Perspectivas para un cuadro

Guillermo Heras

Cuando terminamos la lectura del texto Perspectivas para un cuadro de Antonio Cremades y Pedro Montalbán Kroebel, muchas son las sensaciones y los puntos de vista que podemos ofrecer de dicha lectura. A mí me quedan dos de una manera clara y dominante. La primera, una construcción dramática compleja y, aunque beba de la fragmentación, ésta nada tiene que ver con una utilización tópica de determinadas estrategias postmodernas. La segunda, la polémica que podría levantar una buena puesta en escena de este material textual.

Son tantas las ocasiones en que ya he reflexionado de cómo en nuestro país existen autores y textos que no son adecuadamente representados, que a veces no sabe uno si es mejor pensar que más vale sólo leerlos. Desde luego esto es una boutade, pues bien sé que el deseo y lo que guía a toda persona que escribe teatro es ver a esas criaturas encarnarse, a través de los actores, en materia viva y no sólo ficcional. Por eso estoy seguro de que dado el conocimiento que tengo desde hace ya muchos años de estos dos excelente autores, nada desearían más que ver hecho realidad en un escenario lo que han parido al unísono como primera escritura de referencia para un posible montaje.

Cierto que esta obra no es fácil. Afortunadamente, diría yo, ante el acoso de tanta comedia insustancial que busca la risa por la risa, en esa burda imitación de los falsamente llamados “programas teatrales” en las televisiones al uso. Ese abuso del monólogo gracioso, del actor que ya no hace un personaje sino que se caricaturiza a sí mismo, de temas banales y chistes que en otros tiempos se contaban en patios de colegios y bares de tapas, han acabado por hacer creer a una parte del público que TODO el teatro que ahora se haga en un escenario tiene que ser una imitación de este modelo televisivo.

Es un placer cuando puedes enfrentarte a un texto adulto, con sus problemas, que sin duda los tiene, pero que su valoración global no puede ser otra que la de encontrarnos ante una dramaturgia a contracorriente, escrito con gran valentía y alejado de cualquier moda. Ya sólo por eso es un texto que debe ser muy tenido en cuenta a la hora de valorar las aportaciones de autores emergentes (no por la edad, sino por sus dificultades para ser estrenados) en la dramaturgia española actual.

Como antes decía, conozco a Pedro y Antonio, desde hace muchos años. Luego he tenido la suerte de compartir con ellos sesiones de trabajo en los Talleres que desde hace años se vienen realizando durante la Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos de Alicante o bien en un Taller Permanente que allí logramos mantener durante dos años. De este último salieron propuestas muy interesantes, algunas de ellas de estos mismos autores, que lograron ser editadas y algunas incluso ganar premios y posteriormente ser representadas.

En este sentido sería muy importante valorar la tarea de los Premios de Literatura Dramática que hay en nuestro país. Ellos son fundamentales a la hora de dar a conocer estos valiosos textos que de otro modo podrían seguir en los cajones de los autores, durante años y años. Es una lástima que muy pocos de estos premios conlleven también una ayuda económica para la puesta en escena, eso sería lo ideal, pero al menos están cumpliendo con la primera fase imprescindible para incitar a productores, directores, actores o gestores a leer esos textos y así desmitificar el viejo tópico de que en España hay muy pocos autores y autoras que escriban textos para ser representados.

Otra vez la vieja cantinela de “lo literario”, algo que no tiene nada que ver con “lo retórico”, fantasma muy común en algunas dramaturgias españolas. Sin embargo Perspectivas para un cuadro es un buen texto literario y es un buen material para una puesta en escena. Ciertamente y, quizás esto lo plantee desde mi óptica de director, estimo que podría realizarse una cierta dramaturgia (en el concepto alemán) para revisar alguna de las escenas desde su duración o determinadas expresiones que al jugar en épocas históricas diferentes los autores no han terminado de definir del todo. Pero, esas precisiones son las que afortunadamente precisan los textos que apetece acercar al escenario.

La obra, que comienza claramente con un guiño shakesperiano, al colocar a los personajes de Rosencrantz y Guildenstern, dos criaturas emanadas del universo hamletiano, en una guerra que podría ser en cualquier tiempo y en cualquier lugar, si no fuera porque inmediatamente después aparece un largo monólogo a cargo de Holofernes, rey de Asiria entre el 158 y 157 a. C. y que se hizo famoso por su decapitación a manos de la bella judía Judith. Este hecho va a servir de enlace en el laberinto estructural, tan seductor, que proponen nuestros autores de Perspectivas para un cuadro, para tomar el eje de esta inquietante pintura realizada por Artemisia Gentileschi (1593-1639), hija del pintor Orazio Gentileschi, seguidor romano de la escuela de Caravaggio. La historia de esta pintora, uno de cuyos sucesos mayores relata esta obra de teatro, incidió decisivamente en las claves feministas y psicoanalistas con que se ha analizado su obra, sobre todo a partir del siglo XX.

