Número 16. Enero de 2006

Arrabal. Transgresión y disputa

José Luis Campal Fernández
RIDEA

Con ocasión de esta quincuagésima efeméride del exilio voluntario de Fernando Arrabal en París, hemos consultado a los autores de teatro españoles en activo acerca de su óptica sobre el papel y las aportaciones del dramaturgo melillés. A todos ellos les hemos lanzado dos preguntas:

1) ¿Cuál considera usted que es el lugar de Fernando Arrabal en el panorama teatral hispánico del último medio siglo?

2) ¿Ha influido, a su modo de ver, el exilio en la escritura teatral de Fernando Arrabal?

A la encuesta han respondido 21 autores: Tomás Afán, Fernando Almena, David Barbero, Hipólito Calle Soriano, Salvador Enríquez, Manuel Gómez García, Luis M. González Cruz, Guillermo Heras, Fernando J. López, Domingo Miras, Pedro Montalbán Kroebel, Ignacio del Moral, Borja Ortiz de Gondra, Paloma Pedrero, Margarita Reiz, Juan Carlos Rubio, Arturo Ruibal, Alfonso Sastre, Rodolf Sirera, Francisco Torres Monreal y Alfonso Vallejo. Éstas son sus reflexiones, que les agradecemos.

Tomás Afán Muñoz

1) Arrabal siempre me ha parecido un enigma, que creo que todavía no he sabido descifrar. Su figura me intriga, y su obra me resulta inquietante y muy atractiva. En el panorama teatral hispánico del último medio siglo considero que es una personalidad única e imprescindible.

2) Claro. Imagino que en aquella España tan poco dada a la experimentación escénica, el teatro de Arrabal no habría encontrado cauce alguno de expresión.

Fernando Almena

1) Un lugar entre los primeros autores, por la calidad y variedad de su teatro, por su constante afán renovador, sin anquilosamiento en un único estilo, y por la universalidad de su obra.

2) Pienso que sí ha influido, no tanto por su circunstancia de exiliado, aunque voluntario, como por su vivencia en un mundo en el que existía libertad de expresión para el autor y por su contacto con autores, tendencias y vanguardias de gran proyección cultural e internacional.

David Barbero

1) Fernando Arrabal me parece un autor sólido, potente, novedoso, profundo. Muy por encima de la imagen que los medios de comunicación, con su voluntaria colaboración, han transmitido destacando sus excentricidades. Matizando con más detalle, mis obras preferidas están escritas en las primeras décadas de su actividad como autor de teatro.

2) Creo que el exilio ha influido mucho en la escritura teatral de Fernando Arrabal. La ha condicionado. En muchos aspectos, para bien. El exilio además le ha permitido estar en contacto con importantes escritores, filósofos y artistas internacionales así como pertenecer a corrientes que superan las fronteras. De todas formas, me hubiera gustado conocer los caminos que hubiera seguido en el caso de residir en España toda su vida.

