Número 14. Mayo de 2005
----------------- Seleccione Artículo ----------------- Editorial: Más de lo menos de lo mismo La danza en Asturias Con Estrella García Historia del teatro español A media luz de Max La papelera de Eurípides (III) Paco Zarzoso Texto: Transilvania “Allá cerca de las tenerías” La señorita Xulia El viejo celoso Son-nidos ¡Ay, Carmela! De Madrid a Gijón va la mariposa FETEN 2005 El Céfiro de la danza La Teresa de Clarín según Tarfe (I) ¿Artes escénicas en Asturias? Los compañeritos 20 años de payasos en Cornellá Circo Gran Fele, circo con encanto Cartas a La Ratonera Libros y revistas
Etelvino Vázquez.
Tuvo que venir la segunda mitad del siglo XX para que Cervantes fuera considerado algo más que novelista, sobre una disciplina, el teatro, en la que pugnó en su época para competir de forma desigual con el gran Lope de Vega. Transmite en sus entremeses algo más de la vida, en época de los Austrias, en lo que fue el establecimiento en el año de publicación de esta pequeña comedia, 1615, de una nueva forma de hacer reír. Ocho comedias y ocho entremeses "nuevos" y nunca entonces "representados", tuvo en esta segunda fase, tras una primera en la que destacaron Los tratos de Argel, además de Numancia. Inmediatamente posterior a la producción de Lope de Rueda, se jactaba Cervantes de haber introducido como novedad la reducción de cinco a tres en los actos, además de incorporar las "figuras morales", tales como alegorías y símbolos. Pretende Etelvino Vázquez añadir a su vez una explicación de este teatro con un introito, muy propio de ese tiempo, en el que se pedía indulgencia y comprensión al público para lo que iba a ver. Y lo hace a la manera italiana de las máscaras, popularizadas en España desde el siglo XVI también. Con todo el elenco figurando, evolucionando, en donde las habilidades de Moisés González lucirán en todo su esplendor de movimientos de la tipología de criados, tal como Arlequín. Es el personaje frente a la acción, y la representación frente al texto, lo que lucirá esta comedieta de cuernos y engaños. Con un sentido pantomímico de la expresión de los actores, tomados como arquetipos exagerados. La contribución del aparte, del interrogatorio simultáneo de los personajes ("–¿Y la honra sobrina? –¿Y el holgarnos tía?"), y de la parodia, dan la rapidez y vistosidad de la acción. Los diálogos y situaciones de los tipos y personajes, en este caso en la búsqueda de la consolidación del adulterio, lo consiguen. El vaivén de lo cómico a lo trágico, logra la acentuación, con toda audacia, de este discurso conceptista, en el que no se dejan de emplear expresiones populares y refranísticas. Los actores asumen este tono didáctico que Teatro del Norte busca en bastantes de sus representaciones. Con un vestuario colorista, un maquillaje notorio, el juego de papeles femeninos en manos de hombres, y la simplificación del escenario que corre a su suerte con un sólo telón de fondo atado por una cuerda. Basta eso y los cambios que se dan detrás sugiriendo otros aposentos, o jugando con la luz a las transparencias, para dar la idea de verosimilitud del fingimiento. La utilización de músicas extemporáneas, cuando no populacheras, hace destacar aún más esa intención de lo grotesco. Con unos actores en labor conjunta de gran esfuerzo, para ir rotando en una acción muy bien acogida por el público.
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