Si observamos con detenimiento el cuadro de Artemisia Judith decapitando a Holofernes veremos cómo analógicamente, Pedro y Antonio han logrado traspasar al texto parte de la extrema violencia que se desprende del mismo.

Temas como el discurso de un tirano, la incomprensión hacia el trabajo artístico femenino en una época, el maltrato y violación de una mujer, las miserias de la guerra, la pérdida de identidad de unos personajes perdidos en la batalla, son algunas claves de este texto contemporáneo.

Otra importante aportación a la estructura del texto es el juego que los autores realizan con el tiempo y el espacio. ¿En qué época realmente estamos? Podríamos atravesar desde las lejanas estampas precristianas, la Edad Media, el renacimiento o cualquiera de las guerras actuales en Oriente Medio. La sentencia que en su momento se dicta sobre Artemisia se mezcla con sentencias de febrero de 1996, 2006 o septiembre de 2021 de la Corte de Casación o de la Corte Suprema, sobre el machismo latente en la justicia de todos los tiempos.

Escritura pues, postmoderna, pero alejada de cualquier frivolidad. Ya casi al final de la obra esos dos fantasmas llamados Rosencrantz y Guildenstern, filosofan con palabras como éstas:

“G.- Añadiendo más infamia a nuestro descrédito.
R.- ¿Se puede saber de dónde diablos sacaste todas esas palabras? No te reconozco. Somos soldados, no héroes, y mucho menos poetas.
G.- Soldados cobardes. Peor que bufones.
R.- Convéncete. Esta tragedia no es la nuestra”.

Evidentemente la tragedia ha estado unida a la estructura Artemisia-Judith-Tassi-Holofernes, pero como siempre la mirada de los pequeños personajes da a las obras de teatro mucho más calado que el de los héroes sobrevalorados.

En suma, un texto que no dejará indiferente a nadie en su lectura y un material para la escena lleno de sugerencias de todo tipo.

Desde otra perspectiva

Antonio Cremades y Pedro Montalbán Kroebel

Aprovechando la ocasión que nos brinda la revista La Ratonera, en la que también se publicó en su n.º 24 nuestra otra pieza escrita en colaboración, Cuenta atrás, nos gustaría traer a colación unas palabras escritas por Antonio, coincidiendo con la finalización del texto definitivo y que publicó en la sección de La Papelera de Eurípides esta misma revista en su n.º 22 perteneciente a enero de 2008, donde de un modo somero se explicaba el origen y proceso de la escritura de Perspectiva para un cuadro. Decían así:

«Concluimos hace muy pocos días, y utilizo el plural porque está escrito a cuatro manos (las otras dos pertenecen a Pedro Montalbán Kroebel), fruto de un encargo que como siempre termina uno subvirtiendo, lo que no deja de ser una forma como otra cualquiera de hacerlo tuyo, un texto que lleva por título Perspectivas para un cuadro, en el que confluyen, a través del crisol de un lienzo, dos historias, la del personaje bíblico Judit y la de la pintora italiana de principios del siglo XVII Artemisia Gentileschi, con el propósito de hablar de temas tan actuales como la guerra, la toma de conciencia, los límites de la libertad, etc.

Voy a detenerme en relatar su génesis porque me parece, como poco, curiosa. A finales del año pasado me encargan un texto basado en el pasaje bíblico de Judit y Holofernes. Después de refrescar mi memoria con la relectura, me invade ese extraño vacío intestinal que me visita cada vez que me enfrento a un nuevo proyecto de escritura: ¿Cómo y por dónde hincarle el diente a una historia, por otra parte, suficientemente conocida y visitada en sucesivas reescrituras teatrales? Acudo en auxilio de un amigo, ¿qué hago? ¡Qué casualidad!, yo ando metido en harina con una pintora del XVII cuyo cuadro más famoso tiene como motivo el de Judit cortándole la cabeza a Holofernes. Eso quiere decir algo. Que lo escribamos juntos. Al final, es otro de los misterios del proceso de escritura, yo acabé redactando la primera versión, el borrador, de la mayor parte de las escenas de Artemisia y Pedro hizo frente al encargo. El resultado, tras múltiples reuniones y reescrituras, borra esos límites, como es lógico, afortunadamente se contamina con las aportaciones del otro, y uno ya no sabe qué fue lo que salió de su pluma y qué no, sintiéndose, de este modo, autor del conjunto.