Hipólito Calle Soriano

1) No he tenido la oportunidad de tratar con Fernando Arrabal personalmente (apenas si habremos coincidido en un par de ocasiones). Yo a Fernando le conozco, como se suele decir, de oídas y de lo que sus textos me han enseñado (¡que no es poco!). De eso, de sus textos, es de donde puedo extraer mi opinión. Cuando empecé a leer teatro (todavía no he conseguido saber por qué me dio por ahí ya que ni en el círculo de amigos ni en la familia era costumbre hacerlo) me encontré con un texto titulado El triciclo firmado por un tal Fernando Arrabal del que yo no había oído hablar jamás en mi vida. No era la primera obra que leía pero desde luego fue la primera que me golpeó directamente en el estómago. Esos diálogos tan extraños, esos personajes tan peculiares, ese sentido del humor tan absurdo, esas situaciones, no sé… todo era tan diferente. Aquello no tenía nada que ver con lo que hasta entonces había llegado a mis manos. Hará de esto aproximadamente más de 20 años, tendría yo en aquella época unos 16 o 17 cuando ese triciclo de Fernando se cruzó en mi camino. Luego vendrían otras lecturas. Me entusiasmaría con los textos de Alfonso Vallejo y de Luis Matilla, entre otros, pero la impresión que me causó el texto de Fernando todavía hoy perdura y me trae a la memoria aquella época de juventud. Después leí El cementerio de automóviles y más tarde Pic-nic. Luego leería Ceremonia por un negro asesinado. Sí, no cabía la menor duda de que aquel señor sabía contar las cosas con un lenguaje propio. Comprendí entonces que la impresión que me causó El triciclo no era casual. Con el correr de los años, cierta noche, viendo un programa de televisión, apareció un señor bajito y con gafas muy divertido que, aparentemente, con alguna copa de más en el cuerpo, no paraba de ir y venir de un sitio a otro, provocando en los otros contertulios del programa cierta inquietud. Supe que aquel señor bajito con gafas y pajarita de vivos colores era el mismo señor que había escrito aquellas maravillosas obras que yo había leído hacía algún tiempo. Ese señor era Fernando Arrabal. ¿O no? Aquel señor era un provocador. Hoy me sigue pareciendo lo mismo. He leído en algún sitio que Fernando dice que en España no le toman en serio porque es un joven provocador. ¡Otra provocación más! Pero yo creo que Fernando se equivoca en el análisis. En este país no se lleva eso de tomarse en serio a nadie, se llame Arrabal o se llame Cervantes (¡cómo funciona el inconsciente, madre mía!). Si a Fernando, como a su obra, no se le toma en serio es porque Fernando, todavía, no ha sido nominado. Aunque aún está a tiempo. Eso es lo que interesa en este país de pandereta. Pero ése es otro tema. A mí, personalmente, lo que más me interesa de Fernando Arrabal es su obra. Respecto a su manera de "representarse" ante los demás, no tengo nada más que la visión sesgada y pobre que otorgan las distancias largas. De Fernando tengo la sensación de no saber nada instalado como está en la apariencia y tengo que decir que esa apariencia, a mí, no me gusta mucho. Bueno, ni mucho ni poco. Tengo la impresión de que el personaje se ha comido al individuo real (si por real entendemos todo lo opuesto de fingido) y es que cada vez que Fernando tiene una cámara cerca sufre, en mi opinión, de "transformitis aguda", comenzando entonces una actuación circense, en la que extrae conejos y palomas que no dejan de saltar y correr por todos lados, llamando la atención, provocando la hilaridad, para terminar escondiéndose tras su pajarita de vivos colores. A mí no me interesa ese Fernando. No me dice nada. Me quedo con su obra. ¡Esa sí que me seduce! Tanto sus textos teatrales como su poesía, pasando por sus guiones cinematográficos o sus escarceos con la novela, están teñidos de una magia especial, de un fino e inteligente sentido del humor, de una aparente sencillez que en realidad esconden cargas de profundidad capaces de hacer saltar por los aires un país entero. En fin, yo creo que la obra de Fernando Arrabal es incapaz de dejar indiferente a nadie, por eso, para mí, es uno de los dramaturgos contemporáneos más influyentes y con mayor poder de seducción de estos últimos cincuenta años. Todo lo demás es humo, artificio, juego teatral, sombras y cierto guiño de niño travieso para mantener vivo ese espíritu de rebelde sin causa, de inconformista, de "enfant terrible", que me parece a mí que a Fernando tanto le gusta. Gracias a todo ello Fernando ha trascendido (en el sentido de repercutir) la historia de la literatura dramática hispánica, porque yo creo que Fernando es también, además, su personaje, y entre los dos, ese Fernando real de carne y hueso y ese otro Fernando, el histrión, han terminado por construir una verdad unificada que se llama Fernando Arrabal al completo y que es un señor bajito muy simpático que siempre lleva una pajarita de vivos colores rodeando su cuello.

