Una historia necesaria. Roberto CorteLos pioneros del teatro de creación en Asturias

Acaba de aparecer un libro sobre el teatro de creación en Asturias durante los años finales del cincuenta, todo el sesenta y principios del setenta. Teatro de “arte y ensayo” lo llamaban los mayores, como en el cine, una buena parte de aquel teatro etiquetado con acierto y tino por Wellwarth como de “protesta y paradoja”. No estaban sobrados los potenciales espectadores asturianos en aquellos años de teatro, ni de infraestructura para la representación, ni de autores del panorama internacional, apenas sin editar o traducir al castellano. Como tampoco lo estamos ahora de ensayos, escritos ni bibliografía que venga al caso para ayudarnos a entender a los que no hemos vivido esa ‚poca, la labor de una avanzadilla que, con todas las limitaciones imaginables impuestas por el contexto, y algunas más añadidas como consecuencia, de índole artístico y cultural, asentó el cimiento de lo que a la postre sería el teatro independiente. Así que lo primero que cabe destacar del libro de Boni Ortiz es que será, entre otras muchas cosas, un testimonio de referencia obligada para el estudioso que decida aportar nuevos conocimientos sobre el tema, y una obra necesaria para el común de los lectores que, por curiosidad, desee hacerse una idea cabal sobre el acontecer diario de tan controvertido, entusiasta, efervescente, hábil, comprometido y.., a la vez, novicio panorama teatral de la Asturias sesentista. Comprender el pasado es conocer su intrahistoria, y así se cuenta de forma pormenorizada en estas doscientas y pico páginas. Con anécdotas inclusive, pero sin perder norte direccional acerca del “continuum” histórico teatral de la encrucijada que proviene, que no es otro que la renovación ideológica, artística y formal, propugnada en la II República. Un nuevo teatro crítico con los valores existentes, cercenado a cuajo en una contienda civil de un millón de muertos. Secuestrado y reducido al silencio para, más tarde, ser revivido a través de los realismos, más o menos simbólicos, más o menos directos y explícitos, o posteriormente desde las segundas vanguardias europeas o americanas. Hasta que llega en los primeros años sesenta a nuestra tierra, también pionera en las innovaciones, y en algunos casos con experiencias muy similares a las producidas en las ciudades más industrializadas del resto del país. El teatro del libro de Boni desarrolla su actividad en Gijón, ciudad teatral por antonomasia -no podía ser menos, Oviedo tendría el TEU-, foco de agitación social e intelectual por donde transcurren en primicia las piezas de Alfonso Sastre, Buero Vallejo, Olmo con “La Camisa”, Osvaldo Dragún con su imprescindible “Historias para ser contadas”, Ionesco, Beckett, o Sartre, entre tantos otros, junto a experiencias y representaciones de índole colectivo, organizadas, principalmente, por las asociaciones culturales y el Ateneo Jovellanos. Donde sobresalían los nombres de algunos de los más incesantes protagonistas, implicados y colaboradores, como por ejemplo: Luciano Castañón, Andrés Mori, Laureano Mántaras, Joaquín Fuertes, Eladio Sánchez, Ana María Friera, Carlos de las Heras, Carlos Álvarez, Pili Isabeta, Juan Carlos Otero, Sanchis Sinisterra, Malonda, Yolanda Monreal, etc. Y el nombre de las dos principales compañías que capitaneaban la producción de los espectáculos a un ritmo vertiginoso, “La Máscara” y “Gesto”. Todo, como se apunta, con una voluntad y resistencia inmarcesible, con mucha precariedad de medios y un contexto favorable a la recepción en cuanto a participación ciudadana; aunque, también, con una censura franquista endiabladamente hostil y todavía muy dispuesta a descerebrar cualquier atisbo de rebeldía que pudiera surgir, por ínfimo que fuera. Hay que resaltar que el autor, sin escatimar datos adecuados al informe estadístico, como implicado directo en la historia que relata (Boni vio la mayor parte de las obras comentadas, y formó elenco con “La Máscara”) rehuye deliberadamente de la asepsia academicista y se acerca al lector con la confianza y naturalidad suficiente como para exponer sus ideas y opiniones personales sin imposturas, y sin por ello rebajar la autocrítica cuando la ocasión lo requiere. Algo que es de agradecer y confiere al libro amenidad dialógica, haciendo sulectura más entrañable. Aunque el teatro sea el arte de lo efímero y las gentes del gremio sean las menos dadas a cultivar crónicas incluso de sus congéneres, el libro -y por obvio es necesario repetirlo- tiene en la farándula al destinatario ideal. Con la condescendencia práctica vía institucional que hoy día padecemos, entre nosotros, no est  de más saber, o recordar, que en Asturias existió un modelo de creación artística con voluntades e intenciones diferentes. Experiencias que heredaría en buena parte el teatro independiente, y de las cuales provenimos. Conviene tener bien claro que sin ese teatro, y sin esa avanzadilla o generación innovadora, la realidad sería diferente. 

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