Editorial

Hay imágenes que valen más que un millón de palabras. No se trata de una instalación en una sala de exposiciones, aunque podría serlo. Más allá del lance conceptual que el marco de exhibición solicita, la fotografía representa el “vaciado” de un nuevo modelo de actuación y el desolador futuro que le espera a la información cultural como servicio público. Desde hace más de seis meses así han quedado los anaqueles de revistas y prensa de la Biblioteca Pública Pérez de Ayala, de Oviedo, uno de los principales centros de lectura en nuestra comunidad.

Biblioteca Pública Pérez de Ayala, de Oviedo

Es posible que en algún momento de la historia reciente el lector de bibliotecas haya vivido su momento de gloria, pues hasta las revistas más caras y lujosas de disciplinas minoritarias estaban a su alcance. En España, afortunadamente, un buen número de ellas se editan con un gran nivel de exigencia y compiten, por su rigor de contenidos y calidad de diseño, entre las mejores del mundo. Ahora, merced a un error de forma en los conciertos con las editoriales —esgrimido en un principio como coartada para reducir gastos por el Director General del Libro y la Ministra de Cultura del gobierno de Rodríguez Zapatero— y a la política de recortes indiscriminados del PP, la realidad se ha impuesto con toda su crudeza. En las bibliotecas públicas se han cargado de un plumazo las revistas de artes plásticas, cine, arquitectura, teatro, música, literatura, política, pensamiento, etc., y algunas de ellas como Ritmo, Primer Acto o Revista de Occidente, con más de cincuenta años de existencia. Un hecho de suma gravedad, porque muchas de las aplicaciones que ofrecen las nuevas tecnologías aún no han definido su refuerzo auxiliar en este ámbito, y porque hay muchos lectores interesados que no pueden asumir el coste de suscripción de las mismas.

En nuestro caso, el único concierto que teníamos era con la Dirección de Coordinación de Bibliotecas de la Consejería de Cultura del Principado por la adquisición de 22 ejemplares de La Ratonera, por número, para las bibliotecas asturianas. Cancelado, claro está, desde hace más de un año.

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