Ahora, con motivo de su publicación, nos enfrentamos de nuevo al texto, rememorando los días de su redacción y reflexionando sobre los caprichosos vientos del azar; vientos que nos empujaron a puertos en los que nunca, por voluntad propia, nos hubiéramos detenido individualmente y comprobamos, con satisfacción, todo hay que decirlo, que el viaje, sin duda, mereció la pena.

No mentimos al decir que Perspectivas para un cuadro es uno de los textos de los que cada uno se siente más orgulloso. Tal vez por el reto que supuso para ambos su redacción desde el punto de vista estructural y temático.

En su momento pasó la prueba de fuego de los premios literarios con resultado satisfactorio: fue distinguido en el Certamen de Textos Teatrales Alejandro Casona en su edición del 2008 (una vez más Asturias en nuestro horizonte), y ahora amablemente se nos brinda la oportunidad de su publicación en esta emblemática revista.

 

Antonio Cremades

Antonio Cremades

(Alicante 1960)

Ha publicado las obras Topos (1999), Cada persona es un mundo (2000), El jugador (2000), Cada vez peor (2003), Después de la señal (2004), Estrecho (2005), Huellas en la piel, en coautoría con Yanina Marini (2007), Lo que dura un bolero (2008), Cuenta atrás, en coautoría con Pedro Montalbán (2008), Jacuzzi, en coautoría con Pascual Carbonell, Javier L. Alós y Javier Monzó (2008), Instantáneas (2008), El mar de la tranquilidad (2009), Fronterizos (2010), Pasatiempos (2010), Miércoles (2011) y diversas piezas de teatro breve.

Ha estrenado las siguientes piezas: El jugador con Yorick Teatro, Cada persona es un mundo con la Cía. Lazarillo T.C.E., Después de la señal con Yorick Teatro, Cada vez peor con TAEM, Huellas en la piel, con la Cía. Tacto, pulso y caos…, Topos con Les Bouffons, Cuenta atrás con la Cía. Mandrágora 79, y La mina de sal con la Cía. Teatre.com.

Entre los premios que ha obtenido destacan el Antonio Buero Vallejo, el Calderón de la Barca, el Lazarillo T.C.E, el Rafael Guerrero, el Ciudad de Bailén, el Castelló a Escena, el Eduard Escalante, el Domingo Pérez Minik, el 2º premio Raúl Moreno (FATEX), el AMIBA, el 2º Premio Traspasando fronteras, el Alejandro Casona, el Juan de Timoneda, el Monteluna y el Dramaturgo José Moreno Arenas.

Ocho de sus textos (Supervía, Instantanee, Autógrafo, Turisti, Impromte sulla pelle, Infiltrati, In ascolto y L’altro Amleto) han sido traducidos al italiano por Anna de Martini.

Ha escrito el largometraje Ca-da vez peor y el guión del cortometraje El cuarto de los ratones que obtuvo el premio en el VII concurso Vértigo 2006 y ha sido publicado en el n.º 4 de la revista literaria Cuaderno Sie7e.

En el campo de la narrativa su obra La esencia recibió el 2.º premio del I Concurso de Microrrelatos de Novelda (2010).

Pedro Montalbán Kroebel

Pedro Montalbán Kroebel

Es autor de los siguientes textos teatrales, todos ellos publicados y/o estrenados: Amor de madre, Dario Fo ¿Alcalde?, El último vuelo, En esta crisis no saltaremos por la ventana, La fascinación de Gil-Albert, Larga noche de silencio, Paso a dos y Podían saltar en el Espacio. En proyectos de escritura colectiva o en colaboración con otros dramaturgos, es coautor de Cuenta atrás, La falange del dedo corazón, Pájaros azules, Perspectivas para un cuadro y Zero responsables.

Es autor también de las piezas breves: Cartografía teórica de la pornografía, Drama virtual, Dúo, Hoy por ti y mañana por mí, Mercurio, Seis personajes seis, Sin titubeos, Son palabras encontradas al azar, Sonata para violín solo, Soy puta y Tengo; todas ellas publicadas en el libro El último vuelo y otras piezas (2003-2008).

Montalbán Kroebel también ha realizado versiones de Las variaciones Goldberg (George Tabori), Fausto (Goethe), El mercader amante (Gaspar Aguilar) y C’est la Vie (Gregg Opelka).

Entre otros, ha obtenido el Premio de Teatro Enrique Llovet en 2010, el Premio de Textos Teatrales Jesús Domínguez en 2010, el Premio Alejandro Casona en 2008 y el Premio de Literatura de la Fundación Carolina Torres Palero en 2007 por el conjunto de su obra teatral.

Su obra se ha representado en España y Estados Unidos.