2) No me cabe la menor duda de que todos y cada uno de los acontecimientos relevantes que forman parte de nuestra vida tienen su reflejo en nuestra obra. Incluso diría más, construimos cierto tipo de obras como respuesta a esos acontecimientos. Yo, al menos, no lo entiendo de otra manera. Somos hijos de nuestro tiempo y nuestra sensibilidad está directamente relacionada con la sensibilidad del tiempo que nos toca vivir. Dicho esto, y aunque parezca contradictorio, tengo la sensación de que ese exilio, a pesar de ser un acontecimiento importantísimo en la vida de las personas que se ven obligados a abandonar su tierra, en la producción de Fernando apenas es otra muesca más de su revólver. Yo creo que la obra de Fernando está teñida, sobre todo, del amargo sabor de la injusticia, del abuso del poder, de la ilógica de la fuerza de la razón, del asesinato de un padre, de la prohibición de sus textos y del exilio, también del exilio. A ese exilio físico que sufre Fernando le sigue también un exilio del alma, que nada tiene que ver con territorios ni cuestiones terrenales. La forma como Fernando digiera tanta desdicha formará parte de su estilo y de su obra. Nada tiene que ver la manera en que Buero, Sastre, Alfonso Vallejo, Carlos Muñiz o Domingo Miras, por ejemplo, reconstruyen una realidad que no les gusta, con la manera en que lo hace Fernando. Ahí está el carácter puramente personal de la creación artística. La mirada de cada creador es lo que otorga carácter a la creación. Y en esa mirada el exilio de Fernando se ve acompañado de otros condicionantes importantes. Uno de ellos y que yo creo ha marcado su manera de escribir es la distancia. No sé si una distancia mantenida con pasión, con "saudade", con rencor o simplemente como mero espectador de los acontecimientos que tenían lugar en su tierra. Eso suponiendo que Fernando tenga alguna tierra, o se sienta de alguna tierra en especial. Eso no lo sé, lo que sé, porque me transforma, es que su obra está teñida de rebeldía, de provocación, de inconformismo, de vida, a veces de rabia también, demostrando que sigue tan vivo como hace 50 años. Y eso sí que se lo envidio. Envidio su facultad de mantener, a estas alturas de su vida, todavía encendida la llama de la revolución. Fernando es un niño revoltoso con barba de dos días y mirada crítica. Quizá sin ese exilio Fernando también seguiría siendo ese niño revoltoso con barba de dos días, pero no sería el mismo. Al menos así es como yo lo veo. Así es como yo lo entiendo. Su manera de escribir, esa actitud ante la vida, es heredera de una vida particular y concreta, personal, imposible de repetir. Aun si fuésemos capaces de simular en un laboratorio las condiciones tanto ambientales, sociológicas o emocionales que Fernando ha vivido y trasladarlas a otros chicos, ¿podríamos asegurar el nacimiento de clones de Fernando? Estoy seguro de que la respuesta es que no. Por eso, siendo importante para su obra el exilio, la obra de Fernando es algo más. Él y sólo él serán capaces de extraer la esencia y juntando con mayor o menor acierto unas palabras cualesquiera construir esos textos que al ser leídos o interpretados remuevan en los espectadores sus fibras más íntimas. Tengo la sensación de que ese exilio que Fernando se vio obligado a realizar es parte importante de su obra, pero no es la única.

Salvador Enríquez

1) No soy partidario de situar mis valoraciones en orden numérico, algo así como "primer lugar", "segundo lugar"... pero sin duda Fernando Arrabal se sitúa en los primeros puestos, aunque esos puestos nada tengan que ver con el teatro comercial al que, en España, que yo recuerde, no llegan sus obras. En Madrid, más o menos recientemente, lo hemos visto en La Abadía, con su Cementerio de automóviles, en la Sala Lagrada con un interesante montaje de Fando y Lis, también en un montaje del Centro Dramático Nacional de su monólogo Carta de amor. Éstas son obras que, sin duda, sitúan a Arrabal en el grupo de los autores más interesantes del último medio siglo, aunque esto no quiere decir que uno sea ferviente devoto suyo. No tengo devociones de ninguna clase, es la verdad.

2) Pues... me atrevo a creer que sí. Si tenemos en cuenta el teatro que se podía ver en España cuando Arrabal se marcha a Francia (creo que fue allá por 1957, tras su fracaso escénico con Los hombres del triciclo) deduzco que en el exilio francés debió de encontrar la necesaria libertad de "pensamiento y obra", un oxígeno intelectual del que aquí se carecía. Pero, en fin, esto es sólo una suposición aunque la sustento en el convencimiento de que para crear (como para todo en la vida) hace falta libertad.

Manuel Gómez García

1) El papel de Arrabal ha sido y es absolutamente determinante en el panorama teatral hispánico contemporáneo. Primero, por su labor de conexión de la escena española con los movimientos de vanguardia que cobraron forma especialmente a lo largo del pasado siglo, y muy en particular con el teatro del absurdo y el teatro de la crueldad. Segundo, por su propia condición innovadora, que materializó, como es sobradamente conocido, en la creación del teatro pánico. Y en tercer lugar por la vertebración en sus obras del compromiso en los contenidos con la innovación en la formalidad expresiva, lo que vino a evidenciar que no tenía por qué existir antinomia alguna entre ambas prácticas. Lo que sucedió en su momento es que buena parte de los dramaturgos españoles de la época, incluso alguno considerado de izquierda, se sintieron afectados por su protagonismo creciente, y añadieron sus descalificaciones críticas, basadas en consideraciones formales o estéticas, a las emanadas del franquismo. Por fortuna, el tiempo sitúa a cada cual donde le corresponde, y en los últimos años, como es sabido, Arrabal ha comenzado a recibir al más alto nivel el reconocimiento que merece.

