Cirque du Soleil. Francisco Díaz-FaesCirque du Soleil

El deslumbrante Circo du Soleil o el arte sin explicación

Querido Ramón Gómez de la Serna: si llegas a vivir el Cirque du Soleil, tal vez como para mí sería el más gran espectáculo que te hubiese tocado ver de danza, acrobacias, luz y sonido. Marchamos a él en visita organizada a Bilbao. Nos recoge un autobús lleno de artistas del aire. Es curioso que en cuanto se da la voz del conductor prohibiendo fumar -y la verdad a mí me da igual que se ponga cada cual colacao o cualquier estupefaciente a la vena- se inicia un ferviente deseo de transgredirla. El batiburrillo se compone de padres, hijos equilibristas y despistados como yo. Al pronto se convierte en realidad esa desobediencia incivil un ambiente de malabarismo fumable. Que perla un viaje muy dulce lleno de maría, chocolate y alcohol a todo pasto que en algunos no cejará hasta el regreso a las cinco de la madrugada del mismo día. No sé si será lo que llamo espíritu de hijos de papá. Con alto concepto de libertad nieta ya del desguace del 68, salvada de la opresión y atmósfera irrespirable que les ha tocado vivir a sus 20 o 30 años. Leo que los padres dicen en encuesta sociológica que la droga para sus hijos es inevitable, tanto como que les salga bello púbico, o cambie la voz en la adolescencia. Así disfrutan de sus paraísos artificiales, sin conocer los naturales. Pero vayamos al paraíso artístico que es el que nos ilustra. Si correspondió a Philipp Astley, embrujado por la destreza de los caballos de Price crear el primer circo moderno en 1769 en Inglaterra –luego lo refundaría en París en 1783- cabe el honor al Cirque du Soleil, que dirigen Guy Laliberté y Daniel Gauthier, reiniciar ese camino con el primer circo del siglo XXI. Para los que creían muerto este arte ha surgido por ejemplo su último espectáculo QUIDAM, creación de Franco Dragone y Gilles Ete-Croix. Que estuvo en Bilbao desde mayo hasta finales de Junio, despidiéndose de su segunda gira española. El circo sigue renovándose en artistas que o bien logran entrar en circuitos de teatros, o en la calle con espectáculos de pequeño formato, o bien se presentan en circos descomunales como éste. QUIDAM es el juego del probablemente, más grande, experimental y desorbitante circo del mundo, el Cirque du Soleil de Canadá. QUIDAM en castellano antiguo era un latinajo que hacía alusión a “cierto sujeto, indeterminadamente” y que aquí es muy bien traído para sembrar el desconcierto, que precede al asombro infantil, de esta clase de juegos escénicos. Un personaje vagabundo y estrafalario, “un transeúnte sin nombre, una figura solitaria que permanece en la esquina de una calle, una persona que pasa como un rayo, una persona que vive perdida en medio de una multitud en una sociedad demasiado anónima”, según dice el programa. Que irá presentando una galería de oníricos componentes invadiendo la escena por arriba, en cinco Cirque du Soleil puentes grúa y por abajo. Uno de ellos camina sin cabeza, con un paraguas. Tal vez entre las manifestaciones artísticas, en circo sea la única inexplicable. Lo primero que capta la atención es el ritmo trepidante de éste, con números que se suceden en continuidad, sin fin. En una carpa iluminada artísticamente con nubes, y colores de ensoñación. Mientras suena la música en vivo, salvo una canción interpretada por la deliciosa voz de mambo de la gran Yma Sumac. El Circo del Sol lleva a miles de personas al paroxismo de la diversión y la alegría. Con una función única, pero no unívoca sino múltiple. Dicen los acomodadores y personal contratado en la capital vasca, que cada día que ven la función les hipnotiza más aún. Función que saca a la audiencia del ajetreo de la normalidad hasta lo inverosímil. Un circo situado junto al Gugenheim –por cierto hemos comprobado que este museo del futuro no, atiende el presente; no hay manera de entrar en silla de ruedas, y, cualquier minusválido o simplemente cojo se ha de enfrentar a una innumerable lista de escalones que le impiden la entrada, a no ser que vaya por la cafetería en la planta baja, cuando esté abierta, previsión se llama esto. Un circo, digo, con el que compite en su arquitectura de carpas y chapitau. Al caos de ordenador que es el Gugenheim de Bilbao –hay quien los asemeja a tetrabrik pisoteados-, o al desapercibido nuevo auditorio Euskalduna, relegado a un segundo plano, les salió un competidor ambulante de lona blanca. Es la margen izquierda del río Nervión (cuando un guardia de seguridad del Gugenheim denunció inmundicias –perros muertos, etc., en la ría le echaron el pasado año), margen avistada e inmensa desde la otra orilla de la Universidad de Deusto. Circo que luce su exterior de merengue monocorde, frente al titanio espejado de la cubierta museítica. Desde luego ganando en creatividad en su interior al gran museo del dique seco vasco, con dos pisos cerrados e invadido de los ingenios de motocicletas arqueológicas que causa furor, aunque no es arte, digámoslo todo. Y, sin embargo el Museo de Arte de Bilbao, que está al lado, desconocido para mayorías y, también en obras, ofrece un puñado de lienzos cuya finura y calidad están a una altura impresionante en la exposición “Las lagrimas de San Pedro”. Grandísimos cuadros de Ribera, Velázquez y Murillo nada menos. En esa espléndida oferta, pero