Número 19. Enero de 2007

Teatro y comunicación

Una mirada a través de las grandes teorías de la comunicación

Fran Núñez Alonso

La comunicación teatral

La comunicación es un acto complejo de analizar ya de por sí, pero en el caso de la comunicación teatral llega a ser casi imposible debido al gran número de agentes y funciones que intervienen en el proceso, por lo que sólo nos aproximaremos a él de forma tentativa. Aplicando las grandes teorías de la comunicación humana al teatro podemos encontrar caminos que explorar y posibilidades con las que jugar en el teatro en las que tal vez no nos habíamos fijado. El modelo básico de la comunicación teatral constaría de un emisor que emite un mensaje codificado a través de un canal para que un receptor lo descodifique. El emisor teatral es múltiple y se puede estudiar desde dos perspectivas. La primera sería viendo el binomio actor-personaje, y la otra, el grupo de creación, autor, director, colaboradores del director, actor. El receptor es un auditorio heterogéneo y múltiple como en el caso de la comunicación de masas, pero también lo son otros actores, técnicos y, lo que complica más la cuestión: otros personajes como receptores. En la definición de comunicación también aparece la idea de un código que debe ser común y pactado por emisor y receptor. Este código en el teatro está formado por el signo teatral que consiste en una compleja superposición de signos. La ventaja que tiene el teatro es que puede combinar signos de diferentes códigos estableciendo pactos o convenciones. El canal en la comunicación teatral correspondería a los cinco sentidos, pudiendo hablar del canal auditivo, visual, táctil, olfativo… Dentro del espacio también sería complejo, pues habría que diferenciar el espacio de acción dramática del espacio real. Así, las personas del público pueden convertirse en ciudadanos de Marte sin moverse de sus butacas. Y dentro del espacio real, el espacio destinado al público, el destinado a los actores y el destinado a los personajes aunque muchas veces confluyan en un mismo espacio dependiendo del género teatral.

Tres modelos comunicacionales aplicados al teatro

1. Modelo lineal de Shanon y Weaver

Este modelo fue creado por dos ingenieros de la Bell Company estadounidense referido a las interferencias en las comunicaciones telefónicas, por ello, es un modelo que se centra en el canal y en los posibles problemas que pueden aparecer en él, a los que llamaron ruido. La representación gráfica de este modelo aparece en la publicación de (1949: 98) "The mathematical theory of communication". Presentan la comunicación como una acción lineal en la que incluyen diversos elementos básicos que serán recogidos por diferentes autores como piezas clave de sus modelos. La representación que hago de este modelo consiste en una hibridación de la hecha por Algarra (2003:99) y West y Turner (2000:9), para aplicarla a la comunicación teatral.

Así, los canales más usuales en el teatro se corresponden con los sentidos de la vista y el oído, aunque no se puede descartar el uso expresivo del tacto, del olfato e incluso del gusto. El ruido en este caso puede ser semántico, físico o externo, psicológico o fisiológico. Como ruido semántico se pueden incluir aquellas partes del texto que no pueden ser entendidas por el público, bien por la variante dialectal o social del idioma, o por el propio idioma. Un ejemplo serían las obras de Lorca como "La casa de Bernarda Alba". También estaríamos en el mismo caso cuando un personaje habla en la jerga de su profesión.

El ruido físico o externo es aquel ajeno al espectáculo, como el hecho por los espectadores, una puerta que se cierra, una sala llena de público, una butaca con escasa visibilidad, frío, calor, un olor molesto son elementos que impiden que la acción escénica se reciba sin fallos. El ruido psicológico resulta más difícil de constatar, pero consistiría por ejemplo en el estado anímico del receptor, el cual interpretará el espectáculo, en diferentes momentos, en función de su estado o de su experiencia vital. Por último el ruido fisiológico afectará tanto al emisor como al receptor, un actor o espectador enfermos serán una fuente de ruido constante, o un actor con un determinado tic que distrae la atención del espectador. Este modelo deja sin resolver numerosas cuestiones de vital importancia para la comunicación teatral, por lo que dista de ser un modelo ideal. En primer lugar sólo considera la posibilidad de emitir un mensaje a la vez. Además de eso, fija el final del proceso en el receptor, por lo que sería un modelo efectivo para la tesis de George Mounin de que el receptor no puede responder al actor por medios teatrales. Esa dirección única supone la ausencia de retroalimentación, lo que en opinión de muchos autores supondría el estatismo en lo referente al crecimiento y evolución del teatro.

