El Álbum de maquillajes faciales de la Ópera de Pekín

Fernando Cid Lucas
AEO. Universidad Autónoma de Madrid

Zhu Wen, personaje del Álbum de maquillajes faciales de la Ópera de Pekín.

Introducción

Como ya he dicho en otros trabajos1 en los que me refería al teatro clásico de Extremo Oriente, a la vista de lo publicado en nuestro idioma, parece que tan sólo Japón ha sabido encontrar un lugar propio entre los anaqueles de las librerías españolas. Algunos esfuerzos dispersos se han hecho, empero, con el teatro tradicional chino, como el destacable volumen al cuidado de la profesora de la Universidad de Granada Alicia Relinque Eleta2, en el que se traducían y estudiaban tres piezas de su repertorio tradicional; dos o tres artículos más han aparecido en alguna que otra revista y, en el ámbito eminentemente académico, encomiable e innovadora resultó la tesis doctoral elaborada en la Universitat Rovira i Virgili de Barcelona por Maria Dolors García-Borrón Martínez3. A todo esto añadiremos un artículo seminal dedicado al teatro chino contemporáneo, firmado por la profesora y traductora Marcela de Juan4, donde hay ciertas alusiones a las formas escénicas antiguas. Poca cosa más hay al respecto. Por esto, muchas siguen siendo aún las lagunas para el lector en nuestra lengua que decida adentrarse en el fascinante mundo de la dramaturgia de dicho país asiático.

Y, si son necesarios todavía los estudios que sirvan de introducción a dichas artes, no hablemos de estudios específicos; no hablemos ya de la nula bibliografía en español hecha sobre aspectos tales como el interesante uso del maquillaje facial en la Ópera de Pekín, del medio escénico que la alberga, de la composición de su orquesta, etc.

Precisamente, el artículo que ahora nos ocupa tratará de presentar al lector una verdadera joya artística, creada al hilo del tremendo éxito que consiguió en relativamente poco tiempo esta forma dramática. Se trata de un libro de ilustraciones en el que se encuentran recogidos los principales caracteres que aparecen, a su vez, en las piezas teatrales más famosas: el Álbum de maquillajes faciales de la Ópera de Pekín de la Oficina de la Gran Paz, o, en su idioma original, 升平署脸谱.

Ilustración del Álbum de maquillajes faciales de la Ópera de Pekín de la Oficina de la Gran Paz.

El Álbum de maquillajes faciales de la Ópera de Pekín de la Oficina de la Gran Paz. aproximación histórica y artística

Se trata dicha publicación de un libro muy ricamente elaborado, con pastas guarnecidas en seda brocada mostrando motivos florales en colores como el carmín, el verde o el azul tenue, todo esto sobre un fondo dorado de formas geométricas, lo que nos indica que dicha obra de arte estaba destinada a alguna personalidad de alto rango. Las pinturas allí recogidas se realizaron usando la seda como soporte, una técnica que ya habían hecho famosa, entre otros, pintores como Kuo Xi (¿960?-¿1127?), quienes, antes de la invención y difusión del papel, emplearon dicho material a manera de lienzo.

En efecto, por el fino acabado que presenta la pieza en cuestión, algunos especialistas han considerado que el autor habría sido algún pintor perteneciente a la corte del emperador Tongzhi (1856–1875), noveno miembro de la dinastía Qing y gran entusiasta de dicha forma escénica. Consecuentemente, será bajo el reinado de Tongzhi y de su sucesor, el emperador Guangxu (1873-1908), cuando cuatro escuelas teatrales, provenientes todas del sur del país, coincidan en Pekín para una importante muestra de su arte, y allí, aprovechando dicha confluencia, se unieron para dar lugar a lo que hoy conocemos como Ópera de Pekín, un espectáculo en el que se mezclan la interpretación, el declamado, la danza, la música o las artes marciales con gracia y maestría. También en esas fechas se establece la denominada Oficina de la Gran Paz, encargada de administrar las compañías teatrales y de programar sus representaciones.

En muy poco tiempo, dicho entretenimiento se convirtió en el favorito de los nobles y los cortesanos, que veían en cada pieza la revivificación de los antiguos hechos mitológicos, las hazañas de los antiguos generales y la valentía de los más preclaros héroes y heroínas de China. Un espectáculo colorista y lleno de acción desde el primer momento hasta el último, equiparable en algunos aspectos con el arrebatador Kabuki japonés.

