20 años de Qiquilimón: mis recuerdos
Cuando aquello

Kique Iglesias
Cuando aquello, el verano del 81, yo era medio hippie (prubín) y pasaba unos meses en la aldea de mi familia materna. En una de estas Chus Casado me propone acudir a una reunión que convocaba un tal Paco Abril, en una de las aulas del Antiguo Instituto Jovellanos, aún sin remocicar.
Acudí y allí me encontré con un numeroso grupo de personas que llevaban colaborando algún tiempo con los animadores que la Concejalía de Cultura tenía contratados, en actividades encaminadas a la población infantil de Gijón (Biblioteca infantil itinerante por barrios).
Todo era nuevo para mí. Algunas caras conocidas y mucha expectación. Se trató de la posibilidad de formar un equipo que ofertara animaciones a las distintas entidades de la administración asturiana, y encaminadas a los pequeños. A todos les pareció estupendo y yo compartí su entusiasmo. Fui aceptado y me dispuse a formar parte de aquella historia.
Fue muy rápido y ante la carencia de grupos dedicados al nuevo campo que demandaba atención y al tesón de nuestro ideólogo Paco Abril, de repente, nos vimos provistos de pinturas de colores, ceras, maquillaje y barro. Glicerina para formar un engrudo que permitía duplicar, triplicar y hasta cuadriplicar el dibujo estampado en aquella bandeja. Había también folios con preguntas sueltas, que una vez contestadas se trataban de organizar para formar frases lógicas, resultando: “ yo en avión, culebra, el tu hermanu, Jaimito, en tren”.
Disfraces de papel pinocho pululaban por los distintos “talleres”. Payasucos. Indios con rayas marrones y verdes, y una tira rodeando la cabeza. Mariposas de grandes ojos, con prisa. Los había que se agarraban al barro y al agua de mala manera.
Cuando los colores se volvían grisáceos y los mazacotes de plastilina perdían, aunque resintiéndose, su policromía y expuestos ya todos los dibujos, monigotes, cestitas de barro con huevos morenos imposibles de incubar, hacía su aparición chan, chan ... ¡¡¡ LA CAJA MAGICA !!! de la que salían patos, elefantes, cucudrulus, perros.... que los niños dramatizaban a las mil maravillas.
Fue en Oviedo, en el Fontán, mi baño de fuego, la primera plaza tomada al asalto por el nuevo Colectivo. Un descubrimiento impactante. En pocos minutos aquel espacio semidesierto bullía de pequeños, medianos y mayores, que se transformaban, se desinhibían y se iban transportados en las alas de MATILDE Y EL FANTASMA. Quedamos inflados de éxito, aquello prometía, y su continuidad, creíamos, no se discutía.
Los aires políticos habían variado de rumbo y había mucho por hacer. El colectivo encajó en la incipiente estructuración político-cultural que el PSOE, recién llegado, pretendía crear. Esto lo demuestra el que surgieron nuevas contrataciones, participación en cursillos (“ Poo de Llanes-81”), viajes al extranjero (“Niort”). Una cascada de acontecimientos que nos permitió ir consolidando el trabajo y las relaciones personales: reuniones de mesa, comisiones de trabajo, preparación de nuevas actuaciones con la incorporación de elementos y objetos específicos según las necesidades que surgían a salto de mata.
La oficina de Paco Abril se convirtió en una especie de cuartel general. Andábamos a cien por hora movidos por un speed especial. Se hacían proyectos de espectáculos, en los que coordinar talleres y encaminarlos hacía una fiesta final. Poco a poco lo conseguíamos evaluando “de aquella manera” el último espectáculo realizado.
Con el tiempo, más o menos corto, se fueron clarificando y mostrando las diferentes personalidades, o mejor dicho los diferentes sujetos que formábamos aquel cotarro. Cada uno se fue creando su propio campo de trabajo según sus cualidades y gustos específicos. No sin dificultades se consiguió consolidar un modelo operativo, sin disciplina, ácrata y efectivo a la hora de ofrecerlo.

