Número 19. Enero de 2007

Carlos Converso, titiritero

Carlos Converso manejando un títere.

Lupe Morán

En la V Escuela de Verano organizada por la Unión Internacional de la Marioneta, que tuvo lugar en el Castillo de la Coracera de San Martín de Valdeiglesias (Madrid), durante los primeros días de septiembre de 2006, se impartieron diversos talleres. Carlos Converso impartió el taller "De la idea a la materia". Con él tuvimos esta conversación.

Pregunta. ¿Dónde y cuándo naciste?

Respuesta. Nací en Córdoba, Argentina, en agosto de 1947.

P. ¿Dónde vives?

R. Llevo 30 años viviendo en México. Actualmente vivo en Veracruz.

P. ¿Tienes alguna preparación académica?

R. Estudié la carrera de Actuación en Argentina en una escuela y posteriormente cursos y talleres de corta duración.

P. ¿Cuál es tu primer recuerdo de los títeres?

R. Curiosamente, no tuve la suerte de ver un espectáculo de títeres de niño. Recuerdo haber ido al circo y haber presenciado números de acrobacia, de contorsionismo, cosas así. De títeres creo haber visto alguna función alrededor de los 15 años. Más tarde, estando trabajando en el teatro como actor, vi a Javier Villafañe en una función, él fue el bichito malévolo que se metió en mí y provocó mi atracción hacia los títeres. Me fascinó la manera en que hacía los títeres, cómo contaba las historias, con una gran sencillez y sin embargo con un encanto muy particular que nos tenía a todos atrapados en lo que hacía. Ese fue el momento en el que decidí que quería aprender cómo se hacía eso de los títeres.

P. ¿Qué personas han influido en tu oficio?

R. Muchas personas y grupos con los que teníamos relación e hicimos talleres de intercambio. Por ejemplo, he utilizado mucho a lo largo de los años la goma espuma, el tallado de la gomaespuma. Lo suelo hacer en bloques, como si fuera una escultura. Esto lo aprendí con un grupo de títeres en Colombia, y me abrió un mundo de posibilidades que no había imaginado: el material es muy liviano y tiene una textura que parece, cuando está bien iluminado, piel humana. En México, donde he desarrollado mi carrera de titiritero, debo reconocer la influencia o el aporte de personas que se dedican a la dramaturgia, a la escritura, o de titiriteros de antiguo cuño, como Roberto Lago o Mireya Cueto. Y también de gente que está en la plástica.

P. Todo titiritero tiene alguna anécdota. ¿Cuál es la tuya a lo largo de todo tu recorrido?

R. Hay muchas anécdotas. Desde accidentes o cosas graciosas hasta reacciones muy impactantes y conmovedoras por parte del público. Por ejemplo, el que se acercase un señor, una persona mayor, en México, con lágrimas en los ojos, agradeciéndonos haber estado allí, que hubiéramos ido con los títeres. Son cosas que nunca se olvidan.

P. ¿Es distinto un actor a un titiritero?

R. Para mí los títeres son una manifestación teatral, un titiritero es un actor, debe ser un actor que pueda representar un personaje, interpretarlo, hacerle una voz, una gestualidad, como lo hace un actor con su propio cuerpo. Los títeres son una especialización de la actuación. Tanto el teatro de actores como el de títeres tienen sus particularidades y características. El resultado frente al público es un fenómeno teatral, es una creación dramática.

P. ¿Cómo te definirías: actor o titiritero?

R. Durante mucho tiempo he sufrido ese prejuicio que considera a los títeres como un arte menor. Y me costó trabajo asumirme como titiritero, yo me consideraba actor, porque tiene un poquito más de estatus, pero últimamente ya no tengo ningún problema, digo que soy titiritero… o actor. La verdad es que no le encuentro mucha diferencia hoy en día. Es cierto que en algún momento me costó asumir este oficio de titiritero, porque también yo sufría y vivía esta especie de marginación o de complejo de realizar un trabajo, digamos menor, comparado con el teatro de actores.

P. Pensemos en tu última propuesta, Ubú Rey. ¿Has quedado satisfecho con el resultado?

R. Cuando se comienza a hacer una obra, lo que uno visualiza, y lo que finalmente consigue, no es exactamente lo que imaginó al principio, sino que el resultado es otro, lo cual a veces puede ser una experiencia frustrante. Y puede ser también que al final llegue uno a obtener mucho mejores resultados, tanto formales como en la manera en que se aborde el tema. En el caso de Ubú Rey el resultado, avalado por la reacción del público en las diferentes funciones, fue bastante mejor que la propuesta inicial. Porque a través del proceso de montaje fuimos encontrando muchas cosas que no estaban previstas y que desde mi punto de vista, fueron mucho más interesantes, más impactantes. Logramos presentar en imágenes de una manera mucho más acabada las diferentes escenas, personajes y el desarrollo del conflicto. En este caso en particular, trabajamos con objetos recreados, hicimos un largo periodo de investigación con diferentes tipos de objetos, para ver cuáles eran los que mejor se adaptaban para representar las características de los personajes. Creo que nos dieron un resultado muy satisfactorio, muy bueno.