El libro en cuestión5 no es una obra teórica o contiene texto alguno, salvo el nombre del personaje que aparece dibujado en cada página. Es, como digo, una compilación de los personajes de las obras más conocidas y aplaudidas del momento, que pudo ser un objeto artístico pensado para el deleite personal del emperador o de alguien importante en la corte de Pekín, a sazón, la ciudad donde se conformó y desarrolló dicha variedad escénica. Actualmente se guarda –como joya de la corona– en la Biblioteca Nacional de China.

En lo que al acabado artístico se refiere, hemos de decir que el soporte de todas las pinturas vuelve a ser la seda, de la mejor calidad, la más refinada. Por lo que respecta a los pigmentos, los análisis han demostrado que son colores de base natural, muy caros, realizados a partir de los ingredientes más costosos del momento, entre los que destacan varios colorantes hechos con polvos de metal, muy difíciles de encontrar y, consecuentemente, muy preciosos.

Lo que este álbum encierra es una hermosa antología de los personajes más famosos de la Ópera de Pekín, una completa compilación que no se limita a una sola tipología, puesto que se reúnen allí personajes femeninos y masculinos, cortesanos y guerreros, mortales y dioses…

Precisamente, comenzaremos a desglosar esta nómina de personajes por quien sin duda está considerado como uno de los personajes más queridos, no sólo en la tradición de la Ópera de Pekín, sino de toda la literatura china en general, me estoy refiriendo a Sun Wukong, el mítico rey de los monos.

Sun Wukong es el protagonista de varias piezas teatrales, una de ellas es la famosa Tres ataques contra el Demonio de Huesos Blancos, como otras, sacadas de la imponente novela Peregrinación al Oeste, en donde el fabuloso simio parte hacia el oeste en busca de las sagradas escrituras budistas.

La ilustración de dicho personaje que aparece en el álbum es de un excelso detallismo: se cuidan al dedillo los rasgos que lo definen, al igual que sus colores, etc. Tal vez lo más destacable sea que su autor ha incluido la vara mágica que crece o encoge según la voluntad de su dueño y el maquillaje facial tan característico, en forma de melocotón invertido sobre su rostro (una fruta que, según la tradición china, concedía la inmortalidad a quien lo comiese).

Del mismo modo, apartándonos de la tradición mitológica, entre las páginas de este libro hay espacio para los grandes generales del pasado, aquéllos que obraron grandes logros y que inspiraron canciones y poemas. Uno de los mejores ejemplos es el general Guan Yu, cuyas gestas aparecen recogidas en el relato Romance de los Tres Reinos, escrito por Luo Guanzhong durante el siglo XIV. Guan Yu fue conocido como “El dios de la guerra”, y en vida dio grandes muestras de sus dotes de mando, tanto en lo militar como en lo civil.

En el Álbum de maquillajes faciales de la Ópera de Pekín de la Oficina de la Gran Paz aparece ataviado con su acostumbrada túnica color verde turquesa, su espada al cinto6 y su rostro pintado de color rojo con algunos toques leves de negro y de blanco en la zona de los ojos. Como signo de su sabiduría, en la ilustración lleva una larguísima barba negra. Del mismo modo, no podemos dejar pasar por alto que en la iconografía de estos personajes castrenses encontramos elementos de difícil comprensión para los occidentales, tales como los banderines que cuelgan en las espaldas de los actores, lo que quiere significar el número de batallones que dicho personaje tiene a su mando; o las largar plumas de faisán en sus tocados, que remarcarían el estatus alto de su portador. Un distintivo que, por otra parte, servía para adornar tanto a hombres como a mujeres de armas, como sucede en la trepidante obra titulada Las generalas de la familia Yang, inspiradas por una novela homónima fechada en la dinastía Ming (1368-1644) y en la que las mujeres ocupan bravamente el lugar de los hombres a la cabeza del ejército contra los soldados de la dinastía Xia del Oeste.

Uno de los personajes más populares de la Ópera de Pekín: Sun Wukong, el rey de los monos.

Fuera del campo de batalla, también hay espacio en dicho libro para algunos roles de funcionarios de proba moral, tales como médicos, funcionarios o ministros. Un ejemplo notable de este grupo es el médico rural Cheng Ying, de la celebérrima obra El huérfano de la familia Zhao, inspirada en varios relatos históricos de época Han del Oeste y que llegó a influir en algunos autores occidentales, como el francés Voltaire.