Los merenderos eran muy frecuentados y la sidrina nos animaba. Juan Carlos parecía un auténtico prestidigitador, era el tesorero y nunca supe de dónde podía sacar el dinero, pero nunca faltó para festejar con una buena merienda todas las actuaciones, en las que tapas y sidra nunca escaseaban. Eramos rapazones y comíamos bastante bien; nunca me olvidaré aquella tarde en Luarca, cuando después de la actuación, el concejal de Cultura nos convidó a una merienda. ¿Qué pensaría aquel hombre? ¿y sus preciosas hijitas?. Nada más llegar al restaurante, donde nos habían colocado una larga mesa, con tapas de calamares, tortillas, empanadas... una avalancha de depravados cayó sobre las viandas, y dejando al concejal y a sus hijas con la palabra en la intención devoraron todo lo comestible que allí había. Magnánimo el hombre, pidió reponer los platos vacíos para volver a desaparecer en un abrir y entrecerrar los ojos. Fue espectacular.
Debíamos también ponerle nombre al grupo y un día que actuábamos en Begoña, un reportero de Televisión Regional entrevistó a personas del Colectivo y Aida al preguntarle por el nombre del grupo divulgó el de QUIQUILIMÓN, que era una cajina de secretos, donde las niñas de la época de su tía guardaban celosamente sus tesoros: botones, cromos, espejinos, cosines... Desde aquel momento nació el grupo Quiquilimón, que más tarde por imperativos legales pasó a ser una asociación cultural llamada COLECTIVO DE ANIMACION QUIQUILIMÓN.
Paco se mataba por nuestra formación y nos hacía llegar todo tipo de documentación. De los Comediants nos inspiramos para construir EL SOL, un estandarte que se convirtió en la enseña del grupo durante gran parte de su recorrido. Basándonos en la metodología de los talleres y en una clara vocación por los Colombaioni surgió el CIRCO DE LA ILUSIÓN, en el que partiendo de varios números circenses se trataba de formar varias troupes que dieran cuerpo al espectáculo circense que se desarrollaría en la gran pista del Circo de La Ilusión, siempre constreñida por el público. Luismi presentaba a los funambulistas, payasos, domadores de fieras y pulgas, forzudos, músicos... decididos a comprometerse con el ¡más difícil todavía! Todo ello precedido por un pasacalles de captación en el que Antonio y Berto (¡Xordia!) marcaban el compás con una xiblatas de afilador gallego, ayudados por un bombo y una caja de percusión. El resto saltaba y brincaba en rededor animando a los niños a sumarse a la comitiva. Nos acompañaba un domesticado cuélebre multicolor que serpenteaba, corría y coceaba movido por las “patas” de los infantes engullidos entre sus telas estampadas y el Sol que nos calentaba desde su órbita de 2,50 m, con aquellos rayos de cálidos colores amarillos, rojos, naranjas... En las inmediaciones a la “carpa” había una serie de mostradores y cada uno de ellos correspondía a un numero circense dispuesto a acoger a todos aquellos que optaban según sus preferencias. Después ya se metían en el meollo de disfrazarse, pintarse y organizar los ensayos correspondientes, se construían maracas con chapas de refrescos clavadas a un palo, se domaban fieras de bigotes estremecedores, la troupe de los Chiquitinos, guiados por Paco y Berto, se preparaban para lanzarse desde el trapecio o pasar por la cuerda floja. Los payasos Aida y Chus después de hacer sus deyecciones públicamente salpicaban litúrgicamente al público. El mago Juan Carlini hacía desaparecer y aparecer dedos de manera para-normal. Un fakir, al que yo encarnaba, tragaba sables periscópicos y se tendía sobre un lecho de afiladas puntas exhalando fuego por la boca. Danieloski, el forzudo media sus fuerzas con el respetable.
Pero el tiempo andaba y la autonomía del grupo conllevaba responsabilidad económica y de gestión. Estas pequeñas dificultades minaban la espontaneidad de todos y algunos roces eran inevitables. Sobre todo la imposibilidad de ser ordenados y de contribuir equitativamente con los deberes que surgían. Paco Abril decidió no seguir en Quiquilimón, así como personas importantes como Luismi y Aida también se fueron con lo que supuso un desconcierto entre los demás, que por otra parte tenían intereses diferentes. La profesionalización del grupo frente aquellos que preferían continuar de manera amateur para poder alternar con otras actividades laborales. Esta fue la mayor crisis de ilusión e identidad por la que pasamos y no supimos realmente solventar. Aunque se prepararon más espectáculos, Ben-ir, La búsqueda del Can-Can, etc. etc. ya no era lo mismo, al menos para mí y algunos más que lucharon por organizar y dar orientaciones más profesionales y evolutivas dentro de nuestro ideario. Pero las malas costumbres no permitieron que esto fructificase y unos antes y otros ás tarde nos fuimos separando del grupo que continuó con nuevos integrantes y nuevos proyectos de los que ya no puedo hablar por no estar presente. Más tarde volví a participar, ya con PRODUCCIONES QUIQUILIMON, en el montaje del CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA, de Pedro Lanza, pero eso ya es otra historia. 
Finalizo, pero antes debo tener un recuerdo cariñoso para Paco, Reyes, Aida, Pilina, Marta, Espe, Margot, Juan Carlos, Luismi, Manolo, Antonio, Dani, Joaquín, Leni, Ana, Berto, Chus Casado, Paco Vega, Chus de Avilés, Fran, Roberto y de muchos que colaboraron con nosotros y que realmente no me acuerdo de sus nombres y necesitaría mucho papel. 
Manda calao... ya pasaron veinte años... y seguimos con los mismos pelos, pero menos.

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