Roberto Corte

Wajdi Mouawad estuvo en Santander en los cursos de verano que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Impartió un cursillo de dramaturgia y el 28 de agosto por la tarde, en las caballerizas del Palacio de la Magdalena, participó en una charla sobre su obra. Lo acompañaron en la mesa Regino Mateo y Guillermo Balbona, que hacían de presentadores encargados de entrevistarle, y comenzaron el acto con la lectura de un fragmento de Incendios, en la estupenda edición de Eladio de Pablo y KRK.

Por la izquierda, Guillermo Balbona, Wajdi Mouawad y Regino Mateo, en el Palacio de la Magdalena de Santander.

Por la izquierda, Guillermo Balbona, Wajdi Mouawad y Regino Mateo, en el Palacio de la Magdalena de Santander.

Mouawad parece ser una persona bastante introvertida. Sus respuestas adquieren un tono personal, reposado. Cuando le preguntan, para escuchar mejor a la traductora, echa mano del auricular. Después se toma un tiempo, piensa en lo que va a decir y contesta con metáforas y alegorías para mejor aclarar las ideas que quiere transmitir. Es evidente que esas mismas preguntas se las han hecho ya millones de veces, pero, como buen poeta, se esfuerza por encontrar el matiz más oportuno, la palabra nueva, el término que mejor presenta el lado oscuro y complejo del trozo de vida que quiere tocar o sacudir. Sus intervenciones, dentro de los consabidos tópicos de referencia a que obliga este tipo de actos, conllevan en todo momento la inquietud y el carácter del artista apasionado que se preocupa por su trabajo. La tetralogía compuesta por Litoral, Incendios, Bosques y Cielos, sitúan a Wajdi Mouawad entre los autores más importantes del panorama internacional. La trascendencia de su obra es un hecho consumado. Como anécdota de complemento a estos comentarios hay que decir que en el dorso de su mano derecha, entre el pulgar y el índice, lleva tatuado un coleóptero, símbolo entre los antiguos egipcios de la resurrección y vida eterna.

Puesto que me resulta imposible transcribir de una forma exhaustiva sus palabras, he optado por presentar bloques temáticos —grosso modo — con algunas de sus opiniones cogidas al vuelo.

 

El Teatro

“El texto de Incendios señala una situación excepcional, un fracaso emocional. Es como un niño que juega y al que se le rompe el juguete. Lleva los trozos a sus padres para ver si se lo recomponen, pero, hagan lo que hagan, el juguete ya nunca volverá a ser lo que era. Se ha producido una fractura. Los brutales acontecimientos del suceso han producido también que el niño se dé cuenta de que el mundo de los adultos, la reconstrucción del juguete, no tiene nada que ver con el mundo encantado que él había concebido. Cuando pegamos los trozos del juguete producimos una obra de teatro, que es la que refleja el brutal suceso que supuso la ruptura en el niño, su despertar. Y cada vez que representamos esa pieza descubrimos que a los espectadores les ocurre otro tanto. El teatro es lo vivo frente a lo vivo. Personas que van a morir frente a personas que van a morir. No ocurre así en el cine. Esta conciencia de la muerte en nuestro cuerpo de vivos, es el teatro. El teatro es el lugar en el que los que comparten época se encuentran para compartir esa experiencia. El estar en una sala de teatro escuchando una historia es la mejor respuesta que yo encuentro para enfrentarme a esa fractura. El lenguaje teatral es el lenguaje más directo, el arma que nos queda para hacer frente a lo virtual. Es el único espacio artístico en el que las personas se reúnen para hablar. De ahí el valor sagrado que tiene la palabra, su importancia. El teatro es el único sitio donde la palabra no se utiliza para convencer al otro, como ocurre en una iglesia, en un mitin político o en la publicidad, sino para transmitir la parte sagrada que tiene el sentimiento.”

 

La Tragedia

“Yo no empecé a escribir desde la teoría, sino desde una ceguera muy profunda. Lo primero que hay que hacer es descubrir el siglo XX. Sófocles no lo vivió. El siglo XX ha producido guerras atroces, montones de cadáveres. Yo, que nací en 1968, soy fruto de muchas de esas guerras. Como las grandes utopías no se sostienen, somos herederos de guerras civiles. En todo este fracaso tengo que preguntarme, ¿al servicio de qué voy a poner mi cuerpo? ¿Qué hacer para tomar la mejor opción posible? A partir de estos actos es cuando se produce la marcha de la Historia, la relación entre el más fuerte y el más frágil. Y uno siente la necesidad de contar una historia, una tragedia, por mínima que sea. Porque la tragedia casi siempre surge a partir de un elemento cotidiano, familiar, banal.”

