Por fin hubo parto. L. Mántaras

Tardó su tiempo, pero lo hubo. Ha sido necesario que mudaran los, dirigentes políticos de la Consejería y como consecuencia la voluntad para poder concertar El Circuito Asturiano de Teatro. Me quito el sombrero y saludo a "los junos y los jotros"; Consejería y Ayuntamientos y por añadidura al ITAE, en su función de elástico entre ambos, supongo.

Los sorprendentes grupos llamados profesionales que "asientan el rancho" en el circuito, seguro que tienen el pulso estable, pues la pasta gansa esta en bote y el escenario a disposición. la taquilla no interesa a nadie y el público, si viene o no viene, tampoco resulta preocupante; "El pescao esta to vendio".

En medio de esta situación placentera para el teatro profesional, parece que se crean algunas trabas para el teatro amateur, que según informaciones no podrán presentarse auspiciados por el C.A.T., por no responder a determinadas exigencias burocráticas... Pero entonces, ¿qué haremos con el teatro amateur? ¿Por acaso se acabó el espacio para los soñadores?. Tenemos que pensar todos como "trujimanos" y "ganchosos", con la idea fija en los chanflones. ¿Quién le pone el pie encima al teatro amateur? ¿Los políticos? ¿Los burócratas? ¿El corporativismo de la gente de la carda teatral? ¿Por acaso el teatro amateur a esta altura resulta una mosca cojonera?. La sincopada frecuencia en manifestarse o hacerse presente el teatro amateur no significa que, aunque a diferente velocidad, tenga que circular por pista diferente que la bachillería del teatro profesional. Los medios con que se procesa el producto son los mismos. Por veces, mas complicados. Las diferencias están ligadas -mejor decir- opuestas en la programación, y obviamente distantes en que, el amateur, necesita dinero para hacer teatro, y el profesional, hace teatro para ganar dinero. Que parece lo mismo... pero no. Lo uno es por el "fuero”, y lo otro es por el "huevo".

No se entienda esto como un cisma insalvable entre el teatro profesional y el teatro amateur. Me parecen legítimas las dos posiciones. Me parece legítimo que el profesional gane su dinero, pero hágase una segunda pista para el amateur en el C.A.T. y que el publico juzgue si vale la pena que los organismos, se gasten los dineros con la gente de le botarga en hacer "jácaras y pataratas".

El programa del C. A. T., cuantitativamente resulta exuberante. Otra cosa es lo programado. Parece tener tan poca importancia lo programado que no se citan ni los autores de las obras. ¿Es por alguna razón oculta? De lo que alcanzamos a conocer damos fe que parte de los textos no pasan de esperezo, puras morceñas a punto de extinguirse. Autores de reverendas con ganas de amadrigarse y conseguir los bodigos vengan de donde vengan y desfilar rumbosos.

Lo que no sospechan estos amanuenses del teatro es que están expulsando a público del recinto teatral. Cuando el público tiene que poner el “huevo” para asistir a determinados estrenos de los llamados grupos profesionales, en el coliseo local el público no pasa de la octava fila... es decir, estamos en familia. ¿No esta en la hora de preguntarse por qué? ¿No esta resultando este teatro un jueguecito de niños carirredondos?

Admito que la confusión está tanto en el escenario como en la platea, pues mientras uno se muerde las uñas para no patear el refrito que acabas de ver, el vecino de butaca se levanta y grita ¡bravoo¡, dos y mas veces... y te preguntas ¿qué pámpanos ha visto éste; será que me he dormido?. Y confieso que mas de una vez me vino la modorra mal escuchando un texto que mas parece el trabajo de un cagatintas que de un poeta, intentando enmendar la plana a uno de nuestros clásicos.

Si no fuera por el respeto a los intérpretes, dignos, a pesar de la furia descargada sobre ellos, entre autores y directores, sería para abandonar el teatro y no volver.

Dedicarse al bucólico paseo, con una hierbecilla entre los dientes.

 

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