2) El exilio ha sido básico para configurar su obra, como el propio Arrabal ha declarado en distintas ocasiones, tanto por la consecución de esa perspectiva que brinda la lejanía como por el conocimiento personal de los movimientos de vanguardia a que me refería y de sus directos protagonistas. Y tengo de ello personales referencias, ya que Arrabal y yo abordamos este tema al menos en dos ocasiones. Primero cuando le entrevisté en París, lo que sucedió, si mal no recuerdo, en 1976 y en su domicilio, donde me presentó a su mujer y a sus dos hijos, que estaban tocando unas pequeñas flautas que sirvieron de fondo a la conversación. Segundo cuando regresó, en 1977, de su exilio. Su mujer me llamó por teléfono y me dijo que al día siguiente llegarían a Madrid, y Fernando lo hizo acompañado por varios cámaras de televisión con los que llegó a la Puerta del Sol, donde habíamos quedado y en la que varios policías, a la entrada de la Casa de Correos, nos dijeron que no podíamos estar. De manera que nos dirigimos al Ateneo, y durante el paseo tratamos de nuevo de la situación política y de la influencia del exilio sobre su producción. Una influencia, en todo caso, que calificaré siempre de positiva.

Luis Miguel González Cruz

1) Fernando Arrabal fue un autor importante durante mi adolescencia, fue un autor capital en mi formación pero, curiosamente, fue un autor importante cinematográficamente hablando. No conocía nada de su dramaturgia pero vi películas suyas como Viva la muerte, J’irai comme un cheval fou o la película de Jodorowsky sobre Fando y Lis. Era un cine prohibido que, paradójicamente, se exhibía hasta en las ciudades de provincia nada más morir Franco. Y en sus películas se desplegaba todo el firmamento de las estrellas o estrellitas que aún hoy gozamos o sufrimos. Víctor García interpretaba algún papel, Nuria Espert ya era talludita entonces, los títulos de crédito de algún film estaban dibujados por Topor... Incluso el tío de un amigo mío recaló en Cáceres, mi ciudad natal, después de haber trabajado durante mucho tiempo en universidades italianas y me confesó que era él el que viajaba a España para alquilar los trajes de guardias civiles que se utilizaban en las películas de Arrabal. Arrabal era para mí, pues, un mito.

Y, como todos los mitos, no era bien conocido. Y, con la democracia, como otros muchos mitos, desapareció.

Pero, al cabo de un tiempo, volvió a aparecer. A finales de los años 80 encontré trabajo en los informativos de Televisión Española, trabajaba en el último telediario del día y, a la una de la madrugada, no tenía ganas de ir a dormir, por lo que nos quedábamos a tomar una copa en un programa en directo nocturno que tenía un buen bar. Se llamaba "La noche" creo recordar. Ya la televisión comenzaba a dejar de ser televisión y a convertirse en una gilipollez. Los debates eran tontos pero, a pie de plató había un buen bar. Un día oí que alguien hablaba de cosas muy lúcidas. Decía que Curro Romero era un gran torero porque hacía el paseíllo como nadie. "¡Qué gran señora!" decía. Miré hacia atrás y descubrí a Fernando Arrabal que había vuelto a España, que había vuelto al país de los vivos. La audiencia de aquel programa de mierda subió muchos enteros hasta que el propio Arrabal fue víctima de aquel magnífico bar y dijo las cosas más lúcidas que yo he oído en mucho tiempo, pero como las dijo borracho, y eran grandes verdades, las desterraron de la televisión pública.

Ése es el problema de Arrabal, el ser un iluminado. Declaró haber visto a la Virgen María y yo me lo creo, pero el gran problema de Arrabal es que fue un autor exiliado. Un autor exiliado mimado, pero exiliado, y España ha olvidado el exilio, ha desterrado el exilio, que es como desterrar cuarenta años de cultura reciente española. Es así como Buñuel era un autor francomejicano o José Ricardo Morales un autor chileno o Arrabal un autor francés.

2) A pesar de que Arrabal no necesitara del exilio, fue un autor exiliado y fue el motivo de que fuera un mito cuando yo era un adolescente y luego fuera olvidado. La izquierda perdió el humor en el año 92 y ha sido la derecha quien ha retomado y falsificado a Arrabal.

España tiene una deuda pendiente con todos los autores del exilio porque los ha encumbrado y los ha machacado en el postfranquismo. Quizás la obra de Arrabal es una muestra de ese sentimiento fratricida que tenemos los españoles contra nuestras propias culturas.

Guillermo Heras

1) Como tantos otros creadores que por unas u otras razones tuvieron que marchar de nuestro país en una época siniestra, la influencia en el teatro cotidiano español de un largo período no tuvo la importancia que en una situación normalizada pudo tener. Sin embargo, si hablamos del ámbito hispano, es posible que Arrabal sea una de las referencias dramatúrgicas más importantes del teatro iberoamericano de las últimas décadas del final del siglo pasado, tanto por su influencia en el lenguaje de otros dramaturgos, como en la cantidad de obras suyas estrenadas en diversos países de habla hispana.