P. ¿Qué tipo de objetos?

R. Por mencionar algunos, herramientas, llaves de metal, un compás de tamaño grande, una especie de cacerola, diferentes tipos de objetos reciclados, que no se presentan tal como son, sino que están recreados o modificados. Algunos de estos objetos, por ejemplo las copas de metal, que eran para representar a los personajes de los nobles, tienen como la mitad de una cabeza que representa a los personajes. Entonces se produce una fusión muy extraña porque se ve el pie de la copa y encima una especie de cabeza que no está acabada, sino que se ve sólo hasta la mitad, y da una sensación y una imagen que está en relación con lo que se quería presentar.

P. ¿Cómo definirías tu forma de hacer teatro de títeres?

R. Estamos un poco obligados, por el medio en el que nos movemos, a distinguir entre títeres para niños y títeres para adultos. Sin embargo, a mí me parece que puede haber espectáculos para todos los públicos, como sucede con el circo. Creo que un buen espectáculo para niños, es aquel que también gusta a los grandes, que tanto gusta al hijo como al papá. A mí me gusta mucho hacer ambas cosas, tanto para niños como para adultos, sin embargo, siempre he tenido la inquietud de hablar de los problemas humanos, por llamarle de alguna manera, de los problemas del hombre, o en todo caso también de los niños, en un contexto social determinado, a lo mejor de los niños en el ámbito de la familia con sus papás, en el ámbito de la escuela o en el ámbito de sus juegos, con sus amigos. Y todo lo que pueda surgir y presentarse, obviamente dentro de una atmósfera imaginativa, en un mundo donde se crean y se imaginan muchas cosas. En el caso de los adultos, igual, con un tratamiento para adultos, pero de problemas humanos, como los ha tratado el teatro siempre a lo largo de su historia: el amor, la soledad, la muerte, la injusticia, en fin…

P. ¿Cómo definirías tu estilo? ¿Es un estilo realista, buscas alguna línea…?

R. No, no tengo un estilo digamos de realismo-naturalismo, sino más bien sigo una línea que es más expresionista, o sea los rostros de los títeres o muñecos que yo hago tienen rasgos muy marcados, muy fuertes y siempre se mueven en un ámbito donde se mezcla mucho la realidad y la ficción. No son por lo general situaciones que ocurren solamente en el plano de la realidad, de lo cotidiano, sino que ocurren muchas cosas locas, oníricas, inesperadas, sorpresivas. Entonces se produce un juego entre la ficción, el sueño y la realidad, porque así es como vivimos los humanos ¿no?, porque nos imaginamos cosas, nos creemos cosas, que luego no son ciertas y deambulamos entre estos dos mundos. Es la forma y el medio en que mejor me expreso, por otra parte soy un convencido de que los títeres son el lenguaje por excelencia de la imaginación.

P. ¿Qué aspectos destacarías como más positivos o negativos de esta profesión?

R. En mi opinión, es un aspecto positivo el que sea un terreno y un ámbito enorme con extraordinarias posibilidades donde se pueden hacer cosas increíbles, que los títeres las permiten. Puede uno trasladarse de un mundo a otro, de un universo al otro, de un personaje a otro, de un estilo a otro, de una manera muy inmediata, con cambios sorprendentes, en transiciones que no requieren mucha elaboración argumental, como puede ocurrir en el teatro de actores. El lenguaje de la imaginación nos crea unos mundos terribles y al mismo tiempo maravillosos, fascinantes, llenos de gracia, de candor, de inocencia. Pero al mismo tiempo pueden ser mundos oscuros, fuertes, violentos… En fin, los títeres tienen unas posibilidades enormes.

P. Retomando la pregunta anterior, ¿con qué se enfrentan los titiriteros en la vida real, moviéndose de aquí para allá? ¿Cuáles son los obstáculos?