con cuadros vivos, los geniales artistas del circo embadurnan nuestros sueños, y nos hacen arrastrar esa lágrima de San Pedro por el rostro de la ilusión. El circo, digo, es inexplicable. Posiblemente sólo a Gómez de la Serna se le ocurrió hacerlo, y, doctorado en ese arte, creó el inimitable circo de la palabra: su literatura, las greguerías. Por qué un señor decide volar, hacer acrobacias, malabares, o simplemente magia. No lo sabemos, o si la tiene no necesita explicación. El Circo del Sol con su último trabajo QUIDAM embelesa, hechiza, hipnotiza en su renovación de esta disciplina nacida en el siglo XVIII tal y como la conocemos hoy. Nos saca de nuestros pasmos y sombras –produce otras: nos asombra, es pasmoso, crea nuevas sensaciones: es sensacional, prodigios: es prodigioso, crea maravillas: es maravilloso, fantasías: es fantástico, admiración: es admirable, majestuosidad: es majestuoso, esplendoroso por espléndido. Inventa fenómenos: es fenomenal, alumbramientos: es deslumbrante, sorpresas: es sorprendente, portentos: es portentoso, encanto: es encantador, mágico: tiene magia.. Y ¿por qué es asombroso, pasmoso, fenomenal, sensacional, fantástico, admirable, esplendoroso, deslumbrante, sorprendente, portentoso, encantador, mágico, etc.? Pues es capaz de ello por la enorme envergadura de sus artistas, no menos, por la dirección y concepción del espectáculo que lleva a ofrecer su trabajo de forma originalísima. Por su cuidada estética, por la brillantez y la forma de presentar los diferentes números, que mirados en sí mismos no son de otro mundo, pero que se salen de este en su ejecución. Que poco tiene que ver con los discretos y a veces, malvivientes y patéticos circos que nos visitan modestamente. A duras penas, relegados a las zonas másCirque du Soleil inverosímiles, y mal ganándose la vida. O como los faquires, tal vez haciéndose daño. Aquí no hay presentador, speaker, ni los números propios con animales. Es un incansable ejercicio de luz, medidísimas coreografías, y personajes fantásticos sin razón de ser, inimaginables, con la visión vanguardista y rotunda de los grandes ingenios del surrealismo, con imágenes que recuerdan a los personajes impensables del pintor Magritte. Con una caracterización detalladísima y bella, y una coordinación que guían el diseño de luces y la música al unísono. Realizando el más asombroso, impresionante, inverosímil y grandioso espectáculo que se pueda ver. Conjugando bailes y coreografías, expresión y pantonima, en números de habilidad y destreza. Mientras, afuera, ante la pasividad general de los maestrillos de ikastolas y las de los papás de los hijos de papá de la khale borroka (¿será calle burrada?) se han quemado cajeros y 150 coches han sido destrozados en Guecho, en una sola noche, en la que el bosque del buenísimo escultor y excelente persona Ibarrola ha sido talado. Este sí que no es el más grande espectáculo del mundo, como rezaron con soberbia numérica ciertos circos (el de Bertran Mills tenía 250 caballos, 400 animales, 40 payasos, etc.) sino el más bochornoso de la incivilización. Con monstruos que son capaces de quemar una casa, un policía sí, también un humilde policía sin otro oficio por hacer, o un coche, una persona, o una paloma de la paz con arroz, y van luego al circo y ríen la gracia del arte de la paz.. Hay un cuerpo especial en el bilbaíno metro de Foster de despinta inmediatamente las pintadas, que por otro lado afloran por la ciudad como en Farenhait 451. Y vas y preguntas a la gente y te dicen que están encantados, que no se enteran de nada, que eso son hechos aislados. Y tanto, me acuerdo del hecho tan aislado de los progroms y persecuciones a los judíos, tan aislados tan aislados, que los aislaban en guetos, o en el peor de los casos en campos de concentración. Eso, aisladamente se mata a alguien, o se le quema una propiedad, o se le persigue por leer El País, ya no menciono el ABC. Uno está a punto de no saber distinguir en la confusión entre el País Basto y el País Vasco. Mientras, nuestro hermoso circo sólo ofrece pruebas de amor y de fuerza, en ejercicios aéreos, acrobacias, equilibrios, funambulismo, contorsionistas, malabares y tres disparatados y creativos payasos, Les Macloma. Sobre una plataforma giratoria, trampillas, colgaduras, música, luz y colores. Que voy anotando: el negritísimo mimo como nexo de unión, la niña cantante, los objetos que vuelan, la rueda giratoria de German Wheel, los diábolos de cuatro niñas chinitas, las cuerdas de Cloud Swing, la estatuaria bhuto de dos acróbatas de fuerza, la contorsión aérea en las telas, y telones que es asombradora, los tambores, los saltos de las combas, la equilibrista. Son 54 bailarines y músicos en apenas doce números. En un espacio que puede que dure dos horas, pero llenará toda una vida. Qué exaltación de la belleza, cuánto talento. Cómo me gustaría pienso, mientras abandono el autobús –cuyo conductor promete no volver a llevar más artistas así de chachis y guais- que el aire siga renovándose siempre. Como lo han hecho estos artistas del Circo du Soleil sin artificios, posando su mirada hipnotizadora sobre las niñas de los ojos de nuestros ojos niños. Así fue Ramón. Las lágrimas de San Pedro, en las de la emoción del juego infantil de un circo grande.

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