído la prensa de la tarde?
ALBERT- Sí. Aquí está.
NORA- A ver, a ver... Las páginas de sociedad y las páginas de sucesos,
mis favoritas. Son las más divertidas y emocionantes... Déjame sola
querido.... (Albert sale y Nora saca una gafas ostensiblemente graduadas
para leer el periódico. Comienza a leer y su rostro se llena de alegría.
Ríe a carcajadas.) ¡Aquí está! ¡Justo lo que esperaba! ¡Albert!
(Se quita las gafas rápidamente y las esconde)
(Dirigiéndose al retrato de Max y riéndose)
¡Felicidades querido! ¡Por fin has salido en los periódicos! ¡La ilusión
de tu vida!
¡Albert! ¡Ven!
(Entra Albert)
ALBERT- ¿Me llamaba, señora?
NORA- (Radiante) ¡No vas a creerte esto! ¡Mira! Lee, aquí, aquí. En
voz alta Albert, ¡vamos!

ALBERT- "La pasada
madrugada fue hallado el cuerpo sin vida de un hombre indocumentado en las
proximidades de la estación... (Albert titubea, no puede creer lo que ven
sus ojos)
NORA- (Riendo despreocupadamente) ¡Vamos! ¡Sigue! ¡Sigue!
ALBERT- "Se trata de un hombre de unos cincuenta años, pelirrojo,
con una cicatriz en la cara" (De nuevo titubea cada vez más
horrorizado)
NORA- (Entusiasmada) ¡Sigue, Albert, sigue...!
ALBERT- "Según las primeras informaciones, se cree que su muerte se
produjo por un ataque cardiaco debido a causas naturales. No obstante, la
policía no descarta otras posibilidades y se abrirá una investigación
para esclarecer con exactitud la identidad del finado y las circunstancias
que rodearon su muerte"
NORA- ¿A qué es fantástico, Albert! (riendo) Sin vida ...
ALBERT- (Nervioso) Usted lo sabía, no es cierto... Esperaba esta noticia,
por eso me pedía el periódico con tanta insistencia...
NORA- Debido a causas naturales... (riendo) como si los insectos de su
especie se murieran por causas naturales.
ALBERT- Esto, esto es terrible...
NORA- Albert ¿qué pasa? ¿no te alegras?
ALBERT- Le aseguro señora, que no sé que contestar.
NORA- Por favor Albert, no te reprimas. ¡Alégrate!
ALBERT- Espero que mis pensamientos sean erróneos... Por favor, explíquese.
NORA- Ay Albert, está visto que las mejores cosas de esta vida no puede
planearse. (Riendo) "Nora, querida, estoy muy alterado, ¿serías tan
amable de darme uno de tus tranquilizantes?" Sólo tuve que dejarle
una caja de pastillas grises al alcance de la mano, y él solito se encargó
de terminarlas. Bueno, para ser sincera, he de admitir que yo le animé un
poco... Pobre idiota... "Nora, estas pastillas tuyas son un prodigio,
eres toda una alquimista, querida..." Siempre fue un vicioso, yo
apenas tuve que mover un dedo.
ALBERT- Señora, ¿se da cuenta de lo que esto significa?
NORA- Significa que por fin nos hemos librado de ese gusano oportunista...
ALBERT- significa que abrirán una investigación y...
NORA- significa que hay que celebrarlo, ¡sírveme una copa, Albert!
ALBERT- La policía vendrá en cualquier momento. Lo primero que harán en
cuanto descubran su identidad será ponerse en contacto con la familia y
los allegados...
NORA- (Despreocupada) Albert, por favor, deja ya de preocuparte. A nadie
le extrañará lo sucedido. Max tomaba pastillas todo el día. Desayunaba,
comía, y cenaba pastillas. En caso de que le hagan la autopsia, cosa que
dudo, no encontrarán en su cuerpo nada más que pastillas.
ALBERT- Tiene razón. La verdad es que tomaba incluso más pastillas que
usted.
NORA- Veo que empiezas a hablar con sensatez. ¿Te das cuenta Albert?
Hemos cometido un crimen perfecto.
ALBERT- ¿Hemos?
NORA- ¡No pensarás dejarme sola en esto! A partir de este momento eres
mi cómplice. Tienes el honor de ser mi cómplice, deberías estarme
agradecido.
ALBERT- Yo jamás haría algo así.
NORA- Por supuesto, querido, ¡tú eres incapaz de hacer algo así!