R. Los obstáculos son un poco los de siempre, al menos esto nos toca vivir a nosotros en México. La cultura, las manifestaciones artísticas por lo general son asuntos que son considerados lo último en la lista de las necesidades de atención, tanto a nivel de presupuestos, a nivel económico... etc. Porque finalmente lo que uno tiene es que tratar de hacer de esto una profesión de la que pueda vivir mínimamente con cierta dignidad. Por otra parte, está la poca consideración e importancia que le dan a los títeres, que desgraciadamente todavía llevan esta especie de marca de infravaloración, como de que los títeres son una cosa muy menor. Los titiriteros tenemos que hacer un doble esfuerzo en nuestro trabajo por demostrar, y esto sólo se puede hacer a través de la calidad, que esto es un arte y una manifestación artística que tiene el mismo estatus que cualquier otra y que puede ser tan impactante y con tanto valor artístico, como la música, como las artes plásticas o el teatro. Entonces tenemos muchas cosas en contra, porque estamos constantemente tratando de darle cierta dignidad a esta profesión. Desde siempre se ha dicho decía Villafañe, "que este era un oficio de miseria". De alguna manera es cierto, nos han arrinconado a lo último de este contingente de artistas que vamos deambulando. Por otra parte, cuando las cosas están bien hechas, cuando nuestro trabajo realmente impacta y tiene un mensaje, el reconocimiento es inevitable.

P. ¿Ha habido algún conflicto entre el artista que tú eres y el profesional titiritero?

R. Lo primero que se me ocurre, en estos momentos, son problemas de carácter propios del trabajo, o sea, dificultades negativas. Aún hoy, siempre las tiene uno, por más que vaya creciendo y avanzando y aprendiendo cosas nuevas. No hay recetas ni fórmulas que nos aseguren el éxito y entonces uno siempre está probando y arriesgando y puede ir hacia una cosa muy lograda, como puede ser que no, no hay ninguna garantía. Se enfrenta uno a problemas concretos de creación: ¿cómo hacer para expresar eso? ¿cómo hacer para mostrarlo de la mejor manera para un público determinado? Eso puede ser un rompedero de cabeza, frustrarse, amargarse, pero al mismo tiempo se pueden tener grandes momentos de satisfacción y alegría.

P. ¿Qué es para ti ser titiritero?

R. Son varias cosas. Una quizás sería ser una especie de Dios que crea todo un mundo, maneja, digamos, desde el papel de demiurgo, del hacedor, que empieza a darle vida a algo. Siempre me ha fascinado, de una manera muy especial, el momento en que a un muñeco o un títere, que es una cosa muerta, alguien lo agarra y a través de una serie de movimientos aparentemente sin gran complicación, aquello cobra vida, y nos resulta convincente escénicamente, ahí en el lugar donde está. Aunque de antemano sabemos que es un muñeco, traspasa este límite, esta frontera, y nos convence de que tiene vida, una vida dramática, teatral. A mí siempre me ha dejado con la boca abierta, y una cosa que nunca he terminado de comprender plenamente es cómo se produce esta magia, el titiritero es un mago.

P. ¿Si no fueras titiritero que te hubiera gustado ser?

R. Probablemente músico. Sí, siempre me ha llamado, es una cosa que me procura mucho placer. Me gusta estar en el lugar no sólo de oírla, obviamente, sino también en el lugar de quien la hace.

P. ¿Tocas algún instrumento?

R. Bueno ahora no, de joven sí, pero ya no, ya hace mucho tiempo que no toco. De joven comencé a estudiar saxofón y trompeta.

P. ¿Tiene que tener alguna cualidad especial la persona que se dedica a los títeres o hay algún rasgo que lo define?

R. Creo que una de las características fundamentales para ser titiritero, es tener esta actitud de un niño dispuesto a jugar, y a jugar como lo hacen los niños. Porque de alguna manera, esta es la base que nos permite crear este mundo de ficción, en donde yo doy vida a algo, donde yo juego a algo y estoy convencido, dentro de las reglas de este juego, de que las cosas pueden tener vida, pueden moverse, tener diálogos y crear personajes. Entonces, tiene que haber esta disposición y esta actitud para jugar, y jugar a ser otro, como ocurre quizás también en el teatro, pero aquí aparte de eso, estamos jugando a múltiples cosas, con muchos juguetes. Tenemos que tener también la capacidad de salir fuera de uno y ver desde el otro ángulo, qué es lo que uno hace, ponerse en el lugar del títere, de la figura que uno está animando. El titiritero es un espécimen muy particular al que a veces, podríamos acusar de esquizofrénico. Porque es alguien que se está desdoblando en sí mismo y al mismo tiempo en el títere y la marioneta que está manipulando. Es como el actor que está plenamente entregado interpretando un personaje en cuerpo, voz y alma. Aquí, está haciendo también eso, pero al mismo tiempo tiene que traspasarlo a otra cosa, tiene que transmitir esa energía a otra cosa.