2) Creo que todo exilio acaba por influir en un creador. A veces, incluso cambiando su lengua materna por la del país que lo acoge. El hecho de que parte importante de la obra de Arrabal se haya escrito en francés es todo un signo de esa influencia. Por otro lado, el haber podido participar del movimiento "pánico" con la libertad que permitía la escena parisina, en contraposición a la grisura española, es otro síntoma de cómo esa libertad creadora que le produjo el exilio le sirvió para hacer una obra más universal.

Fernando J. López

1) Fernando Arrabal ocupa un lugar fundamental dentro del teatro contemporáneo. Su escritura dramática está marcada por una fuerte personalidad creadora que convierte sus textos en obras casi autorreferenciales, dotadas de un código semiótico –tanto en su esencia literaria como en sus valores dramáticos– de una profunda singularidad. Singularidad que desembocaría en el nacimiento de su "teatro pánico" en los años 60, un modo de entender el fenómeno teatral que constituyó una auténtica sacudida en la escena del momento. Su uso poético de la palabra le ha permitido transitar por muy diversas etapas expresivas y evolucionar desde el absurdo ingenuo de obras como Pic-nic hacia el lirismo hondo, descarnado y dramático de su excepcional y reciente Carta de amor (como un suplicio chino).

2) En mi modesta opinión, creo que el exilio ha influido, al menos en parte, en la autonomía creadora de su autor, en tanto que ha favorecido su evolución completamente individual y no adscrita plenamente a corrientes o tendencias mayoritarias. El "teatro pánico" es un claro ejemplo de las consecuencias de esa independencia, así como de las nuevas influencias que absorbe en Francia. En cuanto a los temas y emociones que desgranan sus obras, no hay, sin embargo, un alejamiento, sino un acercamiento hacia lo esencial, una desnudez de lo contextual que, tal vez, sea a su vez un reflejo de la visión que se tiene de la realidad desde el exilio. La Historia –con mayúsculas– sigue presente en la historia –con minúscula– de sus textos, pero su visión se aleja tanto del enfoque propiamente social de gran parte del teatro de los 50 y 60 en España como del enfoque puramente experimental de los años 70. La distancia, en ese sentido, favorece un teatro más impuro, menos catalogable y donde la verdad y la emoción se hacen evidentes en los hallazgos de cada una de las líneas que componen sus textos.

Domingo Miras

1) Sobre el lugar que ocupa Fernando Arrabal en el panorama teatral hispánico del referido período, es evidente que se trata de un lugar preeminente, como buque insignia del teatro "no realista" (el del teatro "realista" lo sería Buero) que a lo largo del referido medio siglo ha sido escrito por autores españoles.

2) Sobre la influencia que el exilio haya tenido en su producción, creo que su traslado a París no ha influido en el peculiar estilo de su teatro (El triciclo fue escrito antes de su partida), pero sí lo ha hecho en la producción de determinadas obras que sólo pudieron ser escritas desde la situación vital del exilio, como La balada del tren fantasma, por ejemplo.

Pedro Montalbán Kroebel

1) No importa la exactitud de la frase, con qué intención fue pronunciada o el contexto en el que surgió, lo cierto es que en su momento levantó una gran polémica: "El teatro español son Arrabal, Valle, Lorca y poco más", dijo alguien. Ese "y poco más" es, a todas luces, injusto con algunos dramaturgos, pero durante la tormenta que siguió y entre las numerosas declaraciones, hubo un consenso claro respecto a Arrabal. Si hubiese que escoger un número reducido de autores teatrales, Arrabal figuraba en la selección. Y añado yo, si hablamos del último medio siglo, entonces Arrabal ocuparía, sin duda, el primer lugar.

2) ¿Hubiese podido Arrabal desarrollar su obra, en libertad, sin el exilio? Es difícil imaginarlo, muy difícil. ¡Imposible! No se puede hablar del siglo XX español sin hablar de la guerra civil y el exilio, y no se puede entender el siglo XX español sin la obra de Arrabal.