ALBERT- (Muy alterado) Señora, necesito un trago, ¿me permite?
NORA- Claro, bebe, bebe. Ya era hora de que te animaras un poco.
ALBERT- (Mientras se sirve una copa) Discúlpeme, pero no me encuentro muy
bien.
NORA- ¡Por favor, Albert! ¡Cálmate! Durante años la premisa de esta
familia ha sido conservar la serenidad y la fuerza incluso en los momentos
de mayor vulnerabilidad. Ser débil es vulgar.
¡Qué fácil es librarse de alguien, verdad Albert!
ALBERT- (Cada vez más alterado) Tenemos que irnos, señora. Ahora sí que
no hay otra opción, tenemos que irnos en seguida. De otro modo, la policía
vendrá a interrogarla, o aún peor, vendrán a buscarla y se la llevarán
para interrogarla sólo Dios sabe donde. Yo no estoy acostumbrado a estas
situaciones, si viene la policía no sabré qué decir... señora, yo...
yo no sé mentir, me pondré nervioso y...
NORA- Mi querido Albert, eres tan ingenuo. La policía. (Riendo) ¿Quieres
dejar ya de mencionarlos? Llevas todo el día hablando de la policía...
¡La policía! ¡Son tan poco eficaces! Necesitarán días para
identificar a esa... (buscando las palabras) cosa putrefacta, y puedes
estar seguro de que jamás averiguarán lo sucedido. Las tumbas están preñadas
de secretos, querido, de crímenes impunes que en su día no consiguieron
levantar ni una pizca de sospecha ni la levantarán ya nunca. ¡La policía!
(Desternillándose de risa) ¡Mira que miedo me dan!
(Por unos instantes Nora juega a perseguir a Albert por toda la habitación,
haciéndole correr y burlándose de él )
NORA- Ja,ja,ja... ¡Huy, qué vienen! ¡La policía! ¡bang, bang...! ¡Arriba
las manos...! ¡Cuidado Albert, qué vienen...! ¡Escóndete...!
Ja,ja,ja... ¡La policía! ¡Bang, bang...! ¡Corre, corre Albert, que van
a por ti...! Ja,ja,ja...
(Utilizando la gramola como megáfono)
¡Están rodeados! ¡Salgan con las manos en alto! ¡Es inútil que
opongan resistencia! ¡Tenemos controladas todas las salidas!
(Nora da por terminada la persecución y se sienta en la chaisse-longue)
NORA- ¡Qué divertido!
ALBERT- A mí no me hace ninguna gracia.
NORA- Albert, eres tan ingenuo. Deja ya de preocuparte. Aunque... (con
ironía) ahora que lo pienso, suponiendo que vengan a esta casa, lo
primero que pensarán es que lo has hecho tú.
ALBERT- (asustado) ¿Yo?
NORA- Te interrogarán a ti. ¡Son tan torpes! ¡Mírate Albert, mírate!
ALBERT- (molesto) Claro, cómo no había caído... El asesino siempre
tiene que ser el mayordomo.
NORA- ¿Y quién si no?
ALBERT- Eso ya no ocurre ni en la mala literatura.
NORA- Para eso se os paga, para que limpiéis.
ALBERT- Me temo que ese no es mi caso, y muy a mi pesar y con el debido
respeto, permítame recordarle que hace meses que no me paga.
NORA- Ay Albert, sabes que detesto hablar de dinero. No es momento de
frivolidades. Déjame disfrutar de esto.
(Solemne) ¡Qué es matar, si se puede estar toda una vida llorando...! ¡Qué
importa Albert, un ser más o un ser menos, sobretodo cuando el individuo
en cuestión es un parásito tan despreciable! (Triunfal) Algún día el
mundo nos agradecerá que le hayamos librado de semejante excremento...
Además, si yo no hubiera acabado con él, él habría acabado conmigo. ¿Estarías
más a gusto sirviéndole a él, Albert?
ALBERT- No. Y me consta que lo sabe.
NORA- Querido Albert, no me hagas caso. A veces pierdo los estribos... Cómo
papá.
¡Papá! El sí que era un teórico del crimen. Si le hubieran dejado,
habría aniquilado a media Europa.
ALBERT- No lo dudo, señora.
NORA- ¿Recuerdas sus clases de esgrima? ¡Qué bien lo pasábamos!
(Nora comienza a jugar de nuevo. Coge los plumeros de Albert, le entrega
uno y entabla con él un combate de esgrima)
NORA- ¡En guardia! ¡Nenito, esa barbilla alta, hay que saber morir con
dignidad! ¡Touché!
