Correr la caravana
(Sobre cómo la investigación de una saga circense)

A Carmina y Manuel que corrieron la caravana desde Armá

Francisco Díaz-Faes
Propuse a Paco Martín Medrano, nuestro entusiasta colaborador cántabro, una investigación vinculada a Asturias en el ámbito del circo. La idea había surgido gracias a mis conversaciones circenses con la pintora Laura Antolín, que además de iniciarse en el ambiente circense con su amistad con los niños del Circo de la Ciudad de los Muchachos de Bruselas, pasó dos temporadas en varios circos, si no recuerdo mal el propio circo Quirós, dónde entabló amistad con su director al que quiso llevar a conocer y actuar en el concejo que da nombre a su apellido, y el circo Roma. Laura trabajó de cartelista, o por decir en sus términos, en "affiches", dibujando, pintando carromatos y pegando carteles, como lo hizo el mismo Toulouse Lautrec. El carrete del hilo ha corrido fulgurante como en temporada de pesca. El objetivo era encontrar el vínculo entre la familia Quirós y Asturias. En fin, no se ha encontrado. Como en todas las sagas circenses el tiempo corre de diferente manera, pero las relaciones de parentesco también. El actual patriarca octogenario, Don Vicente, del que Paco ha investigado nada menos que su árbol genealógico -en labor que según creo no tiene precedente- recuerda a su propio abuelo, un Quirós, nacido nada menos que en Jaén. ¿Es dudoso el origen asturiano de este apellido? ¿Sabremos algún día a quién se le ocurrió salir de este apartado concejo y ganarse la vida en esta venta ambulante de artistas del alambre? ¿Sería en el tiempo de San Melchor de Cortes, el quirosano, único santo de esta poco santa región? Probablemente nos tendríamos que ir al siglo XVIII o principios del XIX, para dar con el primer quirosano que dejó de trabajar en la ganadería o la agricultura y subirse al carromato de la ficción. Correr la caravana aún se dice en Llanuces, y en Villar de Cienfuegos, que expresa esa idea de niños (y adultos) que se distraen con lo que viene de fuera y van, precisamente, a "correr la caravana". Seguramente nada hay de aire tan bohemio, con expresión tan nómada, como el que respira el circo. Con excepción de la troupe de gitanos, en cuya alma siempre hay, igualmente, otro artista. Pero es un aire que debajo de esa explosión de alegría lleva sus ataduras, sacrificio y penas que seguiremos observando. Debo dejar claro que es el entusiasmo de Paco Medrano, con su propio apellido de circo (¿qué pena la pérdida del circo Medrano en París, circo estable cerca del Circo de Invierno que aún se conserva y que han sido cuna de pintores, novelistas, poetas de esa gran nación?), el que ha llevado a esta inicial locura que ha de proseguir. En un camino que conduce hasta la mísmisima triste actualidad del circo Knie, del novio de la princesa Estefanía de Mónaco, dónde los alambristas Quirós han sido y son grandes figuras estelares. Paco es una estrella que desde Santander alumbra nuestro conocimiento del circo.

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