Comencemos señalando que el teatro debe ser el elemento dinamizador de la
expresión libre y maduradora de los niños, y por tanto sería deseable un taller
de teatro y/o juego dramático durante todo el curso. Lo que en tiempos se llamó
dramatización (que con la plástica y la música formaban las tres patas de la
Expresión Artística) debe recuperarse para el currículo escolar.
Si nos ponemos a ello la comunidad escolar demandará la visualización, cual
Tomás dedo en la llaga para creérselo, de lo que se hizo, para qué sirvió “lo
del teatro”. La fiesta de Navidad ataca de nuevo. Pero insisto: antes de “montar
un es-pectáculo” hay que soltar el cuerpo, expulsar la vergüenza, de-sengrasar
la imaginación, utilizar las manos... ¡Una ducha teatral, por favor! Y luego,
relajados y predispuestos, a la esce-na, la fiesta fin de curso nos espera.
En las edades más tempranas hay que respetar la espontaneidad del niño si
queremos resultados aceptables. Encorsetar a un niño con un texto es caminar
hacia el fracaso más estrepitoso. Un niño no es un actor: no tiene la formación
vital, corporal y vocal necesaria para digerir un texto e interpretarlo, sin
caer en el “niño-loro-repipi” o el “niño esfinge maragata”. Con el corsé del
texto aprisionamos lo que el niño es: un jugador, un fantástico actor espontáneo
que teatraliza todos sus juegos: “¡Pim, pam, pum! ¡Te maté! ¡Ajjj, me muero!”
Teatro vivo, total. Eso es lo que debemos tratar de conservar. En estas edades
primeras hay que darle alas al niño para que juegue, marcándole las “reglas del
juego” y luego... a alucinar con el formidable actor espontáneo que es un niño.
En la preadolescencia (y no digamos en la adolescencia) ya no tenemos al niño
sin prejuicios que se lanza a jugar sin reparos. Aunque un taller de teatro
durante todo el curso nos dé unos actores decididos, sin miedo escénico y
creativos, habrá que trabajar en el espectáculo de forma más “clásica” en muchos
casos. No quiere decirse que se des-eche el montaje que, con un esqueleto o hilo
conductor previamente marcado, deje cierta libertad de acción y palabra a los ac-tores.
Pero en ocasiones será más viable utilizar un texto que arrope al actor. O
también nos puede interesar un texto determinado. El adolescente puede ser un
actor de texto aceptable, pero a base de un trabajo más duro y más aburrido para
él. Ensayar y repetir lo mismo un montón de veces no es moco de pavo para el
chaval de estas edades.
Con los niños de Infantil y Primaria debemos organizar los ensayos para que
todos jueguen y no se aburran. Es necesario repetir el esquema para que quede
fijado el decurso de la acción. De nosotros depende que los niños jueguen a
“eso” y no a otra cosa, a la mínima de cambio. Los chicos mayores pueden tener
más disciplina, pero la planificación de los ensayos evitará aburrimiento y
disturbios entre los deso-cupados.
El juego, siempre el juego. Aprovechar a tope lo que el niño nos da. Huir, como
de la peste, de los esquemas al uso: rapsodas cursis, cariátides parlantes. No
es: apréndete el texto y arréglate como puedas. Tampoco es pintar el salón del
trono en un papel de embalaje y pegarlo en la pared del fondo. El teatro lo crea
el actor con su cuerpo y su voz. Lo demás son adornos, horribles en la mayoría
de los casos. Lo que no es signo es decoración. No debemos “decorar” la escena.
Centrémonos en lo que importa: el actor vivo, el niño creador de personajes.
Son algunas reflexiones dispersas sobre mi propia experiencia en dirigir niños
en la escuela. Discutibles y escritas para ser discutidas. Así que si alguien se
anima…
Aproximaciones tecnicas a un montaje teatral en la escuela
Hay dos opciones, en líneas generales:
1. Un esquema establecido previamente, una especie de esqueleto, a partir del
cual el niño-actor puede tener libertad vocal y corporal, siempre que se ciña al
hilo conductor. Es el método más adecuado para Infantil y Primaria, aunque en
Secundaria también es perfectamen-te válido.
2. Montaje a partir de un texto. Más aconsejable para Secundaria.
Pueden darse dos casos al montar un texto:
•Que ya tengamos el texto.
•Que no lo tengamos y lo creemos.
En el segundo caso habrá que partir de improvisaciones sobre el tema escogido
hasta madurar el esquema argumental y elaborar posteriormente el texto sobre el
que empezaremos a trabajar.
El proceso de trabajo a seguir con un montaje de texto puede ser el siguiente:
Trabajos de mesa:
• Del director
• Con los actores
El trabajo de mesa del director comprende:
• Elección de la obra
• Análisis de la obra en su contexto histórico y su vigen-cia actual.
• Intenciones ideológicas, estéticas, morales, etc., que queremos plasmar en el
montaje.
• Documentación histórico-literaria, o de cualquier tipo, que tenga relación con
el texto.
• Elección del reparto.
• Diseño de la planificación del montaje: ensayos, colabo-radores, listas de
utilería, escenografía, vestuario, sonido, etc.
El trabajo de mesa con los actores comprende:
• Primera lectura de la obra.
• Comentarios, preguntas, dudas que los actores planteen.
• Análisis, junto con los actores, del texto.
• Segunda lectura, ya enriquecida con lo anterior.
Improvisaciones
Pueden tener diversos fines: construir los personajes, encontrar el ambiente,
buscar el ritmo, establecer relaciones en-tre dos o más personajes, etc.
Pases de letra
Literalmente pasar letra, decir el texto de corrido, sin dudas, como el
Padrenuestro. Hasta que el actor no se sepa el texto sin una sola duda no se
puede empezar a trabajar. El texto es material de recurrencia, no se debe saber
con “trucos”, como entonaciones o acciones determinadas, sino que debe saberse
asépticamente y de carrerilla. Si el actor duda del texto, se para, no actúa o
se le olvida alguna acción que debería hacer, pues se concentra en recordar el
texto y se olvida de los demás.
Italianas
Son ensayos donde se trabaja, una vez sabido el texto, sobre las entonaciones e
intenciones, sin “mover” al actor todavía.
Montaje de Escenas
Hechas las italianas y las improvisaciones sobre una escena, se procede a
“montarlas”, es decir, construir su coreografía de acciones y conflictos.
Ensayos Técnicos
Son ensayos de acciones o situaciones que necesitan una preparación intensa o
una precisión determinada. Por ejemplo, una pelea a espada.
Ensayos por Escenas
Una vez engarzada perfectamente la escena, con sus partes técnicas ya
resueltas, se ensayan enteras para buscar el ritmo apropiado y el afinamiento
máximo.
Ensayos parciales o por bloques
Varias escenas que forman un bloque de acción, se reúnen para el ensayo en
continuidad.
Ensayos Generales
Ensayos de toda la obra, con todo: vestuario, escenografía, maquillaje, luz,
sonido...
Al trabajar con el actor, ya sea en improvisaciones o en ensayos de escenas,
debemos facilitarle el trabajo al máximo, darle soportes, ayudas, muletas. Por
ello:
Al actor hay que darle:
• Espacio, donde se desarrolla la acción.
• Conflicto.
• Quién desencadena el conflicto.
• Actividad concreta y/o física a desarrollar.
• Estado de ánimo.
• Relación emocional con los demás.
• Urgencia en conseguir su propósito.