Número 10. Enero de 2004

La lata de Teatro Casona

Francisco Díaz-Faes

 

Un programa de mano en una lata de sardinas hermética. Limpio, eficaz, evocador, sencillo y bello objeto. Se le ocurrió a Andrés Presumido en una idea que finalmente ejecutaría la firma ALBO en un diseño de Martia. No es casualidad que dentro de la cuarta Feria del Libro de Teatro celebrado en el Círculo de Bellas Artes el mes de noviembre en Madrid, el producto estelar haya sido, no un libro, sino la publicidad del último espectáculo de Andrés Presumido. Causó expectación y no dudaría que si llega a manos de la Biblioteca Nacional pueda conseguir algún premio anual de diseño, como los que esos días en ese magno edificio se exponían. Tal vez la analogía con la que se puede enlazar esta idea de Presumido, sea la del grupo Els Comediants y su famosa lata con aromas del espectáculo Mediterrani, que siguió al premio nacional de edición, del espectáculo anterior Sol solet. No suele descuidar Teatro Casona los envoltorios de sus productos teatrales, pues Andrés suele esmerarse en dibujar y trasladar sus ideas a los diseñadores. Pero esta vez rizó el rizo, intentando de alguna empresa conservera de Candás su promoción. Tuvo que ser la gallega ALBO, la que sorprendentemente decidiera por fin hacer algo que jamás le había propuesto nadie. En efecto, según cuenta Andrés, a Vigo se tuvo que ir para contemplar cómo las máquinas, por unas horas, se paralizaban para ser limpiadas de su oleoso odor a sardinas. Y a continuación las empaquetadoras, uno por uno, en cuantía de 10.000, fueran incorporando los programas que albergan fotografía y repertorio de la obra El arte de destrozar una comedia. Así las latas de la famosa conservera, con actores y director en esa unión de Teatro Casona y Capitol Teatro de Mieres, salen expuestos casi al vacío, enlatados en esa obra que ha cautivado donde quiera que se representa. Es curioso que la Consejería de Cultura que aparece como uno de los patrocinadores de esta producción, junto al ayuntamiento de Mieres y CajaAstur, figure en este envasado en el que no ha querido contribuir con ninguna aportación ni subvención para la ejecución de este proyecto ni el pago a los actores ni ninguna otra partida. Más aún extraño parece el que esta obra, tan exacta, vivísima y desternillante, no se haya ni tan siquiera seleccionado para los premios de teatro que anualmente se dan en el Nuevo Teatro de La Felguera en diciembre. Es posible que alguien no haya dado suficientemente la lata para que esto ocurriera de distinta forma. Mas la historia que aquí relatamos, hace ver que las casas comerciales pueden despertar mágicamente de su letargo promocional referido al teatro. A veces con que sólo se las ofrezca algo coherente. Y que pueden llevar a buen puerto cualquier idea original para financiar un producto. Mientras que las instituciones pueden vagar, divagar o patinar, en el mar del despiste o la ignorancia, de forma calamitosa.

 

  

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