P. Si se te acerca algún titiritero que está comenzando y que pasa por esos altos y bajos de seguir o no seguir ¿Qué le aconsejarías?

R. Es una respuesta difícil, porque cada uno tiene su proceso particular, y lo vive de una manera particular también. Creo que en términos generales, ser artista exige una gran disciplina, una gran entrega. Si uno realmente se quiere dedicar a esto, no es una cosa simplemente de inspiración que le llega a uno con gran facilidad y ya está iluminado y entonces hace una cosa genial. No, no, al contrario, es un trabajo muy minucioso, muy de hormiguita, como decían en esta frase célebre que una vez dijo alguien: "hacer arte exige el 99% de transpiración y 1% de inspiración". Se trata de dominar una técnica, como la tiene que dominar un músico o cualquier otro artista, es dominar la técnica y los materiales y el instrumento que uno trabaja. Exige una gran disciplina y a veces, esto agota y cansa y crea desilusión y frustración. Pero bueno, esto depende del sueño que uno se ha creado en torno al hecho de dedicarse a lo que uno le gusta. Obviamente, los artistas estamos donde estamos, y haciendo lo que hacemos porque, fundamentalmente nos gusta hacer eso, y eso es un privilegio. Porque la mayoría de las personas en este mundo, trabajan en cosas que no les gustan y lo tienen que hacer a la fuerza, por obligación, porque tienen que sobrevivir. Yo siempre he relacionado la actividad artística con el placer. Si hacer arte es un sufrimiento, a menos que sea un sufrimiento muy particular, porque algunos dicen: "escribir esta obra, o escribir esta novela ha sido un parto doloroso que me ha procurado y ocasionado grandes sufrimientos y la luz..." Más allá de que esto sea cierto, también hay un cierto placer en el hecho de crear, de imaginar y de representar y de sentir la respuesta y la reacción del público. Me parece importante acercarse a las personas apropiadas para que lo motiven a uno, para que lo estimulen. Creo que siempre hay que mirar un poquito más arriba. Ser ambiciosos en nuestras metas, en nuestras miras. No quedarnos tan cortos. No quedarse en lo inmediato, sino siempre querer un poco más y en esa medida, siempre estaremos en busca de nuevas cosas, de lograr nuevas metas, aunque no es fácil.

P. ¿Formas parte de un grupo?, ¿cómo funcionáis?

R. Sí, por lo general he trabajado siempre en grupos o compañías independientes, que hacen sus producciones, sus espectáculos y luego tienen temporadas. Allá es muy usual, cosa que he visto que aquí no es tan común, conseguir un teatro y entonces hacer una temporada del espectáculo que uno ha estrenado, o bien hacer giras, y hacer presentaciones en diferentes lugares, trabajar tanto con público escolar, como en teatros con un publico más general y mezclado, ir a diferentes espacios, eventos, festivales, encuentros. En fin, tenemos que buscar muchas maneras de lograr no sólo representar, sino también, como consecuencia, poder vivir de esto, y a veces no es tan fácil. Incluso a veces es necesario diversificar la profesión, porque no es suficiente subsistir de lo que obtienes de tu trabajo a través de las representaciones. En mi caso particular, a parte de eso, yo doy clases en la ciudad que estoy, en la escuela de teatro en la Universidad. O bien, a veces nos encargan que realicemos producciones para otros espectáculos de otras compañías, o muñecos.

P. Tú construyes títeres, ¿qué técnicas de construcción dominas?

R. Títeres de varilla, de guante, de mesa y muppets. He construido también marionetas de hilos, aunque no es mi especialidad, a veces también algunos títeres de tamaños grandes, cabezudos, gigantes…

P. ¿Qué materiales?

R. Lo que te comentaba antes, con la gomaespuma, el porexpan, que luego se forra con papel o con tela. El papel maché. Últimamente, he comenzado a trabajar algo de madera y en estructuras grandes, con alambre y papel.

P. En el grupo, en tu compañía ¿qué función ejerces?

R. Soy el director, aunque a veces también estoy dentro del espectáculo como titiritero. Pero de unos 10 años para acá me he ido especializando más en la actividad de director. Soy quien está desde fuera observando y llevando adelante la propuesta que a veces suele ser colectiva o bien una propuesta que hago yo, a partir de una obra ya escrita o una adaptación de una obra. Como es el caso de este espectáculo que es Ubú rey de Alfred Jarry. Yo hice una adaptación de este texto y comenzamos a trabajar durante tres meses de pruebas, de experimentación, de investigación con diferentes materiales de trabajo escénico. Y a partir de ahí, se hizo el montaje.