 

Exilio

“Vengo de una comunidad cristiana maronita, no musulmana, del Líbano. Durante la guerra civil, cuando era un niño, rezábamos por todo. Recuerdo que una vecina contó a mi madre un suceso extraordinario. Una bomba cayó en el edificio de una iglesia. Traspasó unos pisos, pero al explotar, la metralla de la granada se convirtió en pétalos de rosas. No hubo muertos. En mi infancia la religión estaba presente en todo. Cuando llegué a Francia idealicé la imagen del artista. Me parecía fantástico encontrarse con un artista. Era como estar con un ser superior, como ver un cuadro o una escultura viva, algo así como encontrarse con una estatua que se mueve. Después, ya en Quebec, fui muy mal estudiante. Como me iban a expulsar del colegio, el director me sugirió hacerme pasar por artista. Era la última oportunidad que me ofrecían para continuar en el centro. Y me encargaron la representación de una obra de teatro. Eso me proporcionó tanta energía que hasta le dio sentido al madrugar. Levantarse temprano por la mañana hasta puede tener su gracia cuando se tiene un objetivo. Quince años después descubrí que el teatro era mi actividad vital.”

 

Método de Trabajo

“A medida que avanzaba en el trabajo con el grupo me daba cuenta de que lo que realmente me apasionaba era escribir el texto a medida que íbamos ensayando, ya que los actores eran una parte muy importante de la obra. Antes de escribir una pieza tengo una historia. Es una historia que lleva en mi interior dos o tres años. Normalmente trabajo con actores afines, gente con la que me siento cómodo porque se caracterizan por su amabilidad. Son personas muy delicadas. Y en el teatro es muy importante la delicadeza. Durante unas cuatro semanas los bombardeo a preguntas. Les digo, ¿qué es lo más importante para vosotros? ¿Podríais llegar a matar al alguien? ¿Cómo defenderíais un territorio? Después les cuento la historia. Y a partir del debate que se establece me voy desviando de la historia preconcebida. Escribo más escenas y vamos buscando el lenguaje escénico que consideramos más apropiado. Después continúo escribiendo hasta que, unos quince días antes del estreno, por fin tengo el texto definitivo. La totalidad del proceso conlleva unos nueve meses de trabajo. Yo no invento nada, no busco una historia. Siempre estoy atento a lo que me pueda afectar, conmover, herir, y esto es anterior a la relación teórica-temática. Cuando encuentro algo que me conmueve surge una historia que se desarrolla en los procesos de trabajo.”

 

Clasicismo y Modernidad

“Es la cuestión del arte popular frente al arte de élite. Voy a intentar contarlo con una escena que puede ser muy representativa para abordar este tema. En París yo fui una noche a la plaza de Notre Dame porque tenía una cita. Llovía. Como tenía tiempo suficiente porque me anticipé a la hora acordada, me dediqué a contemplar a las personas que me rodeaban, y me fijé en una viejecita que tenía al lado, y que, ayudada de un andador, pasito a paso, entró en la catedral. Yo hasta entonces nunca me había fijado en que para acceder al interior de Notre Dame no había que subir ningún peldaño, no hay que franquear ninguna escalera. Todo es muy sencillo porque la puerta de entrada está al mismo nivel que el suelo. Así que me quedé muy sorprendido por el fácil acceso que tiene este espacio sagrado. Sorprendido porque la relación de acceso a la complejidad metafísica que representa el lugar, la catedral, su arquitectura y sus valores míticos, artísticos y simbólicos, era inversamente proporcional a la facilidad de acceso físico que el espacio requiere. Ya que, si quisiéramos encontrar un nivel proporcional de correspondencia entre la complejidad artística que la catedral plantea, y el acceso a su interior, tendríamos que subir, al menos, unos trescientos o cuatrocientos peldaños. (Risas de los espectadores.) Digo todo esto porque fue en aquel mismo instante cuando me puse a pensar en la difícil correspondencia que existe entre el “entrar” y el “penetrar”. Y he llegado a la conclusión de que la catedral de Notre Dame es muy fácil de “entrar” pero muy difícil de “penetrar”, ya que para ello hace falta tener una gran sensibilidad, atención, comprensión y hasta conocimientos. Y en el teatro ocurre algo similar. Muchas de las piezas son de fácil acceso, plantean hechos cotidianos, banales, pero después se establecen infernales y complejos mecanismos de orden mítico, desarrollados a través de las relaciones que se establecen entre los personajes y los acontecimientos. Y algo de eso ocurre en mis obras. Empiezan por algo fácilmente reconocible para dar paso a aspectos más trágicos, que pueden rastrearse también en las tramas clásicas.”

 

Recepción

“La recepción de Incendios en España ha sido mayor que en otros países. Su repercusión ha sido muy importante. A los actores les costaba creerse la entrega y disposición del público. Cualquier representación supone siempre el encuentro entre una obra y una cultura. Y es posible que Incendios fuera percibida como una obra acerca de la historia de España. Aquí ha tenido un efecto catártico, lleno de emoción. En Alemania la misma obra ha tenido treinta y ocho producciones distintas. También triunfó, aunque no encuentro vínculos entre los dos países. Los directores me dijeron que Alemania se siente culpable del caos de Oriente Medio, porque ellos provocaron indirectamente el estado de Israel.”