2. Modelo interaccional de Osgood y Schramm

Este modelo publicado en 1954 está centrado en los actores del proceso a diferencia del anterior que se centraba en el canal y en los posibles problemas que se podían establecer en el mismo. De nuevo las interpretaciones que hacen del mismo Alsina, Algarra y Turner son diferentes y cada una aporta cosas interesantes. Se trata de un modelo circular en el que la comunicación no tiene principio ni final. Abre numerosas posibilidades en lo que respecta a la comunicación teatral, pues introduce el concepto de retroalimentación. Convierte de esta forma al receptor o espectador en creador de significados y de mensajes. West y Turner (2000:11) destacan la importancia de la experiencia personal de los interlocutores, lo que en el caso del teatro es básico para la recepción. La cultura y la experiencia vital del espectador condicionarán en gran medida la imagen global que éste se cree del espectáculo. Este modelo ha recibido numerosas críticas por afirmar que no se puede ser emisor y receptor al mismo tiempo, lo que en la comunicación teatral es fundamental. Hay feedback, pero diferenciado en el tiempo. Así, este modelo aplicado servirá para explicar la influencia del espectador sobre el actor en una segunda representación. De esta forma, las opiniones del público servirán para que el actor se cree una imagen de sí mismo y actúe en consecuencia. Esta idea se extrae de los estudios del sociólogo Charles Cooley (1912), y de Mead (1934:154). Mead habla del "otro" generalizado que consiste en el punto de vista de un grupo social o cultural tomado como un todo. Se toma la actitud de ese grupo (los espectadores de una ficción) como la actividad de toda una comunidad teatral. De este modo, el "otro" generalizado facilita información sobre roles y actitudes que los espectadores comparten. Da una idea de lo que el espectador piensa del actor y esto condicionará su comunicación en las siguientes representaciones. El otro generalizado afecta de igual manera a todos los elementos presentes en el proceso de creación teatral. Esta comunicación externa que se da entre los espectadores de una función crea una corriente de opinión pública que influenciará el juicio de los nuevos públicos. Así, en una segunda representación, el público acudirá con unas expectativas y unos prejuicios mayores que los de los primeros públicos. El primer público tendrá como expectativas los valores y producción (director, colaboradores, actores), el autor del texto, la compañía o la publicidad del evento, elementos relacionados con su capital teatral. Los espectadores de una segunda y sucesivas representaciones se verán influidos además por la opinión pública y por la crítica. Esto sólo se daría en el caso de espectáculos programados durante un tiempo mayor a una semana para que se pueda ver la acción del "boca a boca" y de las relaciones sociales y las repercusiones mediáticas.

3. Modelo transaccional

El modelo transaccional de la comunicación de Barlund (1970) destaca la emisión y recepción simultánea de mensajes en un episodio de comunicación. Emisor y receptor son responsables de la construcción de un significado. En el ejemplo anterior aparecía la idea de la experiencia, pero de forma unilateral. En el modelo transaccional los terrenos de la experiencia existen, pero hay una superposición entre ellos. Esta es una aportación importante al conocimiento de un proceso de la comunicación y aún más para la comunicación teatral, pues muestra que tiene que existir un proceso activo de compresión entre emisores y receptores. Para que la comunicación sea efectiva tiene que haber, en parte, un significado compartido.

El feedback puede ser verbal/no verbal, o intencional/no intencional. Durante la representación de un espectáculo teatral son numerosos los signos generalmente no verbales que emite el espectador de manera consciente o inconsciente pero que condicionan en gran medida a la emisión del actor. La actitud corporal de una persona en la primera fila da mucha información al actor de cómo está siendo percibido su trabajo. Una persona que no encuentra acomodo en su asiento y no deja de moverse durante toda una función transmitirá unas vibraciones diferentes a las de una persona que esté completamente absorta en el mundo dramático. Por lo tanto, en este modelo el espectador sí entra en comunicación con el actor desde el instante en que decide ir al teatro.

Propuesta para un modelo global de la comunicación teatral

Después de esta pequeña exposición sobre la comunicación teatral nos resulta difícil exponer un modelo global consistente que sintetice todos los datos y reflexiones. Se puede decir que la comunicación teatral está compuesta por un emisor y un receptor complejos. El emisor tendría las funciones de creación del mensaje y codificación por medio de los elementos de significación y la convención de los mismos. El receptor tendría las funciones de descodificar el mensaje en función de su experiencia o capital teatral, y de recrearlo nuevamente en un segundo proceso creativo. (Versión del Modelo Vieites M: 2000)

 

Bibliografía

Algarra, Manuel M. (2003) Teoría de la comunicación. Una propuesta. Madrid. Tecnos.

Craig, R.T. (1999) "Comunicacion theory as a field". Comunication theory, 9, 119-161

Goffman, E. (trad. 1991) Les Cadres de l'experience / traduction d'Isaac Joseph. Paris. Éditions de minuit.

Luhmann, N. (1996) Introducción a la teoría de sistemas. Barcelona. Editorial Antropos.

Noelle–Newman, E. (1995) La espiral de silencio. Opinión pública, nuestra piel social. Barcelona. Edit. Paidós.

Meyerhold, V. (1979) Teoría teatral. Madrid. Fundamentos

Riobó, Pedro P. (2000) O teatro galego contemporáneo (1936-1996). A Coruña. Universidade da Coruña

Rodrigo Alsina, M. (1995) Modelos de la comunicación. Madrid. Tecnos

Rodrigo Alsina, M. (2001) Teoría de la comunicación. Ambitos, métodos y prospectivas. Barcelona. Univ. Autónoma.

Vieites, Manuel F. (2004) O teatro. Vigo. Editorial Galaxia.

Vieites Manuel F. (2004) "Repertorio teatral, teorías de la recepción y políticas culturales. Una aproximación tentativa". Revista ade/teatro, 102. 19-49

West, R. y Turner L. (2005) Teoría de la comunicación: análisis y aplicación. Madrid. McGraw Hill.

 

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