¡En guardia! ¡Nenito, no te despistes ni un instante, no hay una segunda
oportunidad para un cadáver! (Señalando al suelo) ¿Qué es eso? ¡Touché!
¡En guardia! (Albert ataca con más energía) ¡Albert, te prohibo que te
defiendas!
¡Nenito, no lo olvides: mínimo error, máximo castigo! ¡Touché!
(Albert huye) ¡Nenito! ¿Dónde vas? ¡El arrepentimiento no existe, las
cosas se piensan antes de hacerlas! ¡Los cadáveres no gritan!
(Nora, victoriosa y entre risas, da por terminado el juego)
NORA- Ay, pobre papá... Yo siempre fui su preferida, ¿sabes...? Nunca se
llevó bien con Max. Era tan torpe... Ni siquiera se le daba bien la
esgrima... Te diré algo... Yo creo que papá le hizo ese corte en la cara
deliberadamente, a ver si así espabilaba y empezaba a defenderse, pero ni
aún así fue capaz. Max dejó la esgrima y se dedicó al golf... ¡el muy
pusilánime!
Menos mal que jugando al golf conoció a la insulsa de su mujer y así al
menos se fue de la casa. Una familia modelo... "Querida, estarás
orgullosísima de tu hermano... Un abogado brillante, un marido
ejemplar" ¡Cómo engañaba! ¡Lo que parecen deberían de ser los
hombres! ¡Sólo eso! Cuando murió papá, pudimos ver su verdadero
rostro... Vendió la casa sin el menor escrúpulo...
ALBERT- Era la única salida posible, señora. Las deudas eran
insostenibles..., pero lo que sucedió entonces ya no importa. Ahora Max
está muerto y nosotros estamos en una situación muy delicada... Se lo
pediré por última vez. Recojamos todo y vayámonos de aquí.
NORA- ¡Albert, te estás repitiendo, y no hay nada peor en esta vida que
repetirse!
ALBERT- Créame, es por su bien. Lo tengo todo pensado. Para empezar
podemos ir a casa de mi hermana en el campo. Allí no nos encontrarán.
NORA- No pienso ir a casa de tu hermana. Nunca se me ocurriría ir a casa
de ningún miembro de tu familia, ¡qué disparate!
ALBERT- Le aseguro que si no estuviésemos en esta situación jamás se me
habría ocurrido algo así.
NORA- Esta es mi casa y no me moveré de ella. Eso mismo decía ayer Max,
tuvo la osadía de venir a decirme que mi situación económica era
insostenible y que me fuera a vivir con él y su mujer, ¡qué ocurrencia!
ALBERT- Entonces venderemos sus joyas, con ese dinero será suficiente
para...
NORA- ¡Jamás! (indignada) ¡Cómo te atreves! No tienes ni pizca de
delicadeza. ¡Cómo has podido tan siquiera pensar semejante cosa!
ALBERT- No veo otra solución.
NORA- ¿Acaso ayer te pusiste de acuerdo con Max? Decía exactamente lo
mismo que tú... Dime ¿habló contigo?, ¿te dijo algo? ¡Pero quién os
habéis creído que sois para tomar decisiones acerca de mi vida!
ALBERT- Señora, le recuerdo que estamos en un momento crítico.
NORA- No Albert, no pienso moverme de aquí. Y menos aún, deshacerme de
ninguna de mis cosas. Tú no puedes entenderlo. Estas paredes, estos
muebles, esos retratos... ¡son todo lo que tengo!, ¡lo único que aún
conservo de mi vida! ¡Tú no sabes lo que eso significa! ¡Cómo vas a
entenderlo si todo tu pasado, toda tu vida, cabe en una maleta!
ALBERT- Se equivoca. Usted es todo mi pasado, toda mi vida..., y
precisamente por eso no puedo dejarla aquí.
NORA- (gritando) ¡Cómo te atreves! ¿Quién te has creído que eres? ¡No
tienes ni idea de cómo me siento! ¡Ni la más remota idea!
ALBERT- ¿De veras piensa que desconozco ese sentimiento? ¿De veras me
cree tan insensible?
NORA- Jamás podrás saberlo. No eres más que un mayordomo.
ALBERT- (Ofendido) Claro, lo había olvidado. ¡El perfecto mayordomo!