 

El Cine

“La adaptación de Incendios ha tenido una excelente acogida. Yo dirigí la película Litoral, y fue una mala idea. No basta con filmar la realidad. Yo pensaba en las imágenes como pensaba en la escritura. Pero el cine no es mi oficio, no sé hacerlo. La adaptación de Incendios, en cambio, corrió a cargo de Denis Villeneuve, un director en el que confiaba porque conocía la pieza. Me convenció la admiración que sentía por el personaje del notario. Como no tengo una relación de posesión sobre la historia, le dejé total libertad. Escribió la historia con imágenes, y lo hizo muy bien.”

 

Una Orestiada Contemporánea

“Hay una diferencia. Yo pertenezco a una civilización cristiana. Hemos pasado del politeísmo al monoteísmo. En Litoral un chico busca un sitio donde enterrar a su padre. Sin darme cuenta había creado a un padre, a un hijo y a un espíritu santo. Otras influencias son la lectura de Edipo y La Odisea, espacios que me han conmovido porque tienen personajes que creen en un mundo encantado. Nadie se sorprende de la presencia de dioses y seres fabulosos. Me impactó la escena de Príamo reclamando el cadáver de su hijo a Aquiles. Sobre todo la frase de Príamo: “Aquiles, acuérdate de tu padre”. En Sófocles ya está la venganza y no el mundo encantado. Se produce una caída, es el niño al que se le rompe el juguete. En mi caso intento crear un diálogo entre las obras trágicas y el mundo de hoy. Yo siento la necesidad de expresar esto. Imagínense que alguien a quien quieren mucho sufre un acto violento, una enorme injusticia, y les pide que se quejen por él. El artista escribe por el que no puede hablar. La voz del que ya no puede hablar ha sido transmitida a otra persona. Es una manifestación de solidaridad humana. En el siglo XX la filosofía abandonó el sujeto al psicoanálisis, pero el hombre también se explica con poesía.

 

El Público

“La mejor manera de respetar al público es no preocuparse por él. El público, en general, no es nada. Es una suma de individualidades. La mejor manera de respetar al espectador es dejarle libre. Que observe mi relación con la obra. Que descubra su relación con la misma. Nunca me pregunto de qué forma me voy a dirigir al público. Muchos de los espectadores de mis obras son jóvenes de diecisiete a treinta años. Chicos que ven la obra con el instituto y luego repiten con sus padres.”

 

Carmelo Gómez en Santander.

Carmelo Gómez en Santander.

CARMELO GÓMEZ

Tras los afectuosos aplausos que despidieron la intervención de Mouawad en Santander, en el mismo acto, encontramos a Carmelo Gómez, que participa en el taller titulado Cuestionando el proceso creativo, de cinco días de duración, que sobre escritura dramática imparte el autor de Incendios. Un taller que va dirigido no solamente a dramaturgos y escritores, sino también a intérpretes y directores.

Pregunta. Aunque la mayoría de las personas te conocen por tus trabajos en el cine, tú eres un actor curtido en el teatro. Los aficionados hemos tenido la suerte de verte varias veces en obras importantes. Como alumno y actor, ¿qué opinión te merece el curso de Mouawad?

Respuesta. No hay nada tan emocionante como estos aplausos que acabas de oír y el cariño con que se respalda las piezas de Mouawad. Es porque, como puedes comprobar, nos habla del teatro como de la sangre, en carne viva. Yo a lo que he venido a este taller es a “reencontrarme”, a recapacitar sobre lo que está pasando, porque me agota la realidad…

P. Ah, bueno. Te refieres no al arte, sino a la vida. A lo que ocurre en la ardua y dura realidad.

R. En la realidad sí, pero en la profesión también. Porque el pelotazo ha llegado a todo. De repente, al ver Incendios, me ha sorprendido y emocionado el que haya personas que tengan esa visión de las cosas, que cuenten la realidad con esa sensibilidad. Y he querido saber de dónde parte su obra, cuál es el origen. Y he visto que no parte de una temática preconcebida, sino de una emoción. Porque sin la emoción no podemos ir a ningún sitio. Cuando uno pierde la facultad de emocionarse, uno se seca… Bueno, pues he venido a reencontrarme un poco con todo eso. Y a “reafirmarme” de alguna manera, también.

P. Háblanos un poco de los contenidos del taller. ¿Cuál es su método de trabajo? ¿Os habla del proceso de elaboración y construcción de sus textos? Porque los que participáis sois intérpretes y profesionales.

R. Casi todos los participantes son dramaturgos. Éste es un taller dirigido principalmente a la escritura. Lo que pasa es que él no tiene fronteras. Si te das cuenta, cuando habla, no dice que una historia se acaba donde el escritor termina, sino que ahí empieza otra escritura, y que el escritor tiene que estar presente también en ella para reescribir. Y cuando llega el escenógrafo, vuelve a haber otra, y el actor también escribe, así que el escritor tiene que continuar reescribiendo constantemente. Es decir, que la escritura es un proceso que sólo estará concluido cuando todos los elementos que la componen llegan al final. Incluso hoy nos ha estado hablando de la financiación. De cómo se financia un espectáculo. Dice que cuanto más lejos estemos de las financiaciones estatales, más cerca estaremos de la creación libre. Porque así nadie nos pondrá límites al hecho emocional que supone la representación. Así que yo, como actor, desde ahora, me siento más cercano y próximo a trabajar con escritores.