Editorial

Aunque se den por obvias y sabidas las razones por las cuales las personas que componemos este Consejo de Dirección hemos decidido lanzar esta revista -argumentos que algunos dicen peregrinos, pero que sólo lo son de apariencia, siempre necesarios, y similares a los que esgrimen el resto de revistas culturales de ámbito territorial y artístico restringido-, nunca está de más el resaltar algunas justificaciones que, por su particularidad, suponemos muy específicas y afines a la realidad asturiana. No es una novedad el declarar que nuestra comunidad tiene entramado teatral, historias, compañías, actividad, dramaturgos, calidad y problemas, más que suficientes, como para pensar en la necesidad de disponer de un espacio de muestreo, libre y abierto, donde se pueda reflexionar y debatir sobre una buena parte del trabajo y la producción que nuestro hecho teatral en sí comporta, sin otro prejuicio que el que deviene de un respeto crítico constructivo.

La actividad teatral asturiana de estos últimos veinte años, junto a políticas culturales institucionales más o menos discutibles, han configurado en nuestra vida cotidiana un embrionario cuadro de demarcación que ha de exigir a todos los agentes implicados en su realización un compromiso capaz de conseguir un objetivo de "normalización artística" en consonancia con las aspiraciones y demandas propias de una sociedad del siglo XXI. Una "normalización cultural" que debe de contemplar en líneas generales y de forma inequívoca: la diversidad de creación dramática en todas sus modalidades, la pluralidad de expresión plástica y estética, un instituto de teatro dinámico y acorde a las demandas que sobre enseñanza artística se están imponiendo en el país, una mayor atención a nuestros autores clásicos asturianos un tanto olvidados, el apoyo a los escritores contemporáneos, y un equilibrado organigrama de representaciones que, junto a la recuperación de espacios habilitados a tal efecto, cubra buena parte de nuestra geografía regional. Reivindicaciones todas que, aunque las hayamos oído y repetido hasta la saciedad no por ello han de rebajarse un ápice en importancia. Al igual que la existencia de una revista teatral que sirva de punto de inflexión en semejante marco debiera de considerarse una actividad de complemento obligado, o cuanto menos, aconsejable.

No fue Asturias pródiga en publicaciones dramáticas de ningún tipo, y muchísimo menos en revistas especializadas dirigidas al propio gremio o al espectador interesado. Los cuatro números de la revista "Estaferia", editada por el grupo Tramoya en el 86-87, fue toda una excepción en este sentido, y todo un buen ejemplo en intenciones que trataremos de recobrar desde estas páginas. La presentación periódica y regular de un texto inédito, los artículos de opinión, las colaboraciones y entrevistas a personas destacadas, el comentario crítico y la cartelera, serán también apartados fijos en La Ratonera que, agregados a otros específicos, de índole puntual condicionados por la urgencia del día a día, reflejarán lo que en cada número consideremos eje argumental en importancia. Siempre con un espíritu abierto que, como se ha dicho, trate de hacer compatible la participación con la calidad, y la acritud que pudiera surgir desde la crítica, con la precisión que demanda la sensatez.

La Ratonera es una trampa. En la pieza de Shakespeare es la argucia utilizada por Hamlet para destruir la falsa conciencia del rey. Teatro dentro del teatro. En nuestro caso intentaremos que semejante ideograma, a modo de revista, al menos sirva para atraparnos e implicarnos más con nuestra realidad. Conocedores del principio de incertidumbre, ruina y saldo terminal, a que están avocadas en parte estas publicaciones desde sus primeros números, por motivos presupuestarios, el inmediato reto de partida no es otro que el de echarla a andar, y esperemos sea con buen pie.

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