Culto, correcto, prudente, educado, silencioso... Y sin un corazón en el
pecho, ¿no es eso? En una cosa tiene razón. Yo nunca sabré lo que es
dejar atrás las posesiones o el patrimonio familiar. Mi familia jamás ha
tenido nada. ¡Nada! Ni siquiera estas ropas me pertenecen. Pero sé muy
bien lo que es perder a los seres queridos, y aún más, sé lo que es
dejar pasar toda una vida ante los ojos sin poder disfrutar de ella.
NORA- ¿Qué insinúas?
ALBERT- Y le aseguro que también tengo memoria, que también recuerdo con
una exactitud casi lacerante ese pasado que no poseo. ¡Recuerdos! ¡Recuerdos!
¿A qué recuerdos se refiere? Nadie, absolutamente nadie, excepto sus
acreedores, ha venido a visitarnos en los últimos cinco años. Los únicos
recuerdos que impregnan esta casa están tejidos con la rutina de esta
soledad, un día tras otro, siempre lo mismo... Desde que se vendió la
casa familiar y nos vinimos a este apartamento el tiempo se ha congelado.
Nada ha sucedido. ¡Nada! ¿Qué recuerdos teme perder? Sus recuerdos se
quedaron allí, entre aquellas paredes, en aquella mansión de nuestra
infancia. Sí, lo tengo muy presente... Y a mí también me dolió, o cree
que fue usted la única que sufrió al ver la casa desmantelada, los
muebles amontonados en el jardín bajo la lluvia antes de ser
subastados... Y mis compañeros, mi familia, todo el servicio... todos a
la calle, despedidos, todos menos yo... ¡Qué gran privilegio! ¡el único!
¡el elegido! Sin preguntar decidió conservarme junto con estos cuatro
muebles. ¡Qué fortuna! ¡qué gran honor! ¡salvado de la ruina cómo un
mueble más! ¡Encerrado en este cuartucho sin ventanas como una pieza más
en el museo de sus recuerdos marchitos! ¿Quiere saber cómo me sentí al
despedirme de mi familia, de mis compañeros, cómo me sentí cuando le
dije adiós a Marta, el ama de llaves...? Le haré una confesión... yo soñaba
con casarme con ella algún día..., y jamás he vuelto a verla, ni a
ella, ni a ninguno de los otros. Solamente recibo de cuando en cuando
alguna carta de mi hermana. Todos han seguido su camino, algunos se han
casado, han tenido hijos, han encontrado nuevos trabajos, algunos incluso
en casas estupendas en las que se suceden las reuniones y las fiestas...
(Gritando) ¡Cinco años! ¡cinco años en este agujero mientras la vida
ahí fuera continúa! Manteniendo como único vínculo con la realidad
esas cartas de mi hermana, esas cartas (Albert arroja al suelo de un
manotazo el manojo de cartas de Nora que estaban sobre la mesa) que no
hablan de amor, ni de fiestas vienesas... pero que espero con la misma
ansiedad con la que usted espera su apasionada correspondencia... pues
deje que le diga algo, deje que le hable de su querido Klaus...
NORA- (llorando al tiempo que recoge las cartas del suelo) ¡Basta! ¡Basta
Albert! ¡Por favor, no sigas! ¡Basta ya! Por favor ¡Basta ya!
ALBERT- (arrepentido) Discúlpeme. Ha sido una torpeza imperdonable.
(Arrodillándose junto a ella y cogiendo sus brazos) Yo también puedo
hablarle de recuerdos, pero quisiera hablarle de futuros, de deseos... Yo
nunca he tenido grandes ambiciones... (Tierno) Todo lo que sé de la vida
ha sido de su mano. Apenas conozco el mundo sino a través de su
mirada..., y no me arrepiento en absoluto, pero créame, quisiera saber
cual es el color del aire detrás de estos muros, el olor del mar...
quisiera ver de nuevo el sol.
NORA- ¿Has terminado?
ALBERT- Sí, señora. De nuevo le ruego que me disculpe, no sé cómo he
podido, no volverá a suceder.
NORA- No importa Albert.
ALBERT- Lo lamento de veras. He perdido los nervios.
NORA- Cálmate Albert... Sí, estás nervioso, eso es todo... Y yo también
lo estoy. Sírveme un copa, ¿quieres...?
Albert..., hay algo importante que debes saber... (Nora comienza a reír tímidamente
de un modo histérico, a medio camino entre el llanto y la risa). Es el
secreto mejor guardado de la familia, mamá y papá pretendieron
ocultarlo, pero la tía Agnes se encargó de decírmelo. Max nunca llegó
a saberlo, pero la mayoría de las joyas son falsas. Sólo las perlas son
auténticas, el resto, todas esas esmeraldas, amatistas y rubíes no son más
que vidrios de colores bien pulidos... No me darían absolutamente nada
por ellas... (ya casi llorando)
ALBERT- No se preocupe... Yo guardo algunos ahorros y...