Ignacio del Moral

1) No tengo una opinión formada acerca de él. Nunca ha despertado en mí ningún interés particular, más allá del conocimiento y aprecio de algunos de sus textos más emblemáticos (El triciclo, Fando y Lis, Oye Patria mi aflicción, El arquitecto y el Emperador de Asiria...), que he leído y/o visto sin que nunca me hayan impresionado demasiado, a pesar de reconocer su valor; y, sin duda, sus actitudes y escritos de los últimos años le hacen aparecer a mis ojos como un personaje peculiar y poco relevante. Pero esto es una visión muy subjetiva, producto, posiblemente, de mi falta de conocimiento del personaje y su obra. De manera que no discuto en absoluto la opinión de quienes tienen un mejor concepto.

Borja Ortiz de Gondra

1) Ocupa una posición singular. Sin insertarse en ninguna de las corrientes principales de la dramaturgia que se daban en el país, sin embargo su teatro se ha representado con bastante regularidad. No ha tenido seguidores directos, pero su influencia sutil puede rastrearse en algunos aspectos de la escritura dramática surgida en torno a los años ochenta.

2) Sin lugar a dudas. Nunca habría escrito el teatro pánico si se hubiese quedado en España: las mayores influencias en su escritura vienen del ambiente en el que se movía en París y su apertura a las nuevas corrientes. Su originalidad consistió en escapar al provincianismo del teatro español, pero sin caer tampoco en una imitación vacía del teatro francés, en lograr una síntesis personal entre sus orígenes y lo que encontró en el exilio. La libertad y la distancia con que habla de España sólo se pueden lograr desde fuera.

Paloma Pedrero

1) Un lugar importante, quién lo duda. No soy especialista en su teatro, claro, ni sé poner a mis colegas en un "lugar", ésa es una labor de los críticos. Puedo decir que aunque su tipo de teatro no tenga nada que ver con el mío me interesa. Tanto que hace unos años monté Pic-nic en el taller que hago con "sin techo" en Madrid. El texto es estupendo y universal. Todos se identifican con esos soldados perdidos en el absurdo de la guerra. Fue una experiencia muy potente para todos, para actores y público.

2) Tampoco puedo contestar a eso. Pero supongo que sí. ¿A quién no va a influir el exilio? Es una situación que no he vivido, pero puedo imaginar. También es un volver a empezar, un mirar de otro modo, un hacerse a otra cultura, un tener que estar más vivo. Eso a un escritor seguro que le influye.

Margarita Reiz

1) A mi modo de ver Fernando Arrabal es, junto con Francisco Nieva, el instigador de la segunda vanguardia española, considerando como primera parte la producción teatral de las décadas precedentes al golpe de Estado del 36, tras el cual la riquísima tradición teatral española anterior quedó rota y sin continuidad posible. En el caso de Arrabal, su renovación se centra más concretamente en los aspectos relacionados con la escritura dramática. La existencia clandestina, dentro de la dictadura, o semi-clandestina, de algunos autores o autoras, ha invisibilizado gran parte de las obras de ese período, no permitiendo que su teatro pudiera convertirse en un hecho de la incidencia social o cultural que les hubiera correspondido, como vanguardia oficial española. La necesidad de romper con lo establecido y con las convenciones teatrales permitidas por las autoridades franquistas y la búsqueda de nuevas estéticas fue el motor de dichas escrituras teatrales, esencialmente de la del autor que nos ocupa. La rebeldía como fórmula creó algunos géneros híbridos. Las búsquedas formales de Arrabal, que se inician con una cierta sencillez teatral y que a pesar de ello ya denotan una gran diferencia con la dramaturgia española del mismo momento, se afianzan más en el teatro denominado "del exilio" y más aún en sus búsquedas formales de espacios, personajes o gestos, en el teatro por él mismo titulado "pánico", que conserva todavía elementos de absurdo pero de referente mucho más artaudiano y de estética surreal. Todos ellos trabajos estrenados en Francia y de allí llevados después a escenarios extranjeros con notable éxito, pero no a España. Presencia escasa, pues, de este autor en la etapa fascista dentro de la Península, aunque paradójicamente siempre se tuvieron noticias de él, asociadas al escándalo social y a la extravagancia artística, por lo general, sin llegar nunca a valorar demasiado sus éxitos, ni a conocer en profundidad sus logros, tal vez porque siempre se le identificó con una oposición política al régimen dictatorial y en aquellos momentos eso no dejaba de ser un atrevimiento que se pagaba muy caro. Es indudable, sin embargo, que Arrabal ha contribuido a la evolución del teatro español desde la distancia, indirectamente, aunque en España su obra no se haya difundido hasta hace relativamente poco tiempo. Creo que podemos asegurar que ha inspirado a unos cuantos autores y autoras de teatro, aunque el destino de los mismos en España fuera más duro que el del propio Arrabal en su exilio francés: casos de censura, malas o nulas condiciones para la representación de sus obras, el asunto de la "función única", trabajar para las minorías y como consecuencia última de la clandestinidad y las circunstancias: pasar sin ser vistos por la historia. Luis Riaza, Miguel Romero Esteo, Martínez Mediero, López Mozo, José Ruibal y más..., auspiciados por el movimiento del llamado "teatro independiente", que fueron los que dieron a conocer sus obras durante breve tiempo y en las condiciones descritas en líneas anteriores, grupos como "Los Goliardos", "Tábano", "Esperpento", "TEI", "Els Joglars", "Teatro Lebrijano" o "La Cuadra", entre muchos otros, que tan importantes fueron en los últimos años del franquismo para descubrir nuevos lenguajes, buscar otras fórmulas escénicas y dar nueva vida a nuestro teatro. Cierto es que los mencionados autores también mezclan referentes estéticos, propios de los maestros de esa nuestra anterior "tradición rota" por la guerra civil, de la que hablábamos antes, o se les une la influencia del también maestro Paco Nieva, o un estilo de gusto más beckettiano que genetiano, surrealista o cruel. A pesar de que coexistan todas esas otras referencias, es patente que Arrabal abrió fronteras y dio vuelos al dejar su sello en la más vanguardista dramaturgia española de su tiempo.

