El mayor choyu de la parroquia

Laureano Mántaras
En la próxima encarnación quiero ser arquitecto; naturalmente a condición de pertenecer al Colegio de Arquitecyos de Asturias (C.A.A.), que a juzgar por el silencio, limpia, pule y da esplendor. Y quiero ser arquitecto, pues la crisis artístico/económico del teatro, la gana la arquitectura que también sufre en lo artístico, pero en compensación, resplandece en lo económico.
D. Ramón del Valle Inclán dijo: "El teatro no es un arte individual, todavía guarda algo de la efusión religiosa que levantó las catedrales. Es una consecuencia de la liturgia y arquitectura de la Edad Media. Sin un gran pueblo, imbuido de comunes ideales, no puede haber teatro. Podrá haber líricos, filósofos, críticos, novelistas y pintores. Pero no DRAMATURGOS ni ARQUITECTOS. Primero los Faraones y las Pirámides después. Primero el honor caballeresco después D. Pedro Calderón." Y lo dijo D. Ramón, y esta dicho. Y al que no le guste que se "dajo", como en tiempos ha, se decía por el barrio alto. Otra cosa es clamar a Fuenteovejuna, para solucionar el problema de las mal paridas fachadas playeras.

EL QUE ROMPE, PAGA

Esta idea de convocar a los munícipes para que juzguen y opinen sobre los anteproyectos para embellecer el paisaje urbano, en principio tiene barniz democrático de "mírame y no me toques". La dictadura que ejerce el diploma no permite nada más. Me atrevería a decir que si Le Corbusier, apareciese por aquí con su diploma de grabador debajo del brazo, lo tendría crudo para entrar en el Colegio Asturiano de Arquitectos.
Estas vilipendiosas fachadas de la Av. Rufo Rendueles, fueron en su día, proyectadas, aprobadas y supervisada la ejecución por el C.A.A. Pregunto: ¿En los idos, cuando se proyectaron e implantaron estos quejumbrosos edificios, fueron consultados los gijonudos? O por el contrario, cuando vieron la sombra sobre la arena dijeron; "Cojonudo. Sol y Sombra, como en los toros y además no tengo que cargar mas con la sombrilla". Alguna cosa se sabe que en la época, silenciosos paseantes asiduos y amantes de esta villa, expresaban su descontento en petí comité, pues el momento no permitía echar las campanas al vuelo. Quién se atrevía a toserles a los señores de pro y de prosapia, el tándem de los arquitectos/constructores, en aquel oscurantismo.
Ya que parece que se busca el consenso colectivo aquí hay que hacer la justicia popular del barrio: "QUIEN ROMPE PAGA" Quien cobró pa jodelo, que pague pa arreglalo.

¿Y LOS TEATREROS QUÉ?

No mostraron mayor conocimiento y respeto este gremio de la arquitectura por el teatro, en el tratamiento de las salas ubicadas en los centros culturales de los barrios. ¿Porque son barrios? Me niego a creer que el espíritu de clase pueda llegar hasta ese extremo. Esta invención de la sala polivalente, palabra novedosa, propia del léxico pos moderno, aquí en esta latitud fue interpretada con tal amplitud que desbordó el concepto. Tenemos salas polivalentes de todos los formatos, alturas, con columnas en los mal llamados escenarios, entre el público, trapecios irregulares, trapezoides y en ninguna de ellas existe la menor condición de hacer una representación de teatro.
Hacemos punto y aparte porque como tal se debe de tratar el Centro Cultural del Coto, paradigma de trabajo arquitectónico nonato. Convenimos que los demás centros culturales, no disponen de cualquier espacio para tener una sala que pueda habilitarse como área de representaciones teatrales, pero el C.M.C., rotundamente sí: ¿Porqué no se hizo? ¿No sería el arquitecto la persona indicada para sugerir en su ante proyecto, como obligación ética, el espacio teatral? ¿O tenían que ser los responsables culturales en la política?¿Por qué se despreció el patio interno, parecido originalmente al "patio de la corrada" para hacer en esta reforma, una pirueta arquitectónica, condenada a la puta indiferencia? ¿Por acaso es mejor montar un escenario provisorio en la desértica mal llamada Plaza de la República, desprovista de cualquier acústica y periférica de ruidos producidos por los motores de coches? ¿En el haber de quién se cargan esta serie de despropósitos? Más parece que entre todos lo mataron y el solito se murió. Lo que está bien evidente es que quien lo paga somos los teatreros.

QUIEN PAGA MANDA

La periferia de este querido Gijón, arroja un balance en su conjunto arquitectónico lamentable. El único sector atractivo y que muestra, al menos en lo externo, un trabajo de planeamiento donde los moradores están presentes, es el polígono de Pumarín. En el resto de la periferia, salvo raras excepciones, predominan los adefesios, cajones sin ninguna preocupación artística y de una monotonía irritante. Esta repetición de líneas y materiales dejan el paisaje urbano estreñido y triste, tornan fosco el brillo de la retina y acongojan el ánimo del viandante. Está claro que la mayor parte de estos uniformados edificios son producto de la dictadura del lucro, antes de ser proyectados. Con certeza que muchos constructores, ven la figura del arquitecto, como un costo/obstáculo, antagónico a sus intereses, y no como un técnico-artístico capaz de encontrar una solución buena, bonita y barata. Los códigos del mercado, capitalizan la belleza como una mercancía, aspecto del cual se debe obtener lucro; se presupone que los trabajadores en los barrios populares, no están afinados para la recreación estética, ni disponen del estipendio para pagarla. Para un simple mortal, como el escribidor, le resulta difícil de entender, cómo un artista, en este caso arquitecto, prescinde de la belleza para realizar su "obra". Intentar sensibilizar los materiales, objeto primordial de la obra de arte, es inherente al artista, y más aun, el arrebato pasional. Arrancar la belleza de la compleja simbiosis de que se compone el universo artístico es, como querer separar, del frío al calor, sin mediar por lo tibio, o buscar la estabilidad vertical sin cerrar el polígono de las fuerzas. Nuestro paisaje urbano sufre el maleficio de la rebanada de pan con manteca del pobre; cuando le cae de la mano, la manteca siempre se aplasta contra el suelo. (Continuará).

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