NORA- Albert... Estoy cansada. Déjalo ya , por favor.
Voy a ponerme cómoda...
(Nora se dispone a salir y antes de hacerlo se detiene y se vuelve hacia
Albert) Creo que voy a escribir a Klaus. Lleva tantos años esperándome...
Quizá este sea el momento de darle una oportunidad...
Klaus, sí, eso es, Klaus...
(Nora sale. Suena el teléfono y Albert atiende la llamada)
ALBERT- Dígame. (Muy sorprendido) ¡Max! No puede ser, pero... ¿se
encuentra bien? Iba a llamarle ahora mismo, creíamos que le había
ocurrido algo... No, no, lo digo porque en el periódico... ¡Ah, ya lo ha
visto! Como ayer se marchó indispuesto... ¡Sí, sí... qué casualidad,
verdad... No sabe cuánto me alegra oírle... Sí ya veo que está
perfectamente..., no hay nada como una cura de sueño... En efecto, una
salud de hierro, como la de toda la familia...
No... aquí no hay nada que hacer ya... No he sido capaz de convencerla...
He estado hablando con ella y me ha confesado algo que creo que es
importante que usted sepa... Las joyas son falsas... Olvídelo. Yo...
(dudando) creo que me voy a ir, pero ella se quedará aquí... No, no se
preocupe... No me debe absolutamente nada... Lo mejor será que usted
venga y trate de hablar con ella... Está muy alterada... Sí... Gracias
por todo... Me alegra mucho que se encuentre usted bien..., ya sabe que le
tengo aprecio, eso es todo... Adiós.
(Al poco entra Nora)
NORA- Albert, me ha parecido oír el teléfono, ¿quien era?
ALBERT- Nadie, no era nadie...
NORA- ¿Seguro?
ALBERT- Sí, señora.
NORA- Nos llaman tan pocas veces que ya no recuerdo su sonido...
ALBERT- No señora...
NORA- ¡Albert! ¡Está empezando a llover!, ¿lo oyes? ¡Mi paraguas, rápido!
(Nora se entrega a un nuevo juego, a una nueva ensoñación, pero esta vez
Albert se mantiene al margen. Le alcanza el paraguas, permanece unos
segundos junto a ella y se aleja apesadumbrado. Camina por la habitación
mirándola y mirando a su alrededor mientras ella continúa hablando bajo
el paraguas abierto sin escucharle).
NORA- Adoro la lluvia. Es tan romántica... ¡Qué luz tan hermosa...! Me
hace recordar los atardeceres de París, aquellos paseos junto al Sena...,
¿recuerdas? Las barcas deslizándose suavemente sobre el agua... ¡Vayamos
a dar un paseo en barca, Albert! Los atardeceres de París son tan mágicos...
El cielo se tiñe de rosa...
ALBERT- Echaré de menos muchas cosas...
NORA- Mira Albert, mira el agua... cómo se refleja la luz en el agua...
La vida adquiere sentido en un momento así...
ALBERT- Aún soy joven ... y me queda tanto por vivir...
(Albert mueve las agujas del reloj a las doce)
NORA- Sigue lloviendo... Mansamente... ¿notas el perfume de las calles
mojadas? Toda la ciudad es un corazón abierto latiendo para nosotros...
ALBERT- Ni siquiera sé bien adónde ir...

NORA- Las parejas de enamorados
se arropan bajo los paraguas... y esta lluvia se hace cómplice silencioso
de sus cuerpos enlazados...
ALBERT- Hubiera hecho casi cualquier cosa por ella...
NORA- El amor siempre es un misterio...
ALBERT- Jamás podré olvidarla...
NORA- Se miran a los ojos tiernamente, se prometen amor eterno...
ALBERT- Pero no puedo renunciar a mi destino... Debo ser valiente...
NORA- Para siempre...
ALBERT- Es inútil insistir. Ya nada puedo hacer aquí...
NORA- Para siempre.
ALBERT- Nada.
NORA- Para siempre.
ALBERT- Nada.
NORA- (Volviendo a la realidad y percatándose de que Albert no está
junto a ella) ¿Albert? Ah, estás ahí. Me habías asustado...
