Adolfo Simón

Del veintiséis al veintinueve de febrero de dos mil ocho, la Alliance Française en colaboración con el Institut Français de Madrid, la Embajada de Francia, Air France y Casa Asia hicieron posible que se presentase en nuestro país el primer estreno en español de una obra del emblemático autor franco-chino Gao Xingjian, Premio Nobel de Literatura del año 2000. La obra en cuestión fue Al borde de la vida.

Al borde de la vida, de Gao Xingjian, producida por la Compañía SourouS.

Al borde de la vida es la primera de sus obras teatrales escrita en francés, antes había escrito en su idioma materno… La señal de alarma, La estación de autobuses y El salvaje; en Al borde… nos propone una meditación sobre el microcosmos interior así como sobre el macrocosmos exterior, temas predilectos de Gao Xingjian. La teatralidad y dramatismo del autor está inspirada por la corriente contra-naturalista en el teatro occidental, emparentado con nombres como Ionesco, Beckett, Müller o Brecht y también por el teatro popular chino del que recupera las tradiciones ancestrales del juego de máscaras y sombras, la danza y el canto al ritmo del tambor. Al borde de la vida fue traducida al español y llevada a la escena por el director franco-boliviano Marcos Malavia, co-fundador de la compañía SourouS e interpretada por Muriel Roland; el resultado fue un verdadero cruce de caminos, un cúmulo de aportes multiculturales enriquecedores.

Para interpretar Al borde de la vida el actor ha de despojarse de sus recursos habituales con el fin de caminar por vías diferentes y novedosas al interpretar, han de ser capaces de mezclar, con gran organicidad, numerosos recursos como el canto lírico, el clown, la tragedia, la farsa, el mimo, el vídeo… Las técnicas tradicionales y modernas de la interpretación del actor. Gao Xingjian se considera antes que nada autor y cada vez que lee sus textos se pregunta cómo se materializarán en la escena; en Occidente ha sido complicado montar sus textos y aunque a partir de recibir el Nobel, sus obras se han escenificado en todo el mundo, sigue teniendo la sensación de que los directores no entienden su obra y no le sirve que hagan cualquier lectura de su material dramático. En sus obras hay una dramaturgia que está en relación directa con la actuación del actor y al final de cada texto propone siempre indicaciones, propuestas y sugerencias que puedan despertar…  evocar…  sugerir al director su propia puesta en escena sin olvidar lo que él pretende en su drama. Es consciente de la necesidad de que un autor conozca los mecanismos del actor… del arte de actuar; un autor puede escribir literatura dramática en su mesa, pero para escribir teatro ha de estar en contacto con la sala de ensayos. A partir del proceso de creación de la puesta en escena y del personaje, en el actor aparece la máscara… Después, el intérprete ha de arrancarse esa máscara trágica y arrojarla lejos… Todo esto ha de materializarse en el escenario… La tragedia y la pasión han de dar paso a…  una suerte de liviandad…  en ese momento el actor entrará en un estado de acto-neutro, es decir, un impulso físico que le preparará para sumergirse en la piel del personaje. Ahí radica el reto que se plantea Gao… Buscar otra teatralidad que obligue al actor a indagar en códigos diferentes a la hora de interpretar sus personajes. Cualquier búsqueda fuera de la que puede conseguir el actor es pura palabrería, pensamiento conceptual que al no poder realizarse en el escenario, obliga a buscar otras soluciones a través de la tecnología, la imagen o la instalación de una tremenda escenografía que invada el escenario, desde este instante, la creación de los actores desaparece y se convierten en marionetas.

Gao Xingjian nació en la localidad de Ganzhou, en la provincia china de Jiangxi. En el año dos mil le fue concedido el Premio Nobel de Literatura, el comité que lo eligió consideró que su obra tiene dimensión universal, marcada por una toma de consciencia amarga y una ingeniosidad poética con las que abrió nuevos caminos al arte de la novela y del teatro chino. Sin embargo, tras la campaña contra la contaminación intelectual emprendida por el Gobierno chino a mediados de los años ochenta, su obra sufrió gran censura y se retrasó el estreno de algunas de sus piezas teatrales, a partir de este momento no se le permitió que sus nuevas creaciones fueran presentadas en público. A finales de los ochenta viajó a Francia donde se quedó a vivir para no regresar nunca a su país de origen; lejos de allí tuvo la posibilidad de realizar su obra maestra literaria… La montaña del alma. Cuando una década después se le concedió el Premio Nobel no se difundió la noticia en China y las autoridades de allí consideraron una ofensa la concesión de dicho galardón. Esto no le afectó porque siempre tuvo clara la necesidad de crear como un motor que le moviese internamente y no con la idea de hacer arte para el mercado, su idea del artista es la de alguien que no se vende a nada.

En estos tiempos en que la cultura puede convertirse en una especie a extinguir, es necesario seguir mirándose en el espejo de un creador como Gao Xingjian, alguien que ha tenido gran coherencia en su obra y posicionamiento personal frente a la sociedad de su tiempo… Aunque le haya costado en muchos momentos estar al borde del abismo.