P. ¿Fueron tres meses de búsqueda y luego seguir redondeando?

R. Sí, exacto, aproximadamente cinco meses en total.

P. ¿Cuántas horas al día dedicáis, por ejemplo en la propuesta de Ubú Rey?

R. Entre tres y cuatro horas.

P. ¿Cuál es la modalidad en la que te sientes más cómodo? Porque tú además de ser titiritero, eres director, escritor y teórico.

R. Cada una tiene sus particularidades. Pero digamos, que una de las que más me atrae es titiritero, titiritero-actor. Es estar en escena, eso me gusta mucho.

P. Estar en escena por el hecho en sí o de desplazarse, de llegar a otros sitios, de tomar contacto con gente.

R. Bueno, también. Yo soy alguien que si está mucho tiempo en un mismo lugar, me empiezo a sentir incomodo, inquieto, y con ganas de moverme y salir, conocer a otras personas, y ver otras cosas.

P. ¿El director acompaña al grupo en las actuaciones?

R. Por lo general, los acompaño, soy algo así como el papá…

P. Si los acompañas ¿tiendes a modificar o a hacer algún comentario o queda ya cerrado?

R. No, no queda fijo. Obviamente, hay una estructura que es la que se está respetando, pero hay un montón de detalles y cosas que pueden cambiar, y me gusta mucho porque cada función es distinta, como el público y el espacio también lo son. Me gusta hacer observaciones y comentarios, después de cada función o representación. Cómo lo vi yo, cómo sentí la reacción del público... Porque esto es percibir el espectáculo como algo vivo, si no se corre el peligro de que se vuelva una cosa muerta, que se repite mecánicamente y ya no tiene vitalidad.

P. ¿Os habéis encontrado en ocasiones con el problema de trabajar en espacios que no son adecuados?

R. Sí, muchas veces nos hemos enfrentado a problemas de ese tipo, especialmente en México, donde los espacios, los lugares de representación, son lugares muy improvisados, con pocas posibilidades técnicas. Nosotros estamos dispuestos siempre a presentarnos en muchos espacios diferentes, tanto cerrados como abiertos. Esto nos enfrenta a un gran margen de improvisación y de riesgo, porque supone exponerse a cuestiones exteriores que están más allá de la obra o del espectáculo, y están influyendo y pueden ocasionar que no salga como es debido, hay muchos elementos o factores que intervienen.

P. ¿Qué factores se deberían tener en cuenta para que el espectáculo se realice con dignidad?

R. Tratar de respetar al máximo la propuesta que se ha hecho originalmente con esa obra, con ese espectáculo, tanto a nivel de espacio, como de requerimientos. A veces los grupos, en México, —a lo mejor aquí es diferente—, no cuentan con su propio equipo, entonces tienen que acceder a los equipos que se encuentran en los lugares donde van, y a veces son equipos malísimos, donde el sonido es pésimo, o se encuentran con espacios donde la visibilidad no es buena, donde el público está colocado de una manera que no favorece la visión del espectáculo o donde no hay luces apropiadas. Son muy pocas las compañías en México que tienen sus propios equipos de iluminación y sonido. Hay veces en que, por ejemplo, en funciones con niños en ámbitos escolares, los excitan demasiado con otras actividades y llegan a la función con un ánimo que no es el apropiado para la obra, entonces la obra ya no funciona, se arma un caos tremendo, es una cosa incontrolable. Una función de teatro es como un rito, en el que hay que cumplir con ciertas reglas, tanto básicas, concretas y técnicas, como de disposición y de animo.

P. ¿Cual sería tu ciudad ideal para vivir?

R. No me gustan las ciudades grandes y monstruosas como México capital. Pero sí me gustan las ciudades que tengan muchas actividades, que tengan movimiento. Los lugares muy tranquilos y apartados, sólo me gustan por un periodo corto, para hacer un trabajo específico, pero luego me pongo muy inquieto y necesito estímulo exterior. La ciudad en la que estoy, responde bastante bien a esto. Se llama Jalapa, es una ciudad mediana, de medio millón de habitantes, y es una ciudad con muchas actividades culturales. Tiene una gran Universidad con una gran población estudiantil, de jóvenes. Me gusta mucho estar al lado de gente joven.

P. ¿Un títere?

R. Probablemente de guante.

P. ¿Un texto?

R. A riesgo de parecer común, Shakespeare.

P. ¿Un sueño?

R. Jugar a ser otro.

P. ¿Un deseo?

R. El resultado de lo mismo, de lo anterior. Sumar a otros a este juego

Muchas gracias Carlos, ha sido un placer charlar contigo.

 

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