Otro de estos personajes es el erudito Zhu Maichen, que protagoniza una moralizante pieza: El agua vertida ante un corcel; en ella, dicho sabio vive ganándose la vida como leñador mientras lee y prepara su examen para conseguir un puesto en la burocracia del país. Harta de esta miserable situación, su esposa, la señora Cui, opta por pedirle el divorcio, a lo que finalmente accede Zhu, para marchar luego junto al próspero carpintero Zhang. Luego de estudiar con ahínco, Zhu conseguirá un buen puesto en la administración, una gran casa, sirvientes, etc. Entonces, Cui decide abandonar al carpintero y suplicar a su antiguo esposo que vuelva con ella, pero él, guardando la serenidad, responde diciendo que si es capaz de volver a llenar un cazo de agua luego de que ésta sea derramada en la tierra volverá con él. No hará falta recalcar que es una obra en la que se premia el tesón y la constancia y se castiga la volubilidad y la traición.

En otro lado tenemos a los funcionarios prevaricadores y corruptos, aquéllos que no ansían sino medrar, cueste lo que cueste. Uno de los personajes más frecuentes en los escenarios de la Ópera de Pekín es el astuto ministro Cao Cao, un personaje que vivió entre los años 155 y 220 d.C. y que, aunque en el citado Romance de los Tres Reinos se le retrate como cruel y despiadado, parece que en la vida real fue un hábil político, justo, comedido y amante de las letras7.

Sin embargo, en piezas como La captura y liberación de Cao Cao aparece como un hombre malvado, sin escrúpulos, con el rostro maquillado completamente de blanco salvo algunas marcas de expresión, lo que simboliza la desconfianza y la malicia que debe suscitar dicho personaje en el espectador.

Frontalmente opuestos a estos personajes corruptos, anhelantes de altos cargos públicos, están los ch´ou o bufones, que también están presentes en Álbum de maquillajes faciales de la Ópera de Pekín de la Oficina de la Gran Paz; son, por lo general, personajes queridos por los espectadores, que nos hacen sonreír con sus gestos exagerados y sus equívocos y dobles sentidos al hablar. El maquillaje de estos personajes suele consistir en un círculo de maquillaje blanco en la zona de los ojos y de la boca que, en algunas ocasiones, puede acompañarse de alguna línea negra en la parte superior de la nariz o en el entrecejo; por este motivo, al ch´ou también se le conoce como xiao hua lian (lit.: cara parcialmente pintada).

En la obra que aquí comentamos aparecen retratados varios de estos personajes cómicos, pertenecientes a diferentes obras teatrales, mas coincidiendo en el descrito maquillaje facial. Como sucede con el resto de roles, los ch´ou pueden ser jóvenes o ancianos, por lo que pueden estar caracterizados sin barbas, con barbas negras o blancas. En ciertas piezas, incluso, estos personajes llegan a ostentar algún cargo burocrático de bajo rango, como ocurre con Bai Shizhong, uno de los protagonistas de El pabellón con vistas al río (basada en una obra anterior de la dinastía Yuan), en donde el cómico se revela, además, como un hombre juicioso, capaz de discernir el bien del mal y dotado de una profunda necesidad del deber.

Para el final del artículo hemos dejado al grupo de las mujeres, aunque hayamos hecho ya alguna breve alusión a algunas de ellas. Por lo general, las féminas que aparecen en la Ópera de Pekín son personajes de armas tomar, aguerridas, valientes y con capacidad para el liderazgo.

Varias son las heroínas que aparecen en el álbum, jóvenes y ancianas, sacadas de obras muy famosas, fácilmente reconocibles para el auditorio, con un maquillaje más sencillo –sólo en apariencia– para el espectador, pero que oculta los rasgos del hombre que encarna a estas heroínas (ya que la forma tradicional veda la presencia de la mujer), por esto, habrá que disimular los mentones y las mandíbulas prominentes y acentuar la magia de los ojos rasgados, misteriosamente perfilados y complementados con unas mejillas apenas insinuadas empleando los colores pastel.

Escena de Adiós a mi concubina, muy conocida pieza de la Ópera de Pekín.