2) En París va a pasar Fernando Arrabal, salvo cortos períodos de tiempo, el período franquista español, inevitablemente eso va a establecer diferencias insalvables respecto a su forma de ver desde fuera y en libertad los problemas de España, pero también le va a poner en contacto con todos los movimientos teatrales –y de la cultura y el arte– extranjeros, en un momento en el que precisamente París se convertiría en uno de los centros de atención del nuevo lenguaje estético y dramático. Sin duda alguna, eso transformó su experiencia artística, su gusto y dio forma definitiva a la que iba a ser su estética teatral. No quiero dejar de mencionar algo que creo también debió de formar parte integrante de las varias influencias estilísticas o personales que afectan a cualquier creador o creadora, en este caso por la distancia que produce el exilio. Distancia impuesta, de su tierra y de sus gentes. Distancia elegida pero también dolorosa, que se fue haciendo cada vez mayor. Distancia de no reconocimiento, de rechazo compartido. Muy poco ha sido vista o leída la obra de Arrabal durante muchos años en España.

El grupo "Dido Teatro", en 1958 dio una representación de Los hombres del triciclo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, en sesión única. Sin embargo, hasta 1965 no se publicó ninguna de sus obras, la cual sufrió importantes cortes de censura (El cementerio de automóviles, revista Primer Acto), hasta 1975 hubo que esperar para la siguiente edición de una obra suya, que apareció impresa con varios errores (El arquitecto y el emperador de Asiria, revista Escena). En el estreno de Los dos verdugos, en 1969, la Policía ocupó el teatro y no se pudo representar. Ya muerto Franco, Marsillach intentó un montaje en Barcelona de El arquitecto y el emperador de Asiria que causó una querella con el autor. En 1977, Víctor García dirigió un inquietante montaje de El cementerio de automóviles, magníficamente interpretado, que resultó un fracaso de taquilla. Mejor acogida tuvo La torre de Babel, que fue estrenada en España bajo el título de Oye patria, mi aflicción, en 1978. En las últimas décadas de nuestra historia teatral ha sido algo más afortunado el encuentro entre Arrabal, el teatro y el público españoles, con algunos muy dignos estrenos en teatros nacionales y memorables interpretaciones, como la de Mª Jesús Valdés en el papel de la madre en el monólogo Carta de amor, como un suplicio chino. Tal vez ha sido necesario demasiado tiempo, pero hoy parece que las diversas distancias que han moldeado el estilo y el carácter de este autor, emblemático a pesar de todo para el teatro español, parecen poder conciliarse.

Juan Carlos Rubio

1) Fernando Arrabal es, sin duda, una figura clave no sólo para el panorama teatral español, sino para el panorama mundial. Su teatro, arriesgado, personal, único, sin concesiones, es referente obligado para otros dramaturgos, entre los que me incluyo. Ojalá que sus obras subieran más a menudo a nuestros escenarios. Siempre son un soplo de locura y genialidad.

2) Nunca sabremos cómo hubiera sido su teatro si hubiese permanecido en España. Aunque es de imaginar que estar alejado durante tantos años le habrá dado una visión muy particular de muchos temas, influido por otras culturas y personas. En cualquier caso, celebro su exilio (o al menos intento ver su parte positiva) ya que gracias a él ha escrito obras tan fundamentales para la dramaturgia española.