ALBERT- Señora... Si no quiere irse, quédese en la casa, pero yo me voy.
Ya no tiene sentido que permanezca aquí. Lamentándolo profundamente, me
veo obligado a despedirme de usted.
NORA- ¡Albert! ¿adónde vas? ¡Suelta esa maleta inmediatamente! ¡Te
estás portando muy mal! ¡Muy pero que muy mal! ¡Pareces un niño
malcriado! ¡Pídeme perdón!
ALBERT- Lo siento, señora, pero...
NORA- ¡Ha sido un día estupendo! No lo estropeemos enfadándonos... Un día
delicioso, cómo todos a tu lado, Albert ... Mi dulce Albert...
ALBERT- Se lo pediré por última vez. Es el momento de tomar una decisión.
Ya no queda más tiempo. Ni un minuto más, ni un segundo más...
NORA- Albert, recuerda que el tiempo no existe..., además, tú eres del
tiempo de mi vida. Siempre juntos, ¿recuerdas? Para siempre, para
siempre...
ALBERT- Por favor, abandone este rincón y acuda a mi lado de una vez por
todas... ¿qué puedo hacer para convencerla? ¡Venga conmigo, se lo
suplico! ¡Su casa estará a mi lado, conmigo, en mí...!
(Nora reconoce las palabras de Klaus. Instantáneamente su mirada se tiñe
de soledad. Se deja caer en la chaisse-longue sin mencionar nada al
respecto...)
NORA- Estoy tan cansada, Albert... Tan cansada... Tan cansada... Necesito
descansar...
ALBERT- No me obligue a dejarla aquí...
NORA- Hay umbrales que sólo se cruzan una vez, Albert...
¿Qué hora es ya?... Las doce... Medianoche... Anda, sé bueno, tráeme
mis pastillas. Es la hora del combinado, Albert. Rosa, azul, amarillo y
verde...
ALBERT- Se lo ruego...
NORA- (insistente) ¡El combinado, Albert!
ALBERT- Sí, la hora perfecta para un combinado...
NORA- Estoy contenta Albert. Por fin nos hemos librado de Max...
ALBERT- Cierto... Por fin estamos solos... Usted y yo...
NORA- (Tierna) Sí Albert, tú y yo.... (Nora se recuesta, se quita los
collares de perlas y se los entrega a Albert... ) Toma, guárdame esto...
Me molesta.
(Casi frívola) Hay que ser muy riguroso con los combinados si uno quiere
tener dulces sueños...
(Albert trae todas sus pastillas, se sienta a su lado y comienza a dárselas
dulcemente)
ALBERT- Rosa, azul, amarillo y verde... Pastillas para soñar... Las
azules para tener sueños llenos de aire... Las verdes para soñar al
arrullo de los árboles... Las rosas para volver a los atardeceres
parisinos... Las amarillas para escuchar el silencio de los desiertos... Y
estas blancas para conservar intactas las bodegas de la memoria...
NORA- (Con una inocencia casi infantil) Albert... ¿y si tomo las azules
con las rosas podré ver los amaneceres de París desde el cielo?
ALBERT- Por supuesto..., rozando las torres de Notre Dame.
NORA- ¡Qué maravilla! ¡Venga! Las azules con las rosas.
Querido Albert, en el fondo eres un poeta. Sé que hubieras sido un gran
escritor... ¿Te he dicho que me habría casado contigo?
ALBERT- Y ahora las grises..., estas son las mejores.
NORA- Sí, con cuatro de estas ya no harían falta más.
ALBERT- Y ahora todas las que quedan... Todas juntas, para alcanzar el
rincón de los sueños multicolores, el paraíso perdido lleno de perfumes
y sonrisas, de grandes ventanales con vistas al campo abierto.
NORA- Ya me encuentro mucho mejor... Sí, ya estoy mucho más descansada.
ALBERT- Claro que sí. Todo va a salir bien.
NORA- Por supuesto Albert, contigo a mi lado no podría ser de otro modo.
No olvides cerrar las cortinas.
¡Qué felicidad Albert! ¡Qué paz! No imagino sentir nunca un momento
tan hermoso, tan pleno, tan inocente...
(Albert con los collares de perlas en su mano duda unos instantes y
finalmente los deja en la chaisse longue a los pies de Nora)
NORA- Gracias Albert. Te quiero.
(A medida que Nora va perdiendo la consciencia Albert apaga las velas,
coge las cartas y se dispone a salir)
ALBERT- Lo sé. (Sale)
TELÓN
Arriba
|