Tal vez la protagonista femenina más famosa de la Ópera de Pekín sea la bella y elocuente concubina de la obra nacida de varias crónicas historiográficas Adiós, mi concubina. Aquí, la acción tiene lugar en mitad de una cruenta batalla, en la que Xiang Xu, caudillo del reino de Chu, pierde a muchos de sus hombres y sólo se ve reconfortado por las palabras de su amada Yu Ji, quien canta y danza para él antes de que el general, ante tan ignominiosa derrota, decida suicidarse cortándose la garganta.

Doncella virtuosa donde las haya es Xue Xiangling, de la obra La bolsa de brocado, escrita sobre un viejo cuento del folclore chino en donde esta joven, descendiente de una adinerada familia, cuando va de camino a concertar su matrimonio, coincide con otra joven prometida, que llora y se avergüenza por su exigua dote. Conmovida, Xue decide compartir sus regalos, lo que la muchacha agradece de corazón. Los años pasan y la familia de Xue pierde sus riquezas, ella tiene que trabajar, incluso, como sirvienta en la casa de una familia bien situada que, –¡oh, fuerza del destino!–, no será sino la de aquella doncella humildísima a quien ayudó años atrás. Cuando ésta la reconoce, la toma inmediatamente a ella y a su familia bajo su protección y las dos familias pasarán el resto de sus días felices.

Finalizo ya, añadiendo que a lo largo de las cuarenta y seis ilustraciones de un delicado acabado que conforman el álbum apreciamos una obra de arte en donde teatro y pintura confluyen armoniosamente, lo mismo que todos y cada uno de los ingredientes que constituyen la Ópera de Pekín. Pero esta exposición apenas si llega a ser la punta de un iceberg de magnitudes incalculables. Ojalá los nuevos investigadores o los traductores pongan sus ojos en este antiguo arte escénico. Con toda seguridad, ellos mismos y sus futuros lectores se verán muy gratamente sorprendidos.

Bibliografía8

CID LUCAS, Fernando, “Una aproximación semiótica al maquillaje de la Ópera de Pekín: cuando el lenguaje se torna color”, La Ortiga, n.º 102-104, 2010, pp. 85-95.

MACKERRAS, Colin, Chinese theater: from its origins to the present day,Honolulu, Hawaii University Press, 1983.

RELINQUE ELETA, Alicia, “La otra literatura en China, el teatro Yuan”, Quimera: Revista de literatura, n.º 224-225, 2003, pp. 19-23.

RURU, Li, The soul of the Pekín Opera. Theatrical Creativity and Continuity in the Changing World, Hong Kong, Hong Kong University Press, 2010.

XINGJIAN, Gao, “El teatro chino hoy”, Contrastes. Revista cultural, n.º 51, 2008, pp. 13-23.

YAN, Liang, Abecé de la Ópera de Pekín, Pekín, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 2003.

YEH, Catherine V., “The Press and the Rise of PekingOpera Singers to National Stardom: The Case of Theater Illustrated (1912-17)”, East Asian History, n.º 28, 2004, pp. 53-86.

Notas

1 Véase para esto: CID LUCAS, Fernando, “Más de un siglo de bibliografía: la llegada del teatro japonés a Occidente”, La Ratonera, n.º 31, 2011, pp. 32-37.

2 RELINQUE ELETA, Alicia (estudio introductorio y traducción), Tres dramas chinos. La injusticia contra Dou E, El huérfano del clan de los Zhao, Historia del ala oeste, Madrid, Gredos, 2002.

3 GARCÍA-BORRÓN MARTÍNEZ, Maria Dolors, Introdución a la historia de las artes del espectáculo en China (tesis inédita dirigida por Ricard Salvat Ferré), Barcelona, Universitat Rovira i Virgili, 2003.

4 DE JUAN, Marcela, “El teatro chino moderno”, Revista de la Universidad Complutense, n.º 114, 1978, pp. 263-282.

5 Que cuenta con unas dimensiones de 33,1 x48 centímetros.

6 En otras ilustraciones es usual verle blandiendo la alabarda china o yanyue-dao, arma que, según la tradición, inventó el propio Guan Yu.

7 Él mismo ha pasado a la historia como excelso poeta. Una de sus composiciones más afamadas es el poema titulado Aunque la tortuga tenga una larga vida.

8 Recojo en este apartado tan sólo los títulos que no aparecen ya en las pertinentes notas al texto del ensayo.