Arturo Ruibal

1) Arrabal es ante todo un agitador y en cierto modo un innovador; así pasará a nuestro teatro. Ahora bien, eso nada tiene que ver con la calidad de sus textos, que de todo hay en la viña del señor Arrabal.

2) El exilio ha sido fundamental, pues Franco y sus secuaces eran para él inestimables propagandistas: los intelectuales de París, esa caja de resonancia, apreciaban sobremanera a las víctimas de la España negra y Arrabal, que nada tiene de tonto, se aplicó a darles carnaza.

Alfonso Sastre

1) Arrabal es uno de los más destacados autores del teatro del absurdo en Europa. En España ha sido un extraño.

2) En Arrabal ha influido sobre todo Arrabal. Cuando escribió Títeres bajo la techumbre sólo había leído a Jacinto Benavente, según me dijo a mí entonces.

Rodolf Sirera

1) Arrabal es un fenómeno singular en el teatro español, con quien ha mantenido una relación irregular y relativamente distante. Su personal escritura escénica fue pronto admirada e imitada, sobre todo como fenómeno coyuntural o de rechazo a determinadas dramaturgias imperantes en las décadas de los setenta y ochenta, sin que se pueda considerar, sin embargo, que haya ejercido una influencia permanente en el teatro español contemporáneo. En cualquier caso, la obra de Fernando Arrabal es una de las más sugestivas y potentes de las producidas en este período, del que será considerado, sin duda, uno de sus representantes más característicos.

2) Sin duda alguna. El exilio permitió al autor conocer otras opciones teatrales, otras estéticas y, lo que es más importante, escribir con libertad. Y, al mismo tiempo, desarrolló en él la contradicción de sentirse ciudadano de todos los lugares y a la vez de ninguno y, al mismo tiempo, descubrirse profundamente español. ¿O es que puede concebirse de otro modo el humor –siempre negro, siempre desaforado, siempre amargo– que está presente en todas y cada una de sus obras?

Francisco Torres Monreal

1) Fernando Arrabal desborda, a mi juicio, lo meramente hispánico. Creo que, dentro del teatro de la segunda mitad del siglo XX, Fernando Arrabal es uno de los pocos dramaturgos de la segunda mitad del siglo XX que han saltado al siglo XXI, junto con Beckett. Mientras algunas dramaturgias van quedando obsoletas con el tiempo, Fernando Arrabal, en razón de sus temas y de su tratamiento, "sin censuras ni en lo estético ni en lo moral" (salvo cuando infringen la explotación del hombre por el hombre), así como por su escritura plenamente poética y escénica, sigue estando vigente. No creo que obras como Fando y Lis, El gran ceremonial, por poner sólo estos dos ejemplos de los sesenta títulos que componen su teatro, queden desfasados mientras el hombre siga teniendo problemas propios de su relación social y familiar.

2) Sí, ciertamente, pero no en lo temático, como cabría pensar. El exilio crea en Arrabal una distancia física con su contexto hispano. Esto no quiere decir que Arrabal se desconecte de sus vivencias familiares, políticas y educacionales en España. Sólo que, al no disponer ya de esta realidad en el momento de su escritura dramática, la memoria y los sueños habrán de suplirla. Esto dará lugar a una escritura imaginal, profunda, que horada en las capas del inconsciente, que no habría tenido lugar de haberse quedado en España. Por otro lado, en un primer momento, Arrabal, que había ido a París para aprender, pudo entusiasmarse –eso imagino– con las escrituras de Beckett y de Genet. No creo que le interesaran otros autores. Luego recorrerá el mundo, desde São Paulo a Tokyo y Nueva York, dirigiendo su propio teatro. Tras el abandono de Beckett, en los setenta, Arrabal se convierte en el dramaturgo más innovadoramente interesante del planeta. ¿Exageración? Los años que llevo con su escritura y con el teatro habrán de permitírmelo.

Alfonso Vallejo

1) Fernando Arrabal me parece un escritor total y absolutamente destacado en el panorama teatral hispánico y no hispánico del último tercio del siglo XX. Su concepción del teatro no sólo es muy personal, sino que aglutina e integra muchas de las innovaciones que se han ido consolidando en los últimos cuarenta años. Además ha abierto caminos nuevos que todavía están por desarrollar. Un artista muy importante.

2) A esta pregunta es difícil de responder con exactitud. No puedo saber en qué manera el exilio ha influido en su escritura. El único que puede saberlo con certeza es él. Aunque, evidentemente, supongo que vivir en el exilio ha tenido que afectarle profundamente a nivel personal. También puedo decir que el hecho de haber estado en contacto directo con las tendencias más innovadoras de la literatura y el arte, por vivir en París, le ha influido en su desarrollo como escritor.

 

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